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“Gracias al ‘furry fandom’ pude conocerme a mí mismo”: Una entrevista con Paco el Panda

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No, no son las mascotas de la liga de beisbol. Son miembros del furry fandom.

“Gracias al furry fandom pude conocerme a mí mismo. Yo me sentía como fuera de este mundo, no sé… me sentía como un friqui. Este lugar es bastante abierto, y es válido entrar de cualquier forma, porque no existen reglas. Es como dicen en Zootopia: “uno puede ser quien quiera ser”.

Estoy hablando por Skype con Paco el Panda, pero antes, me aseguré de que no se sacara de onda. Le expliqué a profundidad los motivos de la entrevista, y le hice saber que solo quería grabar su voz. Creo que fue lo mejor. Está algo nervioso, así que mi primera pregunta es algo trivial para romper el hielo: “¿viste Zootopia?”

“¡Ah, sí, claro! Uy… la vi cinco veces”, responde, entusiasmado. “Bueno, yo soy muy fan de las películas animadas, y soy mucho de ir siempre al cine. Entonces no me iba a importar si nadie me quería acompañar a verla”. Ríe, y por alguna razón siento que realmente estoy escuchando la voz del adorable panda que aparece en su foto de perfil, o mejor dicho, dibujo. Le pregunto si sabe algo de la campaña de marketing que Disney dirigió a la comunidad furry, el tema de nuestra conversación.

“Sí, incluso vi tweets donde los de Disney invitaban a que los furries se tomaran fotos en sus fursuits con sus carteles o en la salas de cine. Estaban promoviéndolo mucho dentro de la comunidad. Disney sabe lo que hace, y sabe que es un target muy apropiado porque somos los consumidores principales”.

Efectivamente. A grandes rasgos, los furries son fanáticos de los personajes animales antropomorfos, es decir, animales con características humanas. Pero el asunto va más allá de eso; es una enorme subcultura. Los furries dibujan, crean historias, van a convenciones, se disfrazan y adoptan todo un estilo de vida alrededor de estos personajes. Es un movimiento cuyo inicio se puede rastrear a las convenciones de ciencia ficción gringas de los ochenta, y que se expandió luego con el auge del internet, según un investigador geek, Fred Patten.

 

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Los miembros del furry fandom sospechaban que Disney estaba promocionando Zootopia específicamente a ellos.

Disney sabía que el fandom existía, y por eso contrató a una agencia de publicidad llamada Allied Integrated Media para que a través de Furlife, un grupo en Meetup.com, se convocara a la comunidad furry a usar los hashtags #Zootopia y #ZooU para ganarse cuanta cosa. Pero aparentemente, Disney mantuvo a discreción esas estrategias, y por una razón.

Los furries suelen ser señalados como una comunidad excéntrica, y persiste la creencia de que se trata de una subcultura enfocada en lo sexual. Además, son el blanco de burlas en foros como Something Awful, 4chan y todo el internet en general. Y sí, la idea de que un montón de adultos disfrazados de animales hagan reuniones masivas y se comporten como niños se puede malinterpretar muy fácilmente.

Por eso, es comprensible que Paco se escuche un poco nervioso detrás del micrófono. Los furries como él –o furros, en mexicano– suelen ser estigmatizados en los medios; Tabú Latinoamérica, Wired, Vanity Fair y Milenio, por ejemplo, no les hicieron mucha justicia cuando tuvieron la oportunidad. Suelen ser retratados como individuos con problemas para socializar, incluso con trastornos de identidad disociativa. Pero ese fue el motivo que me hizo explorar las profundidades del internet buscando a alguien que pudiera hablar por el fandom y por sí mismo; alguien que me pudiese explicar personalmente qué se sentía ser un furry.

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Furries posando para la foto grupal del Anthrocon en Pittsburgh, una de las convenciones más grandes del furry fandom. Foto de Ryan Loew para 90.5 WESA.

