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Amy: Los demonios de la fama y “si fuera famosa creo que me mataría”

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Amy Winehouse (1983-2011).

¿Quien mató a Amy Winehouse? Hay unos que contestan que fue la industria, y aunque francamente yo estoy en contra de satanizar a esta “maravilla” de negocio, estoy segura de que la forma en que se envuelve a los artistas y la dinámica que ello implica es algo que merece toda nuestra atención.

Dirigido por Asif Kapadia, Amy resulta un documental demasiado emocional y lleno de drama acerca de la que quizá sea la mejor voz del soul y rythm & blues en años: Amy Winehouse. El también director de Senna (2010), afirmó en una entrevista que las letras de la cantante se volvieron realmente importantes para entender su vida porque transparentan sentimientos que son demasiado personales. En pantalla, Kapadia muestra algunos versos de Amy Winehouse con las que va ilustrando la línea de tiempo existencial de la cantante a través de una secuencia casi perfecta, hecha con materiales de archivo y entrevistas en audio a personas cercanas a ella. El resultado es un documento audiovisual del que podemos identificar tres elementos sensibles: la fama como producto mediático, la mujer en una sociedad que no termina de ser equitativa y la industria del espectáculo que no respeta edad, sexo y, en el caso de muchos como Amy Winehouse, ni familia.

Amy, de Asif Kapadia

Asif Kapadia recorre la vida de Amy Winehouse directamente de la voz y testimonio de quienes accedieron a contarle sus historias, mismas que la pintan como un ser humano con necesidades, miedos, enojos, alegrías y placeres. Así, en sus inicios, Amy sencillamente se ve como una adolescente judía que sufrió a temprana edad el divorcio de sus padres, y que se refugió en sí misma y en sus canciones. Más tarde y gracias a su inteligencia y original voz, pudo comenzar una carrera con lo que mejor sabía hacer: cantar jazz y soul, tal cual lo plasma en el disco Frank (2003). Abandona el hogar cuando apenas comienza a ganar dinero y se muda de barrio en cuanto la fama le permite ser independiente económica y familiarmente, lo cual coincide con la bomba de popularidad que resultó su segundo álbum Back to Black (2006).  Esto, lejos de ser un logro que se perpetuara con forma de felicidad, resultó ser la máquina generadora de nuevas relaciones, experiencias, billetes y sustancias que aunado a su nulo deseo de convertirse en una artista de las masas, le causaron un pesar al que se enfrentó con drogas y alcohol. La chica judía del barrio inglés dejó de ser un personaje común para convertirse en la Amy de quien todos querían una parte.

LA FAMA Y LA INTERPRETACIÓN ENGAÑOSA DEL PERSONAJE

Siempre me he preguntado, ¿qué es lo que la fama le hace a los famosos? ¿Separarse de la realidad o en su defecto, querer huir de ella? La respuesta parece obvia: la fama involucra dinero, aplausos, constantes flashazos, alfombras rojas eternas, atenciones desmedidas con falsas expresiones, caterings de bebidas sin límite y muchas otras cosas; cosas que la sociedad de consumo nos ha prometido y a los famosos les ha cumplido. La fama hace permisivo todo aquello que ni tus papás te dejarían hacer. El que en su nombre la lleva, se erige en una suerte de héroe, una mítica realidad delineada en los medios de comunicación con la aceptación sin contrato y el matrimonio casi por bienes mancomunados con los fanáticos.

A decir de Thomas Meyer, nuestro sentido de la existencia se ve directamente afectado por nuestras condiciones técnicas, económicas y comunicativas que prácticamente homogeneizan a nuestra sociedad supuestamente plural. Los individuos entonces pierden su individualidad no solo como espectadores, sino como actores de un espectáculo que define su imagen, sus ideas y sus discursos. Y si de paso pueden juzgar el comportamiento de los mismos, no tendrán la menor duda en hacerlo. Así, la Amy Winehouse que todos conocimos, desfigurada en fotos de paparazzis, revistas amarillistas y videos de YouTube, es en realidad ajena a su propia historia. Esa historia que nos cuenta Asif Kapadia en Amy, la chica detrás del nombre.

Amy Winehouse Documentary

En el camino de construir el retrato de Winehouse, existe un punto de transformación con el lanzamiento de Back to Black (repito, segundo disco), el cual prácticamente la ubicó en el mainstream. Con su primer disco, Frank, Winehouse se mantuvo en el gusto de un público mucho más reducido y quizá hasta menos popero, e incluso ella misma se describió como una cantante no masiva de jazz. Puede hablarse de un documental dividido en dos partes; un inicio donde Amy es una cantante underground de conciertos en bares y discotecas, de giras pequeñas en Inglaterra y lugares cercanos a la misma. Y otra segunda fase, en que se delinea una personalidad adicta que no puede manejar la fama porque no existe un manual para ello, y tampoco entiende que su versión famosa es un perfil distinto al suyo. Aquí, Amy se ve atrapada en esta casi persecución mediática de la que adolecen todos los artistas populares. 

