skip to Main Content
Menú

¡Las Marías que llegaron para quedarse!

En 1992 dio inicio la trilogía de las Marías con María Mercedes, interpretada por Thalia. 

Debo empezar diciendo que pertenezco a una generación que veía las telenovelas y la lucha libre a escondidas y aunque en mi cerebro las tres Marías se confunden, hasta la fecha puedo tararear las canciones de Thalia. La pregunta es, ¿por qué si desde un inicio sabíamos que María Mercedes se iba a quedar con Jorge Luis, Marimar con Sergio y María la del barrio con Luis Fernando, nos chutamos alrededor de 120 capítulos para ver la mentada boda y el letrero de "Fin" en letras cursivas?

En las telenovelas no hay sorpresas, no es como si fueran Game of Thrones como para que a la mitad de una temporada se muera el protagonista. Sí, puede que la abuelita fallezca y que la villana se salga con la suya por un tiempo, pero al final es inevitable que la mala: a) Se muera. b) La metan a la cárcel. c) Se queme o quede paralítica o alguna cosa “horrible”. Mientras, la buena pasa de ser pobre a ser la heredera de todo y con ayuda de un hada madrina se vuelve culta y educada para finalmente casarse con el guapete rico y educado, claro. No creo que nadie se sorprenda o que alguien de verdad crea que María la del barrio se iba a quedar pepenando basura para toda la vida; sin embargo, todos los días y toda la vida a las 8 de la noche, Televisa nos tiene (¿o nos tenía?) pegados a la tele.

maría-la-del-barrio

María (la del barrio) y su final feliz. Imagen tomada de esmas.com

Claro que no estamos descubriendo el hilo negro. Nora Mazziotti ya habló de todo esto en 1996 en su libro La industria de la telenovelaLa producción de ficción en América Latina. La autora no solo habla de las características de este producto, también plantea cuatro etapas en la historia de las novelas: inicial, artesanal, industrial, trasnacionalización y la última agregada en 2006 por Guillermo Orozco: la etapa de mercantilización.

Para bien o para mal, la etapa inicial de la telenovela mexicana comenzó al mismo tiempo que la industria de la televisión nacional, así que no se sorprendan que hasta la fecha, las telenovelas sigan siendo el producto estrella de Televisa. Cuando la televisión llegó a México, la industria cinematográfica, que estaba en plena época de oro, no pudo mas que ver a la tele como el hijo bastardo. En primer lugar porque no creían que pudiera estar a la altura y en segundo lugar porque pensaban que la tele podía acabar con el cine. El caso es que la tele tuvo que adoptar actores, historias y narrativas de la radio, por lo que fue inevitable el nacimiento del teleteatro. Sin embargo, la telenovela mexicana es hija directa de la radionovela, especialmente de la tradición cubana, adquiriendo características distintas a las de los modelos latinoamericanos. La otra gran influencia para el teleteatro, según Martín-Barbero, es la novela de folletín seriada, una especie de historieta que se introdujo a Cuba a través de las lecturas que se hacían en las fábricas de puros. De ahí se tomó el modelo para la producción radiofónica de historias seriadas, guiones que después serían adaptados a la tele.

bibi gaytan

Este gif no tiene nada que ver pero… Bibi Gaytán en su papel de Camila (1998).

La televisión mexicana aún tenía mucho por crecer y para eso necesitaba dinero, por lo que comenzó la venta de espacios publicitarios. Una de las grandes estrategias fue implementar el modelo gringo de soap opera, en la que se conservó la narrativa seriada pero a diferencia del teleteatro, la soap opera era financiada por compañías cuyo interés era la venta de productos de limpieza para las amas de casa. La gran aportación de este modelo norteamericano fue la idea de dividir una historia en múltiples capítulos continuados sin un fin capitular, lo cual permitía mantener el interés de las audiencias. Pero ojo, aún cuando todos los capítulos parecen quedar a la mitad de la acción, los guiones de las telenovelas (al menos los que están bien hechos -sí, sí hay guiones buenos aunque nos cueste trabajo aceptarlo-) contienen varias narrativas, una adentro de otra. Es decir, la narrativa entera es la telenovela en general, pero dentro de ésta se alberga la narrativa de cada capítulo, y viéndolo más a fondo, cada capítulo está dividido en narrativas independientes que son los bloques entre comerciales.

