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El discurso histórico, la historia y el anime

RED IBEROAMERICANA DE INVESTIGADORES DE ANIME Y MANGA

Jonathan Muñoz es profesor en Historia por la Universidad de  Buenos Aires. Miembro de la Red Iberoamericana de Investigadores de Anime y Manga, una organización con el objetivo de nuclear a todos los investigadores en anime y manga (producción, circulación, consumo, tramas narrativas, etc.), aumentar la difusión sobre sus trabajos académicos y ayudar entre todos a construir el campo.

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Samurai X (1996), ambientado en la era Meiji (1868-1912) del Imperio Japonés.

Muchos recordamos en nuestra niñez o adolescencia Samurai X, aquella serie que en japonés se conoce como Rurouni Kenshin y que nos narraba las aventuras de un errante Ronin. Tal vez esa haya sido la primera experiencia de muchos latinos con la historia japonesa. Sin embargo, la relación entre historia y anime es mucho más larga en el tiempo. Los famosos Samurai 7 fueron el primer desembarco de un contexto histórico dentro de las animaciones japonesas y ha inaugurado una larga tradición de animes históricos.

Mi intención en este pequeño artículo es explicar esta tendencia al consumo de elementos históricos dentro del anime. Para comenzar, repasaré las premisas propuestas por Hiroki Azuma en su libro Otaku. Japan´s Database Animals, en donde propone una seductora postura con respecto a la cultura otaku.

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El término Otaku se le atribuye a Akio Nakamori quien por primera vez utilizó la palabra otaku en la revista Manga Burikko (1983).

Para Azuma, los otaku son consumidores masivos de microrelatos, es decir, de pequeños retazos narrativos, personajes y situaciones, no concentrados en la trama de la serie a gran escala, sino más bien en la pequeñas narrativas: la personalidad de los protagonistas, la vestimenta, emociones etc. Es aquí cuando conviene mencionar el concepto de moe.

Moe es ese sentimiento de afinidad y “enamoramiento” entre el fanático y un personaje de anime. Este personaje, dotado de diferentes cualidades que encajan en las categorías mentales de estos otakus, es lo que propicia el romance. A esto, Azuma llama “consumo de microrelatos”. Una serie puede ser argumentativamente poco interesante, pero puede ser amada por sus personajes y el moe que emanan. De hecho, para garantizar el éxito, series muy famosas se han valido de las categorías, conocimientos y estereotipos que los mismos otakus han creado a través del tiempo.

En efecto, si bien los creadores supieron sacar provecho de estas “bases de datos”, no son de ninguna manera producto de la industria, sino de sus consumidores y su propia manera de interpretar la manga y el anime. Esta enorme biblioteca de datos, personajes y características que se repiten provienen de la forma en que los mismos consumidores sienten el fenómeno y lo comunican. El mejor ejemplo de esto son los estereotipos; tsundere, por ejemplo, se refiere a los personajes agresivos y cariñosos a la vez.

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Ella es Taiga Aisaka, una chica que puede golpear cualquier cosa cuando está molesta pero también puede amar hasta la muerte.

En una construcción narrativa donde lo que más nos importa es el personaje, es curioso cómo un macro relato como la Historia también, de paso, es consumido masivamente por los otakus. Justamente, el secreto está en los componentes del contexto histórico; lo atractivo de la historia siguen siendo los personajes. Por ejemplo, prohombres que cambian el curso de la historia y se hacen de un nombre son un recurso muy recurrente.

La investigadora Rose Lee, en un artículo de reciente difusión titulado “Romantising shinsengumi”, nos explica cómo funciona este proceso en el caso de los shinsengumis, una fuerza policial que estuvo activa en el periodo Bakumatsu de Japón, hacia 1864.

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Samurai X inició como un manga que se publicó entre 1994 y 1998.

Estos pequeños guerreros ya son conocidos como los “lobos de mibu” gracias a la literatura, y sobre todo a la imagen que tanto Rurouni Kenshin como otros mangas dieron sobre el shinsengumi y sobre periodo final del shogunato Tokugawa. Estos pequeños guerreros se han romantizado a través de este nuevo relato, que no es uno que voltea al pasado sino uno que apela a los gustos, sensibilidades, sentimientos y puntos de vista de la actualidad.

HISTORIA Y ANIME

Muchos animes construyen un tiempo que habla más sobre la actualidad que del contexto histórico en el que se sitúa la trama. Existen ucronías como la de Gintama donde los norteamericanos son reemplazados por unos alienígenas llamados amanto y construyen rápidamente una sociedad que se parece más al Japón moderno que al Japón de finales del siglo XIX. Al final, tenemos una sociedad injusta donde los samuráis quedaron relegados a un segundo plano y los extraterrestres gobiernan e imponen sus condiciones.

Pero también hay contextualizaciones precisas como la de Kenshin o la de Bakumatsu Kikansetsu Iroha ni Hoheto, donde la historia se impone a los protagonistas y tiene un peso importante en sus vidas y relaciones, aunque por debajo sigan siendo “personas modernas”.

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Gintama (“alma plateada”) inició como un manga que se publicó en 2003.

Aquí el concepto de representación me sirve para explicar este fenómeno. En un maravilloso libro llamado El mundo como representación, Roger Chartier explica que lo que llamamos representación es solo una imagen donde los sentimientos, los pensares, el lenguaje, los problemas y las críticas de la sociedad son trasladados a diferentes épocas o diferentes contextos. Chartier lo aplicaba a toda la literatura, pero esto puede ser trasladado al anime sin problema. Podemos pensar acá en Sengoku Basara, un mundo que recrea la era del Sengoku pero con una fuerte impronta moderna, con dosis de humor y dramas personales. Es ajena a la realidad histórica, pero está llena de estereotipos y situaciones cercanas a la modernidad.

