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“Kino no tabi” o la importancia de viajar acompañado

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Los viajes de Kino, manga publicado en el 2000.

Hace unos meses se anunció que la célebre serie de "Kino no tabi" ("Los viajes de Kino") —basada en las novelas de Keiichi Sigsawa— tendría no sólo adaptación al manga (que se estrenó en marzo), sino un reboot con un nuevo reparto y un nuevo estilo.

La noticia ha causado mucha emoción entre la comunidad otaku y especialmente entre los fanáticos de Kino, pero también ha generado enormes expectativas, pues todo reboot es una promesa que va en dos sentidos posibles: que ofrezca algo diferente o que mejore la experiencia narrativa original. No obstante, es sabido que en muchísimos casos, la cosa termina en vil decepción.

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¿Por qué tanto borlote por esta serie?  Ah, pues para contestar, hay que “comenzar por el comienzo”.

Todo gira en torno a lo que Kino ve a lo largo de sus viajes por diferentes países en compañía de Hermes, su motocicleta parlante. Eso es todo. Bueno, no… es importante señalar que Kino tiene la regla de no quedarse más de tres días en cada lugar y tiene una habilidad extraordinaria con las persuaders (revólveres). Pero fuera de eso, no hay un arco principal, una misión, un cruel villano, un complicado romance ni nada de nada. Sólo son viajes para contemplar. Así a la distancia, no parece gran cosa, ¿cierto?

¡FALSO! Cada viaje es diferente al anterior, cada país es único, cada cultura tiene sus particularidades y cada aventura es enmarcada silenciosamente por el lema de toda la propuesta narrativa: “El mundo no es hermoso, por tanto, lo es.” Esto puede sonar a una extraña aporía, pero créanme, no es así, porque cuando te das cuenta de lo gigantesco que es el mundo, no es posible pensarlo en términos tajantes y excusivos.

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En fin, todo comenzó como una serie de novelas que se han publicado desde 2000 y hasta la fecha, las cuales han dado lugar a 19 volúmenes, una serie de anime, dos películas (“precuela” y “secuela”), una OVA, un spin-off (parodia de 5 volúmenes), una novela visual para PS2, mercancía variada y chorromil aventuras. De toooooodos esos productos, el anime, claro está, es lo que más nos interesa aquí.

Todo mundo sabe que una adaptación es un bisne riesgoso, lo mismo que el reboot, porque siempre existe el riesgo de traicionar, de un modo u otro, la fuente original. Pero cuando se logra, ¡qué chuladas salen, caray!

 Pues bien, en 2003, de abril a julio, se transmitió en Japón la serie Kino no tabi: The beautiful World. Con un total de 13 capítulos, una OVA y sus dos películas, la serie en su totalidad ofrece –y a riesgo de que me tachen de azotada– una experiencia casi religiosa, debido a su ritmo tranquilo y énfasis en la atenta escucha de los relatos y el pensamiento filosófico. Esto puede llamar la atención de algunas personas, ya que el estilo del dibujo, inspirado por las ilustraciones originales de Kohaku Kuroboshi para las novelas, es sencillo, anguloso, más propio de series infantiles o de un carácter más bien inocente.

Kino no tabi: The beautiful World

Verán, la serie y sus derivados recuperan historias de los primeros siete libros. Como no hay una sucesión causal entre viaje y viaje (con una que otra excepción), las historias se pueden acomodar casi que en cualquier orden, de manera que, teóricamente, podrían ver capítulos al azar y eso no afectaría la esencia del relato. No obstante, aquí lo curioso es que, dependiendo del orden en que los veas, cambiará el efecto retórico del conjunto.

Les prometo que no es debraye mío, este dato es importante porque establece las pautas para otras adaptaciones.

Lo que me parece extraordinario es que la serie —con todo y sus particularidades en tanto medio— logra capturar parte del aura de los libros, no porque sea fiel hasta el más mínimo detalle, sino porque en verdad, al ver el programa, hay veces en que da la impresión de que estás leyendo un libro. 

Entonces, para empezar mi caso y en un despliegue de absoluta geekness, quisiera mostrar aquí una tablita de relación entre el capítulo de la serie y en qué volumen se puede encontrar. Como verán, los títulos de las aventuras son idénticos en ambos medios y se componen de dos partes: el título y, entre rayas largas, una suerte de descripción o acotación ilustrativa que sirve de complemento.

Kino no tabi. Lista de episodios

Ahora, ¿ven que a veces aparecen las palabras “Prólogo” y “Epílogo”? Bueno, pues eso también es característico de las novelas. A nuestro escritor le gusta hacer un sándwich de capítulos en todos sus libros: hasta arriba va el pan de los frontispicios y prólogos; en medio van el jamón, el quesito, el jitomate, la lechuga y el aguacate de las historias como tales; y hasta abajo va la otra rebanada de pan de epílogos y notas libres del autor. En realidad, tanto prólogo como epílogo cuentan una sola historia partida en dos que, de alguna manera, enmarca todas las demás. Por si fuera poco, Sigsawa tiene la costumbre de invertir los órdenes; es decir, la segunda parte de la historia la pone en el prólogo y la primera la pone en el epílogo, de ahí la indicación con la letra b y luego la a. ¿Confundidos? XD No se preocupen, eso nos pasa a todos la primera vez.

