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Ari and Dante sitting on a tree…

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Ari and Dante, fanart de Zycrie en deviantart.com.

Aristóteles y Dante es una novela sobre homosexualidad que no se centra en la homosexualidad como si fuera el principio y fin de todas las cosas.

La fórmula ya tiende a ser la misma: hombre conoce a mujer, hombre se enamora de la mujer, hombre pierde a mujer, hombre recupera a mujer. O, si estamos hablando de literatura juvenil, mujer encuentra a hombre, mujer se enamora del hombre, hombre pierde a mujer, mujer y hombre se recuperan mutuamente.

Esto, claro, porque los hombres en la literatura juvenil romántica tienden a ser insípidos. Por supuesto, son el ideal de cualquier niña adolescente que toma la novela más reciente de John Green (son altos, guapísimos, hablan metafóricamente, no les interesa tu cuerpo sino tu alma), pero siguen siendo insípidos. 

Tal vez se trate de un problema de generalización, ya que la novela que tomemos referente al amor entre adolescentes tiene un esquema dramático que es prácticamente el mismo, y aunque pensemos que tenemos muchas opciones en cuanto a nuestras historias de amor al llegar a una librería, la verdad es que nos vemos bastante limitados. 

Y luego vino Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo.

Son pocos, pero buenos, los libros que hablan tan directamente con las necesidades del lector que se han convertido en historia –que más que ser pensados como “juveniles” ya se conciben como Literatura-con-L-mayúscula–. Aristóteles y Dante, junto con novelas más viejas como The Outsiders, Speak, The Catcher in the Rye (probablemente una de las primeras, si no es que la primera, novela adoptada por los adolescentes sin ser pensada para ellos), es una de ellas. Aunque sean pocos los ejemplos, todos estos son libros que tanto críticos como lectores identifican como “gamechangers”, los que llegan para marcar un cambio. Para decir que ya es suficiente de las mismas novelas esquemáticas y que necesitamos una cosa nueva. 

Y ya sea con un adolescente atormentado y que odia a todo el mundo, con una banda de jóvenes que descubren la pérdida y la violencia y la frustración, o con la historia de una joven que no puede hablar durante un año después de ser atacada sexualmente, todas estas novelas han cumplido con su cometido. Cabe destacar, además, que todas estas novelas han sido, o siguen, prohibidas por su contenido (los adolescentes no pueden lidiar con problemas serios, ¿no sabían?).

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Portada norteamericana de Aristotle and Dante Discover the Secrets of the Universe, de Benjamin Alire Sáenz.

No es complicado ver por qué Aristóteles y Dante cabe cómodamente en la categoría de estos otros libros. Entre muchos otros premios, la novela, publicada en 2012, es la ganadora del Lambda Literary Award, el Stonewall Book Award (ambos reconocimientos a la narrativa LGBT), un lugar de honor del premio Amelia Elizabeth Walden, otro del premio Michael L. Printz, y finalmente una medalla Pura Belpré Narrative, otorgada únicamente a la ficción latina. En efecto, es un libro excelente, pero poco común: un libro que se fija en las diferencias entre adolescentes, no en las similitudes. 

La novela se nos presenta desde el punto de vista de Aristóteles, un joven mexicano-americano de dieciséis años que vive en El Paso con su madre y su padre y que, durante el verano en el que empieza la historia, conoce a su único amigo, Dante. Hay muchos problemas en casa de Aristóteles: su hermano mayor, Bernardo, está en la cárcel; su padre está traumado y sueña frecuentemente con la guerra de Vietnam; su madre, atormentada por el crimen de Bernardo, ahora pretende que no existe; y más problemas ad infinitum. Y luego está Dante, quien tiene una vida ideal: su mamá es psicoanalista, su papá es profesor de literatura; ambos lo adoran y él los adora. Y por un rato su amistad parece bastante idílica, aunque siempre hay algo inexpresable entre los dos, algo que ambos sienten y ninguno, pero sobre todo Ari, logra explicar. 

Aristóteles y Dante es una novela sobre homosexualidad que no se centra en la homosexualidad como si fuera el principio y fin de todas las cosas. Otras novelas (me vienen a la mente, por ejemplo, The Perks of Being a Wallflower, en donde al novio de uno de los protagonistas recibe un golpe que le rompe la cara cuando el papá los descubre besándose en el cuarto), abordan la homosexualidad como un Gran Problema.

 ¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Qué voy a hacer con mi sexualidad? ¿Puedo hablar con alguien sobre mi sexualidad? ¿Van a pensar que soy raro? ¿Se lo puedo comentar a mis padres? ¿Tendré un hogar al comentárselo a mis padres? Todo es excesivamente violento y preocupante. Siempre hay ataques de algún tipo en contra del personaje homosexual y, seamos honestos, casi siempre el autor los mata antes del final de libro, para que después su amigo el heterosexual pueda salir a su defensa como el Buen Aliado y hacer sentir mal a todos los que atacaron a su amigo mientras estaba vivo. Y entonces el chico homosexual se convierte en un mártir y todos lo lloran pero ya no sirve de nada porque, sorpresa, está muerto.

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En México suman más de 5.2 millones de personas la comunidad de homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales (LGBT). Datos de la empresa Out Now, una empresa 100% homosexual. 

Leyendo Aristóteles y Dante, honestamente estuve esperando todo el tiempo a que alguno de los dos muriera, muy a la Brokeback Mountain (2005)–Secreto en la montaña–, en donde, para variar, uno de los personajes es asesinado por sus tendencias homosexuales y su amante secreto lo llora el resto de su vida. Así que fue una sorpresa maravillosa que por una vez, para variar, todo saliera bien con los personajes. Fue una sorpresa increíblemente agradable llegar al punto de pensar que no era necesario preocuparme por el destino de cada uno de ellos porque todo, absolutamente todo, iba a salir bien.

¿A qué voy con todo esto? Necesitamos más novelas como Aristóteles y Dante. Novelas que rompan el molde, novelas con personajes homosexuales o bisexuales o pansexuales y etcétera que no sufran, sino que encuentren su final feliz independientemente de su amigo el Heterosexual Heroico: novelas que aborden la diferencia como lo que es: una normalidad. 

Con esto no quiero decir que no quiero saber acerca de los problemas verdaderamente violentos por los que pasan los homosexuales o los bisexuales o los pansexuales, etcétera, porque sé que son reales. Y sé que suceden. Y sé que muchos, muchos han muerto debido a la fobia que como seres humanos tenemos a lo que es diferente a nosotros. No exijo, al igual que no lo exijo con las novelas (tanto convencionales como diferentes) sobre amor heterosexual, que todo sea perfecto, y que los personajes se amen por el resto de sus vidas cuando la novela solo abarca como tres semanas de sus vidas. Sin embargo, sí me siento en la posición de exigir diferencia en el material que leo. Veracidad, pero también diferencia.

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El estudio de Out Now, titulado LGBT 2020, señala que en México un 52% de los miembros de la comunidad LGBT de entre los 16 y 65 años de edad se encuentran en una relación actualmente.

Han sido pocas mis sorpresas agradables en lo que se refiere a novelas de diversidad en preferencias sexuales o diferencias de género, pero en los tres casos en los que he experimentado sorpresa, tengo que admitir que las novelas siempre han sido excelentes. Sin embargo, sólo son tres. TRES. ¿Se imaginan? Ciertamente no he tenido el interés suficiente para investigar cuáles son otras novelas que traten con la homosexualidad como tema principal, pero, independientemente de mis fallas como lectora, me resulta preocupante y triste que en tantos años sólo me haya encontrado con tres novelas satisfactorias sobre este tema cuando he leído probablemente cientos de novelas sobre amor heterosexual, desde Jane Austen hasta John Green, que son siempre la misma variación de una pareja que no puede estar junta, pero luego al final resulta que sí. O que no, el resultado final realmente no importa tanto.

Y si para mí se ha convertido en una insatisfacción enorme, puedo imaginar cómo se sienten las minorías que tratan de encontrar experiencias similares a las suyas en una novela y que solo se encuentren con historias de amor insípidas entre personajes que se llevan repitiendo desde el siglo diecinueve.

Estas otras dos novelas a las que me refiero, porque evidentemente Aristóteles y Dante es una de ellas, son Every Day, de David Levithan, quien famosamente sí escribe casi todos sus libros acerca de personajes homosexuales –entre ellas Will Grayson, Will Grayson, co-escrita y medio arruinada por John Green–, y Rainbow Rowell, cuya primera novela sobre personajes homosexuales, Carry On, se publicó apenas en 2015.

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David Leviathan y John Green firmando ejemplares de Will Grayson, Will Grayson, un libro donde cada uno de los escritores alternaba capítulos para contar la historia.

De las dos, Every Day es la más extraña: A, el/la protagonista, despierta cada día dentro de un cuerpo nuevo, en donde tiene que vivir durante 24 horas, para despertar a la mañana siguiente dentro del cuerpo de alguien más. Eventualmente A despierta en el cuerpo de un adolescente llamado Justin, de cuya novia A se enamora. Every Day pone en jaque, tanto para sus personajes como para sus lectores, el problema completo de la identidad de género: A es una consciencia, pero ¿la consciencia de quién? ¿De un hombre? ¿De una mujer? Lo que el libro plantea es que realmente no importa, ya que A puede adaptarse igual de bien a vivir su día dentro del cuerpo de un hombre o una mujer y su mente sigue siendo la misma. Sus recuerdos siguen siendo suyos, sus sentimientos también, y lo único que cambia es el tipo de cuerpo que tiene. Desde su punto de vista, el tratar de asignarle a una consciencia un género es perfectamente ilógico, ya que se trata de una cosa incorpórea, un ente, un algo que se materializa en una forma física, pero que no es definido por esa forma. 

Finalmente está la contribución de Rainbow Rowell, Carry On, en donde, a Dios gracias, nuevamente, al igual que en Aristóteles y Dante, la homosexualidad no es el centro de toda la historia. Se trata de una novela basada en una novela ficticia inventada por Rowell para su novela anterior, Fangirl –es un concepto complicado, lo sé–, en donde Simon Snow, un héroe tipo Harry Potter, tiene que encontrar la forma de derrotar a una fuerza maligna que amenaza al mundo de los magos mientras que Baz Pitch, su compañero de cuarto y enemigo mortal, trata de encontrar al hombre responsable de la muerte de su madre. Y, lógicamente, se enamoran. Se trata, claramente, de un refrito de Harry Potter, aunque bien pensado, diferente, y altamente satisfactorio. Pero el verdadero triunfo de la novela se encuentra precisamente en acentuar las diferencias de los personajes. 

La novela no trata de adaptarse a ningún molde: convierte a uno de los héroes en el más grande de los villanos y a dos mujeres en las mejores amigas del protagonista. Durante la historia uno de los personajes plantea el problema, ya viejo, de percibir la homosexualidad como algo monstruoso, y juega con la idea que cualquier personaje de una serie de este tipo debería tener: ¿qué tal si no quiero participar en esta batalla? Sobre todo, dialoga con la idea de que la orientación sexual no es lo que define a una persona, sólo es otro de los elementos que lo conforma, que lo convierte en un protagonista, que lo convierte en un ser sobre quien el lector quiere saber.

¿QUÉ OCURRIRÍA SI NORMALIZÁRAMOS LA HOMOSEXUALIDAD? ¿SI NORMALIZÁRAMOS LA DIFERENCIA?

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En los últimos 19 años se han registrado más de 1,218 homicidios por homofobia en México de acuerdo con la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia (CCCOH), quienes argumentan que México es el segundo lugar, a escala global, en crímenes de este tipo.

Pues bien, ante la desatención de las editoriales, de los autores, de las casas productoras de películas, de los guionistas, de millones y millones de personas que simplemente se rehusan a incorporar cualquier tipo de diferencia en sus producciones culturales, solo quedan los lectores. Podemos destacar aquí, por ejemplo, que uno de los primeros tipos de fanfiction acerca de una de las primeras creaciones culturales sobre las que se escribió fanfiction, Star Trek, era de relaciones homosexuales. La primera vez, pues, que un grupo de fans se sentó a discutir sobre lo que querían para una serie de televisión, en la época en la que para compartir tus fantasías homoeróticas sobre personajes ficticios tenías que tragarte la pena y leer tu ensayo gigantesco acerca de por qué X y Y tenían que terminar juntos, fue sobre Spock y Kirk. Y las más grandes expresiones del fanfiction hoy en día siguen siendo acerca de relaciones entre personajes del mismo sexo: Draco Malfoy y Harry Potter; Iron Man y todos los Avengers menos Black Widow; Capitán América y Bucky; Poe Dameron y Finn en The Force Awakens; Watson y Holmes; la lista es eterna.

Y lo único que demuestra es que los fans exigen diferencia, y que al no encontrarla, tienen que crearla ellos mismos. Lo cual, a su vez, se convierte en un problema ya que la mayoría de los fanfics homoeróticos son escritos por mujeres heterosexuales que más que respetar la sexualidad de los personajes, la convierten en un fetiche y vuelven sus reinterpretaciones en versiones irrespetuosas de las novelas, películas y series de televisión en las que basan sus trabajos.

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Something in your eyes Spock? de Emushi en DeviantArt.

Ya no es suficiente que años y años después de la publicación del primer libro de Harry Potter J.K. Rowling sugiriera veladamente que Dumbledore era homosexual, igual que ya no es suficiente, tal vez, sugerir que un personaje femenino tuvo una “fase curiosa”, una frase que, además, sólo se utiliza para despertar erotismo entre la audiencia masculina ante la imagen de dos mujeres juntas, y que tiende a ser la única forma en la que se hace referencia a personajes lésbicos en la literatura o los medios. Lo que se necesita desesperadamente es mostrar la diferencia: cruda y hermosa, poética y grotesca, simple, complicada, solitaria, gigantesca, pero siempre, al final, aunque no lo queramos creer, completamente normal. 

 

Es necesario agradecer eternamente a Fae Nigma, reina de mi corazón, por sus correcciones sobre este artículo. Kid, I don’t know where I’d be without you.

Gabriela Villanueva

Gabriela Villanueva es maestra de literatura. En su vida imaginó que iba a terminar dando clases sobre Samuel Pepys.

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