Después de checar varios sitios –e innegablemente toparme con un montón de arte para adultos–, encontré a Paco el Panda, un artista de Guadalajara con un estilo caricaturesco y una presencia considerable en foros de arte furry gringos y mexicanos. A diferencia de la gran mayoría, sus dibujos tienen un aire adorable e inocente, y eso es en parte la razón por la que elijo hablar con él. La otra parte es más personal.

Yo mismo me siento un poco furro. De niño, dibujaba a un cerdito llamado Pechan (como el personaje de Ranma ½), el cual era una especie de álter ego a quien le inventé toda una biografía y se convirtió en el protagonista de mis aventuras infantiles. Naturalmente, lo fui olvidando. Pero los furries nunca olvidan. Ellos se comprometen con sus alter egos; crean fursonas y se disfrazan en fursuits. Paco tiene a Panda Parinton, y es así como se hace llamar en línea desde hace mucho tiempo.

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Autoretratos de Panda Parinton.

“Es un personaje muy antiguo, lo creé cuando tenía 9 años. Nació porque desde esa edad sentía un interés especial hacia los animales; y siempre he sido muy nerdo con esos temas. Y otra cosa fueron las caricaturas con personajes animales; entonces yo quería imitar a los que salían en Animaniacs, Aventureros del aire, Garfield… Y de ahí que iba haciendo mis propios personajes. Muchos eran osos, porque a mí me gustaban mucho. Pero en especial ese panda, porque era mi oso favorito y era con quien quise representarme. Yo tengo 27 años, ese personaje tiene 18 años”.

Sus dibujos son como ver el reverso de una caja de cereal, aunque tienen cierto dejo de madurez. Los zorros, felinos, gatos y perros abundan tanto a lápiz como en arte digital, la mayoría en situaciones juguetonas. Pero en esos trazos también se alcanza a vislumbrar algo nostálgico, como si a través de ellos se quisiera evocar algo perdido.

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Arte de Paco el Panda: Aquí me voy a quedar (2014), Broken dreams (2016) y Midwest furfest 2015.

Paco pasó su infancia dibujando y jugando a ser Panda Parinton, pero fue hasta los 19 cuando se enteró que existía el furry fandom. Se acababa de mudar a Guadalajara y vivía en un departamento sin mucho que hacer ni nadie con quien hablar (muy al estilo de Judy Hopps, la conejita que protagoniza Zootopia). Fue mientras buscaba grupos tapatíos en la red social deviantart que terminó asistiendo a una reunión de dibujantes a la cual llevó su sketchbook.

“Un chico llamado Nico vio mis dibujos y me dijo ‘¡Tú eres furry!’ Yo dije… ¿Qué? Me contó del fandom y me presentó con la bolita más apartada del resto; todos los artistas de ahí eran lobos o zorros, yo era el único panda. Esa noche me metí a internet a buscar sobre los furries, y para mí fue como descubrir el universo… Encontré el lugar al que pertenecía”.

Le pregunto si cree que todos llegan al fandom de la misma forma, sabiendo que se es furro incluso antes de conocer el término.

“Muchos de los que están dentro llegan de formas diferentes”, me contesta. “Hay quienes gracias a series de televisión o películas buscan en internet, y ya después buscan con qué animal se identifican. Otros son porque llegan a ver documentales sobre el fandom; otros porque cuando ven fursuits en algún evento o convención se les hace interesante… Pero no necesariamente tienen que sentirse identificados en un inicio”.

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Diezel the landmower, una comisión de Paco el Panda.

Tengo mis dudas. Los furries son una comunidad ampliamente estudiada, y en los montones de encuestas que se levantan en eventos masivos, se ha demostrado que sus miembros se sienten enormemente identificados entre sí, en especial si se les compara con otros fandoms como los del anime, fantasía o deportes. De hecho, estudios como los que realiza la International Anthropomorphic Research Project dicen que identificarse como furry suele ocurrir, de hecho, antes de que se participe en actividades.