Vuelvan a ver la lista. ¿Ya se dieron cuenta? La serie entera ha seguido el mismo esquema: empieza con: “Prologue: In the Middle of the Desert‧b ―Beginner’s Luck‧b―”  y termina con “Epilogue: In the Middle of the Desert‧a ―Beginner’s Luck‧a―”. Ayñ… <3 

Por otro lado, un elemento visual que rescata la parte textual son las esporádicas cortinillas donde se citan fragmentos clave de algunos de los relatos, como por ejemplo esta, que aparece al final del segundo capítulo:

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“Porque solo somos humanos”

O esta otra, en un capítulo posterior: 

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Mi nombre es Kino. Estoy de viaje, voy a muchos lugares. ¿Quién eres tú?

En lo que se refiere al contenido, vemos que cada viaje implica un nuevo modo de ser que nos interpela como espectadores y compañeros de viaje; Kino y Hermes conocen, observan y preguntan, pero no hacen mayores expresiones ni suelen hacer juicios de valor –que ya ven que son tan fáciles de emitir–; eso corre por nuestra cuenta e incluso entonces es usual que nos detengamos y preguntamos: “¿Será así?” El hecho de que convivan aspectos tan contradictorios en un solo país, que los dibujos sean tan lindos pero que las aventuras estén marcadas por la violencia y la necesidad de sobrevivir, hacen que nos tomemos muy en serio este tema de la contemplación del mundo. ¡No por nada han comparado Kino no tabi con El Pricipito!

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Ahora viene la parte que causa severos conflictos lingüísticos: durante los primeros tres capítulos, vemos a Kino como una persona joven pero cuyo género resulta un poco ambiguo: Ai Maeda –la actriz que le da voz a Kino– usa un timbre algo grave, el personaje usa el pronombre ‘boku’ (propio de niños y hombres jóvenes) tiene una habilidad increíble con las armas de fuego y tiene toda la facha que típicamente seguimos asociando con lo masculino. Peeeeero llegamos al cuarto capítulo, “Land of Adults ―Natural Right―”,  y nos encontramos con que la protagonista era una niña común y corriente que hereda el nombre y la identidad de Kino, un viajero que dio su vida para salvarla de ser asesinada por sus propios padres. Entonces más tarde vemos que algunas personas le llaman “niño” lo mismo que “señorita” y, si bien a Kino no le importa mucho que la vean como uno u otra, cuando lo repiten mucho, sí suele aclarar: “Por favor, deje de llamarme así. Yo soy Kino”.

Kino apunta

Es sólo hasta la primera película, To do something Life goes on―, que nos enteramos de cómo empezó a transformarse en quien conocemos, en compañía de Hermes, que es malísimo para decir bien refranes y dichos populares, y su maestra, una mercenaria retirada que le ofrece las herramientas necesarias para sobrevivir en el mundo.

¿Por qué causa conflicto? Porque la onda del género gramatical funciona diferente en cada lengua. Es decir, en japonés, Sigsawa maomeno puede jugar con esta parte porque la mayoría de los sustantivos, adjetivos y ciertas fórmulas de discurso carecen de marca de género, pero en inglés y en español no es tan fácil. Por esa razón, cuando TokyoPop tradujo y editó el primer volumen de las novelas para el público angloparlante (2006), modificó el orden de los capítulos de tal manera que el origen de Kino apareciera desde el principio y se decidieron por usar sólo el pronombre femenino.  

Kino arma

Algo parecido sucedió en términos de representación con el reciente manga, pues el cuerpo de Kino se ve más evidentemente femenino y su rostro es más agradable, hace más gestos en lugar de tener el semblante impávido de siempre. Los cambios son pequeñitos, pero significativos.

No me malentiendan, es un lindo trabajo, pero el ritmo y el sentido son otros.

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Para ser justos, el asunto no solo se debe a lo lingüístico o a las nuevas adaptaciones; las mismas ilustraciones de Kuroboshi para los libros, el spin-off de Gakuen Kino y la segunda película de 2007, Land of IllnessFor You—, ya le iban dando una imagen cada vez algo más delicada, incluso sensual. 

No sé los lectores y otros fans, pero la verdad es que yo prefiero al personaje que se mueve en el reino de la ambigüedad: no se asume como chico ni chica, se ve infantil pero tiene una bestial rapidez con su persuader, parece que nada le afecta pero al mismo tiempo, la gente le importa y se conduce con un estricto código ético. ¡Caray, si la serie misma escapa a las clasificaciones de género demográfico! No hay acuerdo sobre si es shounen (para chavos) o seinen (para hombres jóvenes o público maduro) o si quizás debería formar parte de un nuevo tipo de shoujo (para chicas). AnimeNewsNetwork, por ejemplo, se desentiende del problema y solo indica los temas (si acaso, la discusión serviría para repensar los géneros mismos, no la obra). Es decir, si recordamos el lema de la historia: “El mundo no es hermoso, por tanto, lo es” y que éste juega con la multiplicidad de sentidos de todo lo que experimentamos en la vida, resulta que el mismo personaje de Kino es la encarnación de esas palabras. 

¿Ven por qué digo que las expectativas son tan altas? Hago chonguitos para que la promesa no esté vacía.

Áurea Xaydé Flores

Su primer contacto con el anime fue cuando tenía unos 4 años y vio por primera vez Los caballeros del Zodiaco. Desde entonces, adora el anime/manga, la mitología griega y el doblaje. También aprendió a usar los palillos.

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