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La Llorona en Xochi: Un lamento, todas las voces

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La Llorona en Xochimilco es una obra que lleva 23 años presentándose en Cuemanco. Foto cortesía de La Llorona en Xochimilco.

Todos conocemos a alguien que dice haber escuchado, conocido y soñado a La Llorona. Seguramente ella fue la causa de varios miedos y sustos durante tu infancia. Si escuchas el grito lo mejor es correr... ¡AYYY MIISSS HIIIJOOOOOOOOSSSSSSSS!

Puede que sea tu abuelita, la tía o algún otro familiar, y si no, probablemente a ti te tocó el infortunio de oír su lamento. Dejando al margen a todo el catálogo de criaturas paranormales extranjeras, La Llorona es quizá de los espectros más conocidos y originados en México. Es tan importante para nuestra cultura, que por 23 años consecutivos se ha realizado una obra en su honor en uno de los lugares más místicos de la Ciudad de México: los canales de Xochimilco.

La Llorona tiene un gran trasfondo cultural y social. Su origen varía dependiendo a quién le preguntes, pero normalmente se asocia con el periodo de Conquista y el Colonial. Se han situado los relatos en Coyoacán, y hay quienes dicen que fue en el lago de Texcoco donde se originó la leyenda. Aunque desde niños nos han espantado con diferentes versiones, la historia sigue siempre el mismo patrón: una mujer mató a sus hijos y echó sus cadáveres a un río.

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La leyenda de La Llorona circula por diversas ciudades de México e incluso otros países, principalmente del Cono Sur; historias cuyo origen se data sin mucha certeza. Foto cortesía de La Llorona en Xochimilco.

Esta es la parte de la que La Llorona: Un lamento, todas las voces busca alejarse. Deja de enfatizar su crimen y el célebre “Ayyyyyyy mis hijos” para contar la historia de una mujer que dio su vida y la de su hijo para cuidar a una cultura que se encontraba en proceso de ser violada y perder su identidad.

Durante aproximadamente una hora, el público es transportado a una representación de la historia de La Llorona. Esta adaptación se sitúa en 1521, cuando los españoles ya se encuentran en Tenochtitlan y un grupo de saldados, comandados por el Capitán Don Alfonso de Ordaz, interpretado por Gerardo Garfias, invaden Xochimilco. Para evitar la masacre del pueblo, Nahui, la hija del último Apochquiyauhtzin (especie de “gobernante”), interpretada por Nayeli Cortés Castillo, decide casarse con el capitán español, y así asegurar, tal vez, la supervivencia de su pueblo.

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El relato de La Llorona es también una alegoría de la Conquista en México: un pueblo que sacrifica su futuro (hijos) para salvaguardar el presente. Foto cortesía de La Llorona en Xochimilco.

La obra lleva ya 23 años presentándose en Cuemanco, Xochimilco, y cada año es diferente al anterior. Los cambios pueden varios: pequeñas diferencias en el guión, vestimenta o actores con cada puesta en escena, aunque esta ocasión, lo más importante es el mensaje que se le da al público, uno que no se hace tan explícito, pero sí es bien representado: la mujer.

Es difícil ignorar la violencia contra la mujer que vive el país. La Llorona: Un lamento, todas las voces encarna esta pesadilla a través de la actuación de La Llorona, también a cargo de Nayeli Cortés Castillo, quien hace temblar nuestro corazón cada vez que canta y grita. De igual forma, en palabras de la bailarina y guerrera xochi Xitlali Segura: “Queremos representar a las mujeres a quienes se les ha negado a un hijo. Mientras que exista una mujer que no se le permita ser madre, la llorona llorará.”

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El imaginario del Día de Muertos también permea en La Llorona. Foto: Sebastián Quiroz.

Desde sus primeros años de representación, La Llorona en Xochimilco ha sobresalido por alejarse de las formas de representación convencionales. En primera instancia, se optó por situar la obra en una chinampa en medio del lago de Xochimilco, y en lugar de butacas, tenemos trajineras, las cuales se encuentran bastante lejos del escenario. El trayecto mismo hacia la chinampa permite que el público se vaya introduciendo a la atmósfera; para llegar al islote es necesario recorrer canales iluminados con antorchas en los que, según los actores, se puede ver a la verdadera Llorona.

Esta gran diferencia es aprovechada por los actores de formas que un teatro normal no puede. Durante la presentación, varios actores cuentan con una fuerza tan enérgica que hace temblar el suelo del islote. De igual forma, el espacio es utilizado completamente: la atención del público no se restringe a los protagonistas en escena, sino que varios actores secundarios se mueven e interactúan a su alrededor para crear un mundo que se siente verdadero. Además, se incorporan a las trajineras y el lago en varias escenas.

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El videomapping (proyección sobre superficies) fue añadido hace dos años. Foto cortesía de La Llorona en Xochimilco.

La música, por su parte, es la encargada de darle el tono siniestro, de suspenso y de terror a la obra. Compuesta por instrumentos acústicos, un violín, un bajo, una flauta y poderosos tambores, son los perfectos acompañantes para la danza, el suspenso y la melancolía de la tragedia.

La obra culmina con la traición de los españoles al pueblo mexica. Nahui, al ver la destrucción de los invasores, decide sacrificar a su hijo, no por ser parte español, sino para honrar sus tradiciones y no olvidar su origen, caminando hacia el lago de Xochimilco para poner fin a su vida terrenal. Pero su historia no acaba ahí. La hija del último Apochquiyauhtzin resurge con un lamento, con un grito que se ha vuelto tan icónico para la cultura mexicana: La Llorona entra al escenario para gritar “Ay… mis hijos.”

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El elenco de 2016 celebra el corte de listón para inaugurar otro año de La Llorona. Foto: Sebastián Quiroz.

La Llorona: Un lamento, todas las voces es una obra que nos habla de nuestra cultura y lo hace de tal forma que, más que aterrorizar, nos habla de nuestro presente. Su lamento es uno de advertencia, y nos recuerda que, aún de día, La Llorona seguirá recorriendo las calles de México cada vez que una mujer sea privada de sus hijos.

 

Todos están invitados a la temporada número 23 de La Llorona en los Canales de Xochimilco, específicamente, en el Embarcadero de Cuemanco en la Ciudad de México. Da comienzo al público general el 7 de octubre y su última función es el 20 de noviembre. El boleto tiene un costo de 350 pesos y es un evento apto para toda la familia.

 

Sebastián Quiroz Navarro

Gamer de corazón, reseñador y hipster wannabe y amante de la cultura geek. Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UNAM.

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