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Las autodefensas siguen vigentes en México, hay alrededor de 5,000 personas catalogadas como tal. Datos de reporteindigo.com. Fotografía: vice.com.

"Tierra de cárteles" se puede entender como una fiesta en donde no vas a poder ligar; pero no te preocupes, todo depende del cristal con que se mire... Capaz y acaba siendo la noche de tu vida.

Tierra de cárteles (Dir. Matthew Heineman; EE UU, 2015) es un documental que se puede ver en Netflix y está en la lista de nominados a obtener un Óscar. En México, nos debería interesar lo que pase con este largometraje de no-ficción. Desde mi punto de vista, hay razones por las que a los mexicanos nos conviene que esta obra gane un Óscar y sea objeto de toda la parafernalia y publicidad que trae consigo el premio. Pero también hay otras razones poderosas por las que no, no nos conviene. Quiero compartir algunas consideraciones a propósito de cosas que están dentro de esta obra, y de otras a las que el documental nos lleva a pensar y en las que conviene detenernos.

Tráiler "Tierra de Cárteles"

Pero antes de hablar del tratamiento ideológico que considero anima al documental, me gustaría que reparemos en algunos aspectos que, como documentalista, encuentro francamente loables. A lo largo de 1 hora 40 minutos, la película cuenta dos historias paralelas —donde el director tiene el objetivo de que las pensemos vinculadas–: por un lado, la lucha de un grupo de sureños de Arizona que se dedican, según lo creen ellos, a combatir a los cárteles mexicanos del narcotráfico, y por otro, la formación, desarrollo, operación y ocaso de los grupos de autodefensas que surgieron en Michoacán, hace alrededor de tres años, y que famosamente encabezó el Doctor José Manuel Mireles, cuya semblanza biográfica se puede leer aquí.

Entrevista con Mathew Heineman

Sin entrar en elementos técnicos, como la fotografía, el sonido directo, el diseño musical… —que dicho sea de paso me parecen de primera calidad—, quisiera destacar que el material fílmico, principalmente el de las autodefensas michoacanas, satisface hasta el más exigente examen periodístico. Son oportunas y precisas las tomas de las primeras reuniones para la conformación de estos grupos armados, de los encontronazos con sujetos aparentemente identificados con el cártel de Los Caballeros Templarios y de la vida personal e íntima de algunos de los líderes autodefensas. No es casual que el documental preste gran atención a la importancia de cuidar la oportunidad periodística: registrar en directo las balaceras entre autodefensas y Templarios es una valentía más cercana al periodismo de guerra que a las inquietudes plásticas del séptimo arte. Y no es casual: Matthew Heineman es menos cineasta que periodista. Si se quiere saber más de él, recomiendo esta entrevista. 

Tierra de Cárteles y Michael Foucault

Ahora bien, para hablar de las razones por las que creo que sí, y al mismo tiempo no, debiera ganar el Óscar, quiero establecer una conocida teoría del filósofo francés Michel Foucault. En su famosa obra El orden del discurso, de 1970, Foucault desarrolla una idea que hizo época. Y sigue siendo vigente. Foucault usa el término “discurso” para referirse al orden de cosas establecido que permite la conservación inamovible del poder. En otras palabras, si se mantienen las cosas tal y como están en un momento dado, y lo que es más, si se mantiene la creencia de que el mundo no puede ser sino el que estamos viendo, mejor para los que en ese momento determinado gozan del poder.

En México, para el caso de la violencia causada por la guerra contra el narcotráfico, las cosas resultan ser así: si el pensamiento generalmente aceptado es que los cárteles del narcotráfico son los malos y el gobierno es el bueno que defiende a una ciudadanía distante de ese embrollo, los que ganan son los que tienen el poder, es decir, el gobierno. Un gobierno que tiene el apoyo ciudadano, pues supuestamente trabajará para acabar con el crimen que atenta contra la ciudadanía, aunque en realidad no haga nada. A esta intención de que el discurso se mantenga como la verdad, Foucault la llama “voluntad de verdad”. Me parece importante detenernos un poco en esto. Frente a esa verdad incontrastable que pretende afirmar el poder, Foucault nos sugiere esta voluntad de verdad como recurso para cuestionar esa supuesta verdad. Ante lo que el poder quisiera que tomemos como la verdad, nosotros debemos entender como el intento del poder por hacernos creer que su voluntad de verdad es la meritita verdad. Parece más complicado de lo que es en realidad.

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Hay alrededor de 380 autodefensas en prisión, entre ellos José Manuel Mireles.

