skip to Main Content
Menú

KATNISS EVERDEEN NO ES BLANCA #DEALWITHIT

17gl3hlqnd3aejpg

Katniss Everdeen por Fabiola Garza, vía fabisart.blogspot.com.

En una época en la que la típica protagonista femenina de una saga juvenil es descrita lo menos posible, The Hunger Games presenta a la primera que el lector tiene que imaginar de una forma específica: Katniss, por lo tanto, debe tener la piel color olivo, el cabello negro y lacio, y debe ser pequeña en estatura, de tal forma que al inicio de los Juegos parece casi inofensiva en comparación con los otros tributos.

Pocos realmente se dieron cuenta del escándalo que causaron los encargados del casting de The Hunger Games cuando eligieron a la actriz de color Amandla Stenberg para interpretar a Rue, la niña del Distrito 11 que, seamos honestos, es la causa entera de la revolución. Pero si no se enteraron cuando se dio el casting, sí se enteraron meses después, cuando fueron a ver la película al cine y se encontraron no solo con uno, sino con TRES actores negros en papeles secundarios. TRES. ¿Pueden creerlo? Obviamente son demasiados. 

Así, a las pocas horas de estrenada la película, ya podían entrar a Twitter y encontrar comentarios de posibles espectadores que se negaban rotundamente a ver una película en donde Rue es representada como una niña negra; o en la que resulta increíble que un joven negro al mismo tiempo vengue la muerte de una niña y sea considerado adorable, o en donde se piense posible que la audiencia pueda considerar inocente a una niña cuyo color de piel no es blanco. 

Pues bueno, racistas del mundo, únanse, porque les tengo una mala noticia: Katniss Everdeen tampoco es blanca. 

Yo sé, es un escándalo. Y por más que tengo que admitir que me encanta Jennifer Lawrence en el papel de Katniss, también tengo que admitir que el casting no estuvo bien hecho, y que Katniss, igual que otros personajes importantes, como Gale, no son blancos, pero los blanquearon por fines económicos. 

17gkzlgkeaxxmjpg

Katniss y Peeta, imaginados por Noelle Stevenson para su blog, gingerhaze.tumblr.com


“Okay, pero, ¿y eso qué?” me pueden decir, y la verdad es que tienen toda la razón en preguntarlo. ¿Qué importa si no hicieron a Katniss de color, como dice en los libros? ¿Qué importa si Gale tampoco es moreno? ¿En qué nos afecta si los únicos tres personajes negros que tienen diálogos ya están muertos para cuando termina la segunda película? Pues en nada, realmente. Les doy permiso de seguir disfrutando The Hunger Games sin sentir el peso del racismo estadounidense sobre sus hombros. 

El problema es que no nos afecta a nosotros, pero sí puede afectar a alguien más. 

Considerando que estamos hablando de Hollywood, veamos esto desde un punto de vista económico: sí, le dieron a Jennifer Lawrence el papel que la catapultó a la fama, y sí, ahora tiene un Óscar y es la actriz mejor pagada del momento. Pero cuando hicieron el casting específicamente dijeron que necesitaban a una actriz blanca, y así le quitaron la oportunidad a cientos (¿miles?) de actrices latinas, morenas, negras, e incluso nativoamericanas que no pudieron audicionar para el papel. Cierto, tal vez no lo hubieran conseguido, y cierto, no tendríamos a Jennifer Lawrence y la película no tendría el éxito que obtuvo. Así que sí, pensando con el frío y arrugado corazón de un productor de Hollywood, era necesaria la actriz blanca. 

La pregunta que tengo es qué pasa con los lectores de The Hunger Games que esperaban ver a una Katniss Everdeen como la describen en el libro. ¿Qué pasa si, digamos, una niña de color espera llegar a ver a Katniss Everdeen con piel color olivo, parecida a la niña misma, y se topa con Jennifer Lawrence?

