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El lado oscuro de la cultura otaku: el “revival” nacional fascista japonés

RED IBEROAMERICANA DE INVESTIGADORES DE ANIME Y MANGA

Jonathan Muñoz es profesor en Historia por la Universidad de  Buenos Aires. Miembro de la Red Iberoamericana de Investigadores de Anime y Manga, una organización con el objetivo de nuclear a todos los investigadores en anime y manga (producción, circulación, consumo, tramas narrativas, etc.), aumentar la difusión sobre sus trabajos académicos y ayudar entre todos a construir el campo.

En  2010  salió a la luz la novela ligera Gate: jieitai kanochi nite, kaku tatakaeri que trata sobre  una invasión ficticia de las Fuerzas de Autodefensa Japonesas (JDSF) hacia un mundo alterno. Esta invasión prospera a través del amedrentamiento del “imperio”, la principal fuerza política de este mundo cede ante las pretensiones japonesas, convirtiéndose en un gigantesco mercado para bienes japoneses, en particular culturales. La famosa fábula de las cuentecillas de vidrio que Colón trajo a América se replica en este anime de una forma onerosa y presentándonos a Japón como la mejor de todas las alternativas con respecto a las demás potencias cuyo afán es apoderarse del nuevo mundo de manera descarada y siniestra, objetivo que contrasta con las intenciones casi inocentes de Japón con respecto a su nuevo mundo. 

Esta pequeña reseña nos sirve para introducir un problema poco tratado en el anime y es la injerencia de las ideas militaristas, xenofóbicas o  supremacistas dentro del relato de nuestras series favoritas. Una relación peligrosa, pero existente y superviviente dentro de las fantasías otaku

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Gate: jieitai kanochi nite, kaku tatakaeri (2015-2016).

MILITARISMO Y ANIME

Cuando hablamos de militarismo japonés hablamos de una idea supremacista donde el ejército japonés es el centro del relato, a esto se le agrega una buena dosis de darwinismo social, una gran dosis de tradicionalismo y se le desliza el shintoísmo (la religión natal de los japoneses) dando como resultado una ideología donde las armas japonesas no solo son las mejores, sino que son las elegidas por mantener sus tradiciones, así como el pueblo japonés, bendito por el liderazgo de un emperador hijo de los dioses. 

Esta era la ideología del Imperio Japonés: idea que los llevó a una carrera suicida de conquistas en la Segunda Guerra Mundial. Con la derrota japonesa gran parte de estas ideas quedaron quebrada, y sus ideólogos confundidos. Recién en la posguerra donde hay un renacimiento de estas ideas, aunque marginal, exponentes del militarismo como el escritor Yukio Mishima clamaban por volver a la viril tarea de la guerra y la gloria castrense. Es en los anime donde estas ideas encuentran su nicho. Series como Space Battleship Yamato reviven el militarismo japonés a través de la metáfora de la resurrección del Yamato, uno de los acorazados más grandes del arsenal imperial, que carga en su interior la última esperanza de la humanidad. Esta narrativa es persistente sobre todo en la década de los 60-70 en series como Gundam, Astroboy, e incluso algunos tardíos como Ginga Eiyuu Densetsu.

Space Battleship Yamato 2199

La idea nacionalista y militarista de un Japón como último bastión de la moralidad y la humanidad fue destruida por Neon Genesis Evangelion. Evangelion propone muchísimas cosas en su complejísima serie, pero una de ellas es la destrucción de la humanidad por la carrera armamentista. En efecto, el tercer impacto (el proyecto de complementarización humana), la producción en masa de unidades EVA, todo esto invierte el discurso militarista. La esperanza se convierte en desesperanza, la catástrofe en lugar de ser evitable es inevitable y la producción armamentista encuentra su fin en la destrucción humana a través de las armas. Ninguna metáfora mejor expresada de esto que la batalla de Asuka Langley contra los EVAs en masa.

Asuka Langley vs. EVAs

A pesar de la impugnación del discurso en Evangelion, luego del 2002 hubo un revival del discurso militarista dentro del anime que provino de un manga, Sensouron (1998) del mangaka e historiador Yoshinori Kobayashi. Kobayashi, anteriormente miembro de la Aum Shinrikyō, famoso grupo de extremistas que plantó la bomba en el tren de Tokio en el 95, propuso en este manga su visión sobre la guerra, sobre el imperio y la Segunda Guerra Mundial. Esta visión se enmarca en lo que en historia conocemos como “negacionismo” es decir, una corriente de la historia que niega los crímenes de guerra de las potencias del eje y  justificar a aquellos regímenes. El negacionismo de Kobayashi no solo niega los crímenes de guerra japoneses, sino que también justifica el régimen imperial, la guerra, la necesidad guerrera y el destino histórico de Japón, en un lenguaje de sentido común con un trasfondo xenofóbico. Kobayashi se convirtió en un best seller con ese manga, incómoda publicación dentro de la industria del manga  ganando adeptos entre los otaku por sus polémicas y convincentes declaraciones en un grupo marginado socialmente como lo eran a finales de los noventa.

