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¡Capturen a los trenes fantasmas antes de que desaparezcan!

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Sabes que has ido a una feria de pueblo si los has visto. Foto de Zacatecas Web News

Recuerdo que a los seis años me llevaron a una feria en Cuautla, Morelos, y me subí a unos cochecitos que daban vueltas. Pero también recuerdo que lo hice solo para tener una mejor vista del Túnel del Terror que se encontraba justo enfrente.

Un monigote de cara simiesca daba la bienvenida a la fila, y la gente se sentaba en carritos para luego desaparecer tras una puerta giratoria. Adentro, se oían gritos y chillidos. Los carritos volvían vacíos, y más gente subía. Yo quería entrar. Pero a la vez no. Me quedé dando vueltas en mi cochecito de hueva, impresionado por ese juego endemoniado.

Aún se les puede ver en ferias de pueblo, junto a otros clásicos como el Sea Dragon, el Himalaya y el Huracán. Los dark rides, conocidos en español como trenes fantasma o túneles del terror, son esos juegos mecánicos raquíticos y con fachadas extravagantes, a menudo decoradas por lo que parece ser algún graffitero, que consisten en un paseo breve, oscuro y bajo techo a través de escenas animadas con efectos especiales, luz y sonido. De niño me fascinaban y atemorizaban, y formaron parte de la juventud de mucha gente alrededor del mundo. Pero hoy están desapareciendo.

Es por eso que Joel Zika, un artista y académico de la Universidad de Deakin, en Australia, ha dedicado los últimos diez años a estudiar y documentar la historia de estas atracciones, las cuales, en realidad, son toda una tradición de más cien años, al menos en Estados Unidos.

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Joel Zika trabajando en Luna Park, Melbourne, Australia. Todas las fotos cortesía de Joel Zika/The Dark Ride Project, excepto donde se señale.

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El proyecto se llama The Dark Ride Project, y a diferencia de un montón de posts irrelevantes en tu Facebook, está aprovechando los videos en 360 grados para un propósito real e interesante: grabar algunos de los pocos trenes fantasma que siguen en funcionamiento para que la gente pueda experimentarlos de nuevo, ya sea en su teléfono o con algún headset de realidad virtual. Es un esfuerzo por “archivar” estos juegos mecánicos que, para Joel, son auténticos tesoros culturales.

“Comencé a viajar para buscar las atracciones más viejas de Estados Unidos y escribir sobre ellas”, me platica por Skype, aparentemente desde su habitación. “Fui a estos lugares y comencé a conocer a la gente que se encargaba de los juegos, o que los había perdido o reconstruido. Cada año oyes que algún juego desaparece por culpa de alguna catástrofe o porque la gente ya no tiene dinero para mantenerlos. Y pensé… mi investigación no tendrá sentido si no hay evidencia de lo que hablo”.

Y sí: Joel está tan clavado en esto que su doctorado es sobre trenes fantasmas, y cómo este tipo de entretenimiento se relaciona con medios como el cine y los videojuegos. “Lo interesante es que, si te lo imaginas como una cámara de cine, es como si el juego determinara lo que ves. Te aleja de algo tenebroso y de pronto te vuelve a acercar. Es la misma idea que una película de terror”.

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La casa embrujada de Camden Park, West Virginia.

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El Spook-a-rama en Coney Island, Nueva York.

Desde 2005, Joel ha viajado a Maryland, Alabama, Delaware y West Virginia capturando en video algunos de los trenes fantasma más antiguos del mundo, con ayuda solo de su novia y un sistema de tres cámaras Sony que él mismo fabricó. Lo importante, dice, es capturar la experiencia lo más fielmente posible: cómo se escuchaba el juego, qué tan bueno o malo era, y desde luego, qué tan oscuro era.

El primer juego que Joel grabó se encuentra en su ciudad natal, Melbourne, en un lugar llamado Luna Park (muy semejante al de Nueva York, por cierto). Después de varios intentos fallidos con video de 180 grados y el celular de su novia, decidió probar con cámaras de ángulo amplio. Quién sabe; puede salir algún esqueleto detrás de ti, un órgano a la izquierda y un tren a punto de chocar contigo al frente, todo al mismo tiempo. Así empezó The Dark Ride Project, un concepto que revive la vieja tecnología a través de la nueva.

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Joel Zika montando su equipo en Luna Park de Melbourne, Australia.

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Joel creó su propio sistema de captura en 360 grados con 3 cámaras Sony.

Según Joel, el proyecto inició con la pregunta, ¿qué ejemplos de narrativa interactiva había antes del cine? La respuesta fueron estos juegos de feria que buscaban sumergir al espectador a través de estímulos sensoriales y atmósferas envolventes; los cines 4DX de inicio de siglo, si lo quieren ver así.

Aunque se puedan catalogar como dark rides juegos populares como Piratas del Caribe de Disney World o incluso la extinta Mansión de La Llorona en Reino Aventura, los que Joel documenta son una reliquia de otra era. Según me platica, los gringos de principios de siglo tenían mucho dinero y ganas de experimentar lo que salía en libros como los de Julio Verne y H.G. Welles: ideas sobre viajes, el espacio, la tecnología y la ciencia ficción. Así, se construyeron algunas atracciones prototípicas, entre ellas los famosos túneles del amor u old mills, botes que navegaban en canales artificiales a través de escenografías temáticas.

Después vino la Primera Guerra Mundial, la Depresión, y muchos parques de diversiones comenzaron a cerrar. Para salvar el negocio, algunos decidieron reciclar estructuras y espacios preexistentes, como las líneas de los tranvías eléctricos, para fabricar nuevas atracciones. Era la década de los treinta, y los monstruos clásicos de Universal, como Frankenstein, Drácula, La Momia y el hombre lobo estaban de moda. De ahí salieron los primeros trenes fantasma, que combinados con la excitación por el cine de terror, eran una forma de vivir en carne propia las historias de la pantalla.

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Los old mill son las atracciones prototípicas que dieron paso a los trenes fantasma. Este es uno de los más antiguos, ubicado en Kennywood, Pittsburgh.

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En 1936, el Pretzel original de Luna Park, en Melbourne, fue transformado en el Ghost Ride, marcando un nuevo interés por lo macabro y tenebroso.

En los cincuenta y setenta, todavía se podían ver chicos y chicas a-gogó fajando en trenes fantasma nuevecitos, pero a partir de los setenta, su declive comenzó. Y francamente, hoy en día, nadie parece emocionarse con la idea de subirse a esos juegos tan piteros.

Joel lo sabe: “Los trenes fantasma no son populares. De hecho van a desaparecer. Pero hay toda una industria de atracciones de terror que está en su apogeo, la gente quiere reunirse y espantarse con toda clase de cosas. Apenas estuve en Scare L.A., una convención de espantos. Y fue genial, pude enseñarle al público el headset de realidad virtual, los juegos que he grabado y platicar con ellos. Y todos tenían una experiencia; conocían algún parque que había quebrado o estaba a punto de hacerlo. La gente no puede apoyar estos negocios, ya no somos tan locales. Todos viven en las grandes ciudades”.

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El Dante’s Inferno, ubicado en el Miracle Strip Amusement Park, 2 años después de que cerrara en 2005. Foto de Steve Sobczul.

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El Bushkill Park ubicado cerca de Easton, Pennsylvania, tenía una de las casas de la risa más viejas de Estados Unidos. Después de haberse inundado tres veces, (en la foto, 2005), cerró para siempre en 2007.

Joel ha grabado seis atracciones, aunque en su lista de pendientes figuran otras ocho. La mayoría fueron construidas por la Pretzel Amusement Ride Company, pionera en la industria y fabricante de más de 1,700 atracciones en Estados Unidos. Hoy en día, solo quedan cuatro en funcionamiento. Y una de ellas es la que más le emociona.

“Hay una atracción al norte de Nueva York, en un lago llamado Sylvan Beach. Ahí hay un parquecito, bueno, una feria muy pequeña. Una vez fui, y lo primero que pensé es, ¿por qué carajo alguien querría venir aquí? Es un juego de casi ochenta años, es el último de los originales. No le han hecho ninguna remodelación, está intacto, pero no estará ahí para siempre. Podría incendiarse. No está mal pero… nunca querría subirme a eso, nadie lo haría. Es uno al que quiero ir pronto porque todos los demás tienen un poco de infraestructura. Pero este no, está como que en medio de la nada. Es bien difícil contactar a esta gente; no tienen Facebook, y no tienen mail, y solo tienen un teléfono que nunca contestan. He tratado de hablar con gente, pidiendo que vayan y les pregunten, o que los visiten, o solo saber si alguien vive ahí”.

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El Laffland de Sylvan Beach, Nueva York, es el juego más viejo manufacturado por la Pretzel Amusement Ride Company. Foto obtenida de Wixstatic.com

No obstante, Joel ha ido formando una red de contactos que le han permitido conocer gente que aún se dedica al negocio de los trenes fantasma. Aunque ya nadie se suba a ellos, sí hay muchos friquis que se interesan por la historia detrás de las atracciones de terror, y es lo que de alguna forma los mantiene en el mapa.

“Por ejemplo, está este parque llamado Trimper’s Rides en Ocean City, Maryland. Los Trimper son una familia que ha mantenido este parque por años. Lo lleva Stephanie y Scottie Trimper; sus abuelos construyeron el parque y sigue funcionando tres generaciones después. La casa del terror está justo al lado del malecón. Es fantástico, es casi un ícono de los viejos dark rides, y fue diseñado por Bill Tracy, un diseñador famosísimo. Y Scottie le enseña a su hijito cómo operar el juego durante sus vacaciones escolares. Pero es inevitable sentir que el parque quebrará pronto. De hecho, la competencia abrió una casa del terror nueva justo en la esquina. Son negocios familiares, y cada uno de estos lugares se enorgullece de decirlo. Pero no sé si en estos tiempos eso te lleve muy lejos”.

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La Haunted House de Ocean City, Maryland, sigue atrayendo turistas a pesar de que en la esquina abrió la Ocean City Screams Haunted House. Foto obtenida de Oni’s Blog

Tengo curiosidad por saber qué fue lo que llevó a Joel a ser un friqui, a dedicarse a documentar estas atracciones y condolerse de estos negocios. Así que le pregunto si es un fan de los parques de diversiones, o más bien, del terror. “Tengo 36 años, así que cuando tenía 12 o 13 años estaban muy de moda los video nasties, un fenómeno muy raro de los ochenta. Era la época de los VHS, y había una proliferación de películas perturbadoras en video: documentales violentos, películas slasher y gore… a principios de los noventa estaba enamorado de todo eso. Así vi Pesadilla en la calle del infierno, Chucky…”

Cuando fui a la universidad me interesaba mucho la tecnología y los medios digitales. No tenía la paciencia para hacer películas pero sí para experimentar con entornos físicos, proyectores y demás. Eso me hizo preguntarme… ¿qué ejemplos hay de entornos terroríficos? ¿Qué es un entorno terrorífico? Y bueno, supongo que ahí empezo todo. Oh, y a los 10 años fui a una cosa llamada The London Dungeon, que es como un museo de cera con actores. Tienes que correr a través de una casona en llamas. Eso me traumó”.

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(ARRIBA Y ABAJO) Joel admira la manufactura del Spook-a-rama de Coney Island, Nueva York.

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Joel pasea por el túnel giratorio del Ghost Train de Luna Park, Melbourne.

Es algo de lo que me dicen que me voy a aburrir después. Pero eso no va a pasar. Tenemos que tomárnoslo en serio y darnos cuenta de que jugar, la interactividad y las experiencias es parte de cómo la gente va a entretenerse con todo lo que viene.

Para seguir con mi investigación millennial, busco algunas de las charlas y videos que ha hecho Joel Zika en el sitio del proyecto y en youtube. Estos trenes fantasma, por más chafones que nos parezcan, forman parte de los recuerdos de mucha gente. Un usuario de youtube señala que el Haunted House de los Trimper en Ocean City es uno de sus obligados en cada visita, y otro usuario grita “¡miren, la puerta llena de chicles, la parte más tenebrosa!” mientras recorre el raquítico Spook-a-rama en Deno’s Wonder Wheel Amusement Park, Coney Island. El huracán Sandy, por cierto, casi borra el Spook-a-rama del mapa, pero muchas figuras hechas de papel maché fueron sustituidas con props nuevecitos en 2012.

