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El juego en Julio Cortázar y Jorge Luis Borges

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Él es Julio Cortázar y era un #FanFromHell the Edgar Allan Poe.

Este artículo no tratará acerca de cómo puedes “jugar” leyendo o de cómo la lectura se puede convertir en un “juego”. Este artículo habla y ejemplifica a dos de los más grandes escritores de todos los tiempos quienes literalmente jugaban cuando escribían.

Empecemos por Julio Cortázar (1914-1984), argentino, exponente del boom latinamericano y conocido por libros como Rayuela (1963), Historias de cronopios y de famas (1962), Bestiario (1951), entre otros.

Alguna vez Cortázar dijo que:

un escritor juega con las palabras, pero juega en serio; juega en la medida en que tiene a su disposición las posibilidades interminables e infinitas de un idioma y le es dado estructurar, elegir, seleccionar, rechazar y finalmente combinar elementos…

¿Cómo podemos comprobar el juego en Córtazor? Fácil, la prueba de ello es Rayuela, una novela que se puede leer en el orden que el lector guste, donde los capítulos –155– no tienen ningún motivo para seguir una secuencia definida. También podemos hablar de la antología de cuentos Historias de cronopios y de famas, donde Cortázar crea pequeñas historias que aluden al consumismo desmedido donde el lector podrá encontrar instrucciones para llorar o instrucciones para tener miedo. En los ejemplos anteriores es innegable que el argentino jugó con su escritura, seleccionado cada palabra y cada estructura para que el lector también jugase con ella y con él.

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El juego de la rayuela, que en México se conoce como avión, es un juego que se pudo haber originado en la época renacentista.

Cuando un hombre entra luego en la literatura …[el juego] puede perdurar; en mi caso ha perdurado: siempre he sentido que en la literatura hay un elemento lúdico sumamente importante y que… la noción del juego aplicada a la escritura, a la temática o a la manera de ver lo que se está contando, le da una dinámica, una fuerza.

Cortázar argumentaba que a través de la lectura el lector se convertía en jugador, el cual dialoga con el juego de la escritura, la vive, se pierde en ella, la trata de descifrar, de entender y de sentir. El juego para el escritor argentino era tan “serio”, que recuerda la molestia y el furor que le causaba alguna interrupción durante éste por parte de algún familiar o algún despistado que no supiera seguirlo, que no supiera “tomárselo en serio”.

CONTINÚA ABAJO…

JORGES LUIS BORGES Y EL JUEGO

Otro sudamericano, uno de los grandes escritores de la historia es Jorge Luis Borges (1899 – 1986), conocido por sus antologías de cuentos como Historia Universal de la infamia (1935), Ficciones (1944), El Aleph (1949) y otros.

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Jorge Luis Borges, Premio Cervantes en 1979, alguien que estaba más orgulloso de los libros que había leído que de los textos que había escrito.

El juego en Borges es un juego disfrazado de mentira, así es, prueba de ello es el prefacio de Historia Universal de la Infamia donde dice que los escritos contenidos en este libro son:

el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar… ajenas historias.

¿A qué se refiere Borges con falsear y tergiversar historias? A que sus textos hablan sobre personajes “conocidos”, donde la ficción coquetea con la realidad, ya que los textos de Borges se caracterizan por citar libros inexistentes, inventar datos, lugares, monedas y hasta “hechos históricos” con el objetivo de hacer de la literatura un viaje eterno, un juego donde el lector puede saltar de un libro a otro –si es que éste existe–, de autor en autor y de historia en historia. La escritura de Borges es tan juguetona que se puede ejemplificar con la biblioteca de Babel descrita en un cuento homónimo publicado en Ficciones, una biblioteca donde A te lleva a B y de un estante a otro, aquí los libros son la búsqueda de los mismos, y la lectura está en dicho proceso.

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Uno de los cuentos más famosos de Jorge Luis Borges lleva como título “Borges y yo”, donde el argentino habla sobre otro Borges, a uno que se le ocurren las historias de sus libros, a ése quien da noticias por el correo o por un diccionario biográfico…

Hace años traté de liberarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con el infinito, pero eso juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página.

Aquí un misterio que se agrega a la lista de acertijos en la escritura de Borges –a cuál de todos preguntaría el susodicho–, él, así como Julio Cortázar, eran más que autores, y más escritores, ellos eran lectores que veían en la literatura una forma de vida lúdica, un juego entre el lector y el escritor que se convierte en dialogo mientras se lleva a cabo la lectura.

PARA LEER MÁS

  • Julio Cortázar, clases de literatura, Alfaguara, 2013.

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