El problema que tiene Hollywood es que no cree en la importancia de la representación: no cree en lo fundamental que es para un niño, para un adolescente, incluso para un adulto, llegar al cine a ver una película en donde se encuentre con un personaje parecido a él. 

peetafinallight

Katniss Everdeen por Fabiola Garza, vía fabisart.blogspot.com.

The Hunger Games tuvo gran importancia comercial desde la aparición del primer libro: por primera vez se presentaba al lector adolescente la historia de una protagonista (mujer, además de todo) que tiene que rescatar a su familia, a su país, y a sí misma. Nos presenta a un personaje que demuestra no necesitar a un hombre para poder salir adelante (con mil disculpas al #TeamGale o al #TeamPeeta); y, sobre todo, nos presenta a una protagonista que pertenece a una minoría y aún así logra desestabilizar a un sistema gubernamental entero. 

Entonces, ¿qué necesidad había de un cambio? ¿Nos afecta tanto realmente que Rue sea negra? ¿O Thresh? ¿O Katniss?

Tomemos primero el caso de Rue y su descripción en la novela: se trata de “una chica de doce años del Distrito 11. Tiene piel y ojos oscuros, pero, aparte de eso, [le] recuerda [a Katniss] a Prim tanto en tamaño como en comportamiento.” El libro, pues, nos dice que la piel de Rue es oscura, por lo que el casting de la película no peca al contratar a Amandla Stenberg. 

¿Cuál es el problema, entonces, al contratar a una niña negra para representar a un personaje negro? La cuestión es, desafortunadamente, que ciertos lectores, que no todos, no encuentran la forma de relacionarse con una niña inocente, prácticamente una mártir, si la niña en cuestión tiene piel negra. Para poder identificarse con la víctima del Distrito 11 este tipo de lectores requiere, curiosamente, a una niña blanca, una niña que represente físicamente nuestra imagen cultural de la inocencia. 

Amandla-Stenberg-as-Rue-in-the-hungergames-curly-hair

Amandla Stenberg interpretó a Rue en Los Juegos del Hambre (2012).

Lo opuesto ocurre con Thresh, cuya descripción nos indica que tenía la piel de color marrón oscuro y el cabello muy negro. Sin embargo, y desafortunadamente, la caracterización de Thresh corresponde con el estereotipo del hombre negro que probablemente esperaban ver en la película de The Hunger Games. Thresh, después de todo, sobrevive casi hasta el final, y a diferencia de Katniss, Peeta y Rue, no parece molestarle particularmente matar a sus contrincantes. Así pues, al notar las reacciones de la audiencia en cuanto a Thresh, lo que parece impresionarlos no es que el actor elegido por los productores fuera negro, sino que al momento de vengar la muerte de Rue y perdonar por un momento la vida de Katniss, muestra lo que los espectadores consideran un momento extraño de gentileza.

EL VERDADERO PROBLEMA VIENE CON KATNISS

Katniss Everdeen no es, por supuesto, la primera mujer fuerte en protagonizar una saga de literatura juvenil, ya que esta podría, más bien, ser Hermione Granger. Sin embargo, sí es la primera, si no es que la única, joven de color en protagonizar una saga juvenil. A Katniss y a Hermione siguen Bella Swan de Twilight (aunque ésta antecede a Katniss por tres años), Tris de Divergent, Cassie de The 5th Wave , Teresa de The Maze Runner, y Clary Fray de la serie Shadowhunter.

En una época en la que la típica protagonista femenina de una saga juvenil es descrita lo menos posible, The Hunger Games presenta a la primera que el lector tiene que imaginar de una forma específica: Katniss, por lo tanto, debe tener la piel color olivo, el cabello negro y lacio, y debe ser pequeña en estatura, de tal forma que al inicio de los Juegos parece casi inofensiva en comparación con los otros tributos. 

Independientemente de si Suzanne Collins dice en los libros que la piel de Katniss es color olivo o no, podemos argumentar que no es necesario que una actriz sea blanca para poder protagonizar una película, o para generar empatía. Lo único que nos enseña el nivel de desaprobación de algunos espectadores ante la idea de que Katniss sea una mujer de color es que incluso en una sociedad distópica el tono de piel de una persona sigue determinando el nivel de confianza, credibilidad o posible identificación que nos genera como espectadores. 

Pero, ¿no es más rica la lectura de The Hunger Games si consideramos a nuestra protagonista como una mujer de color?

17gkzmtw83se5jpg

La muerte de Rue, imaginada por Noelle Stevenson para su blog, gingerhaze.tumblr.com.

Los lectores de la novela The Hunger Games (que no los espectadores, ya que la película no se enfoca mucho en esto) sabrán que un gran tema de la serie es el poder que tiene la audiencia sobre la vida de los tributos: de la audiencia depende si uno vive o muere, si se le envía medicina, comida, armas, etcétera. Mientras más popular es el tributo, más posibilidades tiene de sobrevivir. Por esto resulta interesante pensar en Katniss como perteneciente a una minoría: es mayor el impacto sobre nosotros como lectores que una mujer pequeña, delgada (hasta cierto punto desnutrida), y no-blanca, sea quien logre atraer más la atención del público, quitando el protagonismo al aparente tributo favorito (un hombre blanco, macho alfa, con particular afinidad por la violencia). 

Pensar en ella como una mujer de color abre un sinfín de posibilidades que Katniss como mujer anglosajona no presenta: el odio de Snow a ella incrementa; la desestabilidad económica en el Distrito 12 se vuelve más marcada y fundamentada en un asunto racial; se plantea la posibilidad de un amor interracial entre Peeta y ella, etcétera, etcétera, etcétera. 

El problema, entonces, se regresa al lector, al espectador y a Hollywood. ¿Por qué negar la apertura de estas posibilidades? ¿Por qué insistir en una actriz de piel blanca para representar a una mujer de tez más oscura? ¿Por qué promover la idea de que sólo es posible empatizar con un personaje protagónico si se adapta al estándar occidentalizado de lo que es bello y bueno?

Se trata de un problema de representación. Desde hace años empezó a promoverse la idea, no poco controversial, de que una película o un programa de televisión tiene que incluir entre su elenco a un personaje negro, uno asiático, uno latino, uno gay, uno discapacitado, uno con obesidad, ad infinitum; una idea que fue comparada en su momento con la idea del “affirmative action” de las universidades estadounidenses (dar más lugares y más becas universitarias a jóvenes pertenecientes a minorías). Se trata de una idea anticuada, pasada de moda, que pretende satisfacer a una audiencia incluyendo la cantidad mínima de personajes “diferentes”. Es, sobre todo, una idea que presupone que lo normal es ser blanco, delgado, heterosexual, atractivo, y con capacidades corporales plenas. Y esta es la idea que se tiene que subvertir. 

Estadísticamente, ninguna audiencia se compondrá jamás sólo de espectadores que cumplan con estas características, sino que se componen de una gran variedad de personas “diferentes” que posiblemente buscan ir al cine o abrir un libro para identificarse con al menos un personaje parecido a ellos. Y si esta es una característica de nuestras audiencias, ¿por qué negarla en nuestra producción cultural?

UN EJEMPLO MÁS

tumblr_n1zootUEsw1s4493xo1_1280

Reinterpretación de Harry Potter como un personaje afroamericano, imaginado por Vondell Swain para su blog, vondellswain.tumblr.com

Vondell Swain, un artista norteamericano, plantea una situación similar con su relectura de Harry Potter, en la que Harry es bi-racial y las motivaciones de Voldemort de destruirlo se elevan a un nivel similar al de Hitler con su ideal de la raza aria. La lectura de Swain nos demuestra que el color de la piel del protagonista afecta la lectura que se da al libro: cambian las motivaciones del villano, el personaje minoritario cobra mayor importancia, y, sobre todo, se subvierte la idea generalmente aceptada de que si el tono de piel de un personaje no es descrito detalladamente, en automático el personaje pasa a ser anglosajón. 

Gabriela Villanueva

Gabriela Villanueva es maestra de literatura. En su vida imaginó que iba a terminar dando clases sobre Samuel Pepys.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *