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Las sagas dominan la pantalla: The Hunger Games y la cultura serial

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The Hunger Games han recaudado más de 500 millones de dólares en todo el mundo a poco más de tres semanas de su estreno.

The Hunger Games apareció en 2008 con el primero de tres libros que daría nombre a la saga, símbolo de una cultura serial que se vendió a toda una generación, los llamados Millennials, sí, esa generación que está inmersa en la tecnología digital y que a través de la pantalla consume todo: libros, películas, series, videos, todo.

La trilogía del libro se convirtió en tetralogía para la pantalla grande debido a su fuerza comercial y a la mercadotecnia que Hollywood lleva a su máxima expresión con las sagas destinadas a un público juvenil -los mayores consumidores de cine en estos tiempos globalizados-, surgidas de las famosas young novel que también están fascinando a los adultos.

La lista de películas provenientes de las novelas para jóvenes es grande y cada día va en aumento: Harry Potter con sus ocho entregas (2001-2011); Twilight y sus cuatro películas (2008-2011); The Maze Runner (2014) y su continuación Maze Runner: The Scorch Trials (septiembre 2015); Percy Jackson y el ladrón del rayo (2010) junto a Percy Jackson y el mar de los monstruos (2013), o la serie Divergente, con Divergente (2014), Insurgente (2015) y su esperada Leal para 2016, entre otras.

Habría que preguntarse acerca de este fenómeno, el de la cultura serial que predomina en nuestros días, que se hace evidente en las pantallas de cine y que hemos comenzado a ver como si fuera algo que proviene de las mismas novelas juveniles.

En efecto, Los Juegos del Hambre: Sinsajo Parte II, está dividida en dos partes en el libro: sin embargo, la estructura que se nos presenta en cine poco tiene que ver con la fragmentación en dos capítulos de la saga original. 

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La locación para la casa del presidente Snow es el museo del Centro de historia de Atlanta.

Precisamente la industria hollywoodense ha hecho de la segunda parte de Los Juegos del Hambre: Sinsajo Parte II una entrega entre otras más, sin mucho cuidado de lo que podría haber sido una muy buena película, ya que se decidió estirar a más no poder para así sacar el mejor provecho del tercer libro de Suzanne Collins. 

La falta de riesgo de parte del director y los productores, el aplazamiento de los clímax que sí se encuentran en la historia original -la del libro- llevan a un producto que recae en la nada. Lo que comenzó como una excelente saga que presentaba el panorama de un mundo distópico -igual que otras novelas del género- en donde los jóvenes eran la única salvación ante la dominación y el imperio de propaganda suscitado por los adultos, ha dejado sin ánimos a algunos fans de The Hunger Games.

Indagando un poco más en este fenómeno cultural proveniente de las sagas y sus finales a medias, nos preguntamos ¿Por qué la industria del entretenimiento, del cine, de la producción audiovisual nos obliga a consumir todo lo que está a nuestro alcance en partes? ¿Por qué esta necesidad de fraccionar las historias a manera de entregas?

El trasfondo de esta cultura serial va más allá de la simple mercadotecnia a la que hemos adjudicado todos los males de las sagas juveniles presentadas en pantalla grande. 

En realidad el asunto proviene de un sistema narrativo que ha surgido en las últimas décadas, gracias justamente al internet, las tecnologías digitales y la mediatización de los contenidos que éstos ofrecen; de las relaciones entre las narrativas dominantes (la novela) como parte de un sistema de prácticas adaptativas.

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Catching Fire por PhotoshoplsMyKung-Fu, vía deviantart.com. 

Estas nuevas prácticas exploran la producción mediante la adaptación, considerada no sólo como la relación entre dos textos (el libro y el guión cinematográfico por poner un ejemplo), sino por medio de una amplia gama de intermediaciones del sistema cultural basado en la circulación de temas y géneros y la confluencia de narrativas literarias (novela principalmente), audiovisuales (cine, televisión), gráficas (cómic, novela gráfica), electrónicas (videojuegos), entre otras.

Así, las sagas juveniles en cine entran en la modalidad de adaptación mejor conocida como serialidad, que por lo general apunta a su continuación en el medio original (el del cine, hablando de las películas y sus finales) incluso contemplando desde un inicio los propósitos de rentabilidad comercial. Esta cultura serial no es algo tan nuevo pues además de las segundas, terceras, o cuartas partes de películas; ya desde las episódicas telenovelas y la soap opera se da el fenómeno e incluso podríamos encontrar su referencia más vieja en el cómic o la historieta.

Sabemos que sería imposible llevar a la pantalla grandes obras literarias de una manera completa, pues el formato no permite que en hora y media o dos se cuenten detalles tan precisos, el aporte que debe hacer el cine es justamente ese, contar a través de las imágenes –gracias al poder que tienen de transmitir sentimientos y emociones– la mejor de la historias.

LAS ADAPTACINES DE SAGAS JUVENILES

Evidentemente dividir el final de las sagas, como lo hicieran Harry Potter, Twilight y ahora The Hunger Games, obedece a una cuestión comercial. Existe una competencia desmesurada por atraer al público para que sean redituables las historias y así recuperar lo que se invierte en estas películas, dejando en ocasiones de lado la creatividad de dichos productos cinematográficos. Prueba de ello son los 76 millones de dólares que ha recaudado la segunda parte del epílogo de The Hunger Games nada más en su primer semana de estreno.

En el caso de las películas de The Hunger Games –no sólo en la última entrega, aunque es en la más evidente– se ha restado importancia a la historia íntima y los problemas de Katniss que cuenta el libro por medio de la narración en primera persona que hace de la historia algo con lo que los lectores se pueden identificar, aun así el éxito en pantalla es inconmensurable.

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El Distrito 12 en realidad se llama Henry River Mill Village, ubicado en Carolina del Norte, un lugar que se encuentra abandonado desde la década de los 60. 

Sin embargo, no todo es gris en las segundas y terceras partes, e incluso en los finales partidos que presentan las sagas, hay que reconocer que The Hunger Games y otras películas más del género, atraen tanto a los jóvenes lectores y a los asiduos al cine debido a que presentan de una manera digerible y atractiva, lo que ahora más que un futuro lejano perece un presente incierto, decadente. Éste mundo se encuentra entre nosotros, en la sociedad actual que vivimos día a día los consumidores de dichas historias, en el aquí y ahoraEl cine lo presenta explotando las bondades de los efectos especiales y la tecnología que nos ofrece el medio. Y no está de más apropiarse y sacar provecho de lo que nos ofrece el séptimo arte, e incluso disfrutar de vez en cuando de los finales de sagas aunque no sea lo que todos esperábamos.

Carmen Rosas Franco

Diseñador gráfico de profesión,
estudiante de Arte por hobby y megalómana por diversión.

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