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Amores confesos y deseos soterrados de sor Juana

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Aquí la respectiva “Sor Juniata” que nos pide el policía de tránsito.

Aunque el gran público conoce muy poco los poemas de sor Juana, máxima escritora y décima musa de la literatura mexicana, sabe bastante bien los rumores y chismes que se cuentan sobre ella.

A nuestra monja poeta se le ha etiquetado de “feminista” –en un siglo donde no existía la emancipación femenina– por sus versos que comienzan diciendo “Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón / sin ver que sois la ocasión / de lo mismo que culpáis…” y también se le ha encajado el sonoro membrete de lesbiana, preferencia sexual muy respetable pero difícil de ejercer en el siglo XVII, especialmente dentro de un convento de clausura y bajo estricta vigilancia de prelados e inquisidores.

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No me queda muy claro si verdaderamente sabemos las razones que podrían sustentar las afirmaciones sobre la identidad sexual de nuestra Fénix, pero hay que señalar que en la Respuesta a Sor Filotea –carta en que Juana Inés hace un breve recuento de su vida– ella misma acepta que entró al convento sin sentir una gran vocación religiosa, más bien por “la total negación que tenía al matrimonio”. Meterse de monja era “lo menos desproporcionado y lo más decente” que encontró para salvar su alma, dice sor Juana. Así, se establece un argumento claro: ¿negada al matrimonio? Es decir, ¿no se quería casar? ¿No quería tener hijos o no le gustaban los hombres?

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Sabemos que, aunque era una mujer muy guapa y vivió una vida mundana en la corte virreinal mientras fue dama de compañía de la virreina Leonor Carreto –años de 1664-1666–, Juana no se podía casar fácilmente por ser hija natural, sin padre reconocido; carecía de apellido y de dote. En el siglo, ella se llamaba Juana Ramírez, usaba sólo el apellido de su madre. El pomposo nombre de Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana es una creación posterior, de un poeta tan inspirado como Amado Nervo que escribió una biografía de la ilustre monja y recompuso su genealogía. El apellido del padre era más bien Asuaje y al parecer era un impresor proveniente de las Islas Canarias que nunca tuvo a bien casarse con Isabel Ramírez, la madre de sor Juana aunque sí procreó a Josefa y María, las dos hermanas de nuestra escritora, todas ellas hijas naturales. Entonces, Juana no se podía casar “bien”, como lo demandaba la rancia aristocracia novohispana; a lo más que aspiraba era a arrejuntarse con algún tipejo sin mediar el sagrado sacramento de matrimonio… pero en su carta, Juana nos confiesa que no se quería casar. De ahí, surge la primera especulación sobre su identidad.

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BASTE YA DE RIGORES, MI BIEN, BASTE

El otro argumento que abona a su fama de lesbiana son los encendidos poemas que escribió para “Lysi”, nombre poético que Juana dio a María Luisa Manrique de Lara, la virreina de la Nueva España que fue su gran amiga, protectora y mecenas y vivió en la ciudad de los palacios entre 1680 y 1688. En realidad, Juana escribió poemas a las tres virreinas con las que convivió: Leonor, María Luisa y Elvira; pero son más célebres y mucho más amorosos los que dedicó a su gran amiga, la sensacional Lysi. En uno de ellos dice que la unión de las almas “ignora distancia y sexo” y en varios más describe apasionadamente los talentos de su amiga, celebra su belleza física y canta a su alegría de vivir. Luego, lamenta amargamente su ausencia cuando Lysi se ha ido para siempre de México. ¿Evidencias de un arrebato homosexual conventual? ¿Confesiones demasiado sinceras para una monjita?

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Si se acercan un poquito, encontrarán un poema, los policías de tránsito bien que lo saben. Aquí se los pasamos completito. Imagen de jimenezvivo.com.

Más que un amor lésbico, los poemas de sor Juana se enmarcan en la tradición del amor cortés: se habla del ser amado en términos finos y depurados que encienden el erotismo pero nunca de manera explícita. Esto era una cortesía para la fuente de inspiración, se mostraba reverencia y afinidad; no equivalía a “echarle los perros”. Juana necesitaba del apoyo de los poderosos y jamás hubiese dedicado poemas de amor cortés al virrey –ahí sí la hubieran quemado en leña verde por coqueta–, así, su objeto de interés era la virreina pues era permitido ofrecerle admiración y cariño fraterno. En el caso de Lysi no fue puro compromiso político; sor Juana manifiesta claramente una amistad legítima y sincera. Pero nunca excede la forma poética: se trata de un romance literario.

