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Hospitales y escaleras que llevan al infierno

PSICOFONÍAS

Psicofonías es la columna del podcast del mismo nombre. Muéstrales tu amor escuchando ‘Enterrados En Vivo’ todos los martes a las 10 de la noche por Bizarro.Fm

Los hospitales son tenebrosos. Lo digo siendo hijo de un par de anestesiólogos, aunque es por eso mismo que no suelo frecuentarlos; mis doctores de cabecera siempre han sido mis padres y me ahorro la necesidad de soportar con regularidad las filas eternas, el olor estéril y la muerte acechando entre las largas filas de pacientes en espera.

Son santuarios del dolor físico y mental, y de la incertidumbre, el miedo más gacho de todos: por eso es inevitable que innumerables historias de terror los tengan por escenario incidental o permanente. La filmografía es basta: Grave Encounters (2011), Coma (1978), Autopsy (2008), 28 Days Later (2002), Session 9 (2001) y una joya que no encuentras en Netflix: Jacob’s Ladder (1990).

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Es sorprendente la pequeña cantidad de gente que ha visto esta película. Dirigida por Adrian Lyne, cuenta la historia de un veterano de la guerra de Vietnam, Jacob, quien sufre de estrés post-traumático y encara espeluznantes alucinaciones cada dos escenas. La más célebre, y la que encontrarás en esas listas de los momentos más escabrosos del cine de terror, es Jacob siendo trasladado en una camilla a través de un hospital infernal repleto de maniáticos nudistas que se canibalizan y azotan sus frentes contra las paredes, partes humanas sanguinolentas arrumbadas en el piso, y doctores sin rostro.

La cinta fue escrita por Bruce Joel Rubin, quien tomó inspiración de una pesadilla suya en la que se encontraba atrapado en un tren subterráneo. La película es perfectamente análoga a una pesadilla: es surrealista, por momentos inconexa, y nos lleva de una alucinación a otra sin prevenirnos. El protagonista muere, y resucita, y muere de nuevo. Cree que fue drogado durante la guerra. Cree que han matado a su esposa e hijos. Cree ser abducido por militares. Cree que un monstruoso murciélago gigante viola a su novia. Y nosotros no sabemos qué creer.

Rubin, estudioso del budismo tibetano, cita otras fuentes de inspiración: las pinturas de Francis Bacon, la teología mística cristiana, El incidente del Puente del Búho, una historia corta del gran Ambrose Bierce, y desde luego el relato bíblico de la Escalera de Jacob, un lugar onírico en donde el paraíso y la tierra se encuentran, según el Génesis 28:10-19. No lo tomen a mal: la película es perfectamente disfrutable ignorando esas referencias, o mejor dicho, la experiencia es igualmente depresiva y oscura. Es una gran película de horror psicológico, seas o no un erudito como Rubin.

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Tres estudios para un auto retrato, Francis Bacon (1979-80)

Eso sí: su final, aunque abierto, produce una conclusión escalofríante: toda la vida es un sufrimiento, y la esperanza, o la fe, es el tormento más cruel de todos. ¿Qué es más espantoso que estar siempre a la espera de una felicidad que nunca va a llegar? ¿Qué es más horripilante que el anhelo infinito? ¿Qué es peor que la incertidumbre?

Su imaginería inspiró a dos de las franquicias de horror más exitosas de nuestros tiempos: Silent Hill y American Horror Story, que muestran escenas de hospitales abandonados e infernales de forma gratuita, y desdibujan los terrenos de lo real y lo alucinado. En Silent Hill 3 Heather, al igual que Jacob, queda atrapada en una estación del metro. Ryan Murphy, co creador de AHS, cita Jacob’s Ladder como inspiración para muchas de las escenas de la temporada Asylum. Su sombra también se proyecta sobre El Sexto Sentido (1999), el video de Papercut de Linkin Park, un episodio de The Twilight Zone y sobre esos cineastas que graban a pocos cuadros por segundo para después acelerar la imagen.

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Jacob’s Ladder es una película de culto que no se ha vuelto un clásico por no tener un monstruo famoso, y porque pocos le logran agarrar la onda la primera vez que la ven. Pero es una joya noventera que, curiosamente, materializa la locura en imágenes pesadillescas de hospitales; esas escaleras al cielo (o al infierno).

 

Erick Yáñez

Comunicólogo y todólogo que todavía se esconde bajo las sábanas, fanático de toda ficción que mind-fuckee. Productor de Psicofonías y editor de Libertimento.

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