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La microviolencia de género sí existe, y a diario estamos en peligro

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Ilustración de Alaska S. Kellum

A unos minutos de cerrar este artículo, mi publicación en Facebook tenía ya 114 comentarios de inconformidad respecto a la situación de la microviolencia que vivimos todos los días, sin que nos demos cuenta.

Si usted ha sido ignorada por un mesero y en cambio éste le ha hecho caso a su novio cuando intentaron pagar la cuenta o si ha sido severamente criticado en el transporte público tras no cederle el asiento a una mujer en sus mismas condiciones, felicidades: ha sido usted una víctima más de la microviolencia de género.

Pero no se preocupe si respondió “No” a las situaciones anteriores, hay todo un catálago de microagresiones que esta sociedad históricamente sexista tiene para ofrecerle.

La microviolencia de género es una práctica recurrente en la cotidianidad social, arraigada a la cultura misma y con sus respectivas variaciones culturales, asumiendo que una persona tiene más o menos derechos a partir de su género. El término deriva del concepto Micromachismo, utilizado por primera vez en 1990 por Luis Bonino, un psicólogo argentino que lo definió como un machismo de baja intensidad, suave y cotidiano.

Disclaimer: uno de los grandes problemas en la concepción social del feminismo, es la idea de que prestarle atención a un fenómeno sexista le resta importancia a otro. En este caso, el enfocarnos en la microviolencia de ninguna forma demerita la importancia de la lucha en contra de los feminicidios o el tratamiento de los mismos en los medios. Una vez aclarado esto, continuamos.

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La microviolencia de género no afecta exclusivamente a las mujeres; desafortunadamente el sexismo no tiene límites. En todos los casos, la microviolencia responde a las mismas categorías que la violencia de género per se: maltrato psicológico, intelectual, emocional, físico, sexual y económico.

El fomento de los estereotipos es una característica básica de la microviolencia, ya que ésta reproduce y muta diversos mitos sobre la mujer o el hombre, contribuyendo a la construcción de una imagen falaz de las personas. El sociólogo francés Pierre Bourdieu llamó a esto violencia suave o neomachismo.

Con el objetivo de entender la visibilidad del problema desde mi pequeña trinchera, a pequeña escala y muy millennial style, realicé un sondeo en Facebook. Mi publicación leía:

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En diez horas la publicación tenía 97 comentarios, de los cuales el 98% eran de mujeres y hombres inconformes con las condiciones socioculturales en las que viven su cotidianidad, rodeados de actos de violencia de género normalizada. El otro 2% de los comentarios era gente negando la existencia de la microviolencia hacia las mujeres, lo cual, por cierto, también es una microagresión.

Microviolencia psicológica: Cuando tu género define tu papel en la sociedad

La violencia psicológica implica una agresión en contra de la persona a través del ejercicio o la atribución de poder y su relación con la identidad. Mi sondeo en Facebook fue un excelente escenario para percibir la violencia de género tanto contra hombres como para mujeres.

 

Una vez estaba formado para realizar un trámite. Me formé 4 horas y había una señora atrás de mí. Cuando ya iban a cerrar aún había mucha gente esperando e iban a atender a 5 personas únicamente, yo era el quinto y los de la fila me empezaron a gritar para que dejara pasar a la señora. Obvio no le di el lugar y todo el mundo me vio como un culero. Cuando yo me esperé​ ahí las mismas horas que ella. -Andrés Torann, músico y docente.

 

Muy seguido en los restaurantes lo que pido se lo dan al hombre que me acompaña o buscan si el pedido es de otra mesa. se entiende, pero no porque sea mujer no significa que no pueda comer cortes de carne y platillos grandes en vez de ensaladas y cosas así. Y una vez no me dejaron probarme algo en una tienda de ropa porque “ese modelo es solo para hombres”.- Clementina Obregón, estudiante de Arte.

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Ilustración de Jean Jullien

El otro día hice un comentario en un blog de deportes y recibí puros comentarios como “Cállate y regrésate a la cocina” o “Déjenla, está en sus días”.– Fernanda Piña, estudiante de Letras.

Los ejemplos anteriores exhiben la recurrencia diaria a los estereotipos para cuestionar las acciones de las personas sin ahondar en sus intereses, sus inteligencias o sus capacidades.

Microviolencia intelectual: No puedes, porque eres mujer

El tipo de microviolencia intelectual fue uno de los más recurridos en mi experimento. Existe una percepción generalizada de que las mujeres somos menos capaces a nivel intelectual que los hombres. En mi experimento, este tipo de violencia se expresó mayoritariamente en contra de las mujeres. Sin embargo, hubo casos contrarios tanto a nivel institucional como académico.

Este semestre tuve que hacer un proyecto con una PyME, por lo que un compañero y yo visitamos las instalaciones y entrevistamos al dueño. A pesar de que era evidente que quien estaba liderando el proyecto era yo, y yo hacía las preguntas y las observaciones, el dueño siempre le contestó a mi compañero. -Mariana Cruz, estudiante de ingeniería.

