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La nueva esperanza de George Lucas

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Tatooine es caluroso y árido, su principales fuentes de luz son dos estrellas cercanas, Tatoo I y Tatoo II, comúnmente conocidos como soles de Tatooine.

Cuando me preguntan con qué escena de las seis películas existentes de Star Wars me quedo, menciono sin titubear aquella de Star Wars: Episode IV - A New Hope, en la que un joven Luke Skywalker observa el atardecer de dos soles en su natal Tatooine.
La escena lo tiene todo, y lo tiene porque es en ese momento en el que Luke recibe el primer llamado a escapar de su pasado y quizá un ultimátum para romper las barreras que hasta el momento le han anclado.

En otro plano, en nuestra galaxia y tiempo, el 30 de octubre de 2012, Lucasfilm Ltd. era adquirida por Walt Disney Company por la simple cantidad de 4.050 millones de dólares. Ese día George W. Lucas Jr., después de aquel primer llamado a la libertad e independencia que suponía el estreno hace 35 años de la entonces Star Wars (1977), selló finalmente su destino y logró el paso definitivo a lo que tanto había deseado. Curiosamente, después de tantos años y circunstancias, el creador de Star Wars era finalmente libre; libre, sí, de una carga inesperada.

La historia de George Lucas comenzó en un clásico pueblo americano llamado Modesto, California, sitio donde el futuro cineasta soñó con la idea de poder hacer lo que quisiera sin que alguien o algo le impusieran límites. Era descrito como un estudiante promedio por sus profesores y por él mismo en sus primeros años, pues para el siempre soñador Lucas había un mundo más allá de lo que se vivía en su pueblo. Quizá por ello, con los años, se convirtió en un gran amante de las carreras de autos. Con esa sensación de la velocidad, de no tener obstáculos en el camino, muy seguramente vivió momentos extraordinarios que terminaron repentinamente cuando tras un accidente –que casi le costó la vida– tuvo que abandonar su hobby. 

Tras ese “segundo nacimiento”, Lucas empezó a replantearse todo de una forma más seria hasta que finalmente se decidió por estudiar una carrera universitaria. Fue ahí, en el preuniversitario, cuando el joven Lucas empezó a interesarse en otras disciplinas como la antropología y la fotografía que finalmente le llevarían a decidirse por estudiar en la escuela de arte. Sí, George estaba decidido e interesado, pero su padre –un nuevo obstáculo– se lo había prohibido de manera contundente. 

(DISNEY/RICK ROWELL)
ROBERT A. IGER (PRESIDENT AND CHIEF EXECUTIVE OFFICER, THE WALT DISNEY COMPANY), GEORGE LUCAS

 George Lucas recibió del presidente de The Walt Disney Company, Bob Iger, el reconocimiento de Leyenda de Disney en agosto de 2015.

La escena la conocemos todos. George W. Lucas Jr. se aferra con fuerza a un poste que evita que caiga de lo alto de un edificio mientras su padre, el oscuro George W. Lucas Sr., le pide que se le una para que juntos dominen el sector de la venta de papelería y suministros de oficina. Jr., aterrorizado, rechaza todo lo que su padre representa, no desea unírsele y voltea hacia abajo, hacia el abismo… Un abismo que para él, para Jr., no significa una caída sin fin sino más bien otro paso –quizá desesperado– hacia aquella ansiada libertad. 

Esa caída llevó a Lucas a probar suerte en la escuela de cine de la Universidad del Sur de California, sitio al que llegó por su afición a la fotografía y con la aprobación de su padre. Ahí, en aulas que resultaban extrañas para todos los estudiantes de las demás carreras universitarias, ya que la carrera de cine no era otra cosa que una novedad, Lucas encontró una vocación y un camino más para lograr su sueño. 

Ya como estudiante universitario, la obsesión de Lucas por la independencia y la libertad era clara. En su cortometraje Freiheit (1966) un joven estudiante de la Alemania oriental escapa entre la maleza con la intención de llegar a la Alemania occidental sin lograrlo. En la que quizá es la escena más violenta que Lucas haya filmado jamás, el joven muere acribillado mientras escuchamos frases que no hacen más que acentuar el dramatismo: “el hombre debe ser libre porque es su naturaleza”. La obsesión del cineasta se repetiría en sus siguientes cortometrajes Look At Life (1965), 1:42.08 (1966) y 6.18.67 (1967), y por supuesto en sus dos primeros largometrajes THX 1138 (1971) y American Graffiti (1973).

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De izquierda a derecha: Mark Hamill, George Lucas y Harrison Ford en Star Wars: Episode V – The Empire Strikes Back (1980).

