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No sé de qué iba esta columna pero… ¡¡Toño Malpica ganó el Premio Internacional de Literatura Infantil y Juvenil!!

PA' LETRAS

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El principito, Antoine de Saint-Exupéry

Hace 72 años se publicó El Principito, la obra más famosa del francés Antoine de Saint-Exupéry, y desde entonces muchas cosas han pasado en la literatura infantil y juvenil. Desde Tomi Ungerer hasta la nueva ola de ilustradores asiáticos, pasando por Maurice Sendak y Dr. Seuss, la literatura para “menores” ha ido creciendo no sólo en cantidad sino también en calidad. A la par de la producción, la academia (es decir los doctores, postdoctores, y demás estudiosos a los cuales a veces les importa más el título nobiliario que el estudio mismo) cada vez se involucra más en el análisis serio de la literatura infantil y juvenil, desde sus formas y contenidos, hasta un enfoque más sociológico de lo que ocurre con ella (puedes echar un ojo a los estudios de la vasca Gemma Lluch aquí o de María Nikolajeva por acá).

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Far out isn’t enough, es un documental que relata la vida de Tomi Ungerer, ganador del Premio Hans Christian Andersen.

En América Latina, como en muchas otras cosas más, nos cocemos aparte. Si bien la literatura infantil y juvenil ha crecido inmensamente en los últimos años y actualmente hay un boom editorial, sabemos que países europeos y asiáticos nos llevan varios años por delante. Pero sin importar eso, países como Argentina y México han visto nacer varias editoriales dedicadas a libros infantiles y juveniles. Y no estoy hablando de los monstruos que son Penguin Random House con sus 850 mil sellos y mil ocho mil libros de John Green, ni Santillana, ni Ediciones SM. Es más, ni siquiera me refiero al Fondo de Cultura que alberga uno de los catálogos más grandes de literatura infantil. Me refiero a editoriales independientes que ponen un cuidado enorme a sus ediciones, sus contenidos y sus ilustraciones. Basta ver a los más recientes ganadores de la Feria Internacional del Libro de Bolonia (algo así como la Feria más fregona de literatura infantil y juvenil): El zorro rojo, una editorial “pequeña” con base en Barcelona que ganó el premio a la Mejor Editorial Europea, o Pequeño Editor, editorial independiente argentina, la cual ganó como Mejor Editorial Latinoamericana. ¿Conclusión? Cada vez se está poniendo mayor atención a la calidad más que a la cantidad y a la producción en serie.

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Abecedario, editado por Pequeño Editor, fue uno de los libros ganadores en Bolonia

¿Y México? México es otra historia que coincide con varios hitos: la llegada de la FILIJ (Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil) hace 35 años; la convocatoria que desde hace 20 años se realiza desde Fundación SM: el Premio El Barco de Vapor y Gran Angular; y una generación de escritores que decidieron enfocar sus plumas a las letras infantiles y juveniles. Tal vez la historia empezó hace 20 años con Mónica Brozon y sus compañeros de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México). Ella fue la primera ganadora de El Barco de Vapor en México, y claro que en ese entonces descubrir que la literatura infantil y juvenil podía ser una forma de vida maravilló a todos. Juan Carlos Quezadas, Ana Romero, María Baranda, Claudia Celiz, Luis Bernardo Pérez, Jaime Alfonso Sandoval y Monique Zepeda, entre muchos otros, se lanzaron a escribir libros para los más jóvenes. Claro que había literatura infantil antes de ellos; Francisco Hinojosa y Juan Villoro ya habían empezado a abrir camino, pero a diferencia de esta nueva generación, ellos escribían para niños entre otros muchos públicos.

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Este año por primera vez FILIJ tiene un país invitado: Francia.

Dentro de esta generación se encontraban los hermanos Malpica: Javier y Toño. El primero estudió física, pero más tarde se echó el Diplomado en Creación Literaria en la SOGEM y el segundo estudio Ingeniería en computación –y como diría mi mamá– “párale de contar”; es decir, nunca estudió algo relacionado con la literatura. Y perdón que subraye esto, pero me parece de suma importancia que el nuevo ganador del Premio Internacional de Literatura Infantil y Juvenil SM no haya estudiado literatura. Eso, para mí, habla de su genialidad y de la ingenuidad de sus historias. Y a riesgo de sonar un poco cursi, también habla de su habilidad para escribir con el corazón, y nada más. Sí… sonó cursi. Quise decir… de cómo escribe por instinto. Existen muchos autores que son de escuela (y no quiero decir que sean malos): Licenciatura en letras, maestrías, diplomados… y se refleja en sus estructuras narrativas y la formación de sus personajes. Pero hay otros, quizá más raros, que nunca han estudiado. Otros que simplemente un día decidieron empezar a escribir y aprendieron practicando enfrente de la computadora y, claro, leyendo a otros grandes. Pero el mismo Toño acepta que descubrió los libros muy tarde, no fue un niño lector. Es decir, un ingeniero en computación cuya única escuela de letras fue jugar al teatro con su hermano, resultó un genio de las letras.

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Fotografía tomada de vanguardia.com.mx.

Que Toño Malpica gane uno de los premios más importantes de literatura infantil y juvenil en Iberoamérica es como cuando gana el bueno en las películas. Es una sensación de que todo puede pasar: que al final el talento es más importante que el conecte; que la constancia y el trabajo pesan más que los títulos de Maestro o Doctor; que el talento está vivo y es genuino; que no se necesita de papelitos para probar que se es un chingón y que se puede llegar al éxito de diferentes maneras. Ya sé, me leo muy cursi el día de hoy. Pero de verdad que esto me devuelve un poco la fe en este mundo de adultos en el que todavía no sé bien cómo jugar.

Por cierto, esta columna pretendía hablar de Por el color del trigo, una historia en la que Toño Malpica le rinde un gran homenaje al hombre detrás de El principito, pero al parecer mi columna terminó rindiendo homenaje al propio Malpica. En fin, lean Por el color del trigo, o cualquier libro que diga Toño (o Antonio, pues) Malpica en la portada. No se arrepentirán. Sí, aunque tengan 30 o 15 años.

 

Por el color del trigo

Por el color del trigo, Toño Malpica, FCE (2014).

Lorena Salcedo

Estudió una maestría en comunicación y terminó amando la literatura infantil, y no cualquiera, sino la que está llena de ilustraciones. Es glotona y siempre quiere pizza.

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