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Sensouron (1998).

 Kobayashi continúo produciendo mangas y hoy, nominalmente, forma parte de la comisión de revisión de los manuales de historia de secundaria, una peligrosa comisión que pretende  instalar el negacionismo y la xenofobia en la cartera escolar nipona.  Esta cola de la serpiente encuentra su cabeza en el 2002, luego del mundial, de la ola de k pop en Japón, los sectores más resentidos de los otaku se movieron, tanto en la red (los netto uyoku) como en el fanzine titulado “Odiar la ola coreana” donde literalmente se daba una guía para odiar a los coreanos. Rumi Sakamoto, autoridad mundial con respecto al neonacionalismo japonés, argumenta que la famosa ola coreana (hallyu) con sus dramas románticos junto con el fraude coreano en el mundial de  Corea-Japón en el 200, más las tendencias nacionales fascistas dentro de los otaku (para ejemplo los mangas de Kobayashi), terminaron constituyendo un ingrediente muy peligroso dentro de la propia cultura otaku japonesa.

LA SOBREDIMENSIONALIZACIÓN MILITAR

El renacimiento de una nueva conciencia militarista en los otaku japoneses fue respondida por el éxito comercial  de mangas y anime donde se hace énfasis al militarismo: Code Geass, Shingeki no Kyojin, Mahōka Kōkō no Rettōsei, Gate y Knights of Sidonia son anime que en un espacio de 4 años revivieron la fascinación por lo militar, mostrando héroes jóvenes que se unen a una organización militar y que pelean bajo los paradigmas de esa organización. 

El patriotismo, el sacrificio por la patria, es la moneda corriente de motivación de estos héroes, recordemos a Eren y  su razón por matar gigantes uno por uno. Unirse a la legión de reconocimiento le daría esa chance, matar gigantes. En Knigths of Sidonia los  gauna son grotescos e inhumanos y a Nagate no le importa perder su humanidad para pilotear los “morito”, las únicas armas que la humanidad tiene contra estos seres con tal de defenderla. Al igual que Eren, ambos sufren una deshumanización útil en la guerra. Eren se transforma en gigante y Nagate en híbrido con un gauna. Pero estas transformaciones son positivas,  contribuyen a aumentar el potencial guerrero  de una nación que está a la defensiva.

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Netflix cuenta con dos temporadas de Knights of Sidonia desde 2015.

El paralelo con el Japón actual no es casual, Japón enfrenta reclamos de Corea, reclama islas a Corea, Rusia y enfrenta los reclamos de China por las islas del mar Amarillo, sumada a las amenazas de Norcorea. Por ello, no es casual, ya que desde lo discursivo, lo político y lo cultural se refleje esa situación de asedio.

El contexto político también ayuda a alimentar este discurso, los otaku son  una pieza clave dentro de este juego, una muy importante. Nunca antes en la historia japonesa un gobierno se preocupó y ocupó tanto del anime como industria como el de Shinzo Abe, también, desde hacía más de 50 años, jamás Japón tuvo un primer ministro con un discurso belicista, revisionista de la historia y polémico como lo es Abe, quien por sus dichos y por sus aportes terminó  ganando a los otaku. Netto Uyoku, como mencionábamos con anterioridad, es la denominación de estos otaku militantes de derecha, otaku como todos amantes del anime pero también xenofóbicos, belicistas y nacionalistas. Rumi Sakamoto comenta varias intervenciones de estos otaku en los barrios  coreanos, entre los refugiados o en el Santuario de Yasukuni, lugar común entre la derecha política  y los netto uyoku.

Hasta aquí lo expuesto entre la ligazón política, ideológica, histórica y virtual entre los otaku, el mundo del manga, el anime y la política.  Una situación no casual y donde Yoshinori Kobayashi oficia como un puente que descarga hacia los otaku y actúa como una correa transmisora de una visión histórica de arriba hacia abajo. La derecha más conservadora, de esta manera, encontró los sujetos políticos a quien interpelar. Los otaku, desde sus covachas virtuales, desde 2chan y sus portales de noticias militan políticamente.

PARA LEER MÁS

  • “Shingeki no kyojin. El ultraderechismo en el manga y el anime” de Jonathan Muñoz, ponencia en el Frikiloquio segunda edición. Disponible en academia.edu.
  • “Freedom of Hate Speech” de Tessa Morris-Suzuki en Asia pacific Journal, volume 11, Febrero 2013, tomo 8. Disponible en la página Japan Focus. 
  • “Koreans go home, Internet nationalism in contemporary japan” de Rumi Sakamoto, Marzo 2011, volumen 9 número 2, disponible en la página Japan Focus.

 

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