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Beatrix Potter, y la importancia de su “bunny book”

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Se dice que The Tale of Petter Rabbit de Beatrix Potter fue el primer libro ilustrado específicamente para niños.

Pretender hablar sobre Beatrix Potter presenta varias posibilidades, varios ángulos: se puede hablar de ella desde un punto de vista feminista, un tema del que saben que no me escondo; o se puede hablar de ella desde un punto de vista editorial, en donde la alabamos como la J.K. Rowling de principios del siglo XX. Sin embargo, el punto de vista quizás más relevante, más interesante, más cautivador, son los conejitos.

Hablar sobre conejitos parece, por supuesto, un tema más o menos femenino. Después de todo, en el siglo XIX e incluso antes, muchas mujeres se volvieron relativamente famosas escribiendo historias sobre animales que tenían pequeñas aventuras en el campo (tomen por ejemplo a Mother Goose –Mamá oca– desde el siglo XVII hasta el XVIII, una identidad asumida tanto por mujeres como por hombres para la creación de pequeñas rimas y fábulas orientadas hacia el público infantil). Curiosamente, estas historias escritas por mujeres, sobre todo y casi siempre para sus hijos, tienden a centrarse en la figura del conejo (tenemos, por ejemplo a Dorothy Kunhardt, quien saltó repentinamente a la fama con la publicación en 1940 del libro interactivo Pat the Bunny). Pero de entre todas estas mujeres y todos estos hombres, incluso, si nos remontamos a las fábulas de LaFontaine y Esopo, no hay historias de conejos más famosas, más universalmente reconocidas, que aquellas escritas por Beatrix Potter. 

Como se ve arriba, Las historias sobre animales han existido toda la vida. En un principio se crean como advertencias para los niños: “no vayas al bosque, donde se encuentra el lobo”, “no presumas de aquello que no tienes”, “no seas tentado por tu propia vanidad”. Se trata de historias con una moraleja, la característica fundamental para todas las fábulas. Además de aprender una lección moral, en  ellas aprendemos que si es necesario crear literatura para un público infantil, es mejor que sea literatura que no sea precisamente lúdica, sino que les enseñe una lección, que los mejore como personas, que les dé una educación que la sociedad de la época, sobre todo las sociedades neoclásica y romántica, probablemente les negaban. Así, “no vayas al bosque, donde se encuentra el lobo” se convierte en “no regales tu virtud, sobre todo si eres una niña”; “no presumas de aquello que no tienes” se convierte en “conoce tu clase, y apégate a ella”; “no seas tentado por tu propia vanidad” se convierte en “reconoce tus fallas, ya que ante el mundo importan más que tus virtudes”. Cosas aterradoras, a final de cuentas. Hasta que llega Beatrix Potter. 

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The Tale of Peter Rabbit ya había vendido más de 50,000 copias para 1903; Beatrix usó las ganancias para comprar un terreno en Near Sawrey, Cumbria, Inglaterra.

La primera Potter importante de la Gran Bretaña tenía 36 años cuando su Tale of Peter Rabbit fue publicado, por primera vez, en 1902. Era soltera solterona, realmente, de acuerdo con las creencias de la época, vivía con sus padres como toda buena solterona nacida en la época victoriana tenía que hacer, y en general, a pesar de ser hija de una buena familia, no tenía esperanzas o deseos de casarse. Publica entonces lo que en ese momento su editorial, Frederick Warne & Co., llama su “bunny book” – su libro de conejitos. Se trataba aparentemente del pequeño proyecto de una mujer desempleada, aunque económicamente solvente. De repente se encontró con que las cartas que le escribe al hijo de su vieja institutriz bien pueden ser recibidas con apreciación por un público más grande que un solo niño.

Hoy la obra de Potter es relevante al punto de que la Royal Mint, encargados de la producción de monedas británicas, celebra todo este año el aniversario número ciento cincuenta del nacimiento de la autora, junto con eventos tan importantes para la historia británica como el aniversario de la muerte de William Shakespeare, el incendio de Londres en 1666, y la Batalla de Hastings de 1066, pequeños eventos que marcaron el nacimiento de Inglaterra (así, casual). 

De forma muy inteligente, Potter vio desde un principio el potencial que tenía su “bunny book”. Pudo prever la eventual publicación de algunas secuelas sobre la historia de Peter y sus aventuras con el jardinero, Mr McGregor, y más tarde la publicación de otros 21 libros centrados en los animales que, para entonces, vivían alrededor de la granja de la autora, aunque resulta difícil asegurar que previera desde 1902 el impacto mundial que su libro sobre conejitos habría de tener, incluso más de cien años después.

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Moneda de plata de Peter Rabbit que puede ser tuya por 55 libras esterlinas, un poco más de 78 dólares.