A diferencia de las soap operas que pueden durar años, el modelo latinoamericano se fue estandarizando en un promedio de entre 100 y 180 capítulos más cerrados y predecibles. De esta etapa principal no quedan más que guiones, pero como resumen de examen, lo más importante es recordar que la telenovela nació de una mezcla entre el teleteatro –teatro común y corriente donde se importaban actores así como modelos de actuación–, la radionovela, las historietas capitulares y la soap opera… ya saben, combinando de mole, de dulce y de colorado como nos gusta a los mexicanos. Varios autores como Mayra Cué Sierra explican que otra gran fuente de historias fue la literatura. Obras de Charles Dickens y Emily Bronte, Grandes Ilusiones y Cumbres Borrascosas, fueron adaptadas a la telenovela mexicana. Sin embargo y por mala suerte, esta tendencia no duró mucho.

Tras esta etapa inicial que podríamos llamar “de nacimiento”, vino la etapa artesanal, la cual está muy ligada con la tercera, la de la industrialización. A finales de la década de los cincuenta, la televisión vive una nueva etapa que Francisco Hernández define como el primer monopolio, el cual estableció las nuevas condiciones de la telenovela. La diferencia principal entre la etapa artesanal e industrial tiene que ver con innovaciones tecnológicas y mercadológicas que permitieron evolucionar a la telenovela como el producto estrella de la industria televisiva latinoamericana. Uno de los principales cambios que se dio en 1955 fue un sistema de repetidoras, lo que hizo que los programas no solo se transmitieran en el Valle de México, sino que se expandieron por todo el territorio nacional. Ya no solo los chilangos íbamos a poder ver Teresa (1959), sino que la primera protagonista “mala” iba a llegar a todos los hogares. Y claro, esto representaba más dinero, sobre todo para Azcárraga Vidaurreta y compañía.

Teresa

La Teresa del 2010, también era cabrona. 

Fue en estos años que hicieron su debut dos tecnologías que cambiarían para siempre la narrativa y la forma de hacer telenovelas. La primera fue el videotape, lo que permitió la posibilidad de industrializar la producción de telenovelas y también ayudó a cumplir el sueño de los productores: hacer que sus productos se pudieran exportar. Desde que Azcárraga inició en la radio, uno de sus principales motores fue el deseo de volver a México el país productor de medios para toda América Latina. La segunda tecnología que lo cambió todo fue el apuntador electrónico ( o el “chícharo” como quien dice), que según se rumora, fue una invención mexicana porque los actores nomás no se aprendían el libreto. El caso es que el apuntador hizo que actores no profesionales en la escena televisiva pudieran entrar de manera masiva, consolidando la creación de un Star System nacional e internacional. Además, el “chícharo” ayudó a acortar tiempos de producción porque ya nadie se tenía que aprender su diálogo, acelerando el ritmo de grabación y edición. Sin embargo, la rapidez y abaratamiento de la producción junto con la inserción de actores novatos generó que la telenovela mexicana, a diferencia de la brasileña, comenzara a considerarse de mala calidad: recursos emocionales fáciles, escenografías en malas condiciones y filmaciones mayoritariamente en interiores. ¡Todo mal, pues!

Pero en 1968, parecía que la competencia podía sacar de su letargo a la telenovela. Gracias a empresarios regiomontanos, con la aparición de los canales 8 y 13, Televisa se puso las pilas creando guiones de telenovelas que no solo apelaban a las mujeres, sino que también incursionó en nuevos horarios y temáticas dirigidas a hombres y jóvenes. Una de las grandes innovaciones en cuestiones de temáticas, fue la utilización de la telenovela como plataforma educativa. Sí, ya sé que van a decir que las “comedias” tienen de educativo lo que Sean Penn de periodista. Pero sí, a mediados de la década de los setenta surgieron las telenovelas llamadas “de contenido social” que a través de sus historias trataban de incidir (y muchas veces lo lograron) en aspectos relevantes de la vida social de México, tales como la educación o la sexualidad. Y sí, muchas veces se tocaban los temas de manera superficial, pero si pensamos que en este país es más fácil el acceso a la televisión que la educación, se vuelve vital presentar mensajes que puedan ayudar a la población como el uso de los anticonceptivos, la importancia del estudio y la superación por parte de las mujeres. Además, en esta misma época surgieron las telenovelas históricas.

