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El sol fue su asesino y la pobreza su cómplice

LA HABITACIÓN DEL SUICIDA

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Fidel Castro y Juan Bosch durante la visita del exmandatario cubano a la República Dominicana, 1998.

En la muerte de una mujer en la carretera se oculta la pobreza de su pueblo y la violencia que la persiguió hasta su muerte.

Desde el inicio nos topamos con la muerte, sabemos que “el sol la mató; el sol de acero”. Sabemos que está tan muerta y gris como la carretera. Sabemos que sigue ahí, impávida, sin cambios, es más ni la brisa le mueve los harapos.

Desde un inicio entramos en un mundo rural, en un mundo gris, en un mundo estancado donde hasta la carretera está muerta, donde hasta el polvo murió. Un mundo que nos recuerda quizá a Cómala, a Luvina o al empolvado pueblo donde se gesta ¡Diles que no me maten!, un pueblo donde la “modernidad” llega en forma de carretera pero que se olvida de dar dirección a la vida de las personas, dejándolos al margen.

La mujer vive y muere en esos parajes. En el cuento de Juan Bosch la carretera se va humanizando, mientras que la protagonista va perdiendo esa humanidad hasta quedar como un guijarro en esa carretera, como un becerro inerte, sólo un cuerpo más que muere sin que a nadie más le importe, como la pobreza del pueblo que está justo al lado de esa carretera.

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El cuento La mujer fue escrito en 1932, cuando Bosch tenía 23 años.

Bosch narra la violencia que viven los pueblos rurales, así como la dicotomía de sus conflictos. El que una mujer defienda al hombre que la golpeó hasta dejarla moribunda y mate a su defensor en el proceso parece complicado de entender, pero al mismo tiempo es el conflicto interno que viven las víctimas de violencia.

El cuento contrapone la vida de la carretera con la vida de la mujer. Ambas no llevan una dirección, ambas son cercadas por la muerte y agredidas por los hombres, ambas cruzan el mismo paraje desesperanzador, donde el llanto de un niño y el sonido de los coches son la única señal de alarma de que algo no está bien.

La violencia de la historia se fusiona con un lenguaje poético que dota de un mayor impacto a la historia misma y que llena de vida a un paraje muerto, que es sinónimo de todos aquellos poblados donde una carretera en el símbolo del progreso y donde sus vidas permanecen inmutables.

Al inicio sabemos que ella murió, que el sol la mató. Al final rectificamos su muerte, sólo para esperar el momento en que se convierta en polvo y se posé una vez más sobre la carretera.


Alex Sánchez

Apasionado de los libros, negador de la realidad, viajero sin rumbo, periodista en formación.

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