skip to Main Content
Menú

Grabando Psicofonías: películas de terror para ciegos

psicofonias_realizacion_f11

Erick Yáñez grabando sus pasos para Los niños del maíz, de Stephen King.

Nos hicimos cómplices de un plan bastante quijotesco: rescatar los radiodramas, hacer que la gente lea más y demostrar que un podcast independiente puede lanzarse al estrellato.

El sol se pone, el camino oscurece y aún faltan muchos kilómetros por andar. El ocaso dura solo unos minutos, y de pronto, los faros del auto son la única fuente de luz. Afuera, la autopista o carretera es bordada por la oscuridad más absoluta, y en mí, se enciende una extraña sed por sentir miedo. De escuchar algún relato, de aprovechar el cobijo de la sombras para dedicar mi atención al sentido que ha agudizado en ausencia de la vista, que siempre lo gobierna todo: el oído.

Aquí hay de dos: o recurro a la frecuencia de Radio Fórmula para buscar si esta noche transmiten La mano peluda, o me acabo mis datos buscando algún buen podcast de cuentos de terror. ¿Habrá? Busco. Dos, tres, cuatro opciones, solo una en español. Más bien en castellano. El resto en inglés, y es alguien narrando algo de su autoría. Algunos efectos sonoros, y música cliché, tétrica. Con eso me basta, pero es increíble pensar que no hay alguna buena opción. ¿Dónde quedaron los radiodramas?

img_1310

Bettina Aguilar dirige a Joe Salof durante la grabación de Yo Razón, adaptación de un relato de Isaac Asimov.

Desde niño supe que me quería dedicar a la comunicación, y jugaba a tener mi propio programa de radio. Grababa mi voz chillona en casettes y la adornaba con los ruiditos de un teclado de juguete. Más aún, me gustaba disfrazarme, y sin importar si era agosto o febrero me ponía mi capa de Drácula para sentir que era Halloween. Y cuando esos dos caminos se cruzaban, como cuando hice mi cassette de efectos de terror, o escribía mis propios cuentos de terror para niños, o mis cómics de día de brujas, o mis casas de espanto en la habitación, me sentía en el éxtasis más absoluto del ocio.

Bueno, me sorprende que uno no puede soltar esos viejos pasatiempos aún cuando se es adulto, o más bien, agradezco a la vida que no cambié demasiado, porque terminé estudiando comunicación, y me sigue gustando sentir ñáñaras como cuando a una tía se le ocurre contar en la sobremesa de la vez cuando la espantaron.

Ahí les va una buena: una amiga de mi tía vivió un tiempo en una casa junto a un río, que en México significa que te fregaste porque se sabe que las aguas atraen a La Llorona, la chikungunya y a los nahuales. Una noche sus hijas quisieron bajar por agua a la cocina y al pie de la escalera los estaba esperando una criatura con patas de cabra, cara de caballo y alas de murciélago. Basta decir que no volví a bajar a la sala por un buen tiempo después de oír esa historia.

Y fue que insistiendo en esas tonterías, y al no encontrar nada con qué espantarme a gusto en un viaje por carretera, antes de dormir, o de indios verdes a universidad, se me ocurrió hacer Psicofonías. Una idea que se coció en mi mente más tiempo del que los millennials duramos en un trabajo, quizá tres o cuatro años. Si no había alguna buena serie de cuentos de terror en audio, yo la comenzaría. El pretexto para no empezarlo era que no tenía tiempo, o que no conocía a nadie que le gustara el miedo y a la vez supiera de las artes de edición de audio.

La idea era adaptar cuentos de terror que ya existían y narrarlos con puro sonido, de tal forma que genuinamente dieran miedo; es rara la gente que se espanta con un buen libro de terror. Más fácil pagar la entrada del cine para que el Dolby surround haga que brinques gratuitamente. Y es justo este principio, que las películas de miedo solo funcionan con buen sonido, y el hecho de que hay tanta literatura de terror, lo que alimentó el concepto que yo tenía.

El chiste es que sería un podcast; cada episodio sería una historia independiente, y necesitábamos un estudio donde hacerlo, actores que sí fueran chidos para que leyeran los guiones, y muchos, muchos efectos de sonido. No quería replicar el formato de Kalimán o las series radiofónicas de antaño, ya que a ellas se les olvidó que el sonido también es un lenguaje y se limitaban a describir todo lo que pasaba en el diálogo.

dual

IZQUIERDA: Branko Pérez grabando para Los niños del maíz. DERECHA: Jesús Arteaga disfruta una toronja que será convertida en un apuñalamiento.

Hasta ahora, Psicofonías ha producido 17 historias de terror, cada una de larga duración, con música original, diseño sonoro, actores y guiones trabajados por un equipo de ocho personas a quienes les enamoró la idea desde el inicio. Para eso tuvieron que pasar cuatro años en la carrera, y entonces Juan Pablo Sotelo, ahora guionista, y Bettina Aguilar, que hace de todo en el proyecto, se volvieron cómplices de un plan bastante quijotesco: rescatar los radiodramas (que porque ya no salen en radio preferimos llamarlas ficción sonora), hacer que la gente lea más y demostrar que un podcast independiente puede lanzarse al estrellato.

