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Neorrealismo en la LIJ Parte 2: la Alemania Nazi de la Segunda Guerra Mundial

muro

El muro de Berlín comenzó a tirarse en 1989. Ahora sólo quedan restos turísticos.

"Ningún niño podrá comprender el fin de la época
del Muro si no sabe cuándo y dónde empezó la injusticia"
Günter Grass. Premio Nobel de Literatura 1999.

Dos de las novelas que muestran una cara totalmente diferente de los alemanes durante la Segunda Guerra son El niño con el pijama de rayas (2006), del escritor irlandés John Boyne, y La ladrona de libros (2009), del australiano Markus Zuzak. Ambas fueron llevadas al cine con un gran éxito taquillero.

El niño con el pijama de rayas muestra la mirada inocente de Bruno, un niño de nueve años e hijo de un comandante nazi. La acción comienza cuando recibe la noticia de mudarse lejos de la ciudad de Berlín a una nueva casa con el nombre de “Auchviz”, justo a un costado de uno de los más grandes campos de exterminio judío, Auschwitz, sólo que él no lo sabe.

Desde su ventana contempla esos hombres, jóvenes y niños que parecen uniformados con un pijama de rayas. Aburrido, se aproxima a la cerca que estaba prohibida explorar, y a través de la reja conoce a Schmuel, de su misma edad. Así, un niño alemán y un niño judío se hacen amigos. En palabras de Bruno: “Somos como hermanos gemelos”.

"El niño con el pijama de rayas"

El argumento se centra en el juego de exploración-, las conversaciones que intercambian Bruno y Shmuel que terminan por mostrar que no son tan diferentes. Se convierten en los mejores amigos, y tras la desaparición del padre de Shmuel, Bruno se adentra en la alambrada para buscar pistas y encontrarlo juntos. Aquí la violencia no es mostrada directamente, pero está más que presente. La sutileza y la extrema inocencia son elementos de la narración de Boyne que paradójicamente desembocan en un terrible final, y que el lector reconoce entre líneas gracias a las alusiones y al contexto histórico que todos conocemos. Y sí, el dolor de una familia alemana también es digno de contarse.

Por último y no menos importante, Ladrona de libros es protagonizada por una niña llamada Liesel. Creo que es una novela sumamente compleja por los saltos en el tiempo, la construcción de imágenes, las palabras en alemán y otros recursos como el uso de citas, ilustraciones, una historia dentro de la historia y notas intercaladas durante la narración. El poder de las palabras se muestra en dos lados del ring. Por un lado, Adolf Hitler y su poder destructivo. Por el otro, Liesel Meminger y su poder creativo, aquello que la salvará. El mayor acierto a mi parecer es la narradora. Quién mejor que la Muerte como testigo para contar una historia.

DF-06354 - Amidst the hardships of World War II Germany, Liesel (Sophie Nélisse) and her friend Rudy (Nico Liersch) find joy.

Liesel Meminger y Rudi Steiner en La ladrona de libros.

La Muerte nos cuenta la historia de Liesel, quien es adoptada por Hans y Rosa Hubermann en el pueblo de Molching, Alemania. Son muchos los datos históricos que se muestran: desde un país en el cual el fervor del nazismo está en auge, la Noche de los Cristales rotos, el comienzo y desarrollo de la guerra, la quema de libros, las marchas forzadas de los judíos a Dachau (campo de concentración cercano a Münich), y el camino hacia la derrota.  

Liesel sufre por la muerte de su hermano, el abandono de su madre y la burla en la escuela por no saber leer y escribir, aunque irá aprendiendo poco a poco con el primer libro que robó: Manual del sepulturero. Encontrará en su padre adoptivo un aliado al enseñarle a Liesel el poder de las palabras; en Rosa un gran corazón, a pesar de mostrarse como una mujer estricta y fría; y en Rudy Steiner, un amigo, cómplice de sus robos. 

"La ladrona de libros"

La vida de los Hubermann se verá trastocada ante la llegada de Max Vundenburg, un joven judío que ha logrado escapar gracias a uno de sus amigos ‒quien por cierto es soldado nazi‒ y pide ayuda a Hans porque sabe que su padre luchó a su lado durante la Primera Guerra Mundial y le salvó la vida. En la boca de lobos, Max pasará gran parte en el sótano de la familia alemana, mientras que ésta hace todo lo posible por mantenerlo con vida, a pesar de ser pobres y pasar hambre. Liesel le tendrá gran afecto y compartirá con él muchas de sus lecturas. 

Quisiera poderme explayarme más. El final es cruel. Pero lo interesante es que la Muerte nunca oculta nada, no le interesa crear expectativa, ni contar el final casi al inicio de la novela. Lo importante es cómo y cuáles fueron los hechos para llegar ahí:

…me veo arrastrada hacia los supervivientes, que siempre llevan la peor parte, Los observo mientras andan tropezando en la nueva situación, la desesperación y la sorpresa. Sus corazones están heridos, sus pulmones dañados. Lo que a su vez me lleva al tema del que estoy hablándote esta noche, o esta tarde, a la hora o el color que sea. Es la historia de uno de esos perpetuos supervivientes, una chica menuda que sabía muy bien qué significa la palabra abandono. (Zusak 12).

Como había dicho anteriormente, las obras a las que me referí aquí me marcaron profundamente. Todos sus protagonistas sufren las consecuencias de la guerra. Ninguna tiene un final feliz, y a pesar de las atrocidades que se cuentan, no pierden su carácter sumamente estético. Mueven las entrañas y derriten los corazones más duros.

THE BOOK THIEF

Estos son algunos títulos que roba Liesel Meminger: Manual del sepulturero, Un perro llamado fausto, El faro, El encogimiento de hombros de los hombros, El silbato, Una canción en la oscuridad, etc. Todos ellos son libros inexistentes.

¿Acaso es un crimen presentar al adolescente o al niño la crueldad de la guerra? La infancia en estas obras no se idealiza, sino que presenta los terrores y las dificultades de los personajes principales. ¿Y cómo respondería un niño que sobrevivió a la guerra, a un bombardeo aéreo o peor, a uno nuclear? El premio Nobel de Literatura, Günter Grass, de nacionalidad alemana preguntaría “¿Cómo se lo contamos a los niños?”

Quizás la respuesta está en narrar historias. No es que se trate hacer un retrato fiel de la realidad, pero la realidad sin duda sigue siendo alimento para el arte. Frente a la guerra y la violencia, contar historias se convierte en una forma vital y necesaria para sobrevivir.

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