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No te vayas, te comeremos, en verdad te queremos. Parte 2

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Póster de la película Where the wild things are (2009) –Donde viven los monstruos– dirigida por Spike Jonze.

Spike Jonze no buscaba una película "para niños", el director quería rodar una película sobre la infancia. Maurice Sendak estuvo muy involucrado en el rodaje, le dio el visto bueno a los trajes, al tratamiento y al director.

A diferencia del libro álbum, lo novedoso de la película es que muestra sentimientos y emociones de otros personajes: los monstruos y la madre de Max, éstas son acompañadas, en su mayoría, por una banda sonora melancólica y nostálgica. 

Pienso por ejemplo en Worried Shoes que acompaña una escena inicial en la que Max está debajo de la mesa contándole a su mamá un cuento sobre vampiros. La madre está preocupada por su situación económica además de haber tenido un día difícil. Los primeros versos de la canción dicen: “I took my lucky break and I broke it in two/Put on my worried shoes, my worried shoes” (Karen O and the kids). 

Tomé mi golpe de suerte y lo rompí en dos/Me puse mis zapatos preocupados, mis zapatos de preocupación (Karen O and the Kids).

El plano se centra en la perspectiva de Max que mira desde abajo a su mamá, mientras apenas roza sus pies y termina de narrar una historia triste, en la que el vampiro ya no puede ser vampiro porque ha perdido sus dientes, y por lo tanto, se queda solo. Entonces, la letra de la canción dialoga tanto con la preocupación de la madre, como la soledad que siente Max al no tener la atención que necesita. 

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Max, un niño que clasificarían como “grosero”, cuando lo único que quiere es que lo vean, quiere sentirse querido.

En el caso de los monstruos, podemos observar la escena alegre de la construcción del fuerte; mientras realizan esta acción junto con Max, de fondo podemos escuchar Building all is love, que a pesar de lo corta que es, hallamos un sentido profundo:

Big fun no sleep

Faces face me

Come on save me

Hold on close

All is love, is love, is love (Karen O and the kids).

(La diversión nunca duerme/Rostros que me enfrentan/Ven sálvame/Mantente cerca/Todo es amor, es amor es amor)

De esta manera, la construcción de un fuerte que mantenga unida a la “manada” de monstruos, se potencializa con la necesidad expresada de la canción: “Come on save me/Hold on close/All is love…”.

En la película, Max viene a significar el punto de unión entre los monstruos y la utopía de tener siempre un lugar seguro, donde uno puede hacer lo que quiera. Esto al final es imposible. Lo único que perdura es el amor que puede hacer frente a las adversidades.  

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¿Observarías a tus monstruos directo a los ojos? 

Si tuviera que elegir entre todo el soundtrack, escogería Lost fur , compuesta por Carter Burwell. En tan solo un minuto y usando solamente los instrumentos del piano y la guitarra, me quedo sin palabras para intentar describir la tristeza y la belleza que revelan. Dicha pieza aparece en dos momentos clave. 

La primera, cuando Max, después de haber llenado la habitación de su hermana y destrozado un objeto de valor sentimental, está acostado en la cama, triste y pensativo. Quizás se arrepiente de haber perdido el control.

La segunda, y para mí el momento más significativo de la película, es cuando Max sale de la boca de KW, quien se lo había comido¸ literalmente, para protegerlo de un Carol fuera de control que también desea devorarlo al darse cuenta de que el niño no es ningún rey. Mientras la música de fondo se reprocuce, Max expresa: “Desearía que ustedes tuvieran una mamá. Me iré a casa”, y así decide emprender el viaje de regreso. 

Podemos decir que la película, en sí, casi no tiene nada que ver con el libro álbum de Maurice Sendak, aunque un lector atento puede identificar aquellas partes que sí hacen cierta referencia a la obra literaria. Por ejemplo, al igual que el libro álbum, la cinta termina con la despedida de Max. KW lo mira fijamente a los ojos y repite la frase que está en la obra de Sendak:

No te vayas. Te quiero tanto que te comeré.

Así, la película rescata el acto de comerse a alguien, así como el detalle de la cena –comida– como manifestación del amor. Las palabras, sacadas de contextos comunes, no son solo una amenaza de los monstruos cuya “naturalidad” es devorar; En Donde viven los monstruos, tanto película como libro álbum, dichas palabras son expresiones de afecto, besos y caricias.

Las voces, la instrumentalización, y la letra de algunas de las canciones integradas en la película entran en diálogo con el texto y la ilustración de la obra de Sendak, pintando con sonidos la atmósfera de soledad, de rebeldía, pero sobre todo cariñosa, que resignifican la obra original. Aunque en ocasiones sea salvaje.

PARA LEER MÁS

  • Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak.

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