 

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Hace tiempo fui a una entrevista de trabajo y pedían de requisito una prueba de inglés. Cabe mencionar que todos íbamos para el mismo puesto pero pedían menos puntaje para las mujeres en comparación de los hombres. -Daniela García, estudiante de matemáticas

En mi Laboratorio de Termodinámica, mi profesor le puso un 10 a mis compañeras y a un compañero y a mí nos puso 7. Le preguntamos al profesor que por qué sacamos 7 (a la par de que nuestras compañeras decían que habíamos realizado la misma carga de trabajo) y dijo él que porque “por ser mujeres habían hecho un mejor trabajo. -Santiago Mendoza, estudiante de ingeniería

Microviolencia económica: ¿Quién paga la cuenta?

En todos los ejemplos de mi publicación se expone una superioridad económica percibida en la figura masculina y una anulación de la participación femenina en los pagos de bienes o servicios. De la mano de este tipo de agresiones viene una supuesta obligación del hombre por pagar o atender las necesidades económicas de la mujer, desacreditando la capacidad de ella para costear sus necesidades e imponiéndole a él una obligación innecesaria.

Iba a comprar mi auto, el vendedor me ignoró y solo hablaba a mi pareja. Cuando él le dijo: la del coche es ella, su respuesta fue: claro, pero el señor paga. –Diana Correa, internacionalista y docente.

Muchas veces que voy a un restaurante con mi mamá y mi hermana y pedimos la cuenta, no importa quién la pida, el mesero me da la cuenta a mí. Siempre me pregunto, pues soy el más chiquito, ¿a poco se ve como si yo tuviera el dinero? -Arturo Calzada, estudiante de Ingeniería.

 

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Ilustración de Jean Jullien

Cuando platico con mi familia (tías, madre y abuela) que procuro al menos apoyar a mi novio a pagar el estacionamiento dado a que me invita todo y me dicen: “¿Por qué haces eso? No seas tonta”, o cuando decido ir a algún lado y lo primero que dice mi madre es: “¿Y te lleva tu novio?, ¿por qué no te lleva? Dile”, como si no pudiera ir sola (a veces nosotras mismas apoyamos este tipo de cosas sin darnos cuenta.– Paulina Durán, estudiante de Animación Digital

 

La normalización

 

Al respecto de la normalización de este tipo de violencia, Gloria Serrato, periodista y experta en violencia hacia la mujer dice que “vivir en un contexto violento, provoca una dificultad para identificar que hay violencias ‘avaladas’ por el entorno”, haciendo más difícil su identificación y erradicación. Así es: mientras sigamos dando por hecho estas agresiones, van a seguir, van a empeorar y nada va a cambiar.

A ello se deben comentarios como el del 2% que comentaba al inicio de este artículo, que descredita el concepto de microviolencia de género y atribuye el desarrollo del tema a las mujeres escritoras. MUJERES ESCRITORAS. Porque claramente los hombres no pueden escribir sobre el tema -eso fue sarcasmo-.

No concuerdo en el término micro violencia de género, desconozco de autoras que escriban al respecto, pero en lo personal la microviolencia no existe. La violencia es o no es, no puede ser en grados.– Marco Arjona, estudiante de Comunicación

No obstante, para dejar de hacer corajes e informarnos, Amnistía Internacional publicó un esquema que clasifica en grados la violencia de género y ofrece un panorama general para entender las diferencias entre los tipos de agresiones. El esquema incluye a las microagresiones como el tipo más invisible y sutil de todos los tipos de violencia de género.

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A unos minutos de cerrar este artículo, mi publicación en Facebook –que pueden ver aquí– tenía ya 114 comentarios de inconformidad respecto a la situación de la microviolencia en la cotidianidad social. Incluso, cuando se trataba de una pequeña y homogénea muestra de personas, se presentaron ejemplos de todos los tipos de microviolencia de género: institucional, académico, familiar y personal.

Fue claro que aunque en ocasiones existe poca visibilidad del tema, solo se necesita un foro de diálogo para evidenciar la conciencia social sobre la problemática.

La gravedad de fondo en las microagresiones parte de que seguimos normalizando la violencia de género, apropiándola cada vez más en nuestra cultura y sociedad. Esto resulta en situaciones mucho más graves como la criminalización de las víctimas o la impunidad en los crímenes de odio. Como lo muestra el iceberg de Amnistía Internacional, las microagresiones son la base de una estructura de violencia cuya cumbre es la agresión física y el asesinato.

El feminismo no se desvirtúa por las luchas “pequeñas”. Los problemas “grandes” existen porque dejamos pasar los problemas “pequeños” como éste. -Alejandra Muñoz

PARA LEER MÁS

Fernanda Estrada Argumedo

Lunática. Cinéfila. Workaholic, dicen. Adicta a la poesía, las series y la música ochentera, entusiasta navideña. Estudio Comunicación y Medios Digitales.

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