Te pasó lo que le pasa a la gente estúpida y ordinaria: te enamoraste. (Catalina Creel en Cuna de Lobos).

Por cierto, el escritor Enrique Serna (Señorita México, El orgasmógra, La doble vida de Jesús) participó en el guión de esta telenovela.

Y bueno, si ya se iba a gastar en costosas producciones, mejor que valiera la pena. La telenovela se globalizó y entró a la época de trasnacionalización. No sólo Marimar llegó a Filipinas donde se convirtió en todo un fenómeno; también los formatos y los guiones se pusieron a la venta. Cuando hablamos de “formato” nos referimos al concepto del programa, los libretos, la “Biblia” de producción. La telenovela latinoamericana conquistó nuevos mercados gracias al surgimiento del cable y del satélite, así como de la desregulación de los canales públicos. Fue así como en 1992, Los ricos también lloran conquistó a Rusia:

Los ricos también lloran llegó a ser una garantía de éxito tan grande que Televisa la regaló en algunos países para que, al verla, el público conociera la televisión mexicana, se enamorara de ella y pidiera más telenovelas. (Cueva, 2005).

Todo esto ha hecho que las telenovelas sean el único producto reconocido internacionalmente de la televisión latinoamericana. Los datos son contundentes: producir un capítulo de una hora ocupa una jornada de trabajo y los costos van desde los 20 mil hasta 150 mil dólares. Televisa sigue siendo una de las principales empresas productoras y de distribución, aún cuando recientemente se ha dedicado a comprar guiones de Sudamérica. En el año 2000 se exhibían en pantallas de todo el mundo un total de 200 horas producidas por Televisa, además de haber canales dedicados exclusivamente a transmitir telenovelas. Y no, no crean que esos canales solo son latinoamericanos: en Polonia está Romántica, mientras que en Israel hay dos señales dedicadas a las telenovelas. Indonesia, Malasia y hasta los gringos tienen un canal enfocado a transmitir puras telenovelas las 24 horas del día.

Gabriela Spanic

Gabriela Spanic era la gemela mala (y la buena) en La Usurpadora (1998).

Pero, regresando a la pregunta inicial, ¿por qué vemos telenovelas si ya sabemos que María Mercedes se queda con Jorge Luis, Marimar con Sergio y María la del barrio con Luis Fernando? Y por si fuera poco, la verdad es que no hay muchas historias en las novelas. Lewis Herman dice que solo hay 6 plots o narrativas, y de ahí salen las más de mil novelas que Televisa ha producido.

  • Plot de amor: una pareja que se ama es separada por alguna razón, se vuelve a encontrar y todo acaba bien.
  • Plot cenicienta: es la metamorfosis de un personaje de acuerdo a modelos sociales vigentes.
  • Plot triángulo: el caso del triángulo amoroso.
  • Plot de regreso: el hijo pródigo que vuelve a la casa paterna.
  • Plot venganza: la reparación de una injusticia por la propia mano.
  • Plot sacrificio: el héroe o la heroína se sacrifica por alguien o por algo.

Piensen en su novela favorita y verán que entra en uno de estos modelos. Ni siquiera personajes como Teresa o Rubí se salvan o, ¿apoco no son unas cenicientas vengativas?

rubi

Bárbara Mori como Rubi en 2004.

