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¡Dieta gamer! Hongos mágicos, pollo frito y pasteles tenebrosos

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Pac Man: donde la gordez empezó. Es decir, el objetivo del juego es comer.

¿Saben qué adoro? La comida, y no algún platillo en específico, sino toda en general. Desde lo dulce hasta lo picante. Si existe el infierno, me podrán encontrar en el tercer círculo.

No hay nada como preparar y disfrutar una carne asada con arroz, frijoles y cebollas. ¿Qué me dicen del pastel, o una pasta acompañada de ensalada y aderezo? Y aunque no puedo comer todo el día todos los días, sí puedo hacerlo en los videojuegos, con comida que nunca probaría en la vida real.

Con tan solo buscar “videojuegos” y “comida” en Google, saldrán cientos de páginas dedicadas a la creación de platillos icónicos, como el pastel de Portal (2007), o el chillidog de Sonic. También encontrarás platillos organizados en forma de Yoshi o algún otro personaje, porque, ¿qué hay más delicioso que comerse a tu personaje favorito?

Una observación dada por hecho: los videojuegos siempre han estado asociados con la comida. Desde los inicios de la industria hemos visto a personajes ingerir alimentos ya sea para recuperar vida u obtener un mejor puntaje (el clásico hongo de Mario Bros.). No hay mejor ejemplo que Pac-Man, desde su concepción en 1980; este personaje no ha hecho otra cosa más que comer desde que fue creado. Comer pastillas blancas y amarillas, comer fantasmas, y comer las icónicas cerezas, fresas, manzanas y naranjas.

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Los desarrolladores de Pac-Man fueron pioneros en diseñar los bonus points como comida. Después de todo, la comida es irresistible para cualquiera.

Hoy en día casi todos los juegos requieren ingerir algo para continuar. Ya sea beber algún líquido, como en Dark Souls (2011), o cocinar para sobrevivir en Don´t Starve (2013). Puedes hacer un pastel para agradarles a tus vecinos en The Sims (2000), y más recientemente en Stardew Valley (2016). Es difícil encontrar un juego en el que no haya tragadera.

Y no me refiero solo a consumir alimentos, sino también prepararlos. Viejos son los días en los que solo tenías que romper una pared para encontrar una pieza de pollo y recuperar vida. Hoy en día, si quieres esa pieza, tendrás que cazar una gallina, matarla, cocinarla y rezar para que el resultado no te mate; a ese nivel ha llegado la inmersión de muchos videojuegos. Por ejemplo, los corazones ya no aparecerán en The Legend Of Zelda: Breath of the Wild (2017), sino que debes cocinar para recuperar tu vida.

Tráiler culinario de The Legend of Zelda

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Imagen de The Legend Of Zelda: Breath of the Wild, donde podrás hacer como que cocinas y fracasar, tal y como le pasa a la mayoría en la vida real.

Muchas de las experiencias que te piden cocinar normalmente exigen hacerlo como en el mundo real. Series como The Witcher, o Cooking Mama te dicen que para hacer un pastel de fresas, necesitarás fresas, azúcar y harina. La evolución que han tenido los videojuegos en sus más de treinta años de trayectoria ha afectado muchos elementos, tales como el gameplay, historia y la presentación, pero normalmente se olvidan de los pequeños detalles. Lo gracioso de esto es que la comida, como un elemento del juego, siempre ha estado presente en las tres categorías mencionadas y ha avanzado conforme a la tecnología.

Christopher Livingstone, de PC Gamer, comenta sobre el tema en Serious Eats:

Me pregunto si, en los primeros días de los videojuegos, cuando los artistas solo tenían unos pocos píxeles para trabajar, fue necesario algo que era a la vez fácil de dibujar e inmediatamente reconocible para cualquier jugador. Todo el mundo sabe lo que es un plátano, o un montón de cerezas. Sabes que es probablemente algo bueno para ti, algo que se debe recoger, en oposición a una objeto brillante, lo que podría ser una bomba, o un monstruo.

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Incluso hay videojuegos donde no solo cocinas, sino que cultivas antes. Imagen de Don’t Starve (Klei Entertainment).

Sencillamente, la comida debe ser inmediatamente reconocible para el jugador, aunque no cumpla otra función más que aumentar el puntaje, como sucede en Pac-Man; recuperar vida, como sucede en Castlevania (1986), o resistir un golpe más, como el hongo de Super Mario Bros (1985). La comida menos banal tiene un uso narrativo, como la pieza de carne en The Legend of Zelda (1986) o el pastel en Portal (2007). Estas últimas forman parte de momentos importantes en la historia y como un objetivo que motiva al jugador, respectivamente.

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En Portal (2007), el jugador es asediado con la idea de que al terminar el juego recibirá un pastel. La frase “the cake is a lie” se hizo tan popular que se volvió una expresión para referirse a una motivación falsa.

Y aunque conseguir una viñedo en The Witcher 3: Blood and Wine (2016) o recuperar toda la comida en Kirby’s Dream Land (1992) es interesante, son los juegos de survival, o sobrevivencia, en los que tragar verdaderamente significa seguir vivo. El concepto es bastante simple: el jugador aparece en un escenario hostil, y su trabajo es sobrevivir de cualquier forma posible. Normalmente el enemigo son zombis, bestias de otras dimensiones, o el peor de tus enemigos: tu cuate que juega en el otro cuarto.

Pero si crees que esa es tu única preocupación, estás equivocado. No importa en dónde te encuentres, tienes que dormir, mantenerte saludable y, por supuesto, alimentarte. Los juegos en los que las métricas vitales son esenciales permiten que el jugador se dé cuenta que el personaje del otro lado de la pantalla es tan vulnerable como uno mismo. O en palabras de Christopher Livingstone: “podrás ir ganando habilidades, pero no te convertirás en un súper hombre. En el núcleo, eres vulnerable.”

Al final del día, lo que motivaba a Pac-Man para comer sin parar, era el hambre. El género de sobrevivencia es el mejor exponente de esta vulnerabilidad, y logra lo que pocos géneros. La inmersión de un juego depende de la suspensión de la incredulidad que pueda provocar. Y no hay mejor manera de creer lo ficticio si tu personaje come una carne asada con arroz, frijoles y cebollas para no morirse, literalmente.

Desde una perspectiva cultural, la comida es eso: una carta de presentación de una cultura. Y del mismo modo, existen juegos en los que cumple una función similar. Grand Theft Auto San Andreas utiliza las cadenas de comida rápida y chatarra para hacer una crítica a los hábitos alimenticios estadounidenses. Por otro lado, Cooking Mama es una representación del ideal de las amas de casa japonesas, las cuales transmiten amor por medio de deliciosas comidas.

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En Grand Theft Auto: San Andreas (2004) no solo engordas mientras juegas, ¡tu personaje también puede tragar como cerdo!

Otra tendencia que ha surgido durante los últimos años es traer al mundo real la comida que vemos en los videojuegos. Rosanna Pansino ha creado uno de los canales de YouTube más exitosos cocinando el pastel de Portal o la Nuke Cola de Fallout 4 (2015), así como otros alimentos más geeks. La neta es que, al igual que la comida del mundo real, la ficticia nos crea memorias y sentimientos que después deseamos recrear. Poder darle una mordida al cupcake de Chica en Five Nights at Freddys (2014) por fin es posible. Y déjenme decirles, sabe a victoria y a los cientos de espantos que me causó el juego.

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Sebastián Quiroz Navarro

Gamer de corazón, reseñador y hipster wannabe y amante de la cultura geek. Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UNAM.

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