Vale la pena reflexionar sobre el momento en que la fama transforma personalidades, atrapándolas, secuestrándolas y asustándolas, aunado al heroicismo con que además tienen que lidiar. Este es un heroicismo otorgado por los fanáticos, quienes les atribuyen una interpretación verdaderamente mítica de todo aquello que vive en su imaginario. En los mitos y los héroes encontramos el afán de nuestra propia existencia. Y desde luego Amy Winehouse no podría no haber cargado con tal misión, no sólo por la ignorancia del comportamiento ad hoc, ni por la carencia de un manual, sino porque en una visión más profunda, ser famoso significa institucionalizarse y hacer que se nos llame a cuentas públicamente. Es decir, la indumentaria que se le impuso a la cantante, una muy diferente de su propia concepción personal, le generó un conflicto interno, uno que a cualquiera le haría cuestionar su propia existencia.

Para entender mejor esto de la fama, la periodista y psicóloga Margarita Rivière, explica que

En tanto la construcción humana, consciente o inconsciente, la fama es una etiqueta social con la que hay que convivir y que, muchas veces, nos rodea. Será, pues, un elemento comunicativo básico, una “tarjeta de presentación” y un elemento definitorio de lo que somos para ciertas personas o grupos. […] La fama acaba, al fin, siendo una etiqueta que puede definirnos y que, ante todo, implica la exposición pública de quien la ostenta. Quien no se somete a esta exposición pública nunca podrá disponer de fama.

SI JIM Y KURT PUEDEN, AMY POR QUÉ NO

En el caso de la fama, la figura del héroe se humaniza en algún momento, porque no hablamos de dioses sino de interpretaciones mediáticas. Como diría Rivère:

Por medio de la fama, el individuo se transforma en su representación, un hecho ligado al prestigio, la reputación y el concepto social de excelencia. Y también estrechamente unido a los conceptos de élite, autoridad y jerarquía social. 

Los medios, atentos a la construcción de personajes, también están atentos a la destrucción de los mismos; y como mencionamos arriba, se vuelven jueces implacables cuando hay que sentenciar y castigar a aquéllos que no solo rompen con el patrón que ellos mismos les adjudicaron, sino también a quienes incumplen los roles sociales establecidos para cada individuo… o mejor dicho, género.

Kurt Cobain en la vida real

En 1965 un joven llamado Jim Morrison decidió mostrarle su poema “Moonlight Drive” al pianista Ray Manzareck, quien gustoso los musicalizó y formaron la banda de rock The Doors. Morrison llevó el liderazgo, y también estuvo plagado de episodios espectaculares en los que se enfrentó a la policía y a veces hasta agredió al público; situaciones que en vez de alejar al artista de sus fanáticos, le concedieron  una imagen de poeta renegado, rebelde y mujeriego del que todos querían un pedazo. Harto de la fama y con un cansancio físico y emocional notorio, Morrison se mudó a París con su esposa Pamela donde fue encontrado muerto el 3 de julio de 1971. Veintitrés años después, el 8 de abril de 1994, Kurt Cobain, líder de la banda Nirvana, es encontrado muerto en el garage de su casa con una bala en la cabeza; al parecer infringida por el mismo.

Cobain, al igual que Winehouse, no pudo manejar nunca la fama. Provenía de una familia desintegrada, ya que sus padres se divorciaron cuando apenas tenía 9 años, una situación similar a la vivida por la cantante Amy. También de forma parecida, sufría de depresiones y en diversas ocasiones se le vio alcoholizado en el escenario y fuera de éste, en postura desgarbada y poco agradable. A diferencia de Winehouse, los medios sensacionalistas no lo retrataron y publicaron fotos con pies de página burlones, irónicos y mofas diversas sobre su alcoholismo y drogadicción. A diferencia de Winehouse, Morrison y Cobain no fueron insultados ni señalados en las calles de la forma en que se hizo con la cantante de “Back to black”. ¿Por qué? ¿Una mujer no tiene derecho a deprimirse y volcarse a los mismos vicios que un hombre? Incluso por las mismas circuntancias, porque vaya que Cobain y Amy tenían penurias similares. Sobre todo, las de parejas señaladas como manipuladoras. 

