skip to Main Content
Menú

Golditos y amigajonaditos en la literatura

jabba

Jabba de Hutt: mórbido, feo y malo, ¿les suena conocido?

Este artículo viene desde el corazón, desde un niño que en 4º año de primaria –9 años de edad– pesaba 64 kilos y ahora es un niño "más grande" que se aferra a la talla mediana.

yo

No, el niño de la foto de arriba no es el hijo de Jabba de Hutt. El de la imagen era yo en 4º año de primaria (1999), me encantaba comer, la verdad es que era un gordo profesional. En la memoria tenía todos los sabores habidos y por haber que se pudieran encontrar en una tienda de abarrotes: Donitas Bimbo, Twinkies, Krankys, Papas Sabritas amarillas, conchas Tía Rosa, Frutástica, mazapanes y todo lo que ahora ya tiene “menos” calorías y que supuestamente es más sano para los chavitos.

Cuando iba a la tienda de mi casa siempre me hacían cábula, me decían que mi papá era el Sr. Bimbo y que mi mamá era la Sra.Tía Rosa… la verdad no me enojaba, sentía una risa penosa y algo de vergüenza, sensaciones ambivalentes, porque por una parte la gente me identificaba perfectamente, pero por otra me sentía incómodo gracias a mi condición de gordo. Espero no perder el punto de la ambivalencia en este artículo, sosténgalo allí como yo sostenía un buen pan dulce: guárdenlo para el final.

fatboy

Augustus Gloop de Charlie y la Fábrica de Chocolate, un niño alemán que le entra durísimo al chocolate.

Para iniciar, la gordura se asocia con la torpeza, la debilidad, con la estupidez y sobre todo con la maldad. Un dato que lo podríamos ligar con la gula, uno de los siete pecados capitales. Pensemos en un gordo fácil como Duddley en Harry Potter, quien es más idiota que malo. El punto es que un mentecato, o como solían decirme a mí: un cebo con patas. Y yo como Duddley nunca dudé en usar mi peso como fuerza sobre los débiles, la verdad es que muchas veces me aventé a los madrazos por esta clase de cosas, y sí, salía vencedor pero al final del día siempre quedaba como el abusivo.

dudley

Por otro lado, tenemos al niño gordo que se supera y no precisamente por bajar de peso, sino que sale adelante a pesar de una condición débil y torpe que no necesariamente están ligadas a la obesidad. Estoy hablando de Bastián Baltasar Bux de La historia Interminable de Michael Ende (1979), un chiquillo que entrará en Fantasía para salvar a la Emperatriz Infantil. Bastián no perderá su condición de obeso durante la historia, sin embargo, sí se convertirá en un héroe sin torpeza y sin titubeos, un gran gordito. Creo que yo nunca fui tan valiente como Bastián, me iba por la fácil.

 

 

Otro gordito que sale adelante, aún en una supuesta condición torpe y débil, es Bruce en Matilda (1988) de Roald Dahl, un gran tipo que va más allá de la gula, él hace a un lado el concepto pecaminoso de la comida y le planta cara a Tronchatoro, la hace pedazos en su propio reto, se traga el pastel como solo él lo puede hacer. Bruce es el héroe, algo así como Katnees Everdeen en Los Juegos del Hambre: una inspiración para iniciar la revolución.

CONTINÚA ABAJO…

También tenemos a los gorditos mártires y que siempre estarán bajo el yugo del más fuerte, porque como les había dicho, la condición de obeso en la literatura muchas veces está predispuesta por el físico: torpe y débil. Estoy hablando de Piggy en El Señor de las moscas (1954) de William Golding, un libro que retrata la crueldad e irracionalidad de un grupo de niños que se encuentran atrapados en un isla. La obra de Golding retrata un mundo violento desde un perspectiva infantil, desde la bestialidad de su inconsciencia. En la isla los chicos actúan como el impulso les diga, de ahí el nombre de El Señor de las moscas, quien es una presencia más oscura que luminosa.

piggy

El Señor de las Moscas (1990) con Piggy, también conocido como “Capitán de la grasa”.

¿Qué mejor forma de retratar la crueldad de los chicos a través de un niño gordo, con lentes, asma, listo y con un sentido ético claro? Aquí el peor “defecto” de Piggy, pues él es de los pocos niños, o el único, que tiene en claro los límites de la ofensa, la avaricia, la desgracia y la muerte. Él es la razón en esa puta isla y dicha posición lo llevará a un destino mortal. 

Pensándolo detenidamente, quizá Piggy hubiera corrido con la misma suerte aún siendo delgado; pero eso sí, su vida habría sido menos cruel.

Para bajarle un poco a los decibeles de maldad que rondan por aquí, no podemos olvidar a los golditos bonachones como el osito amarillo que todos queremos abrazar en Winnie the Pooh (1926) de Alan Alexander Milne, un personaje que es puro amor y miel sobre hojuelas. El oso de Milne es de esos golditos que entre más pachoncitos más ganas te dan de abrazarlo y de ser su amigo.

 

 Por último, quisiera cerrar con un detalle que no se encuentra en este artículo, si ya se dieron cuenta no he tocado el tema de la comida, solamente he mencionado a algunos personajes golditos de la literatura, ¿por qué?, la respuesta está en la ambivalencia de la que les hablé al principio, espero que aún la tengan presente. Los personajes obsesos no concentran su riqueza emocional y significativa en la redondez de sus cuerpos, lo tienen en la valentía o en la desgracia de sus actos; su condición obesa, por una obvia sobredosis de comida, es más una cáscara o un armadura que esconde y retrae las cualidades de un héroe o un villano odioso.

Los personajes obsesos tiene una doble carga significativa, la cual se puede simplificar en la torpeza de la valentía, o en la fortaleza del idiota, todos ellos con un botón apunto de reventar, lo cual hace todo más difícil.

Luis Mario Reyes

Soy zurdo y tengo el pie plano. A veces no puedo aprender nada, y eso me gusta. Editor en jefe de Libertimento y maestro de primaria retirado.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *