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Juego: el que se aburra pierde

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Monjes jóvenes jugando en Bylakuppe, India, fotografía de Steve McCurry (2001).

Si hay algo de lo que estoy convencida es de que el juego es algo muy serio. Aprendemos, socializamos y muchas veces sobrevivimos gracias a este.

Que alguien me diga si aprendió algo en el kínder que no fuera jugar. Además de los colores y las figuras, claro. Lo más valioso e importante de lo que se aprende en el kínder es a jugar con otros y a socializar. A esperar turnos, a ser tolerantes y a saber que no siempre podemos tener el carrito que elegimos.

El juego es para los niños una forma de ver el mundo y entenderlo. Niño que no juega niño que está enfermo; regla que también se puede aplicar a los adultos. Ya sea jugando a las muñecas, a los policías y ladrones o a la casita, jugamos porque hacemos como que somos, porque en el juego hacemos que somos los más fuertes, los más valerosos o los más malditos y los más rufianes: todo esto es una especie de mentira “verdadera”. Por eso, muchas veces durante el juego, decimos de a mentiritas cuando nos referimos a una muerte o un objeto con cierto poder o lo que puedan imaginar.

Rami Adham es conocido como el traficante de juguetes por llevar pelotas y muñecas desde Finlandia a los niños de la guerra en Siria. En los últimos cuatro años ha distribuido miles de ositos, muñecas, pelotas y marionetas entre los niños sirios. Cuenta este traficante de juguetes que…

La primera vez, fuimos a un campo de refugiados cerca de la frontera. Llevábamos comida, pero cuando comenzamos a sacar los juguetes, se generó un gran revuelo. Los niños salían de todas partes. Me di cuenta que no estaban pensando en comida, pero sí extrañaban muchísimo los juguetes.

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Rami Adham regala juguetes a niños sirios (foto de Ziad Jaber / NBC News).

Aquí una clave del juego: éste consiste en escapar de la vida a una esfera temporal que vive en una constante oposición entre la broma y lo serio. Todos necesitamos del juego para enfrentar la realidad, ya sea con Barbies y pelotas o en su forma más compleja: jugar a que somos otros. Porque la verdad es que los adultos siempre estamos jugando roles, jugando a que podemos ser algo distinto a lo que en verdad somos.

Y no nos malinterpreten, jugar es algo muy serio porque jugar es crear e imaginar bajo ciertas reglas. ¿A poco no se encabronaban cuando su mamá se entrometía en el juego y “pisaba” el tesoro o no entendía el juego? Jugar nos construye y en muchas ocasiones nos hace mejores personas.

Así que si eres un niño que no jugó o un adulto que cree que jugar es cosa de niños, mejor ni le sigas con este número porque no te va a gustar lo que tenemos por aquí. Este número es de a mentiritas y estamos jugando a la revista, jugando a ser grandes.

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