“Están los entusiastas y luego las historias. La historia que quiero contar es cuán importantes son estas atracciones, y como se relacionan con el horror. La realidad virtual es una gran herramienta para atraer a la gente, pero lo importante, al final, son las historias”.

¿Y qué vas a hacer con ellas? “He estado grabando estos videos y me gustaría lanzarlos ya sea en una serie de documentales, o cortometrajes, o cortos en VR, y distribuirlas de alguna manera. Aquí en la Universidad me han ayudado un poco, pero sería genial encontrar a alguien que los distribuyera. Así que solo seguiré viajando, y conociendo gente y contar sus historias”

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(ARRIBA Y ABAJO) The Dark Ride Project estuvo este año en Scare L.A. mostrando sus videos como debe ser: con un headset Oculus de realidad virtual.

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¿A quiénes más has contactado? “Al museo Smithsoniano. Dijeron que era un gran proyecto, pero que solo trabajaban con datos en bruto. Solo con los archivos primarios. Así que les dije… esto no es una obra artística, es un archivo videográfico de la experiencia… y nunca me contestaron. Hay un pensamiento que impera en los museos de esperar a que algo desaparezca para que sea importante. Lo veo mucho con videojuegos; la gente no quiere hablar de ellos hasta que envejecen. Ni maquinitas de pinball, ni videos viejos, nada”.

Desafortunadamente, la campaña que Joel inició en Indiegogo por $20,000 no llegó a su meta. No obstante, se queda con 13 mil dólares. Me cuenta que el dinero es para viajar a Estados Unidos, Suecia e Inglaterra con algún otro camarógrafo y puedan visitar lugares a los que nadie iría por cuenta propia, con el fin de que más gente los conozca. Le pregunto si no se le ha ocurrido venir a México.

“Nunca he ido, pero quiero ir. Soy de Australia, nos gusta mucho el terror, pero a diferencia de México y Estados Unidos, no tenemos esa cultura de asustarnos mutuamente. Pero me entusiasma esa idea, la de las celebraciones alrededor del miedo. De ahí mismo parte la idea de las atracciones de terror: el chiste es reunirse, estar en tu comunidad, con los amigos, abrazando y besando a tu pareja para que no la espanten”.

CONTINÚA ABAJO…

Pienso en recomendarle alguno de los juegos que hay en México, pero me doy cuenta de que los que me vienen a la mente o ya dejaron de existir o solo se ponen cuando es la Feria del mole. No se por qué, pero me es difícil imaginar a Joel haciendo un viaje en pesero para llegar a alguno de los trenes del terror de San Pedro Atocpan. O tal vez no. Después de todo, es esa determinación de Joel la que me hizo entrevistarlo en primer lugar.

“Es algo de lo que me dicen que me voy a aburrir después. Pero eso no va a pasar. Ni yo ni la gente, todos quieren pasarla bien e ir a esta clase de lugares, eso nunca pasa de moda. Tenemos que tomárnoslo en serio y darnos cuenta de que jugar, la interactividad y las experiencias son parte de cómo la gente va a entretenerse con todo lo que viene. Por eso es que ahora hay tantas experiencias de terror, hay un resurgimiento. Hay que enfrentarse a esa realidad”. Y sí, mientras los trenes fantasmas sigan desapareciendo, al menos disfrutarlas desde la realidad virtual.

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El Terrortorium de Oxford, Alabama, es otro negocio familiar, operado por Jeremy Cruse.

Joel hizo un viaje al Spook-a-rama de Coney Island, en Nueva York, para regalárnoslo el Día de Brujas. En algún momento la atracción duraba 10 minutos, y tenía zombis, ogros, un hombre en la silla eléctrica y unos estambritos que te rozaban la cara. Hoy en día es muy corto, pero sigue en pie, orgulloso y a siete dólares la admisión. Levanta ese teléfono, pégatelo a la cara y disfruta uno de los trenes fantasma más icónicos del mundo.

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Erick Yáñez

Comunicólogo y todólogo que todavía se esconde bajo las sábanas, fanático de toda ficción que mind-fuckee. Productor de Psicofonías y editor de Libertimento.

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