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El mito detrás de “La Bella y la Bestia”

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Spoiler: en esta película Bella es una inventora, ¿por qué?, porque ES LISTA.

La tan ansiada adaptación de Walt Disney de "La Bella y la Bestia" en live-action está a la vuelta de la esquina. Pocos conocen la fábula ancestral, el mito detrás de esta historia convertida ya en un clásico imperdible.

Si uno se lanza –como gorda en tobogán– a buscar por Internet información sobre La Bella y la Bestia, habrá una referencia que casi todos ignoran y que la mayoría de blogs, páginas, reseñas y notas se dedican a repetir, y sin embargo, no ahondan en el asunto: considerar el mito de Psique y Eros (Cupido) como una de las fuentes principales que inspiró al ahora clásico cuento de hadas. 

Aunque no lo crean, se pueden encontrar resonancias del texto escrito por Apuleyo, un romano del siglo I, quien vivió más o menos entre el 123 al 180 d.C. Éste cristalizó el mito de Psique y Cupido, al introducirlo como una narración dentro de otra, en la novela de la antigüedad clásica mayormente conocida como El asno de oro (170 d. C.). 

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¿De qué va? En resumen, el joven Lucio es víctima de un hechizo malogrado y es convertido en un burro que no pierde su capacidad intelectual, condenado a pasar de amo en amo, de aventura en aventura, oyendo diferentes historias. Apuleyo decora el relato dotándolo con aires novelescos griegos. Podríamos decir que El asno de oro, y algunos especialistas podrían colgarme, es una de las primeras antologías de cuentos de la antigüedad que Apuleyo reúne aquí con una prosa burlesca, de vez en cuando erótica y hasta filosófica. Y todo esto, ¿qué tiene que ver con La Bella y la Bestia?

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Uno va leyendo las pobres desgracias del burro de Lucio, y de repente llega un momento en el que sus amos, un par de ladrones, secuestran a una joven moza en vísperas de su boda. Se esconden en una especie de cueva, y allí, la muchacha no deja de lamentarse. Una vieja —al parecer la madre de los bandidos— comienza a contarle la historia de Psique y Cupido que abarca una cuarta parte de El asno de oro, en pocas palabras, para que se calle. Comienza así:

En una ciudad había un rey y una reina que tenían tres hijas hermosa. De las dos mayores se diría que, aunque guapísimas, podían encontrarse palabras en el lenguaje humano capaces de celebrar su hermosura. Pero la menor era tan privilegiada, tan deslumbrante su belleza que no podía describirse ni ponderarse suficientemente con la pobreza del idioma del hombre (Apuleyo 128-129). 

Si ustedes hicieran el experimento de comparar el fragmento anterior, con el inicio del cuento de La Bella y la Bestia, en la versión de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, encontrarán una enooorme similitud. Ambos textos comienzan casi idénticos: hay un padre rico y tres hermanas hermosas de las cuáles la menor es quien sobresale en sociedad por ser la más bella; lo que provoca los celos y la envidia de las otras.

En el relato de Apuleyo, la gente comienza a admirar y a adorar a Psique –así se llama la hermana menor–, como una diosa, tanto que la mismísima Venus, diosa de la belleza y del amor, se siente ofendida. En cambio en el cuento de Leprince, las personas comienzan a apodarla “«la bella niña», de modo que por fin se le quedó este nombre”. Así, en un primer vistazo, vemos que Leprince casi casi utiliza a los mismos personajes que Apoyuelo para construir su cuento.

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En síntesis, el relato se centra más que nada en Psique, la “bella”, de aquí el nombre que todos conocemos. A Venus no le parece lo que la gente anda diciendo de ella, por lo que le pide a su hijo, Cupido, que la fleche con un hombre que sea el más ruin y miserable. Por otro lado, un oráculo le anuncia desgracias al rey, diciéndole que tendrá por yerno a un “verdugo cruel, emponzoñado y fiero” de aquí provienen las características principales de la Bestia: castigador, con un gran problema de ira y envenenado por su orgullo–. Los padres de Psique la abandonan en lo alto de un monte, donde Zéfiro, el viento del oeste, la rapta, la levanta y se la lleva a una maravillosa mansión, llena de riquezas y de esplendoroso mobiliario.

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Ahí, voces sin cuerpos, de criados invisibles, la sirven con esmero, dándole hospitalidad y cariño, pero sobre todo, la atienden con fabulosos manjares con los que Psique se deleita. Una resonancia inmediata, no al cuento de Leprince, pero sí a la canción “Be our guest”, que canta Lumiére con la demás servidumbre, nominada también a los Óscares en 1991 por mejor canción.

"Nuestro huésped"

El marido secreto, invisible también, se mete por la noche a la cama de Psique quitándole su virginidad, y se marcha antes de que amanezca. Y esto de meterse en su cama, sin que Psique conozca el rostro de su esposo, se convierte en algo habitual: el dolor y la sorpresa se transforman en placer y comienza a enamorarse de él. Del mismo modo, el padre de la Bella es atendido por un ser invisible, que no se muestra como la Bestia hasta que corta una rosa de su jardín para llevársela de regalo a su hija. ¿Así o más simbólica la “desfloración”?

DESFLOR

Los personajes de Bestia y Cupido son semejantes: ambos consienten y dan su voto de confianza. Por un lado, Bestia permite que Bella visite a su padre enfermo con la única condición de que regrese en una semana; mientras que por el otro, Cupido acepta que Psique vea a sus hermanas aun conociendo las malas intenciones que tienen. Los protagonistas masculinos arriesgan el amor; saben que pueden perderlo todo, pero toman la decisión de darles a las protagonistas femeninas la libertad de elegir.

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En cuanto a las hermanas de las protagonistas, al tener celos y envidia, son también mentirosas y persuasivas. Las hermanas de Bella la convencen a que se quede en casa más días de los que le prometió a la Bestia, y al dejarse llevar por su engaño, él casi muere por un corazón roto. Entretanto, las hermanas de Psique la persuaden para que descubra el rostro de su marido y luego trate de cortarle la cabeza; Psique, a pesar de las advertencias de su esposo, descubre que es Cupido, quien había desobedecido las órdenes de su madre. Esto desencadena su desgracia, quedando perdidamente enamorada del Amor, y obligada a pasar diferentes pruebas para intentar recuperarlo. 

Sin embargo, las que hacen el mal reciben su castigo: en el relato de Leprince las hermanas terminan convertidas en piedra por un hada, mientras que en el de Apuleyo, el final tiene un toque más sangriento: se tiran por un barranco, confiadas en que Zéfiro las recogerá y llevará ante Cupido, pero terminan por estrellarse en el suelo, y sus cuerpos son devorados por bestias salvajes.

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Así podría seguir estableciendo paralelos donde podemos encontrar semejanzas entre La Bella y la Bestia y el relato de Psique y Cupido. Apuleyo es el gran modelo del cuento que ha pervivido a lo largo del tiempo, y en el que todo fan tendría que echarse al menos un clavado para conocer más a fondo el mito escondido detrás de éste. Ya sea Leprince o Disney, se lo han apropiado y lo han reconstruído. Así continúa una línea, que Jean Noël Robert expresa en Los placeres en Roma:

La leyenda de Psique grita [yo diría, sigue gritando] el amor a la vida.

 

PARA LEER MÁS

  • El asno de oro, de Apuleyo, 1998.  
  • La bella y la bestia, de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont
  • Los placeres en Roma, de Jean Noël Robert, 1992. 

PARA VER MÁS

"Hidden Meaning in Beauty and the Beast" - Wisecrack

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