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El secreto detrás del alma humana en un mundo tecnológico

RED IBEROAMERICANA DE INVESTIGADORES DE ANIME Y MANGA

Martín Ariel Gendler (Argentina, 1989) Licenciado en Sociología (FSOC-UBA), docente (UBA) en Sociología Especial “Tecnología y Sociedad: Comunicación y Cultura Digital”. Becario doctoral del CONICET. Investiga control, vigilancia y seguridad informática; Juegos Online; movimientos sociales, y la conformación de nuevos espacios de intervención política.

Dirección electrónica: martin.gendler@gmail.com

Si bien el título podría parecer de una novela de autoayuda, vamos a hablar de algo bastante distinto. Para los amantes de la ciencia ficción (o para aquéllos que solo les guste ver un buen y complejo espectáculo) el anime Psycho Pass (2012) nos abre la puerta a todo un universo de deleite y problemáticas variadas relacionadas con imaginar cómo podría ser uno de los posibles futuros en relación a la penetración tecnológica. 

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“Hemos logrado un mundo de paz y estabilidad”

El anime Psycho Pass nos transporta a un futuro próximo situado en Japón donde para asegurar una armonía social que permita terminar definitivamente con la delincuencia, el odio y los asesinatos, se ha construido el Sistema informático Sibyl como fuente de paz y estabilidad para regir las vidas de los ciudadanos.

Para ello, cada ciudadano es evaluado constantemente gracias a su Psycho Pass, un parámetro biométrico que permite medir su estado mental y su –potencial- predilección para cometer crímenes.

Psycho-Pass Trailer

Esta medición es calculada en torno a un número denominado Coeficiente de Criminalidad el cuál indica si esa persona es un “buen y correcto ciudadano” –valor menor a 100– un criminal “en potencia” –valor entre 100 y 300– o un sujeto peligroso para la sociedad y por tanto “eliminable” –valor mayor de 300–.

A medida que nos vamos adentrando en los capítulos de esta serie, podemos ver como toda la sociedad japonesa se encuentra estructurada en torno a estos parámetros de criminalidad y por el Sistema Sibyl que es quien lo mide y calcula, especialmente en lo que refiere a la vida y el accionar cotidiano de los individuos.

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“El Sistema Sibyl es un sistema informático automatizado y racional, por tanto, perfecto”

Cada uno de ellos debe medir sus acciones, sentimientos y palabras para no nublar su Psycho Pass y aumentar su valor, tomando todas las precauciones posibles para ello desde intentar vivir una vida sin preocupaciones ni cuestionamientos, pasando por aceptar los juicios y exámenes de aptitud tomados por Sibyl donde se determina el futuro laboral de cada persona, hasta la práctica del psicoanálisis constante o incluso la toma de medicación “recomendada” para reducir su nivel de stress. 

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El ejecutor Shinya Kōgami utilizando el Dominator.

Para aplicar la ley de Sibyl, la Agencia de Seguridad Pública despliega a sus Inspectores quienes son ciudadanos con capacidades deductivas y morales supuestamente notables y a los Ejecutores, los cuales son criminales en potencia previamente detectados y aislados, a quienes se les otorga una oportunidad de “contribuir con el orden social” atrapando o eliminando a otros criminales.

La herramienta para llevar su labor es una pistola tecnológica denominada Dominator por medio de la cuál el usuario puede medir directamente el coeficiente de criminalidad de la persona a la que apunta, siendo esta arma-juez la que determina si es un objetivo válido o no, paralizarlo o eliminarlo en ese mismo momento y lugar.

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Cada ciudadano cuenta con su simpático asistente que organiza su hogar y labores diarias.

En base a este coeficiente de criminalidad, la tecnología juega un rol trascendental en el anime tanto para organizar la vida de cada persona como también para monitorear los cambios en estos parámetros y castigar de acuerdo a la ley cuando estos son excedidos.

Vemos así una Inteligencia Artificial personal que se encarga de todas las necesidades básicas del hogar, automóviles que se conducen solos, cámaras de vigilancia que monitorean constantemente el Psycho Pass de los individuos e incluso robots policíacos revisan constantemente los diversos espacios. En este sentido la tecnología ha logrado alcanzar un viejo sueño de la teoría cibernética al lograr su meta de proveer al ser humano de la máxima comodidad y facilidad para evitar todo tipo de stress cotidiano entregando a cambio en gran medida su potencial para pensar y actuar en contra de un orden social visto quizás como algo no tan justo y perfecto.