Pero, ¿hacia dónde van las telenovelas? Actualmente los formatos, la producción y la distribución están cambiando. Por una parte, servicios de streaming como Netflix han puesto mayor presión en la tele que no ha sabido bien a bien cómo adaptarse. Televisa, de manera lenta y con pasos de niño miedoso, ha comenzado a entender que la industria del entretenimiento ha cambiado, por lo que algunas de sus telenovelas y programas originales con mayor rating de los últimos años está en el catálogo de Netflix. Bien dicen que ˝si no puedes con el enemigo, úneteles˝. Además, según cuentan Jorge y Pedro Ortiz de Pinedo (esto suena a nota del TVyNovelas), la transformación de Televisa está en marcha y una de las ideas es emular el modelo de Netflix, con producciones propias que puedan recuperar su inversión ya no con publicidad, sino con su transmisión en plataformas de streaming. El otro gran cambio es la reducción en el ritmo de producción y duración de las telenovelas. Este año se intentará compactar las historias, planear menos capítulos y acortar la duración. Juan Osorio, uno de los principales productores, todavía le prende un altar a María (la del barrio, no la virgen) y cree que las telenovelas no se están muriendo, sino al contrario, argumenta que mientras se mantengan a la vanguardia en temáticas y formatos, todavía le queda mucha vida al teledrama.

Antes muerta que Lichita es un gran ejemplo de lo que Televisa está haciendo actualmente. No solo por su temática – que aunque podría caer en un feminismo chafa, Lichita tiene característica que otras protagonistas ya quisieran: una carrera, un puesto de directiva y una familia luchona (aunque muy probablemente eso no alcanzará para que termine sola y se salve del bodorrio). Pero en lo que realmente está revolucionando Lichita, telenovela producida por Rosy Ocampo, es en su formato. Por primera vez una telenovela se está grabando en calidad 4K y además incorporó contenido transmedia a su producción. Bueno, claro que no le pusieron “contenido transmedia” porque eso no vende, así que le pusieron un nombre que sonara bien, media content, pero al final es lo mismo.

El contenido transmedia (media content) ayuda a que la narrativa y los personajes de la historia se expandan a través de múltiples medios y plataformas de comunicación, además en este tipo de narrativa el consumidor asume un rol activo en el proceso. Y esto, ¿para qué? Muy simple. Lo que todos los guionistas buscan es que la gente se relacione con los personajes. Y el crear un blog donde la protagonista escriba, así como videos donde cada personaje principal tiene un espacio detrás de cámaras (no de camas) y hasta una web-novela, hacen que la audiencia se acerque más a cada figura. Además, el flujo de usuarios no solo es de la televisión a la red sino también va en sentido contrario; una parte de la audiencia llega a raíz de los contenidos en internet. No por nada, Antes muerta que Lichita tiene el raiting más alto de la noche (¡toma eso Lopez Dóriga!). Este modelo se empezará a implementar en todas las producciones de Televisa, pues a raíz de Lichita, se ha creado un equipo enfocado en la producción de media content. Así que todavía hay telenovelas para rato.

lichita

Claro, siempre ayuda tener una protagonista carismática como Maite Perroni.

Tal vez lo que hace tan increíbles a las telenovelas es que las historias de amor que se presentan son un escape a otro mundo, donde podemos conocer y disfrutar una relación ideal. Y no lo digo yo, lo dice Christine Geraghty (1991), una autora inglesa enfocada en estudios culturales (porque aunque no lo crean, a los europeos les fascina estudiar las telenovelas, pero más que eso, la relación que los latinos tenemos con éstas). Por si fuera poco, muchas de las historias tienen protagonistas que superan obstáculos para poder tener una vida más feliz y, ¿a poco no todos necesitamos un poco de fantasía de vez en cuando? Los valores, deseos y creencias de la sociedad mexicana se reflejan de una u otra forma en las telenovelas. Tal vez por eso no dejamos de verlas a pesar de que “el felices para siempre” es inevitable en ella e imposible en la vida. Nos encanta ver cómo la heroína gana y consigue todo lo que nosotros mismos queremos. Como diría el buen Azcárraga Milmo: Si nada tienes, el fin de tu vacío es el entretenimiento.

PARA LEER MÁS

Lorena Salcedo

Estudió una maestría en comunicación y terminó amando la literatura infantil, y no cualquiera, sino la que está llena de ilustraciones. Es glotona y siempre quiere pizza.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *