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Monstruos a la medida de tus necesidades

Recomendamos ampliamente darle play a esta caja, y disfrutar de los sonidos de Donde viven los monstruos mientras lees este artículo.

 

Where the Wild Things Are

Donde viven los monstruos, 2009, Spike Jones.

Si bien es cierto que muchas películas destrozan el libro. La adaptación cinematográfica de "Donde viven los monstruos" puede que sea una de las mejores, pues más que una imitación, retoma al álbum ilustrado de Maurice Sendak como inspiración.

El protagonista, Max, un niño de 9 años que enfrascado en una dinámica fantástica, paradójicamente goza y padece su encuentro con los monstruos que ha creado e intenta organizar en una comunidad al promoverse como el líder de la misma sin tener claras las implicaciones que esto le traerá.

Max, en su afán por huir de las frustraciones que la vida diaria le impone y al demandarle los ajustes  adaptativos de orden y renuncias propios de un niño de su edad; intenta acceder a un refugio que haga posible la expresión de todos sus apetitos sin censura alguna, concentra entonces su creatividad y fantasía en la elaboración de una serie de monstruos, cada uno de ellos particularmente caracterizado de acuerdo con las necesidades internas y distintas facetas  de la personalidad en ciernes de Max.

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Max, como todos, sufre y goza su propio crecimiento.

Temores, ansiedades, ira e impulsos destructivos, energías motivacionales y deseos inconfesables, más la gama de emociones resultado de sus vivencias que son la materia prima que da origen a cada monstruo, personajes de gran talla que inicialmente se muestran poco amables  y dispuestos a admitir la presencia  del protagonista; tanto Max como los monstruos, vivirán –de manera ajena– el ajetreo defensivo de territorialidad tanto grupal como individual.

Con el devenir de los sucesos,  en mayor o menor grado, los monstruos irán admitiendo la estancia de Max al hacerle depositario de sus propias necesidades no resueltas. Max será coronado rey cediendo así a las ocurrencias improvisadas de un líder que irá de la libertad a la autocracia en medio de alianzas y antagonismo, el niño establecerá la oferta de la felicidad perpetua y el placer inmediato con poco esfuerzo de su parte.

Tal y como si se tratara de una deidad judeocristiana –tomando barro– Max construye en alianza con Carol una pequeña comunidad buscando representar a cada personaje, lo que hace evidente sus deseos omnipotentes y omnipresentes para lograr un total control sobre  los monstruos, pero al no satisfacer de forma inmediata las demandas de éstos, empiezan a surgir los desencuentros y las exigencias que aún en esta realidad alterna lo hacen huir –metafóricamente– en una fantasía de simbiosis primitiva cuando es engullido por KW para ponerse a salvo.

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¿Quién no quiere vivir en la ciudad ideal de Carol?

El fuerte, el poblado y las pequeñas figuras de barro que representa a los monstruos son destruidas dejando ver el derrocamiento, la tristeza, decepción y miedo al rechazo. Lo anterior favorecerá a la frustración pero también a la reflexión, en este punto se abrirá paso a la renuncia omnisapiente en tanto se eleva la tolerancia y aceptación de los demás –y de sí mismo– a pesar de sus imperfecciones por parte de Max . Emerge entonces la añoranza por su hogar, extraña a su madre y hermana.

Una trama en apariencia simplista para algunos o demasiado compleja y petulante para otros, no cabe duda que la película de Spike Jones permite una infinidad de proyecciones puesto que pone en contacto al auditorio con la dinámica esencial infantil. Activa sus propias vivencias infantiles respecto a la soledad, el rechazo, la crítica y la renuncia a la centralidad, condición que abre la puerta al mundo social, con su normatividad y contradicciones.

Algo similar ocurre con las diversas posturas o modelos teóricos que avalan  la lectura de la dinámica inherente a la cinta. Una de las autoras, posfreudiana estructuralista más prolijas es Melanie Klein (1882-1960), quien  como fundadora de la teoría de las relaciones  objetales, podría   indicar un análisis sobre los avatares intrapsíquicos que Max sortea en su esfuerzo por estructurar su personalidad. 

CONTINÚA ABAJO…

El sello distintivo de la obra de Klein, no son las etapas de desarrollo fijas y universales, la psicóloga propone dos posiciones que se intercambian de manera constante en los primeros años de vida antes de tomar una tendencia hacia alguna de ellas y consolidarse la estructura de la personalidad orientada a la posición esquizoparanoide o hacia la maníacodepresiva; cada una de ellas participa con sus propias características en la personalidad particular de toda persona.

La posición esquizoparanoide esta presente al inicio de la vida; sujeto y objeto son percibidos parcialmente, solo se establecen relaciones parciales de objeto, nexo que promueve la escisión personal y la de los demás que serán  solo buenos en tanto satisfagan  los más ínfimos  deseos en forma puntual y por tanto meritorios del amor del sujeto,  o bien, solo malos mientras que frustren los requerimientos más primitivos haciendo surgir la ira y el odio; por lo que amor y odio se funden y confunden ante la presencia de los objetos imperfectos, y los propios  deseos destructivos del sujeto son proyectados sobre el objeto malo, persecutorio  y amenazante. El sujeto deseará destruir al objeto, dinámica que le provoca ansiedad, temor y desconfianza. 

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¡No te vayas, te comeremos, te queremos!

Cada uno de los monstruos viene a personificar las tendencias de la personalidad de Max, la lucha entre ellos y hacia él, de esta manara bestias y niños establecen relaciones parciales de objeto, marcadas por amor y odio, deseos destructivos, persecución y amenaza; de manera similar vive a su madre y hermana a quienes desaparece al no atender sus demandas afectivas.

Es la admisión de la renuncia a la fantasía omnipotente, triunfo y control sobre el objeto, lo que da paso a la posición depresiva –maníacodepresivo– que con su dinámica más madura llevará a Max a aceptarse a sí mismo  y a los demás tal y como son: con sus partes buenas y malas para lograr dar paso a las relaciones totales de objeto requisito de estructura de personalidad más maduras. Tal y como ocurre al final de la película, cuando Max se ha desgastado en batallas autocráticas de dominio pleno, aquí es cuando el niño se percata de sus vínculos familiares con añoranza y decide regresar.

Tal vez faltará al lector –igual que a mí–,  fantasear con el crecer de Max, qué fue de el y  de la continuidad de sus batallas internas. La imaginación creciente y la fantasía fúndante en cada uno de nosotros se hacen presentes como aliados incondicionales  para enfrentar  los embates de la realidad que en ocasiones se antoja monstruosa.

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