No ha sido fácil, y para eso nos falta mucho. Somos la generación del tutorial, y aunque la carrera dio buenas tablas y comenzamos en Concepto Radial, la estación de la escuela, solitos hemos tenido que aprender cómo se dirige a un actor, cómo se produce bajo tiempos de entrega recurrentes, y cómo diablos se comercializa o difunde esta cosa. Lo bueno y lo malo es que es una idea que nació por sí sola, y que de pura chiripa resulta que sí tiene un nicho que llenar, a la poca o mucha gente que lo oye sí le gusta, y que de pronto se puede vender dentro del discurso este de que somos una generación emprendedora. Osea, se puede vender o hacer un negocio de esto. Eso sí me da miedo. Pero andamos viendo cómo.

makingluz

Erick Yáñez dirige a Luis Gómez y Ángel Soto para Luz de estrellas, de Clive Barker.

La neta es que quienes se han quedado ha sido por puro amor al arte, y si son ellos quienes están leyendo, corríjanme si estoy mal. Ya me he aventado varios discursos con ellos en donde siempre salgo como que perdiendo, explicándoles por qué este es un proyecto al cual vale la pena aferrarse. Sin embargo todos lo han hecho, así que algo he de estar haciendo bien (?)

Persiguiendo este sueño están Julio González, quien fue a las mismas escuelas que yo; Jesús Arteaga y Christian Soto, colegas de un proyecto de CONACULTA; Luis Cardoso, amigo de Juan y que hace el arte de los episodios; Airy Contreras y Ángel Soto que son unos fregones componiendo música; y de más reciente ingreso, Toño Ávila y Fer Santamaría, quien toma cursos para leer runas y le late eso que llaman la “gestión cultural”. Pero sería lindo que todos comiéramos de esto, ¿no? Hay pocos podcasts exitosos, y el modelo de negocio recurrente son los patrocinios, porque es contenido que se suele distribuir gratuitamente.

Recientemente, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes nos otorgó una beca que nos permitirá producir durante el próximo año. Está cañón: todos trabajamos de día o vamos a la escuela, y esta clase de cosas obtenidas de la cantera del ocio (de donde salen las buenas ideas) son dejadas para el final del día, o de la semana. Cada episodio tarda como mes y medio en producirse, solemos atrasarnos y ahora tenemos un control estricto de los tiempos de entrega. Pero ya lo intentamos por los dos últimos años, y todos parecemos optimistas.

Ahí va un poco la reseña: hemos hecho historias de Stephen King, una de ellas Los niños del maíz, de H.P. Lovecraft con su clasiquísimo Modelo de Pickman, historias originales (me han dicho que Sin Ojos y Línea de emergencia sí hacen que te cagues), y una historia buenísima de un tal Michael Marshall Smith que se llama De cómo el infierno se expandió, que es casi como ver una película de ciencia ficción con espantos. Por supuesto, bajo el cobijo del FONCA solo produciremos historias en dominio público, porque ya ven cómo es de restrictiva la Ley Federal de Derechos de Autor.

Cada una tiene un arsenal de voces, diseño sonoro y música que es como si fueran películas para ciegos. Basta con que se consigan un par de audífonos y le suban a todo, porque son historias que hay que oír con atención, ya que tienen giros inesperados y tramas truculentas.

También, cada martes a las 10 de la noche, Bettina, Fer, a veces Juan y yo, nos reunimos en una cabina de radio independiente llamada Bizarro.FM en donde tenemos un programa de revista llamado Enterrados En Vivo, que sirve para que la gente no nos olvide cuando no estamos produciendo ficción. También nos ponemos bien intensos hablando de Aleister Crowley, las cintas de miedo que nos gustan, los orígenes del Minotauro, la esencia de la existencia y la manga del muerto.

psicofonias_realizacion_f8

De izquierda a derecha: Joaquín Chablé, Salvador Rodríguez, Antonio Ávila, Abraham Vega y Erick Yáñez en la transmisión en vivo de una versión mexicana de El traficante de cadáveres de Robert Louis Stevenson.

Psicofonías sigue, y seguirá, espero que por muchos años; justo estamos iniciando negociaciones para que esto crezca y se haga una cosa grande que haga varias cositas. Lo que es cierto es que cada que algún escucha nos comenta que venía oyendo algún episodio en la carretera y se le puso chinita la piel, me acuerdo de por qué empezó todo esto.

No hay nada que me emocione más que publicar algún episodio de Psicofonías, para lo cual ya falta menos el próximo año, y que le quitemos el sueño a alguien o le provoquemos fobia de bajar a la sala. La ficción sonora está reviviendo. Eso sí, como Frankenstein, hecha de pedacitos del trabajo de mucha gente e ilusiones inmortales.

@Psicofoniasmx

Facebook.com/libertimentopsicofonias

¿Quieres escuchar alguna Psicofonía? Están disponibles en iTunes, Soundcloud y en el sitio web psicofonias.com.mx

Erick Yáñez

Comunicólogo y todólogo que todavía se esconde bajo las sábanas, fanático de toda ficción que mind-fuckee. Productor de Psicofonías y editor de Libertimento.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *