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Libros mexicanos porque… Independencia

PA' LETRAS

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Mi abuelo el luchador

Si de algo estoy segura es de que hay muchos Méxicos en uno, que no es el mismo el del norte que el del sur; es más, ni siquiera es el mismo el de Xochimilco que el de Santa Fe.
Pero bueno, de lo que no estaba segura era de si debía o no dedicar esta columna a nuestro lindo y querido (y lastimado) México por aquello de la Independencia que celebramos hoy. Decidí que sí, que hay varios autores nacionales que están haciendo cosas muy buenas y aunque unos escritores quieren ser universales, y hacen todo lo que está en sus manos para descontextualizar sus historias –algo así como Anthony Brown haciendo changuitos para que todos los niños se identifiquen con ellos–, hay otros que han logrado encontrar en sus raíces una gran fuente de inspiración.
Es el caso de Antonio Ramos Revillas y la ilustradora Rosana Mesa con su Abuelo el luchador y de Yasbil Mendoza Huerta y Mauricio Gómez Morin con La pequeña niña que siempre tenía hambre.
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Vamos por partes, Mi abuelo el luchador es un libro cooeditado por El naranjo y CONACULTA que cuenta la historia de un luchador profesional, la narrativa hace alusión a las viejas glorias de luchadores como el Santo: un abuelo que en sus años dorados enfrentó a un hombre lobo, luchó contra vampiros y peleó contra un robot, pero la mayor pelea fue contra una mujer: una niña en su salón cuando era pequeño y pues nada, ya saben, amor. Aunque la narrativa es buena y sencilla, no es mi parte favorita del libro; pues pasa de lo descriptivo a lo“educativo”, y el final podría sentirse como esos viejos libros con moraleja, de hecho, el autor utiliza un recurso narrativo que no vemos tan seguido en los libros: le habla de manera directa al lector y trata de entablar un dialogo; sin embargo no siempre se logra. Pero lo mejor de este libro son las ilustraciones, Rosana Mesa se rifó con una mezcla de técnicas que se van desde el carboncillo hasta el collage y colores.
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No nos dejarán mentir que la primera máscara hace alusión al famoso Rey Misterio.

La mezcla de estilos logra transmitir la nostalgia de las épocas de oro de los luchadores y mejor aún, se ve “mexicano”, pero…
1. No sé si ese adjetivo exista para describir la estética de un libro.
2. No me gusta encasillar libros o decir que son de aquí o allá, pero la verdad es que Mi abuelo el luchador es un libro muy “mexicano”, lo que no quiere decir que no sea universal, pues la calidad de las ilustraciones se pueden apreciar aquí y en China; y al final la historia de Antonio Ramos habla de algo que todos reconocemos: el amor y la valentía.
El libro logra su cometido: reflejar una parte de nuestra cultura que
sobre todo los chilangos tenemos muy arraigada, la lucha libre y todo el ritual alrededor de ella, pero al mismo tiempo puede atraer a cualquier lector aunque no haya nacido en la tierra de los tacos.
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La pequeña niña que siempre tenía hambre

La pequeña niña que siempre tenía hambre es otro de esos libros que rescatan la cultura mexicana para llevarla a la literatura infantil. El libro salva el cuento zapoteco Bidao nholh’ en bdunh dolla doyelhe, el cual está íntimamente relacionado con una de las grandes costumbres oaxaqueñas: recibir a las visitas con chocolate caliente en las fiestas.
Uno de los mayores atractivos de este libro es que el texto está en español y en zapoteco, específicamente en el zapoteco de la comunidad de Villa Hidalgo Yalálag, que se encuentra en la sierra norte de Oaxaca.
El cuento es sencillo en su estructura y en su lenguaje, mientras que las ilustraciones son todo lo contrario: recargadas, coloridas y llenas de elementos mexicanos. Y me gusta, me gustan los colores, el uso de textiles y texturas. 
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La pequeña niña que siempre tenía hambre.

El ilustrador Mauricio Gómez Morin hace uso de varias técnicas que convierten al libro en un catálogo de colores, sabores, sensaciones y olores, ¡Sí!, el libro se vuelve mulitsensorial al menos para todos los mexicanos que al ver una tortilla, podemos saborear un bocado con salsita; y a la hora de observar una tela, recordamos la sensación del abrazo de la abuela.

Probablemente el único problema con La pequeña niña que siempre tenía hambre sea que tanto el texto, como la imagen, hacen muchas referencias a la cultura mexicana, a Oaxaca, y eso se convierte en un libro muy local.

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¿Entonces cómo hacemos libros locales pero globales, o como dicen los gringos “To go global, be local”? El balance es difícil, pues aunque los libros que rescatan y exponen la cultura de un país siempre se agradecerán para conocer el mundo; el problema llega cuando se vuelve demasiado local y la lectura puede complicarse.
Probablemente el chiste sea que aún cuando la historia se contextualice en una región nos hable de valores universales; y en este sentido, Mi abuelo el luchador lo logra mejor que La pequeña niña que siempre tenía hambre.
Pero bueno, si ustedes son mexicanos y les gustan las luchas o el chocolatito caliente échenle un ojo a estos dos libros, pues cada uno a su manera logra plasmar el México que cada autor conoce.

Lorena Salcedo

Estudió una maestría en comunicación y terminó amando la literatura infantil, y no cualquiera, sino la que está llena de ilustraciones. Es glotona y siempre quiere pizza.

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