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Kill your Grandmas – El bully en la literatura de Roald Dahl. Parte 1

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George’s Marvellous Medicine. Ilustración de Quentin Blake.

Aquellos quienes amamos la literatura infantil y juvenil por lo general tenemos un lugarcito en nuestro corazón con la forma de Roald Dahl. Efectivamente, ya sea con las películas o con los libros, Dahl es uno de los primeros autores a los que los niños tienen acceso, y a los que siguen buscando incluso cuando son adultos.

Como un pequeño ejercicio antes de dedicarme a escribir este texto pregunté entre mis amigos, alumnos, y familia, cuál es su libro favorito de Roald Dahl: en su gran mayoría me contestaron que era Matilda (1988), la historia de una niña con poderes telequinéticos que prefiere la lectura, a diferencia de lo que prefieren sus padres abusivos. Otros dijeron que era The Witches (1983), en donde un niño es convertido en un ratón por un aquelarre de brujas mientras vacaciona en las costas de Inglaterra con su abuela. Otras respuestas populares fueron Fantastic Mr. Fox (1970), Charlie and the Chocolate Factory (1964), James and the Giant Peach (1961) y George’s Marvellous Medicine (1981); y una cosa que resulta interesante de entre esta pequeña lista de obras favoritas de Roald Dahl, es que la mayoría de sus libros, y cada uno de los ahora mencionados, tratan directamente con el abuso por parte de un bully hacia los protagonistas de la obra.  

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La adaptación de The Witches al cine ocurrió en 1990, el mismo año que falleció Dahl.

En su memoria de 1984, Boy – Tales of Childhood, Dahl habla de su experiencia como alumno de una serie de escuelas religiosas a principios del siglo XX, y de cómo, a pesar de no experimentarlo, fue testigo de cómo más de un profesor de escuela castigó físicamente a sus compañeros de clase, en ceremonias privadas que podían llegar a durar alrededor de media hora. El capítulo, intitulado “The Headmaster”, dice lo siguiente:

Ahora estoy seguro de que se estarán preguntando por qué enfatizo tanto en los castigos corporales en las escuelas en estas páginas. La respuesta es que no puedo evitarlo. Durante todos mis años escolares estuve horrorizado por el hecho de que los maestros y los niños mayores tenían permitido literalmente lastimar a otros niños, en ocasiones en fomas bastante severas.

La presencia del adulto como bully en la vida de Dahl se traslada constantemente a su obra literaria a través de personajes como los padres de Matilda o su directora de escuela, la maestra Trunchbull (“Tronchatoro”); Boggis, Bunce y Bean, los granjeros que persiguen al Señor Zorro; la Gran Bruja y su aquelarre; la abuela de George en George’s Marvelous Medicine; o los padres de los niños, y los niños mismos que acompañan a Charlie en su día en la fábrica de chocolate. 

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Boy – Tales of Childhood (1984) donde Dahl nos cuenta que su propia abuelita fue el modelo para crear al personaje de la abuela en The Witches.

Una razón por la que Dahl es tan popular tanto entre los niños como entre los no-tan-niños es probablemente que en sus escritos de literatura infantil seguía recurriendo a la clásica lucha del bien contra el mal, aunque aplicada a la vida cotidiana de niños o criaturas brillantes. Los problemas a los que se encuentran los personajes de Dahl, casi siempre representados maravillosamente por Quentin Blake como diminutos en comparación con los adultos que son tan grandes que los eclipsan, están cercamente relacionados al bully y al maltrato injusto de los más poderosos hacia los más indefensos. Con la excepción notable de The Witches, los libros de Dahl terminan siempre con la derrota del bully, el crecimiento interior del protagonista, y la paz y la satisfacción de verse librado de una amenaza cotidiana.

El papel del bully es fundamental para la obra de Dahl porque se trata de un enemigo conocido para todo tipo de lector. No necesariamente tiene que tratarse de un niño de la misma edad del protagonista, o de una criatura a su mismo nivel, sino que Dahl plantea que cualquiera, incluso los padres del niño, pueden llegar a ser quienes abusen de él. Esto es particularmente significativo cuando se considera que la mayoría de las obras de la época de Dahl escritas para niños giraban en torno a la idea de la bondad del padre, y de que el regreso a casa al final del día, y al final de una buena aventura, siempre iba ligado al amor familiar. ¿Pero qué pasa con los niños que no encuentran un descanso del bully porque al llegar a casa se encuentran con otro? 

Se trata de una idea subversiva ya que resulta prácticamente inconcebible en la literatura para niños de mediados del siglo veinte que los adultos puedan ser los enemigos del protagonista y no sus aliados, sobre todo porque al privarlo del cuidado de los padres o sus figuras paternas, el niño queda completamente alienado y debe, entonces, valerse por sí mismo en lo que respecta a su aventura. Incluso en las obras de Dahl en donde las figuras paternas no son del todo abusivas, casi siempre son incompetentes, como la abuela del niño en The Witches, o Miss Honey, en Matilda. En ambos casos las dos mujeres actúan como figuras maternales para los protagonistas, pero no son ellas quienes se encargan de resolver los problemas que agobian a sus niños, sino que éstos, fracasando a veces, tienen que salir adelante y librarse de la figura del bully. 

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Matilda llegó al cine en 1996 y es un clásico.

Esto no significa, por supuesto, que para Dahl el bully no pueda ser, sencillamente, un bully. Finalmente, por ejemplo, los niños que visitan la fábrica de chocolate de Willy Winka no son ni carismáticos ni dulces, y definitivamente no son amables con Charlie. Sin embargo sí existe una clara tendencia en la obra de Dahl hacia la incompetencia y la maldad de los adultos y la forma en la que los niños superan esta maldad. Tres ejemplos claros de esto son The Witches, por supuesto, James and the Giant Peach, y la algo desconocida George’s Marvellous Medicine.

En The Witches no sólo se ubica la figura del adulto incompetente que después se convierte en una ayuda para el niño, sino que encontramos a uno de los más grandes bullies de Dahl, la Gran Bruja. Como todos sabemos, la principal característica de las brujas (además de su calvicie y sus dedos cuadrados) es desear la muerte de todos los niños de Inglaterra a través de la fórmula 86, una pócima que mezclada con chocolate o dulces debe convertir a los niños en ratones, para que después sus maestras dispongan de ellos. En este caso, el bully es un enemigo reconocible. No se trata de otro niño, que es lo que por lo general relacionamos con la figura del bully, sino, como la abuela misma lo dice, un grupo de “demonios en forma humana”.

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The witches (Las brujas) fue prohibido en algunas librerías y bibliotecas por su supuesto contenido misógino. La obra estuvo en la lista de la American Library Association (1990-1999) como una de las 100 obras (lugar 22) más retadoras y subversivas para los lectores.

The Witches lleva al bully al extremo, convirtiéndolo en un ser sobrenatural que no sólo busca atormentar a los protagonistas, sino incluso matarlos. Al final, el niño triunfa sobre las brujas, pero con una terrible consecuencia. A diferencia de lo que sucede en la película, después de que la Gran Bruja y su aquelarre equivocadamente consumen una botella entera de Fórmula 86 y se convierten en ratas, el niño descubre que él mismo no puede regresar a su forma humana, por lo que definitivamente morirá más o menos al mismo tiempo que su abuela. El mal ha sido derrotado, pero su recuerdo sigue ahí.

Gabriela Villanueva

Gabriela Villanueva es maestra de literatura. En su vida imaginó que iba a terminar dando clases sobre Samuel Pepys.

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