Pero lo que más me intriga es que los furries no toman un producto cultural ya existente para explotarlo (como ocurre con el cosplay), sino que ellos mismos son los creadores de sus mundos. Por supuesto, personajes famosos como Robin Hood, Rocket Raccoon y Sonic son muy populares, pero lo que verdaderamente alimenta y define al furry fandom es esa identificación tan potente de sus miembros con sus fursonas. Y tanto afuera como dentro de la comunidad, todos se están preguntando por qué ocurre este fenómeno.

Existen sitios serios como alt.lifestyle.furry o [adjective][species], creados por miembros del fandom y llenos de ensayos, encuestas, foros, escritos y visualizaciones que intentan hallar una explicación. Abundan las discusiones filosóficas, sexuales y psicológicas. Algunos miran con suspicacia a investigadores devotos al fandom, como es el caso de la Dra Kathy Gerbasi, una psicóloga social que en 2008 acuñó el término “desorden de identidad de especie” para explicar por qué el 11% de sus encuestados decían sentirse poco o semi-humanos.

Pero mientras sigo hablando con Paco, todo aquello parece exagerado. Para mí, los furries simplemente lucen como un montón de gente que la quiere pasar bien, sin importar lo que la gente opine de ellos. Y si bien son solo un puñado quienes se sienten “poco humanos”, usar un fursuit ciertamente añade a la experiencia.

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Paco encarnando a Panda Parinton.

“Son muy caros de hacerse. Hay artistas que solo se dedican hacer fursuits, pueden llegar a costar como de 25 a 45 mil pesos. Si uno mismo los hace por lo regular suelen quedar feos. Yo tuve que tener como tres intentos para que me saliera el que actualmente tengo”.

Paco dice que su primera versión de Panda Parinton parecía salido de Five Nights at Freddy’s. Pero el que observó en las fotografías guarda un gran parecido con sus dibujos.

“Entre materiales me costó como unos 2 mil pesos iniciales, pero siempre hay que estar reparándolo, es como tener un coche. Yo pienso que me he gastado entre 15 y 20 mil pesos en mantenerlo”.

Cuando no está dibujando arte furry o encarnando a su personaje, Paco es un ilustrador freelance. Ha dibujado para Mamut y Pau Pau, algo que nunca habría adivinado. Le pregunto cómo es que puede darse el lujo de gastar tanto en su fursuit, y de paso, cómo ha impactado en su vida dedicarse al fandom.

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Paco frente al puente Roberto Clemente en Pittsburgh.

La gente se vuelve loca, les encanta porque es algo muy extraño. Nadie va y taclea a los fursuits como al Doctor Simi.

“Actualmente me puedo dedicar no solo a los trabajos normales de ilustración sino también puedo estar dedicándome al furry fandom, ya que muchas personas piden comisiones, y eso es como un gran negocio”.

Paco hace una pausa. A juzgar por el sonido del otro lado de la bocina, creo que comienza a jugar con una cajita de madera.

“¿Qué tanto me ha impactado? –Esque… ahora ya todos mis amigos son furry. Sí, toda mi vida está dedicada completamente al fandom. Sí, no sé explicar más, perdón”.

Es entonces que decido contarle de mi propia experiencia, un poco para demostrarle que me siento empático con el fandom, además de mis dibujos de cerdos deformes. Fui la mascota de mi universidad por dos años y medio, pero fue algo que me cambió la vida. Cada quince días usaba una botarga para animar al equipo de futbol americano, y desde entonces me había sentido más extrovertido y seguro de mí mismo. Incluso le platico de la vez que me taclearon. No sé si es lo mismo, así que le pregunto su opinión.

 

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Paco posa con un amigo fursuiter en la Anthrocon 2015, en Pittsburgh.

“A muchos les da miedo eso de ser botargas porque la gente es muy malosa. Pero en el furry fandom siempre procuramos ir todos juntos con escolta, y no nada más ir uno, porque además no es tan divertido. Alguna vez me pasó que era el único y fue muy incómodo”.

