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Crecer para morir o morir para crecer

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Imagen tomada de cuckoocomics.com. Panoramic Concept Art Painting por Mary Blair, 1953.

Aquí está el verdadero Peter Pan que no quiere dejar de ser niño; y no precisamente para jugar a los indios y a los piratas, sino porque no quiere conocer la muerte: el destino de todo ser humano.

La primera aparición de Peter Pan fue en una obra de teatro en 1904. Una obra que vimos en el cine con Jhonny Deep y Kate Winslet en “Descubriendo Nunca Jamás”. Una película que reproduce un Peter Pan romántico e inocente, todo lo contrario a lo que podemos encontrar en Peter Pan y Wendy escrito por J. M. Barrie en 1911, el mismo autor que le dio vida al niño que nunca muere en 1904. 

El Peter Pan de 1911 es un niño insolente y malcriado, hace las cosas más por berrinche que por gusto, de ahí que viva en Nunca Jamás, el lugar donde puedes hacer lo que tú quieras. Nunca jamás es un lugar donde el placer está siempre sobre la responsabilidad y las tareas de casa, por eso es tan perfecto y a cualquiera le encantaría estar ahí. Pero cuidado, como todo puede pasar en Nunca Jamás el lugar es tan peligroso como sorprendente; tanto, que matar piratas para sobrevivir o una hacer una tregua con indios feroces parece un juego de niños, pero no lo es. Las fantasías infantiles en Nunca Jamás son tan arriesgadas que en cada una de ellas los niños perdidos se juegan la vida literalmente, algo poco importante para alguien como Peter Pan que ni quiere (ni puede) morir; pero para Wendy, Juan, Miguel y cada uno de los niños perdidos el juego sobrepasa la imaginación. El juego en Nunca jamás es verdaderamente aterrador, las aventuras contra los piratas y los indios son batallas a muerte en Nunca Jamás.

Como la ficción y la realidad son exactamente lo mismo para Peter Pan, sus juicios entre lo “bueno” y lo “malo” salen sobrando para él. Peter Pan  actúa simplemente por instinto cuando los piratas o los indios entren en acción contra los niños perdidos, quienes están tan asustados del “juego” que podrían manchar sus pantalones. Pero para Peter el juego a muerte es simplemente un juego, pues siempre ha sido, es y será un niño; y lo mejor de todo es que no morirá nunca si Garfio logra atravesarlo con su espada o si los indios lo queman vivo, de ahí su diversión, él siempre ganará.

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¿Ustedes qué creen?

Como Peter Pan nunca ha dejado de ser niño, no sabe apaciguar sus deseos impulsivos. A diferencia de todos nosotros, que cuando fuimos al Kinder lo primero que aprendimos fue a portarnos “bien”, con todo y estrellita dorada; así es, si alguien se preguntaba para qué demonios sirve el Kinder lo acaba de comprobar: sirve para controlar nuestros impulsos, sirve para aprender a sentarnos y trabajar en nuestro librito de bolitas y palitos que será un entrenamiento para toda la vida. El Kinder sirve para dejar de ser niños poco a poco. Y no estoy hablando de aprender a hacer bolitas y palitos, sino de apre(he)nder a seguir instrucciones mientras jugamos.

Si recordamos las razones por las que Wendy, Juan y Miguel van a Nunca Jamás están las ganas de separarse de sus papás y de ser libres; sin embargo, ellos mismos dicen, y muy en el fondo quieren, que sólo sea por un tiempo determinado, no para siempre. ¿Y por qué no quieren quedarse toda la vida en Nunca Jamás?, ¿por qué no quieren quedarse a vivir en un lugar donde siempre puedan jugar, comer todo lo que ellos quieran (a pesar de que sea imaginario) y vivir siendo siempre niños? La respuesta no es nada fácil. Primero que nada Wendy y sus hermanos quieren regresar con sus padres para que los protejan de los peligros, peligros que han vivido como más que un juego en Nunca Jamás; también quieren regresar porque quieren crecer, aunque no sepan que crecer signifique dejar de ser niños, algo que Peter Pan parece no saber, pero en realidad siempre lo tiene presente.

Wendy, Juan y Miguel se van de Nunca Jamás para crecer, y no estoy hablando de crecer para ser adultos, sino para convertirse en adolescentes, adolescentes que experimentarán la sexualidad, que serán rebeldes, que descubrirán su personalidad y que comenzarán a explorar el mundo por su propio pie, cosas que Peter Pan es incapaz de realizar. Paradójicamente Wendy, Juan y Miguel van al lugar donde nadie quiere crecer para darse cuenta que realmente quieren dejar de ser niños, en pocas palabras madurar.

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Imagen tomada de http://flyingmilkpig.deviantart.com, autoría de FlyingMilkPink .

Como se ha dicho al principio, Peter Pan no conoce a la muerte, y no la conoce porque le tiene fobia, pero más que temor a la muerte en sí, a Peter Pan le horroriza las tantas y pequeñas muertes que hay que vivir en la adolescencia y cuando crecemos, muertes por las que cada uno de nosotros tiene que pasar cuando cambia de amigos, novia o novio, gustos y duelos con tu papá o tu mamá. Pequeñas muertes que al mismo tiempo son experiencias de vida tan increíbles que cuando acaben sin duda diremos que ha valido la pena pasar por ellas porque hemos vivido. Sin embargo, la vida puede ser dolorosa cuando uno crece, pero más doloroso sería no hacerlo. Si no me creen pregúntenselo a Peter Pan que lleva más de cien años de ser niño, un niño que sabe perfectamente que crecer duele más que morir, por eso dice que “la muerte debe de ser una gran aventura”. Una aventura que necesita del viaje del crecimiento para llevarla a cabo, aunque duela en lo más profundo del alma.

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Luis Mario Reyes

Soy zurdo y tengo el pie plano. A veces no puedo aprender nada, y eso me gusta. Editor en jefe de Libertimento y maestro de primaria retirado.

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