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El diablo y la música

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Robert Blake interpretó el diablo en Lost Highway (1997), una actuación legendaria.

El sentir a partir de sonidos… como recordar a alguien por escuchar una canción, añorar una historia de amor inconclusa, intimarse en relajaciones que se sienten levitar, o plagarse de escalofríos y miedo desmesurado. En efecto, la música puede cautivar y provocar sentimientos; el miedo es uno de ellos, y aunque es indispensable para el arte y sus manifestaciones, históricamente, esta sensación ha sido reprimida y enjaulada por diferentes circunstancias.

Durante la Edad Media, Guido de Arrezo fue quien tuvo las contribuciones más destacadas para el sistema musical que conocemos hoy en día. Creó el sistema de entonación nombrado “solmización”, actualmente conocido como solfeo, desarrolló la escala diatónica y perfeccionó la escritura para la generación de partituras con pentagramas. También fue ordenado cautivar, por disposiciones de la iglesia, la armonización tritonal; es decir, utilizar 3 notas separadas por un tono entre ellas, ya que se consideraba un sonido diabólico, impuro, maléfico, venido de los mismos cantos del diablo, incluso fue nombrado “El Acorde del Diablo”. La razón por la que se mandó prohibir la utilización de este acorde, fue que supuestamente era utilizado con fines demoniacos y generaba sonidos siniestros que podrían insinuar a la gente a realizar actos malignos o discordantes con la iglesia; pues el tritono generaba tal disonancia que “alteraba” la naturaleza del oyente hacia lo impuro.

Posteriormente a este periodo medieval, llegó el barroco y con él la apertura al uso del tritono, pero bajo algunas condiciones. Sólo podía utilizarse para generar tensión en alguna parte de ciertas obras; como acorde de paso para resolver en algún otro. Fue en este periodo histórico donde se registran las primeras escrituras y referencias sobre este acorde: “mi contra fa, diabolus est, diabolus in música” por Johann Joseph Fux, y “mi contra fa, lo que los antiguos llamaron Satán en música” por Georg Phillipp Telemann.  Seguido de esta época, fue el Romanticismo quien tomó como protagonista al tritono, ya que jugaba un papel importante en las obras clásicas de Beethoven, Vivaldi  o Debussy, haciendo que la armonía evocara y concordara con los sentidos de ánimo implicados en las obras.

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Peter Storemore interpretó a Lucifer en Constantine (2005).

Debido a la historicidad tan mítica de este acorde, se ha dado pie a leyendas donde cuentan las historias de músicos que han vendido sus alma al diablo, una de las más famosas es la de violinista Guiseppe Tartini: cuenta la leyenda que Guiseppe, en una noche de 1713, tuvo un sueño donde el mismísimo diablo se le aparecía proponiéndole la oferta de cambiar el alma del violinista por la composición más cautivadora y perfecta que el demonio había compuesto. Guiseppe, después de escuchar la composición tocada en el violín por Lucifer, aceptó el trato. Despertando, y viendo que había un nuevo violín en su recamara, escribió la partitura de la composición del diablo, y la practicó todo el día entero. A pesar de esto, las notas de Guiseppe no transmitían lo bello y cautivador tal y como la había tocado el diablo en el sueño. Por más que lo intentó, Guiseppe no pudo tocarla de la misma manera que el diablo lo hizo, por lo que enloqueció y en ello se suicidó. El violín quedó en los descendientes del violinista, diciéndose que el diablo volvería a ofertarle otra melodía a alguno de ellos.

Giuseppe Tartini "El trino del Diablo"

En la música moderna podemos encontrar el tritono en muchas formas y géneros, El jazz y el blues -en menor grado- han sido los mayores alojamientos donde ha podido convivir el tritono, ya que siendo estos géneros creadores de tensión y relajación, “El Acorde del Diablo” ha sabido mostrar sus verdaderos colores combinándose con melodías y ritmos que en conjunto forman música exquisita.

No sólo el jazz le dio alojamiento, sino el heavy metal también mostró empatía con él debido a sus temáticas y colores. Por otro lado, por su peculiaridad e historia, la sociedad y los medios han sabido incorporarla también; este tono lo podemos escuchar en las primeras notas de la canción inicial de Los Simpsons o en el encendido de una Mac. Poco a poco ha sabido desenmascararse, ya que a pesar de sus antecedentes y sonoridad disonante, la música y sus géneros nos dejan ver que la combinación de recursos para generar diferentes sentidos estéticos son esenciales, naturales y libres para cautivar a cualquier oyente.

Tema inicial de Los Simpsons versión orquesta

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Jorge Ramos

Jugar futbol, hacer música y leer o hacer aventuras es lo que llena mis días. Estudié mercadotecnia, letras, música y futbol. No me gusta etiquetarme ni etiquetar a nadie, sino abrirme a las posibilidades del inesperable aprendizaje que el mundo brinda.

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