Una patoaventura de los Doors

Llama la atención que Kapadia, en la entrevista arriba expuesta, se dice sorprendido de ver que ella era inteligente. ¿Cómo?, ¿pensó que las drogas son cosa de tontos? o ¿la inteligencia de hombres? En la segunda parte del documental, molesta la expresión de quien anuncia la nominación de Amy a los premios estadounidenses Grammy y pide que “le avisen cuando despierte”, llamándole “borracha” ante cámaras. Si bien abonó al discurso ofensivo de la misma cantante, sí debo decir que en un recuento rápido por la red podrán encontrar más fotos de Amy haciendo desfiguros que de los otros artistas ya mencionados. La prensa “hizo roncha” de esto, o mejor dicho, sacó el mayor provecho de la situación sin que nadie hiciera algo.

Si la fama llevó a Amy lejos de ser la artista no masiva que deseaba, el amor se convirtió en otro factor que, al menos en este documental, muestra a una chica frágil, de sentimientos nobles, desbordada por este personaje Blake Fielder al que en diversas ocasiones se le acusó de ser el culpable de la adicción de Winehouse, lo cual la hace ver como una débil víctima de la manipulación. Esta parte es realmente escalofriante. La forma en que se pone absolutamente en las manos de su Blake y aspira a vivir y sentir lo mismo que él, es un camino directo a la destrucción. A este joven sin oficio ni beneficio, diría mi abuela, no parecía importarle ni su propia existencia y, de acuerdo a la descripción de sus amigos, su trato a las mujeres era el equivalente a un objeto. En este punto, las cosas se hacen aún más complejas, porque intentar vivir la vida de “el otro”, sin ser “el otro”, no tiene más final que la pérdida absoluta de la identidad. Esto, aunado a la imagen ya edificada por los medios de comunicación, debió ser un problema grave que lanzaba luces rojas y merecía atención especializada inmediata, algo que los mismos amigos de Winehouse le pedían tanto a su padre como a su novio y al representante; los tres personajes más influyentes en la vida de Amy.

Por otro lado, las letras son, como dice Kapadia, demasiado personales y nos muestran un lado que vale la pena observar con una mirada más profunda, pues nos dan un acercamiento al cómo se asume la cantante a si misma. Baste revisar “You Know I’m no good”:

Meet you downstairs in the bar and hurt,
Your rolled up sleeves in your skull t-shirt,
You say “What did you do with him today?”,
And sniffed me out like I was Tanqueray,
‘Cause you’re my fella my guy.
Hand me your Stella and fly,
By the time I’m out the door,
You tear men down like Roger Moore.

I cheated myself,
Like I knew I would,
I told you I was trouble,
You know that I’m no good.

El tema da para muchos análisis, empezando por la violencia en el propio lenguaje. Pero en el centro está la mujer que se ve a sí misma como propiedad de alguien más y ve en su pareja la misma historia. Lo que nos interesa aquí es entender esta parte de una Amy Winehouse que está en control de los demás, que reconoce y acepta ser tratada como “Tanqueray”, es decir como una bebida barata. Y además, ya en el coro de la canción afirma ser un problema; no ser buena a modo de culpabilidad o baja autoestima.

LA INDUSTRIA, O DE CÓMO NADIE ELIGE A SU FAMILIA

El ámbito de la fama y la desventaja de una sociedad machista que se mofa de las mujeres alcohólicas, pero aplaude las “hazañas” de los hombres embriagados, permite también que la industria del entretenimiento conocida y bautizada por Frédéric Martel como Cultura Mainstream tenga esa capacidad invasiva en la vida de sus artistas a los que ve como productos de fábrica.

La maquinaria del espectáculo es desde hace años una actividad capaz de corromper a quien sea, pues sus alcances económicos han servido para conformar monstruosas empresas disqueras, que así como maquilaron discos en un tiempo, ahora se dan a la tarea de maquilar la imagen de las personas. Como se sabe, Estados Unidos es el mayor productor de la cultura pop que inunda el mundo, y en otros continentes encontramos variaciones de un mismo tema. Por ejemplo, en la India hay un Bollywood similar al Hollywood de Los Ángeles. Desde luego que en Europa lo más cercano a estos símbolos de la industria del entretenimiento sucede en Inglaterra, donde artistas como los Beatles emergen con calidad, sí; pero se vuelven el máximo ejemplo del modelo de negocio artístico.

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Para Martel hay ocho fuentes (regiones) principales donde la cultura mainstream se produce: China, India, Turquía, Japón, América Latina, Estados Unidos, el Sudeste Asiático y Oriente Medio.

