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Las líneas de colores antes del amanecer

BUENO PARA NADA | Oscar Emeterio

ocioeditorial

Ilustración por Skullflower.

El amor a ese ritual de sentarse, tomar el control, cambiar de canal y dejar que pasen las horas, me ha empujado a escribir esta columna que desglosará historias que giran en torno a ese aparato llamado TV, que para muchos es un mueble más, pero que para mí es lo suficientemente mágico y poderoso como para tener a una nación a sus pies.

Muchas veces se ha dicho que México tiene la televisión que merece, una “tele para jodidos” llena de contenidos ridículos y vulgares, mismos que se han ido modificando para defender los intereses del más poderoso, y que además de dejar un nulo aprendizaje, contribuyen, cada vez más, al retroceso intelectual de los mexicanos. 

En la televisión mexicana se maneja un formato evangelizador que hace económicamente más rico al rico e intelectualmente más pobre al pobre, además cuenta con la capacidad de obsequiarle poder a quien no lo tiene y que anhela llegar a tenerlo, aunque sea un poco. Dicho esto, podemos suponer que el contenido es lo que menos importa y pasa a un segundo plano para convertirse en un anzuelo.

Somos un país acostumbrado a recibir mercancía visual, y con eso me refiero a dibujitos, figuritas y contenidos vacíos cuya función es garantizar televidentes mansos dispuestos a hacer lo que nuestra majestad: la tele, diga. ¿Conveniente verdad? Pues de eso se aprovechan las asociaciones de poder. 

Estos grupos, en especial los políticos y religiosos,  han encontrado en la tele el aliado perfecto del cual se aprovechan para establecer en la sociedad un pensamiento común, ¡Qué arma más peligrosa!

Con ayuda de la tele, y un plan quirúrgicamente elaborado, los grupos de poder logran instaurar un control en la población. Montajes, mentiras que con el tiempo se vuelven una verdad absoluta, uso de figuras públicas, bombardeos constantes, información teledirigida, son sólo algunas de las tácticas utilizadas para lograr este dominio.

Escudados en la frase “es lo que la gente quiere ver”, las televisoras ofrecen contenidos que han creado una audiencia dependiente, la cual necesita que le digan qué hacer, qué pensar, qué comprar o por quién votar, ¿quién mejor que la televisión para guiarnos? Somos una sociedad que se conforma con lo que se nos da.

Debemos dejar de pensar que si sale en la tele es cierto, y verla con responsabilidad, no dejar que nos dañe, no caer en la cotidianidad visual y de vez en cuando cambiarle de canal. Sólo ese zapping garantizará un cambio y nos hará decidir por nosotros mismos, evitando que nos convirtamos en soldados del poder, como dijo el querido El Tigre

Sólo nosotros podemos lograr ese cambio de canal, pues aunque parezcan pocas (dos) las opciones, también existe la radio, los libros, las representaciones culturales, etc. que significan una escapatoria y un chance para no caer en las filas de esos grupos que tanto hemos citado a lo largo de la columna.

 Me es inevitable pensar en lo que me ha dejado la tele, y vaya que me gusta verla, pero hay veces me gustaría que no amaneciera, para poder seguir viendo, disfrutando y aprendiendo de esas líneas de colores que salen del televisor sin señal.

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