Un ejemplo: en una fiesta, el que más cuenta chistes, el que más habla, es el carismático. Y como que la fiesta va a su ritmo. Va a ligar, seguramente. Y los que no articulan palabra, se quedarán con las ganas. Así, pues, pareciera que el ritmo que ha logrado imponer el carismático es la fiesta en sí misma. Pero no, solamente es su verdad. Hay otras, las de todos los demás. Si alguien lo desenmascarase, diciéndole que esos chistes acaban de pasar en la tele, todo cambia.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto de la verdad y de la voluntad de verdad con Tierra de cárteles? Mucho más de lo que pareciera. En el mercado actual, que consume documentales no como el cine que es sino como si fueran reportajes periodísticos —cuyo contenido, por ser periodístico, se toma por verdad—, el peligro de que este documental gane el Óscar es el siguiente. Por lo que hace a los vengadores del sur de Arizona, la película nos presenta a sujetos que no distinguen claramente la diferencia entre representantes de los cárteles y migrantes indocumentados. Estos justicieros de ojo azul simplemente detienen a todo morenazo que se encuentren en el desierto fronterizo. Los mexicanos, de bulto, son los malos. Por su parte, en cuanto a los grupos de autodefensas, se nos muestra a un grupo de ciudadanos, encabezados por el carismático Doctor Mireles, que se organizan para combatir a los Templarios, debido a que el Gobierno es incompetente para enfrentar a esos narcotraficantes. ¿Cuál es la ideología que se aloja dentro de esta presentación de los hechos, y que puede difundirse explosivamente si el documental gana el Óscar?

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José Manual Mireles líder y vocero de las autodefensas en el municipio de Tepalcatepec fue encarcelado en junio de 2014 por delitos contra la salud y portación de armas exclusivas del ejército. Fotografía tomada de vice.com

Por un lado, se nos presenta la ideología típicamente norteamericana, de que su sociedad es la vulnerable, ante la violencia del exterior; un exterior que en este caso nos toca representar a los mexicanos. Es preocupante que el documental no mencione el problema del tráfico de drogas y de la lucha entre cárteles acaso como resultado del altísimo consumo de la sociedad gringa. Por eso es peligroso que el documental pueda ganar el Óscar, que se difunda esta voluntad de verdad de forma global, y que, ante un público como el que acabamos de describir —que se traga el cine documental subjetivo y artístico como si fuera reportaje objetivo—, se tome como la verdad.

Pero por otro lado, el documental nos presenta a un gobierno mexicano incompetente para atrapar a los que se supone que combate. En una escena, los autodefensas dan facilísimo con unos malosos que se esconden en una bodega, y los someten. Con esta sola poderosa escena, se demuestra la incompetencia del gobierno. Pero hay algo más de fondo que presenta el documental. Viendo a los autodefensas armados, en camionetas, vigilando los pueblos de Michoacán, se cae en pedazos la teoría según la cual el monopolio de la violencia pertenece al Estado. Es decir, se pone en conflicto la voluntad de verdad de que el Estado es el único que puede poseer las armas, y ser eficaz con ellas. Hay algo más: resulta es un Estado mezquino. En escenas donde los autodefensas están viendo la tele, aparece el presidente Peña Nieto criminalizándolos; y en efecto, el gobierno termina por intervenir en Michoacán, para convertir a los autodefensas en simples policías municipales. La moraleja es fascinante: el Estado siempre retoma el control. El propio Doctor Mireles lo dice: “A los Templarios les podemos ganar, al Gobierno nunca le vas a ganar”. Luego, al final de la película, aparece uno de los autodefensas que se convirtió en policía municipal, ayudando a preparar drogas sintéticas en un tambo, a los Caballeros Templarios.

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De acuerdo a la Secretaría de Seguridad Pública en mayo de 2014 se creó la Fuerza Rural Estatal con el objetivo de legalizar a las autodefensa.

Por esta última metáfora, que presenta a un Estado corrupto y corruptor, conviene que el documental se gane el premio, y se difunda esta esta voluntad de verdad. Sería deseable que toda la parafernalia que los premios traen consigo, hiciera que los medios y la opinión pública volviera a dirigir la mirada hacia la responsabilidad del gobierno de México frente las autodefensas, la inseguridad en Michoacán y la violencia que viven cientos de familias. Pero por la visión maniquea, según la cual los gringos son víctimas pacíficas de mexicanos malos que los quieren dañar, no conviene que gane.

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