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Migajas temporales: giratiempo y una hija inverosímil

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De izquierda a derecha: Hermione (Noma Dumezweni), Harry (Jamie Parker) y Ron (Paul Thornley) en la obra de teatro Harry Potter and The Cursed Child. Fotografía de Manuel Harlan.

"Harry Potter y el Legado Maldito" ha demostrado ser el eslabón, ya oxidado, que no termina por unirse a la cadena. La voz de J.K. Rowling es tan solo un eco que apenas se entrevé en el trabajo colaborativo con John Tiffany y Jack Thorne coautores de la obra.

Harry Potter y el legado maldito es un reencuentro nostálgico. Esa nostalgia producida al reencontrarse con Cedric Diggory, Albus Dumbledore, Severus Snape, todos ellos personajes que ya dábamos por muertos y que aquí resucitan gracias al uso del giratiempo que emplean Albus Potter y Scorpius Malfoy, en un intento por arrebatarle a la muerte la persona de Diggory, llevándonos de vuelta al Torneo de los Tres Magos.

Lo más interesante quizás, es cómo el texto dramático plantea en un momento lo que hubiera ocurrido si Harry hubiera muerto en la Batalla de Hogwarts, usando un giratiempo como el que ya conocíamos en Harry Potter y el prisionero de Azkaban, sólo que la mínima alteración y sus efectos son más extremos. Las consecuencias son parecidas a lo que ocurre en el cuento de Ray Bradbury, “El ruido de un trueno” (1952), donde al aplastar una simple mariposa con unas botas en un viaje al pasado hace que, en el regreso al presente, las cosas hayan cambiado drásticamente. 

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Un giratiempo, supuestamente destruídos durante la Batalla de Hogwarts; sin embargo, en The Cursed Child encontraremos uno en muy mala manos.

Más explícitamente, pareciera que Rowling, Thorne y Tiffany, aplicaran la misma estrategia de la película protagonizada por Ashton Kutcher, El efecto mariposa (2004), donde a través de sus diarios, Evan, puede viajar al pasado –en un intento por cambiar las cosas– pero cada vez que regresa a un nuevo presente, empeora la situación. Así que el recurso empleado por los autores no es novedoso. La lectura de Harry Potter y el legado maldito es una vuelta a Harry Potter y el cáliz de fuego, con sus guiños más abocados a éste que cualquiera de los otros libros. 

¿Cuál es la necesidad, pues, de poner a un Harry incomprensible y autoritario cuando él, más que nadie sabe lo que es la soledad y la falta de un padre que acompañe a su hijo? Y lo que es más grave, ¿cómo es que Rowling permitió siquiera considerar que Voldemort tuviera una hija con Bellatrix Lestrange?

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DELFI, LAS MIGAJAS DE VOLDEMORT

Solo para observar la gravedad de la inconsistencia hagamos tres preguntas simples. Si es cierto que Delfi “was born in Malfoy Manor before the Battle of Hogwarts” (“nació en la mansión Malfoy antes de la Batalla de Hogwarts”), ¿cómo es posible que nadie notara, ni siquiera el Señor Tenebroso, que Bellatrix, estuviera embarazada durante la trama de Harry Potter y el príncipe mestizo o Harry Potter y las reliquias de la muerte? ¿Con quién dejaron a la bebé si todos los mortífagos, incluidos los Malfoy, estuvieron en la Batalla de Hogwarts? Y la crucial, si Voldemort se cuidó tanto de hacer y guardar sus horcruxes para alcanzar la eternidad en lugar de preocuparse por la formación de una descendencia, y si nos atenemos a que es el personaje más egoísta, cruel y asexuado de toda la saga, ¿cómo fundamentar siquiera una relación sexual, sea con quien fuera?

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Esther Smith (Delphini Diggory), el parentesco con Voldemort la hace la única heredera de Salazar Slytherin.

La misma formulación de las preguntas suena absurda, pero demuestra que estamos frente algo distinto en esta última historia. Nos engancha por los personajes, los objetos y los lugares que tan bien conocemos los lectores o los amantes de las películas. Aun así, en un solo enunciado, se cae toda la verosimilitud de la obra cuando entra en contradicción con las novelas. 

La cuestión puesta en juego es cuándo un escritor debe poner un alto para que su escritura no se vicie y cuándo un lector, para que no se deje llevar. También es sano colocar un límite, tomar responsabilidad y asumir una postura ética frente a la propia obra, aunque sea por respeto a sí mismo como creador o como lector.

PARA LEER MÁS

  • Harry Potter and the Cursed Child de J.K. Rowling, John Tiffany y Jack Thorne, 2016.
  • Harry Potter y el cáliz de fuego,de J.K. Rowling, 2001. 
  • “El ruido de un trueno”, de Ray Bradbury, 1995.

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