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Buscando a Dory: buscando una buena secuela

FINDING DORY. Pictured (L-R): Destiny and Dory. ©2016 Disney•Pixar. All Rights Reserved.

Buscando a Dory es otra de esas secuelas de Pixar que nadie pidió pero que sorpresivamente se están agradeciendo.

Buscando a Nemo fue una gran película. Tomó el concepto del road trip, lo hizo sentimental y nos enseñó una cosa o dos sobre la vida marina. Buscando a Dory retoma conceptos introducidos por su predecesor, los expande, y hace lo que toda buena película de Disney-Pixar: hacernos llorar y reír al mismo tiempo.

La película comienza de una forma similar a la original. El arrecife, Nemo, Marlin y varios personajes de la primera están de regreso viviendo una vida normal. Sin embargo, la paz se ve interrumpida cuando Dory recuerda que alguna vez tuvo a sus padres y detona una aventura muy parecida a la original. En lugar de un padre buscando a su hijo, ahora Dory busca a sus padres.

Los primeros veinte minutos son una fotocopia de la primera aventura; algo que muchos esperaron ver, con todo y la persecución con una bestia marina. Sin embargo, esta preocupación se desvanece y somos remitidos a una sola locación principal donde se desarrolla toda la trama: un acuario. Parecería raro limitar a los personajes a un solo escenario, aún más cuando Buscando a Nemo es una aventura masiva por todo el océano. Pero esto ayuda en muchos aspectos, y le funcionó a Pixar en Toy Story 3.

Los nuevos integrantes son magníficos: tenemos a Hank, un septópodo; Destiny, un tiburón ballena con miopia; y Bailey, una beluga. Todos se unen para ayudar a Dory en la búsqueda de sus padres, y curiosamente, Marlin y Nemo son rezagados a personajes secundarios. Aunque tienen cierto peso al principio y casi al final, todo el motor de Buscando a Dory son sus nuevos amigos.

 

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Los gags favoritos están de vuelta, pero ahora sí están al servicio de la historia

Al igual que muchas películas de Pixar, las escenas sentimentales desbordan para hacer llorar a jóvenes y grandes. Por supuesto, el mensaje de la película, “no importa tus diferencias, si perseveras, lo consiguirás” llega a ser un poco repetitivo, pero garantiza que ninguno de los niños que vean la película se quede con la duda. La discapacidad de Dory, pérdida de memoria de corto plazo, es uno de los temas más prominentes y explorados. A diferencia de la original, en donde esto era un gag recurrente y nada más, es incorporado de una manera fundamental en el guion. De nuevo, parece tedioso el tener que recordar, y exponer al público, una y otra vez el objetivo. Sin embargo, conforme se desarrolla la cinta, vemos que los otros personajes enfrentan, entienden y resuelven los problemas que genera la situación de Dory.

Por otra parte, siempre es interesante ver una película en donde no existe un villano o alguna entidad que obstaculice el objetivo del protagonista. Lo mismo ocurrió con Buscando a Nemo, aunque de alguna forma, también daba una imagen a los humanos como los enemigos de la naturaleza. En esta ocasión somos redimidos. Son los mismos personajes y la interacción entre ellos los que resuelven el único conflicto: encontrar a los padres de Dory.

Ahora, hay que tomar en cuenta el hecho de que Pixar no hace secuelas muy a menudo. La trilogía de Toy Story se desarrolló a la par de las personas que vieron las películas. Toy Story 3 se estrenó en el momento cuando muchos niños que vieron las primeras dos, y se enfrentaban a los mismos problemas de Andy, la escuela y el crecer. El contexto de su estreno, y no la cinta en sí, es lo que la convirtió en una de las mejores películas de la historia, según IMDB.

Por otra parte, Finding Dory no tiene un involucramiento tan personal con el público. No encontrarán ese nostalgia value porque desde el principio, sus creadores sabían que no lo tendría. De hecho, originalmente esta secuela no iba a ser producida por Pixar, sino por una compañía externa, Circle 7 Animation, la cual fue cerrada por Disney. No fue sino hasta 2012 que Adrew Stanton, director de Buscando a Nemo, se convenció de que sí era una buena idea hacer una secuela y empezó el desarrollo de la cinta.

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Patricia Palestino vuelve a prestar su voz al pez cirujano que, según facebook, amenaza con propiciar la captura desmedida de esta especie

En cuanto al aspecto visual, Finding Dory es igual o mejor que su antecesor. El agua en profundidad se ve hermosa con diferentes tonos de azul para cada ambiente, y es claro que en el trasfondo hubo una extensa investigación sobre ecosistemas marinos. Debido a la naturaleza de la película, se exploran desde ambientes más cercanos a la superficie y lugares más cerrados, como vasos con agua, peceras y hasta cubetas de trapeador.

Aunque en la mayoría de los cines mexicanos no podemos experimentar Buscando a Dory en su idioma original con Ellen DeGeneres como Dory, sí disfrutamos del talento de Patricia Palestino y Gabriel Pingarrón como Hank. Y no hay de qué preocuparse; recordemos que Disney tiene una subsidaria, Disney Character Voices International, para cuidar que los timbres de todos los actores de sus películas suenen exactamente iguales.

Sin duda alguna, Finding Dory entra en la categoría de buenas secuelas como Toy Story 2 (no como Cars 2. Preferimos fingir que esa nunca existió). Totalmente recomendada para adultos y niños: ambos públicos llorarán en esos momentos sentimentaloides que nos encantan y se reirán con ese humor tan blanco y efectivo de Disney.

Y sí, Finding Dory repite varios elementos de su antecesor y la premisa es prácticamente la misma. Sin embargo, hace los suficientes cambios para presentarse como una aventura nueva, la cual sí se puede separar de la original. Los nuevos personajes son lo suficiente carismáticos para justificar la ausencia de varios de los originales (por cierto, eso si decides irte del cine al iniciar los créditos) y el hecho de que Marlin y Nemo fueron dejados como escenografía de fondo.

Tal vez esta secuela de Pixar no sea tan buena como la original, pero el tratamiento que se le dio lo hace una de las mejores películas del año.

 

Sebastián Quiroz Navarro

Gamer de corazón, reseñador y hipster wannabe y amante de la cultura geek. Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UNAM.

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