A propósito de Martel y su Cultura Mainstream (2012), en Letras Libres (enero, 2013) encontramos un excelente ensayo de Jorge Carrión del que vale mucho la pena recuperar este fragmento:

No es de extrañar que, si los Estados Unidos han tenido tan alta conciencia de su misión de liderazgo del mundo contemporáneo, el resto de áreas culturales hayan acabado aprendiendo la relación entre ganancia económica e influencia simbólica. Si la serialidad es un concepto de origen estadounidense, si se puede trazar una línea que va de Henry Ford a hbo, pasando por varias cadenas de hamburgueserías y el imperio Walt Disney (películas, muñecos de peluche, parques temáticos, canales de televisión, cruceros, etc.), no es de extrañar que el resto de grandes países hayan aprendido a producir también en cadena. Porque solo por acumulación, por saturación de parcelas de lo real, gracias tanto a la generación como al consumo masivos, se puede ser realmente influyente.

Y si preguntamos al más puro estilo de Lope de Vega, ¿quién mató a Amy Winehouse? Hay unos que contestan que fue la industria, y aunque francamente yo estoy en contra de satanizar a esta “maravilla” de negocio cuyo principal producto son las personas obviamente dicho en el sentido más irónico posible estoy segura de que la forma en que se envuelve a los artistas y la dinámica que ello implica, es desde luego, algo que merece toda nuestra atención en este caso. No es algo nuevo y no es tema en el documental, pero lo que nos lleva a cuestionar este monstruo del entretenimiento no es exactamente la maquinaria y su naturaleza, sino su capacidad para corromper y coger en sus garras a las personas más cercanas a los productos de sus ingresos: nada más y nada menos que las familias. En este caso Mitch Winehouse, quien aparece como un representante rígido, incapaz de detener la gira de su hija enferma. 

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Mitch Winehouse junto a la estatua de Amy inaugurada en 2014.

El problema de Amy Winehouse no sólo eran las drogas y el alcohol. Lo que siempre sufrió fue, al parecer, bulimia; al menos en la historia retratada por Kapadia a través de los propios testimonios de sus amigos. Amy decía que había descubierto cómo comer bien sin subir de peso, lo que claramente nos lleva a pensar en un desorden alimenticio. Entonces uno se pregunta, ¿por qué no fue atendida por este problema antes? ¿Dónde estaban sus padres que no detectaron la situación? Porque lo potente en este documental es que dijo esa frase siendo prácticamente una niña. Y en la industria del espectáculo, tampoco es el primer caso. Está Karen Carpenter, quien también sufría un desorden alimenticio que la condujo a la muerte. Sin embargo, aquí lo interesante es que nadie pudo “ayudar”… porque claramente su representante, su padre y su esposo tenían preocupaciones diferentes de la salud de Winehouse.

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 Karen Carpenter (1969-1983) con Miss Piggy en la grabación de John Denver & the Muppets: A Christmas Together de 1979 para ABC-TV.

Para terminar, me gustaría mencionar el momento en el que la narrativa del documental hace un arco. Un punto fundamental para entender la existencia infeliz de la cantante, porque revela un aspecto del señor Winehouse realmente impresionante: promueve a su propia hija llevando un equipo de video para un documental de televisión, cuando esta se encontraba de vacaciones y en desintoxicación. Como la misma Amy lo conceptualiza: “soy un souvenir”. Y lo peor: ésta es consciente y se resigna a tal hecho como si el destino estuviera trazado en un camino irreparable.

El documental tiene el acierto de basarse prácticamente en las historias narradas directamente de quienes convivieron con Amy Winehouse. Asif Kapadia, nominado al Óscar en la categoría de documental, crea una linea de tiempo bien contada y con elementos reales, lo que quizá haga más triste la expectación si se recuerda que no es ficción.

PARA LEER MÁS

  • Fama, medios de comunicación y opinión pública, de Margarita Rivière, 2009.
  • La Guerra Cultural en Letras Libres“, por Jorge Carrión, 2013.
  • Cultura Mainstream, de Frédéric Martel, 2011.

Verónica Orihuela

Amante del sonido y del rock & roll, los libros, las series, los podcast de terror y la chela artesanal. Se está iniciando en el vegetarianismo, la meditación y anexas.

This Post Has One Comment
  1. Buen articulo.

    Nunca me voy a cansar de decirlo: a Amy la mató la bulimia y la anorexia. Sus adicciones solo terminaron de asfixiarla. Ningún alcoholico muere por una simple recaída como la que tuvo Amy un día antes de su muerte.
    Si uno analiza sus fotos meses tras meses, incluso antes del crack(es decir, antes de 2007), se ve claramente como bajaba y subia de peso estrepitosamente.
    Sigo mucho a Amy, escuché y leí muchas entrevistas en las cuales hablaba sobre su peso… y lamentablemente, en todas daba una versión diferente de su descenso de peso. Era muy obvio.

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