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A pirate life for me

Imagen tomada de http://flyingmilkpig.deviantart.com, autoría de FlyingMilkPink .

En una época en la que el común de las gentes del mar no recibía ninguna clase de protección social, los piratas de las Bahamas ofrecían a sus tripulaciones indemnizaciones o pensiones por invalidés (Colin 2008).

Los piratas, bucaneros y corsarios difieren en muchas cosas. Por un lado los bucaneros eran cazadores de cerdos y jabalíes para venderlos a saqueadores de barcos. Los corsarios eran mercenarios pagados por la Corona o por algún otro mecenas para atacar navíos enemigos, la patente de corso hacía legal su piratería. Por último están los piratas, mis favoritos, quienes no obedecían a nada ni a nadie y simplemente atacaban a quien se les diera la gana.

Muchas personas que se autoproclamaron piratas escaparon de sus países por la forma en que el ejército los reclutaba para la guerra. Jefes de familia, campesinos, artesanos o simples mortales eran forzados a trabajar para la Corona en suerte de conquistas y riquezas para expandir el poderío de sus reyes. Los hombres eran esclavos a un barco.

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el descontento era tan grande que, por lo general, cuando los piratas apresaban a…[un barco], una parte de la tripulación se unía con entusiasmo a las filas de forajidos…los piratas pudieron expandirse en gran medida gracias a las deserciones de marineros (Colon 2008)

En la Edad de Oro de la piratería, principios del siglo XVIII, se proclamó una república en la isla de las Bahamas por un puñado de seres humanos muertos de hambre, sucios y desesperados por tener el control de sus vidas; lo deseaban tanto que no conocían otra forma de tenerlo más que saboteando, quemando y destruyendo cualquier navío que les recodara su antigua vida. “La gran mayoría de estos piratas eran ingleses o irlandeses, hubo también muchos escoceses, franceses y africanos” (Colin 2008). Y pese a las diferencias raciales, culturales y religiosas que tenían entre sí, los piratas lograron ser justos entre ellos mismos. El botín se repartía equitativamente durante los sabotajes, también se hacía honor a los miembros perdidos como manos, piernas y ojos con ganancias extras para el herido; a su vez, los capitanes de los barcos eran escogidos por medio del voto. 

En la república de los piratas el mar no sólo era un campo de batalla, sino que era su hogar; por más romántico que suene, la piratería era una forma de vida para sobrevivir. Que no se malinterprete lo que estoy diciendo, el fin no justifica los medios. Por supuesto que no se puede perdonar la forma sangrienta en la que lo hicieron, ni disculpar los cientos de arrebatos que cometieron, ni las injusticias que estaban a su alrededor; sin embargo, a lo largo del tiempo, la vida de un pirata se ha convertido en sinónimo de rebeldía ante el poderoso. Y eso nos gusta, mucho.

La Edad de Oro de los piratas no duró más de diez años, fue de 1715 a 1725. Todo se dio en el océano Atlántico porque el colonialismo de la Corona Española estaba acabando con el poderío de la Corona Inglesa en el continente americano, por lo que los anglosajones comenzaron a enviar corsarios y a pactar con piratas franceses, holandeses y de todos los colores para estropearles los planes expansionistas a los ibéricos. Y para sumarle, los españoles tomaron la misma medida para los ingleses, lo que dio lugar a un campo de batalla perfecto para los saqueos y batallas en el mar Caribe, que más que una guerra entre dos naciones, fue un lucha por la supremacía entre bucaneros, piratas, corsarios, marineros y políticos.

Las aguas del Caribe cuentan muchas leyendas sobre los piratas más famosos del mundo. Uno de ellos es Edward Thatch, mejor conocido como “Barbanegra” y sus salvajes ataques contra los barcos enemigos, y Henry Morgan, un corsario inglés temido por las colonias españolas, Morgan fue gobernador de Jamaica. En la lista no puede faltar el Capitán Garfio, un pirata que no existió, pero sin duda es un personaje tan conocido como los pasados; así como el Capitán Long Jhon Silver, un pirata con la clásica pata de palo y un loro parlante que nació de la mano de Robert Louis Stevenson en La isla del tesoro.


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Imagen tomada de http://flyingmilkpig.deviantart.com, autoría de Ivernalia.

El Capitán Garfio es uno de los piratas más famosos del mundo por su crueldad, el pirata es conocido por concentrar todas sus energías en matar a un niño: Peter Pan. El capitán Garfio es histérico, infeliz y profundamente miserable gracias a que nunca logra su más ansiado deseo. Como cualquier adulto que conozcamos, sólo abran bien lo ojos y los verán. Garfio es la representación del adulto en Nunca Jamás, el infeliz parece más el papá de cualquier niño perdido o del mismo Peter Pan; intentando poner orden, respeto y trabajo sin conseguir resultados. El Capitán no sabe que en Nunca Jamás se es libre y eso lo hace ser aún más idiota, pues no sabe que en la tierra de Peter Pan las reglas se nos pasan por el arco del triunfo.

Garfio es un hombre que siente el tiempo encima. La debilidad del pirata es un cocodrilo que le mordió la mano y se tragó su reloj. El capitán escucha el tic-tac de la máquina desde la panza del cocodrilo; y siempre que el reptil está cerca, Garfio cunde en pánico porque literalmente el tiempo se le puede venir encima si el animal lograra devorarlo. Los días del Capitán Garfio están contados.

El tic-tac del reloj es un recordatorio de que el tiempo corre y no puede regresar. El tic-tac sigue su curso en la panza del cocodrilo dándonos la oportunidad de cumplir con lo que más deseemos en la vida; ya sea el amor, una carrera, un trabajo, una casa o acabar con Peter Pan, pero sólo por un tiempo determinado, tan pequeño, pero tan pequeño, como la duración de una vida, cualquier buen pirata lo sabe.

Hurta lo que puedas y nada devuelvas, el capitán Jack Sparrow.

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Luis Mario Reyes

Soy zurdo y tengo el pie plano. A veces no puedo aprender nada, y eso me gusta. Editor en jefe de Libertimento y maestro de primaria retirado.

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