Por ello, cuando finalmente logró estrenar Star Wars (1977) después de varios obstáculos y dudas de quienes le rodeaban, no resultaba extraño encontrarse con varios mensajes autobiográficos que terminarían definiendo tanto a la consecuente trilogía como a la vida propia del a la postre exitoso empresario. Star Wars no sólo sería la película más famosa de George Lucas, sino también su éxito más rotundo. La independencia económica que lograría con ella, tras un astuto acuerdo en el que se llevaba todas las ganancias de la mercancía vendida, parecía ser el paso definitivo de un cineasta que por fin haría lo que quisiera sin que nada o nadie se lo impidieran. 

Sin embargo las cosas no resultaron tan así. Si bien Lucas no tuvo obstáculos creativos para filmar las secuelas que le siguieron, Star Wars: Episode V – The Empire Strikes Back y Star Wars: Episode VI – Return of the Jedi, las responsabilidades del monstruo financiero que creó aumentaron y comenzaron a asfixiarle

El problema llegó a tal punto que el matrimonio que había formado con su compañera de universidad, Marcia Griffin, terminó destruyéndose por culpa de las constantes ocupaciones laborales de Lucas. Inclusive para algunos estudiosos del cine como Thom Andersen y Nicole Brenez, el genio cineasta se transformó y quedó olvidado y absorbido por el propio éxito que él mismo había logrado. El problema, de hecho, lo subrayan sus propias amistades, como sucedió en una entrevista que se puede encontrar en el extraordinario documental The People vs. George Lucas (2010), en la que su viejo amigo y mentor Francis Ford Coppola confiesa que el éxito de Star Wars fue lo peor que le pudo suceder a Lucas como cineasta; pues pasó de ser un cineasta a convertirse en un empresario. 

Y es que lejos de lo purista que pueda parecer la afirmación anterior –¿quién no desearía lograr semejante éxito financiero?–, George Lucas pasó de convertirse en un creador de historias a un esclavo de su propia creación. Por eso, después de lo difícil que le había sido la realización de su trilogía del drama familiar de los Skywalker, Lucas decidió tomar un descanso y tratar de enderezar su vida personal. Se dedicó a su familia, la involucró en el negocio y le sirvió de inspiración para lo que sería su regreso al cine.

ADIÓS LUKE, YA NO SERÉ TU PADRE

Sin meterme a opinar de lo bien o mal logradas que son sus tres últimas películas como director –Star Wars Episodios I, II y III, lo cierto es que Lucas volvió a darse una oportunidad y finalmente se topó con un nuevo obstáculo, quizá éste sí, un tanto inesperado y sorpresivo. La famosa trilogía de precuelas significó para millones de fanáticos que habían crecido con las cintas originales cualquier cosa menos que lo que se habían esperado. Para muchos de los más fundamentalistas seguidores de la saga, las nuevas cintas no sólo fueron un fracaso, sino una traición definitiva. George Lucas, el creador, ahora era juzgado por quienes le habían endiosado, y peor aún, fue también humillado y ridiculizado. Además tuvo que padecer montones de parodias -quizá un punto fundamental que terminó por separarlo para siempre de los fans. 

Los sinsabores parecían no terminar, por lo que la sorpresiva decisión de vender su más preciada creación no puede ser más lógica en retrospectiva. Al quitarse la pesada loza de su creación, George Lucas finalmente logró la ansiada libertad y la independencia que deseaba desde su juventud. Hoy, sin esa carga en sus hombros, el propio Lucas confiesa el camino a seguir y hay que admitir que parece disfrutarlo.

Con la venta definitiva de Lucasfilm Ltd. y todos sus productos a Walt Disney Company, George Lucas logró un deseo, que como cualquier divorcio sabía que no le sería sencillo, pero sí liberador. Y si no me creen, chequen cómo sin saber el resultado de la próxima película Star Wars: Episode VII – The Force Awakens, el director de la nueva cinta ya se curó en salud antes de cualquier juicio popular. Ahora el peso y la bolita están en otra cancha mientras George Lucas voltea hacia el horizonte en un atardecer anhelando, haciendo todo lo que antes no pudo hacer.

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El principal responsable de la nueva saga de Star Wars se llama J.J. Abrams, cuya escena favorita de Star Wars es la puesta de los dos soles en Tatooine.

Por cierto… cuando Lucas lanzó sus primeros dos largometrajes, THX 1138 (1971) y American Graffiti (1973), los estudios encargados de la distribución decidieron unilateralmente mutilar casi cinco minutos a cada una, amparados en el supuesto fracaso que significarían ambas cintas. Lucas, enfurecido, no olvidó la afrenta. Y una vez convertido en el exitoso creador de Star Wars regresó con los responsables y exigió que su material volviera a su estado original y que jamás viera la luz en su forma modificada. Las varias versiones de fanáticos que modificaron la trilogía de las precuelas también significaron un golpe duro, que, gracias al cielo, sólo quedó ahí y no en los tribunales.

Enrique Figueroa

Enrique es profesor del Taller de Radio del Tec de Monterrey, Campus Santa Fe, desde enero de 2011. Dentro de su experiencia radiofónica se destacó como productor, locutor y operador de radio en Concepto Radial, radiodifusora del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México.

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