Sin embargo, dentro del anime, el contexto y los personajes son consumidos como entidades separadas en este juego de microrelatos, no como un conjunto. Por lo general, los héroes de los animes históricos suelen ser figuras históricas, o al menos están relacionados a alguna.

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Sengoku Basara es un anime que basa su narrativa en el juego de video Devil Kings (2005).

Akizuki, el protagonista de Bakumatsu kikansetsu iroha ni hoheto, está rodeado de personajes históricos: es guardaespaldas de Sakamoto Ryoma, el padre de la marina mercante japonesa, y además fue alumno de Souji Okita, el primer capitán del Shinsengumi y uno de los más famosos y grandes espadachines de la historia japonesa. En el arco final de la serie, es compañero de Toshizou Hijikata, el vice comandante del Shinsengumi.

Esta evocación y representación de la Historia y sus personajes se encamina a interpelar y buscar la admiración del pasado a través de su recontextualización.

Otro punto de vista nos lo otorga la serie Pacemaker Kurogane. Está protagonizada por un niño que desea entrar a los Shinsengumi, pero a diferencia de otros mangas, aquí resultan ser muy humanos y emocionales. Por supuesto, están muy lejos del estereotipo de guerrero que las novelas históricas transmitieron pero mucho más cerca del público moderno como para empatizar con él.

Un ejemplo extremo sobre empatía es el videojuego y anime Hakuoki, dirigido al público femenino, donde los sucesos históricos y sobrenaturales son un agregado dramático para la protagonista o la jugadora. Además de seguir la historia de cada uno de los hombres del Shinsengumi, tiene el objetivo de conquistarlos y tener una relación con ellos.

Este lado romántico se representa muy poco en el anime (únicamente en la tensión sexual entre Hijikata y la protagonista), pero la mayoría de las escenas de los Shinsengumi con la protagonista apelan no a ella, sino al público. Hakuoki es un buen ejemplo para entender qué significa el consumo de microrelatos: el atractivo no es la historia ni el contexto, sino los protagonistas, su nivel de moe y la empatía que logran transmitirle al público.

ANIMES HISTÓRICOS, FIGURAS ANTIGUAS, NECESIDADES MODERNAS

En la gran mayoría de los animes con argumento histórico, podemos encontrar una variante que los unifica a todos y que incluso traspasa contextos históricos: la idolización. La mayoría de los prohombres que protagonizan estos animes suelen ser dignos de admiración; están pensados para eso. Pero esta admiración se produce del presente al pasado. El protagonista de la historia es actualizado y responde a una problemática moderna. El trabajo de Lee Rose explica este paradigma: El Hijikata de Gintama es un gran hombre capaz de cumplir con todos sus objetivos. Sirve a sí mismo, a su sociedad y a su país en un contexto particularmente hostil. Es el prototipo de un hombre admirable en un Japón con una juventud moralmente quebrada, socialmente dubitativa y políticamente extraviada.

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Gintama fue lanzado al aire el 4 de abril de 2006, finalizando en 2010 (más de 200 episodios).

Así como El Hijikata de Gintama, podemos pensar nuestros personajes favoritos de los animes históricos como reflejos de problemáticas modernas. En este camino, Kenshin es el prototipo de hombre caballeroso, patriota, fiel y bello; un hombre a quien las mujeres pueden idealizar como padre de familia. Además, aparece en una serie que salió en un contexto muy especial: el Japón después del atentado del tren de Kyoto y golpeado por crisis financieras. Por otra parte, Okita Souji de Hakuoki tiene la apariencia de un “rockstar” de la era del bakumatsu: medio salvaje, medio sensible y extremadamente atractivo.

La cantidad de personajes y animes con contexto histórico ocuparía papers y papers de desarrollo académico; no obstante, podríamos concluir que esta evocación y representación de la Historia y sus personajes se encamina a interpelar y buscar la admiración del pasado a través de su recontextualización. El mejor ejemplo de esto es la celebérrima Samurai Champloo, donde se recrea un periodo Edo al ritmo del hip hop y con muchas dosis de arte urbano, cultura callejera y multiculturalismo. Una verdadera gema de mestizaje cultural e histórico.

Sumado a esto, queda preguntarnos cuál es, al final, el gran relato dentro del microrelato dirigido a los otakus.

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Samurai Champloo (2004-2005) 26 episodios de historia recontextualizada.

Los animes históricos no dejan de ser una representación de una época, pero también está entrelazada con la actualidad. Proveen no solo datos verdaderos (desde fechas, relaciones y vestimenta, dependiendo del apego del autor por la veracidad histórica) sino también criticas y una visión del Japón moderno a través de la representación. Esta representación es un lente explicativo de algunas realidades japonesas modernas. Ninguna obra es independiente de su contexto social; todas ellas nos hablan en mayor o menor medida de su sociedad, así como lo hace el mismo moe (que son caracteres deseables y nos habla de gustos, de deseos, de pensamientos de género).

El contexto de Samurai X en plena crisis política y económica alentaba a los valores patrióticos; y Gintama es el mejor contexto de críticas a la sociedad japonesa. De hecho, aun Gintama se sigue oficiando como una parodia descarada de la “japonidad” con toda su historia, con todas sus tradiciones, con todos sus personajes tanto centrales como marginales.

Por eso, más que una fuente del pasado, los animes históricos pueden ser vistos como una mirada del presente japonés, escrita en clave otaku que demuestra sentimientos, deseos, pensamientos y posiciones de ese público al que está dirigido. No hay que ser pasivos al ver los animes y ni quedarse paralizados ante el simple espectáculo televisivo. Es más que eso: es un producto de una industria cultural, que lleva mensajes y que transporta gran parte de la impronta del público que lo consume.

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