Paco titubea un poco.

“Es que… cómo podré explicarlo. Es como… salirse de tu rutina diaria, de salirse un rato de la realidad. Nos emociona tener un alter ego, es como ser un superhéroe”.

Paco me cuenta que los eventos más grandes del fandom están en Estados Unidos y Europa. La convención más grande es la Anthrocon en Pittsburgh, al que asisten alrededor de 7 mil personas, de los cuales como 2 mil son fursuiters. En Chicago está la Midwest Furfest; está la Eurofurence en Alemania y la ConFuzzled en Inglaterra. Allí, me dice, es como una gran congregación: la meca del furry fandom.

Un vistazo de cerca a la Anthrocon

Paco continúa.

“He ido a Anthrocon y a la Furfest. Pronto iré a Reno, Nevada, a la Biggest Little Furry Convention. Aquí en México aún no hay convenciones pero existen reuniones donde se expone arte y se hacen actividades en fursuits. La más grande se llama Furry Summer en la Ciudad de México. Son más como meetups casuales con itinerario. A esa van como unas 100 personas. O aquí en Guadalajara nos juntamos cuando se pone el tianguis cultural los sábados. La gente se vuelve loca, les encanta porque es algo muy extraño. Nadie va y taclea a los fursuits como al Doctor Simi. Nos preguntan si cobramos por foto”.

¿Cómo se pone el ambiente en los eventos gringos? “En la Anthrocon se pone muy divertido. Si uno sale a la calle allá en Pittsburgh, la gente está muy acostumbrada a vernos. Y es muy bonito porque se vuelve como una gran familia donde todos se tienen confianza”.

Sin embargo, en las convenciones no todo es abrazos, concursos de baile, conferencias, subastas, fiestas y felicidad. En 2014, hubo un incidente en el Midwest Furfest cuando algún pasado de lanza quiso atacar a los asistentes usando gas cloro. La policía evacuó el hotel Hyatt y lo catalogaron como un atentado intencional.

Paco estaba ahí.

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Paco posa junto a un amigo fursuiter.

“Lo del ataque fue una tontería. El que quería hacer la maldad no tenía la intención de hacerla tan grande, solo quería molestar a unas cuantas personas y acabó en la cárcel”.

Este momento de la conversación parece adecuado para tratar el tema de los haters y la estigmatización. Y por suerte, Paco introduce el tema de los elementos sexuales antes de que yo haga una pregunta al respecto.

“Los medios resaltan mucho el aspecto sexual pero realmente no es importante en el fandom. Y eso es algo que no me gusta que se piense de nosotros. Hay muchos que tienen fetiches muy específicos con los personajes antropomorfos, pero de eso realmente no se trata. Pueden entrar personas de cualquier edad, porque en convenciones incluso he visto a niños de menos de 10 años hasta personas grandes en sillas de ruedas”.

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También hay murciélagos, como Ceryx, en el fandom.

Realmente mi trabajo como artista es más limpio. Me han llegado a pedir otras cosas pero no me gustaría enfocarme a ello.

Es imposible ignorar la presencia del arte para adultos, o yiff, dentro del mundo furro. Es un poco ingenuo desechar la idea de que hay algo candente en la subcultura, aún si tomamos en cuenta los resultados de algunas encuestas. El 37% de los miembros consideran la sexualidad como algo importante dentro de las actividades del fandom.

Pero el resto, como Paco, se siente neutral, o afirma que el sexo no tiene nada que ver.

“Es como en el mundo del anime que existe el hentai. Pero entonces la gente se escandaliza cuando ven que los personajes son animales porque lo asocia inmediatamente con la zoofilia. Y por eso es tanto el escándalo que se tiene. La gente luego luego piensa que somos zoofílicos. Pero si tú te sumerges dentro del fandom, no es lo primero que encuentras realmente. Tampoco en las convenciones vas a ver cosas así”.

