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Conmemorar a los muertos, festejo de la “Patas de Hilo”

catrina

Con ustdes “La Catrina”, un grabado de José Guadalupe Posada; el título de “La Catrina” se le atribuye al muralista Diego Rivera.

¿Cómo es que del día de muertos pasamos al Halloween? Para empezar, ¿qué es el Halloween?, ¿Por qué (o para qué) se festeja a los muertos? Preguntas que todas nos hemos hecho alguna vez. No nos hagamos weyes, bien que nos gusta la tragadera de pan de muerto y disfrazarnos de calabaza. Aquí una pequeña historia de estos días llenos de muerte en vida.

La perturbadora sonrisa de la Calaca nos asecha siempre pero especialmente en los primeros días de noviembre. Sus ojos vacíos, su blancura deslumbrante y su cráneo liso aparecen representados con profusión en los floridos altares de muertos que adornan los espacios interiores y urbanos. En la conmemoración de los fieles difuntos agasajamos a nuestros seres queridos que ya no están, aunque a veces se nos cuelan al altar familiar algunos espíritus chocarreros que se chutan el tequila y se zampan el mole de guajolote de nuestros muertitos porque los gorrones no respetan ni cuando están muertos.

En la mayoría de las civilizaciones antiguas se rendía culto a los restos humanos, por ejemplo, en Mesoamérica se enterraba a los muertos en lujosas tumbas engalanadas con ricas ofrendas como la del rey Pakal en Palenque. Algunos pueblos como los egipcios y los incas momificaban los cuerpos de los monarcas fenecidos para que siguieran formando parte de ritos y ceremonias. A veces los dejaban descansar en paz como al faraón Tutankamón en su magnífico sarcófago de oro; pero de pronto los sacaban de reventón como a la momia del inca Pachacútec.

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La tumba del rey Pakal fue descubierta por Alberto Ruz Lhuillier en 1952. Fotografía INAH.

Los muertos constituyen uno de los arquetipos más antiguos de la humanidad. Desde la prehistoria, el pensamiento mágico-religioso concibe a la muerte como una etapa más del devenir humano y no como el final de la vida. Orgánicamente, un cuerpo que ya perdió el hálito vital está acabado, científicamente no hay nada qué hacer: ya felpó. Pero esotérica, filosófica y religiosamente, ese ser sigue vivo, únicamente cambió de envoltura, se mudó de dimensión: es un ser espiritual. Se conforma así el arquetipo (el primero en su tipo) de la vida después de la muerte y comprendemos, paradójicamente, que los muertos viven.

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EL INFRAMUNDO MESOAMERICANO

El concepto de la dualidad humana, conformada por cuerpo y espíritu, se representa en vestigios tan antiguos como las pinturas rupestres. Por ejemplo, en la cueva La Pintada, en Baja California Sur (fechada entre el año 3,000 a 10,000 a.C.) aparecen individuos de aspecto sobrenatural llamados “chamanes” que elevan sus brazos al cielo en actitud de invocación, cuya dualidad está visualizada en los colores negro y rojo que conforman su figura. Una parte de su cuerpo es densa y pesada –el negro– mientras la otra parte es luminosa y brillante –el rojo– y así, a primera vista, nos enfrentamos a seres antropomorfos con identidad dividida. En las cuevas de la Serranía del Burro, en Coahuila, se observan más ejemplos de seres híbridos: chamanes que ascienden en un vuelo mágico, representando la hipóstasis (unión misteriosa) de hombre y pájaro. La dualidad que aquí se muestra es la representación de una mitad animal y otra mitad humana. Estos seres duales o divididos en dos secciones alusivas al mundo terrenal y a otros universos o dimensiones sutiles, explican sin palabras la naturaleza humana: presencia terrenal con un doble mágico o espiritual.

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La Pintada se encuentra al fondo de una cañada (50-60 metros aprox.) y mide alrededor de 150 metros de largo. Fotografía de Glen Jensen.