Tras la publicación de sus primeros libros, Potter se independizó completamente de sus padres al tomar la decisión de dejar su vida en Londres (a consecuencia, también, de la disolución de su compromiso con Norman Warne tras la muerte de éste a los 37 años) para vivir en el Distrito de los Lagos, al cual se dedicó prácticamente sola a rescatar de la industria que amenazaba con establecerse ahí. 

Para los románticos, la historia de cómo Potter conoció ahí a quien sería su esposo, William Heelis, puede ser un final interesante para su vida. Para otros, lo será el cómo rescató el Distrito de los Lagos y cómo al final de su vida heredó prácticamente todas sus propiedades a la National Trust for Places of Historic Interest or Natural Beauty; pero para la literatura infantil y juvenil lo verdaderamente interesante de la vida de Beatrix Potter es cómo tomó un género relegado casi exclusivamente a las madres, lo subvirtió, lo limpió de toda necesidad de una enseñanza, y lo transformó en una experiencia de lectura lúdica para los niños de la época Eduardiana. 

Desde un principio, los libros de Potter fueron un gran éxito económico, lo que se debe, primero, a que ella previó desde un principio el impacto que un libro como Peter Rabbit podría tener en el mundo editorial, y a que supo cómo aprovecharlo. Y en un segundo lugar, debido a que su editorial, comprendiendo que la señora tenía una idea definida acerca de lo que debía ser el nuevo libro para niños, de hecho escuchó todas sus exigencias y publicó lo que fue uno de los primeros libros de pequeño formato, diseñados específicamente para las manos de los niños. Así, desde 1902 hasta 1905, Potter no sólo publicó la más famosa de sus historias, sino que aprovechó su popularidad para producir un conejo de felpa vestido como Peter Rabbit, un juego de mesa; y para preparar el camino para los otros 23 libros que publicaría alrededor de la idea de que los animales, como las personas, tienen una vida privada que nosotros, aunque participamos en ella, desconocemos.

¿POR QUÉ LEER LIBROS CON ANIMALITOS?

Los libros de animales tienen esta característica fundamental: un animal, por más ajeno a nosotros que sea, es un reflejo perfecto de nuestra humanidad. Ciertamente sigue existiendo algo de didáctica en ello: una rata va a representar casi siempre a la avaricia o a la glotonería; los gatos son peligrosos y vanidosos; los conejos son juguetones pero descuidados, etcétera, porque lo que proponen los libros es que a partir del distanciamiento que el niño puede hacer poniendo como intermediario al animal, lleguemos a conocer mucho mejor a la humanidad que nos rodea. Potter es solo en parte partidaria de esta idea. Por un lado se encuentra la evidencia de los primeros cuentos enviados a los hijos de sus amigos, en forma de cartas, en donde la autora tomaba las travesuras mismas de los niños y las convertía en pequeñas y veladas advertencias; pero por otro lado, y sobre todo después de la publicación de Peter Rabbit, la enseñanza desaparece, deja de ser interesante, y lo que la autora persigue y consigue, es crear literatura buena para niños. Historias que transmitan una idea, una trama, una aventura, pero que no buscan aleccionar al niño acerca de nada, sino sólo acercarlo a la lectura de una forma que encuentre divertida. 

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La primera edición de The Tale of Peter Rabbit, financiada por Beatrix Potter antes de ser publicada por F. Warne & Co.

A pesar de su éxito ,nunca faltan aquéllos que buscan ser detractores de la obra de Beatrix Potter y de innumerables otros autores de literatura para niños acerca de animales. Y esto se debe, probablemente, a que aún se mantiene un poco la idea de que las historias de animales tienden a ser morales, y pretenden enseñarle al niño una lección que atesore por siempre. Por supuesto existirán aquellos lectores que busquen este tipo de literatura para los niños, pero hay otros que, por el contrario, siguen pensando que las historias de animales, a pesar de su gran popularidad y evolución, siguen siendo una literatura menor. Sin embargo, esta literatura perdura, y en ocasiones es recordada mucho más que otra Literatura-con-L-mayúscula escrita por el mismo autor. The Wind in the Willows, Winnie-the-Pooh, las historias de Paddington Bear, y las historias de la misma Beatrix Potter son la evidencia de que el lector aún se interesa por investigar o por aprender sobre su propia humanidad a través de la representación que se hace de la misma en la figura de los animales. Los animales pueden ser tan bondadosos, tan crueles y tan entrañables como los humanos, y en una época en la que la represión de la identidad y de la humanidad era, y en ocasiones aún es, necesaria ante los ojos de la sociedad, las historias de animales permiten la exploración de esta humanidad, aún si es a través de la figura de un conejito. 

Gabriela Villanueva

Gabriela Villanueva es maestra de literatura. En su vida imaginó que iba a terminar dando clases sobre Samuel Pepys.

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