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No te vayas, te comeremos, en verdad te queremos. Parte 1

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Maurice Sendak, autor Donde viven los monstruos. Fotografía de James Keyser, TIME LIFE PICTURES.

¿Alguna vez has deseado comerte a alguien? Para mí este deseo, una extraña forma de expresión del amor, es uno de los principales ejes del libro álbum "Donde viven los monstruos" (1963) del escritor estadounidense Maurice Sendak.

“Te comeré a besos” es una frase que todos hemos escuchado, ya sea de una tía, una abuela, nuestra mamá o hasta la novia o el novio, y si somos lo suficientemente cursis, quizás, uno que otro, se la habrá dicho a su vez a otra persona. ¿Pero en realidad hemos amado a alguien tanto como para comérnoslo? No estoy hablando con ninguna connotación erótica ni sexual, sino literalmente.

Aclamado por el público infantil, Donde viven los monstruos se ha convertido en un clásico de la literatura infantil y juvenil. Su poderosa ilustración dialoga con su texto lúdico y breve, pero cargado de sentido y riqueza narrativa. Palabra e imagen forman una armonía que crea una atmósfera mágica y onírica. 

Max, un niño travieso y rebelde, disfrazado con lo que parece ser un pijama de lobo, es castigado por su madre y mandado a su habitación sin cenar después de realizar una de sus muchas “salvajadas”. Él, enojado, le reprocha “¡Te voy a comer!”. ¿Cuántas madres o padres no dicen alguna vez esto, mientras jugando, alzan las manos, doblan sus dedos para formar “garras”, persiguen al hijo o la hija, quien huye, grita y corre despavorido en un intento inútil para no dejarse atrapar? En el contexto de Max, no es ninguna expresión de cariño. Al contrario, su enojo hacia su madre es tal que responde con una amenaza.

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Ilustración de Maurice Sendak, Donde viven los monstruos (1963).

Al estar encerrado, el espacio se transforma en un bosque que lo conduce hacia el lugar donde viven los monstruos después de navegar “casi un año”. Ahí Max será coronado rey por atemorizar a los monstruos: usa su truco de mantener fija la mirada en los horribles ojos amarillos de todos ellos, sin parpadear una sola vez.

Después del juego, el alboroto, los desplantes, la liberación, el niño manda a los monstruos a la cama sin cenar. Se siente solo y desea estar en un lugar donde hubiera alguien que lo quisiera en verdad, que lo quisiera más que nadie. 

Where the Wild Things Are

A ver quién aguanta más sin parpadear, ¿ustedes o Max? 

El olor delicioso de la comida, proveniente de quién sabe qué mundo lejano, hace que Max renuncie a ser rey. Emprende su viaje de vuelta a casa, no sin antes escuchar el ruego de los monstruos “Por favor no te vayas –te comeremos– en verdad te queremos!”. Hago énfasis en “–te comeremos –en verdad te queremos!”. Lo que me lleva a la siguiente reflexión: lo común en los monstruos es comerse a los niños, ¿pero amarlos?, ¿en verdad esto es posible?

Es aquí a donde quiero llegar. Los monstruos lo aman tanto que le suplican que no se vaya, “Te comeremos” le gritan a Max (y no específicamente a besos), este ruego es un expresión profunda de cariño, nostalgia; es una despedida tan triste, que lo mejor sería comerse –literalmente– a esa persona tan amada antes de dejarla ir.

Max regresa a su habitación encontrando la cena aún caliente. De esta manera, el campo semántico de la comida (repeticiones del verbo comer en diferentes tiempos y de la palabra “cena”), a pesar de ser algo cotidiano y sencillo, se convierte en parte fundamental en su relación con lo salvaje, la soledad y el amor.

Maurice Sendak – Where The Wild Things Are_Page_33

¿Será que mamá ya lo perdonó?

Hasta ahora he comentado sólo el libro álbum. Creo que la expresión “Te comeremos” –“We’ll eat you up”– fue punto clave para la creación de la música de la adaptación cinematográfica del 2009, dirigida por Spike Jonze. La película vino a resignificar la obra literaria con sus espectaculares escenarios, el manejo de los efectos especiales para la creación verosímil de los monstruos, y algo que en lo personal me encantó, el soundtrack que acompaña a Max en su viaje hacia lo salvaje, lo oculto y lo secreto. 

LA MÚSICA EN DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS

Karen O, la vocalista del grupo indie Yeah Yeah Yeahs, y el compositor Carter Burwell, estuvieron a cargo de la música para la película. Cabe mencionar que la cantante colaboró con un coro de niños, escogidos por el director para hacer la armonía de voces. Tengo la convicción de que ambos artistas lograron compaginar el tono visual con la compleja mezcla de melodías que alcanza a transmitir emociones profundas. Por su trabajo, los dos fueron nominados para los Golden Globes de 2010 en la categoría de mejor banda sonora. 

"Where The Wild Things Are", Tráiler

Quizás el mayor acierto de los compositores es hacer de la música el gran compañero de viaje emocional de Max. De esta manera la cinta cinematográfica  se convierte en un viaje hondo, abismal, de un niño que debe enfrentarse a ese torbellino de emociones y luego plantearse qué hacer con ellas. 

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