Le pregunto si él ha dibujado yiff.

“Realmente mi trabajo como artista es más limpio, me han llegado a pedir pero no me gustaría enfocarme a ello. Yo disfruto hacer dibujos más inocentes, y no he querido que lo sexual invada mi trabajo o mi cómic. Preferiría que lo pudieran disfrutar chicos y grandes, sean o no furries”.

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Art es el mapache, Biro es el zorro. Paco trata de actualizar su cómic cada que tiene la oportunidad.

Es verdad. Paco es más conocido por su webcómic, Art & Biro, que por el resto de su arte furry.

Según me explica, es un cómic sobre amistad. Sobre la nostalgia de ser niño y tener amigos especiales, “porque no todas las personas son importantes, pero hay unas cuantas que sí”. Lo protagonizan un mapache y un zorro, que para Paco, son como dos caras de su misma personalidad. También sale Panda Parinton, por cierto, y toca una batería.

Me pregunto qué tanto del cómic es autobiográfico, así que le pregunto sobre sus amigos.

“Están loquitos. No todos tienen fursuit, de hecho la mayoría no lo tienen. Dentro del disfraz todos cambiamos. Pero fuera del disfraz es muy bonito porque son los mejores amigos que tengo. Tengo un amigo doctor, un contador, un mesero y un abogado, pero lo único que nos une es el furry. Nadie puede entender mejor nuestras locuras”.

Curiosamente, me siento conmovido. El mainstream cataloga a los furries como adultos inmaduros que viven encerrados en mundos de fantasía, y hasta ellos reconocen que su afición es muy excéntrica. Pero hasta donde alcanzo a ver, más bien parece que los furros son gente muy consciente de lo que hace, aunque no sepa cómo explicarlo. Y hacerlo les permite vivir vidas muy funcionales y felices.

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Paco posa con amigos furros mexicanos en el Parque Metropolitano.

Cuando estoy siendo el Panda siento que soy quien quisiera ser, me vuelvo más espontáneo, más extrovertido.

“Sí soy muy feliz siendo furry. Sí defiendo mucho todavía… aunque me sienta nervioso para explicar mis palabras…”

Paco hace una pausa, pero recupera la compostura.

“Sí trato de defender mucho al fandom, no me gusta que lo pongan como algo grotesco. Soy muy tímido en vida real, pero cuando estoy siendo el Panda siento que soy quien quisiera ser, me vuelvo más espontáneo, más extrovertido. No me importa si me ven bailar, porque como que tengo más confianza al saber que están viendo a ese personaje y no a mí”.

Una última pregunta: ¿Con qué personaje ficticio te identificas?

“Con Remy, la ratita de Ratatouille. ¿Por qué? Bueno, yo vengo de un pueblito. Como que ahí nadie tiene sueños para hacer algo más que quedarse ahí mismo. Me identifico con todo lo que él vive, desde que su familia le impide salirse de su vida, de la rutina.. pero a él no le importa, él tiene su meta muy clara, y no le importa que sea una rata…”

O un Panda.

Mientras nos despedimos, aprovecho para pedirle una comisión. Me comenzaba a preguntar cómo se vería Paco el Panda leyendo este artículo tan obsesivamente reflexivo, y al final no tuve que imaginármelo.

 

Después de todo, creo que todos deberíamos tener algo de furry. Nos debería valer madres lo que piensen de nosotros, siempre y cuando seamos felices. Es como dicen en Zootopia: “uno puede ser quien quiera ser”.

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“Una imagen simple, en la que parece que vivo encerrado, pero en realidad me siento libre. Realmente estoy jugando, rodeado de esas pequeñas cosas que disfruto en la vida”.

Todas las fotos y dibujos cortesía de pandapaco, excepto donde se señale

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Erick Yáñez

Comunicólogo y todólogo que todavía se esconde bajo las sábanas, fanático de toda ficción que mind-fuckee. Productor de Psicofonías y editor de Libertimento.

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