En el imaginario de los pueblos de Mesoamérica también es aceptaba la existencia de otro mundo y una vida nueva después de la muerte. Jacques Sosutelle señala que los aztecas distinguían, en primer término, a los guerreros muertos en batalla y a las mujeres que morían en el parto, quienes subían a los cielos –Omeyocan– como compañeros del sol. 

El resto de los muertos descendía al Mictlán, morada de Mictlantecuhtli, dios de la muerte con máscara de calavera. Los muertos comunes “viajaban hacia allá (al Mictlán) durante cuatro años, hasta llegar al noveno infierno donde desaparecían por completo”. Soustelle señala que se hacían ofrendas a los muertos 80 días pasados sus funerales y hasta cuatro años después; “en seguida, quedaban cortados todos los nexos entre los muertos y los vivos”. Sin embargo, los guerreros volvían en forma de colibríes y las mujeres divinas (Cihuateteo) aparecían por las noches en las encrucijadas. 

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La flor de cempasúchil (“flor de veinte pétalos”) es utilizada para aliviar el dolor de estómago, cólicos, diarrea y para eliminar parásitos intestinales.

Por último, en el imaginario religioso azteca, quienes morían ahogados o por efecto de la hidropesía, habitaban en el Tlalocan, morada de Tláloc, mientras los niños muertos en la infancia iban al Chichihuacuauhco donde, de un prodigioso árbol, manaba leche para alimentarlos. 

En Mesoamérica, se conmemoraba a la mitad del año solar a los niños muertos y, alrededor del décimo mes del calendario solar mexica (principios de agosto), a los “muertos grandes”. Se organizaban procesiones, se danzaba alrededor de un árbol y se les ofrendaba comida y bebida. Las ofrendas se adornaban con flor de cempasúchitl, de color del fuego, y el perro mexicano, el xoloescuintle, se concebía como psicopompos o guía de los muertos.

PARA LEER MÁS

  • Segunda parte: “Conmemorar a los muertos, festejo de la “Patas de hilo”.
  • La rama dorada, magia y religión, de J. Frazer, 1989. México: FCE [Primera edición: 1890]
  • El universo de los aztecas, J. Soustelle, 1986. México: FCE [Primera edición: 1979]
  •  El arte indígena en Coahuila, S. Turpin, 2010. Saltillo: UAC

Armín Gomez

Catedrático del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Ciudad de México. Autor de “Ancestrales hechizos de amor” (Ediciones del Ermitaño) y “El hipogrifo teatral, historiografía y teoría teatral”.

This Post Has 2 Comments
  1. La esencia de sus espiritus estan presentes y por ello el olor de las frutas, la musica y la luz, recuerdan los momentos vividos en la tierra, el inframundo esta presente todo el tiempo y es muy cercano al mundo de los vivos segun los huastecos, el cuerpo regresa a la tierra pero su alma se queda entre los vivos.

    1. Hola,Talkshowcn a nombre de Armín te paso su comentario:
      Gracias por esta referencia al universo de la Huasteca, sin duda la sabiduría antigua entendía al ser humano como una entidad dual, conformada de cuerpo frágil y alma eterna que, tras la separación causada por la muerte, desecha el cuerpo material y libera el alma. La ofrenda del Día de Muertos lleva flores, alimentos y luces de veladoras para evocar los placeres sensoriales que en algún momento disfrutaron los muertos, pero según entiendo hay sólo ciertos momentos en que regresan a la tierra, no sé qué harían si estuvieran aquí todo el tiempo. El 24 de junio o el 31 de octubre se abren “portales” que conectan el mundo de los vivos y el de los muertos, entonces es cuando más cercanos están ambos universos. Algunos espíritus se quedan atrapados, por ejemplo los que se niegan a reconocer su propia muerte, pero el resto queda libre de la atadura material e indica su recorrido por otras etapas de la existencia espiritual… el inframundo y los nueve cielos de los mesoamericanos. De nuevo te agradezco por leer Libertimento y dejarnos tus comentarios.

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