No podemos afirmar categóricamente que nuestra gran escritora no hubiese querido echarse algunas tortillas al plato, quizá sí le hubiese gustado “tallar peluca” o manejar un tráiler. Sin embargo, eso forma parte de su vida imaginaria al menos en lo que se refiere a las mujeres de la nobleza novohispana como las virreinas, puesto que las monjas de clausura nunca salían del convento y nadie entraba de visita si no era al locutorio, un área dividida por una reja con continua vigilancia de otras monjas y a donde sor Juana seguramente salía “velada”, es decir con la cara cubierta por su velo de monja. 

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Pero para estimular el morbo de los lectores, recordemos que las religiosas de San Jerónimo eran de alta posición social –sor Juana no era pobre, tenía sus rentitas–, usaban joyas, poseían habitaciones privadas y contaban con esclavas para ayudarlas en su vida cotidiana. Así que si alguna monja quería olvidarse de su voto de castidad podría hacer cositas con sus esclavas aprovechando quizá la hora del baño, aunque difícilmente se bañaban desnudas sino cubiertas por piadosos camisones. De que se podía, se podía, el amor se abre paso en cárceles, manicomios y conventos.

DETENTE SAFO DE MI AMOR ESQUIVO

Es así como la dramatización del supuesto romance entre María Luisa y sor Juana que vemos en Yo, la peor de todas, película argentina de 1989 dirigida por María Luisa Beremberg, o en Juana Inés, serie de Once TV de 2106, resulta encantador pero poco probable. En la película argentina, la virreina entra a la celda de Juana, le deshace el nudo del corpiño y le da un beso bastante casto “para recordar”. 

"Juana Inés"

En la fantasiosa serie del canal Once, la pasión sáfica se sale de control enloqueciendo primero a Leonor y luego a María Luisa y convirtiendo a sor Juana en el azote de todas las mujeres nobles de la Nueva España. ¡Cuídense viejas que ahí les va su Juana Inés! Lo triste de esta serie es que, más allá de explorar la identidad sexual de sor Juana, la hace ver como una mujer corrupta que ganaba canonjías por seducir sexualmente a la nobleza y dejando de lado su enorme talento poético, vasto conocimiento y gran esfuerzo por estudiar y salir adelante en un medio totalmente adverso a las mujeres. Por sus fantasías mórbidas y escenas inverosímiles Juana Inés de Once TV es uno de los peores insultos que le han hecho a sor Juana, perpetrado además con dinero público. Para los morbosos, pueden ver esta serie de siete capítulos en Netflix –que debería de sacarla de su programación inmediatamente– con el compromiso de luego informarse mejor de lo que fue la vida de sor Juana y leer su obra que, al final del día, es lo más importante.

ENTONCES ¿ERA CASQUIVANA O CASTA, APÁ?

Sor Juana fue una gran experta del amor. El severo hábito de monja no logró ocultar su pasión amorosa. También fue una católica convencida, hizo una destacada poesía religiosa que rivaliza con la de Santa Teresa, aunque no tan etérea ni tan abstracta… Juana era más pragmática y mundana para gloria de las letras mexicanas.

Pero hay que recomendar sus deliciosos poemas donde explica los ardores del amor, evoca los dolorosos celos y describe las inquietantes dudas que cualquier persona siente al escoger entre una pareja y otra. Seguramente nuestra excelsa escritora tuvo varios amores y quizá también experiencias sexuales. No sabemos con quién, ni cuándo, eso queda en el ámbito de su privacía. Pero la pasión que vertió en sus letras es inagotable, ha excitado la imaginación de los lectores a lo largo de cuatro siglos y puede durar aún más. Todo es empezar a leerla… Juana, nuestra poeta.

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En el reverso del billete está la hacienda Panoaya, Estado de México, lugar donde vivió Sor Juana durante su niñez.

Pero hay que recomendar sus deliciosos poemas donde explica los ardores del amor, evoca los dolorosos celos y describe las inquietantes dudas que cualquier persona siente al escoger entre una pareja y otra. Seguramente nuestra excelsa escritora tuvo varios amores y quizá también experiencias sexuales. No sabemos con quién, ni cuándo, eso queda en el ámbito de su privacía. Pero la pasión que vertió en sus letras es inagotable, ha excitado la imaginación de los lectores a lo largo de cuatro siglos y puede durar aún más. Todo es empezar a leerla… Juana, nuestra poeta.

PARA LEER MÁS

Armín Gomez

Catedrático del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Ciudad de México. Autor de “Ancestrales hechizos de amor” (Ediciones del Ermitaño) y “El hipogrifo teatral, historiografía y teoría teatral”.

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