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“Si Sibyl es dios, ¿Quien eres tu? ¿El diablo?”

Así, el postulado de Deleuze sobre una “Sociedad del Control” donde este control y vigilancia “se ejerza al aire libre y de forma constante” siendo incluso interiorizado y naturalizado ayudado por las tecnologías informáticas, se muestra en su máxima expresión incluso de formas más actualizadas que las de las clásicas obras de ciencia ficción  1984 de George Orwell o Un Mundo Feliz de Aldous Huxley.

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Todo rebaño de ovejas tiene siempre a su oveja negra.

Esta figura es Makishima Shogo, un intrigante personaje que a fuerza de diversos planes y acciones impulsadas por planteos filosóficos y otras motivaciones busca “revelar el secreto del alma humana” en una sociedad que se ha entregado a la mera existencia conducida por la tecnología y los parámetros fijados por el Sistema Sibyl.

Makishima obra en gran parte de la serie como maestro estratega por detrás de diversas situaciones –donde se pondrá en juego tanto vidas humanas como el cuestionamiento por el orden social– siendo quien simplemente da armas, lugares o recursos a aquellos que ya tienen un motivo. Esto se hace para evidenciar que él simplemente facilita el poder expresar todos esos sentimientos reprimidos producidos por este “perfecto sistema”. Asimismo, la tecnología también se vuelve central como arma de resistencia en muchos de los casos.

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Los drones policiales asumen formas amistosas para ayudar a mantener a los ciudadanos tranquilos.

Vemos así que el enfrentamiento entre Sibyl (vía la Agencia de Seguridad Pública) y Makishima (y aliados) recrea de alguna forma el enfrentamiento entre Batman y el Joker en El caballero de la noche (2008): una batalla por las mentes y los corazones de los ciudadanos.

De las armas de la crítica a la crítica de las armas.

En distintas situaciones, conversaciones o simplemente como pequeños detalles son traídos a nosotros filósofos como Platón, Aristóteles, Descartes, Rousseau, Foucault, Bentham, Ortega y Gasset o Pascal; escritores de ciencia ficción como Philip.K. Dick, William Gibson, George Orwell o Aldous Huxley; grandes autores de la literatura como William Shakespeare, Jonathan Swift, Joseph Conrad o Marcel Proust; periodistas como Iwakami Yasumi, sociólogos como Max Weber o incluso La Biblia.

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El antagonista Makishima Shogo recitando “Titus Andronicus” de Shakespeare.

Este enorme conglomerado ideológico, moral y político dota a Psycho Pass de un complejo entramado argumentativo para las acciones, sentimientos y pensamientos de los protagonistas invitando al espectador a luego intentar ahondar en sus escritos para comprender mejor a los personajes y las situaciones de la serie.

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El sistema Sibyl: extraño y familiar a la vez.

Pueden notar que en todo el artículo no usé la palabra distopía: sociedad futura controlada y restrictiva y por tanto indeseable, para referirme a Psycho Pass ya que desde otro punto de vista podría considerarse una utopía: sociedad futura deseable que vale la pena buscar. No, no me volví loco, ya que la sociedad regida por Sibyl expresa muchos de los pedidos mayoritarios actuales: paz, seguridad, orden, previsión y estabilidad. 

Asimismo, muchos de los avances y novedades tecnológicos de hoy día no están muy lejos –al contrario, lo hacen– de permitir cuantificar y determinar nuestros perfiles como deseables, posibles, incorrectos y potencialmente eliminables sin necesidad de un dominator o de un psycho pass.

"Psycho-Pass" – Temporada 1, episodio 1

La ciencia ficción en general nos permite ver en ella muchos de los miedos y anhelos de nuestra sociedad actual. El que sea un anime posibilita, entre muchas otras cosas, ciertos permisos y ventajas para mostrar situaciones que serían difíciles de ver en actores de carne y hueso y que ayudan a sumergirnos en un mundo extraño y familiar a la vez.

Se invita al lector a embarcarse en esta aventura, a riesgo de que aumente su coeficiente de criminalidad, claro está, en pos de la batalla por las almas y la moral de determinar que es una vida que merezca ser vivida.

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