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No tengas el valor; definitivamente no seas tú mismo

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Lili Elbe por Gerda Gottlieb (1885-1940), pintora característica del art decó danés.

Hay muchísimos problemas con The Danish Girl, y esa es la reseña más caritativa que van a obtener de mí.

El problema con The Danish Girl empezó, realmente, mucho antes de que se contemplara hacer la película, cuando un escritor de nombre David Ebershoff tomó por primera vez la historia de Lili Elbe y Gerda Wegener (2000) y la convirtió, pues, en lo que la convirtió. En sí, esto no tiene nada de malo. Una y otra vez los autores toman situaciones históricas y las adaptan para convertirlas en ficción, muchas veces con resultados excelentes (La guerra y la paz (1956), Los miserables (2012), Grandes esperanzas (1998), ustedes deciden). La diferencia aquí puede encontrarse en que estas historias tomaban la Historia-con-H-mayúscula y luego insertaban a sus personajes ficticios, respetando en la medida de lo posible a la Historia tal y como ocurrió. Luego, sin embargo, en nuestro querido siglo XXI, los autores empiezan a experimentar y a darle un guión a sus personajes reales convertidos en ficticios, y así es como terminamos con los quinientos libros diferentes, todos acerca de los Tudor, que Philippa Gregory vomita cada año. 

The Danish Girl, de Ebershoff, pertenece a esta última categoría de la novela histórica, por lo que The Danish Girl, la más reciente película de Tom Hooper, pertenece a la categoría similar en cine, es decir el biopic “inspirado en hechos reales”. ¿Pero qúe hizo Ebershoff como para que la historia de Lili Elbe y Gerda Wegener se convirtiera en lo que aparece en la película?

En resumen, se inventó a sus propias Lili Elbe y Gerda Wegener, muy acorde a sus conveniencias como autor pseudo-transgresor interesado en la historia de una de las primeras mujeres trans, que no la primera, en la historia. 

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Aquí el señorito David Ebershoff quien de acuerdo a la revista out.com, una revista dedicada a la comunidad gay and lesbian, fue una de las personas/artistas/celebridades más influyentes durante el 2013.

Lo siguiente es, pues, que al momento de decidir hacer una película acerca de Lili Elbe y Gerda Wegener, promocionada todo el tiempo como si fuera la historia verdadera de Lili Elbe y Gerda Wegener (“Based on the extraordinary true story,” dice el tagline), primero, contrataron a un director funesto (aunque eso es opinión mía), y segundo, contrataron a un actor, Eddie Redmayne, que, sorpresa, no es trans. 

¿Qué problema tiene esto?, me dirán. ¿Qué no es lo mismo si hace de trans aunque no lo sea? ¿Qué no ese es el trabajo de los actores? ¿“Pretender”? Y sí, tienen toda la razón. El trabajo del actor consiste en ponerse literalmente en los zapatos del otro; jugar un rato a ser quien no se es. Por lo que, técnicamente, no debería haber problema en que contraten a un actor cis para pretender por unas dos horas y media que es una mujer trans.

Sin embargo, esto nos lleva, de nuevo, al asunto de la representación. La verdad es que cuando nos conviene nos ponemos bien especiales con cómo representan a nuestros personajes favoritos en la gran pantalla. ¿Se acuerdan del escándalo que se armó antes de la primera película de The Hunger Games porque contrataron a Jennifer Lawrence (entonces una completa desconocida), y no a Kaya Scodelario (la súper elección de los fans durante los meses anteriores al anuncio del casting)? O, si no lo recuerdan, basta con que se fijen en el alborote que se arma cada vez que anuncian a un nuevo superhéroe de la DC o de Marvel. “O sea, ¿cómo? ¿Mark Ruffalo como Hulk?” “¿Jared Leto como el Joker?”

Si nos ponemos así de especiales con nuestros personajes ficticios favoritos, con más razón debería interesarnos la representación cuando se trata de personajes históricos. Al final del día, no creo que nadie se viera muy satisfecho con una película sobre Martin Luther King Jr. en donde quien lo interprete sea Ben Affleck, ¿o me equivoco? 

Gerda Paintings
Gerda Paintings
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Algunas pinturas de Gerda Gottlieb.

Pero bueno, ya tenemos a Eddie Redmayne, quien nos ha hecho el favor de bendecirnos con otra actuación llena de sonrisas gigantescas y caras de baboso apenado por segundo año consecutivo. Y tenemos a Alicia Vikander, que si bien no es santo de mi devoción, hace bastante bien de la pseudo-Gerda Wegener que representan en la película. 

Pero he ahí el asunto: esa no es Gerda Wegener, y esa no es Lili Elbe. Y esa, en consecuencia, no es su historia. 

La verdadera Lili Elbe, como bien dice la película, empezó su vida como Einar Wegener, un pintor danés post-romántico con un interés muy bucólico en representar el lugar en donde nació, Vejle. A los veintidós años conoce a Gerda Gottlieb, de dieciocho, se casan, y luego pasan cerca de ocho años viviendo juntos como una pareja feliz, cada uno pintando sus cosas. A Elbe le gustaba el paisajismo; a Gerda los retratos. No es sino hasta casi dieciséis años después de su matrimonio, cuando Elbe tiene casi cuarenta, que se decide a hacerse la primera de muchas operaciones que la convirtieron de forma definitiva en mujer, mientras que Gerda, después de apoyar durante mucho tiempo que Elbe viviera como mujer aunque siguiera teniendo la constitución anatómica de un hombre, firma la disolución de su matrimonio y sigue viviendo su propia, aunque realmente desafortunada, vida. 

THE DANISH GIRL, LA PELÍCULA

Por otro lado, tenemos la película, en donde seis años después de contraer matrimonio, y aparentemente partiendo de un juego de dominación sexual en donde Elbe toma el rol de la mujer al ponerse un camisón, y Gerda el del hombre, “nace” espontáneamente la nueva identidad de Elbe. Lo que la película pretende marcarnos como desarrollo son años y años de convivencia en lo que (aunque no se quiera representar así) termina por ser una relación abusiva, en donde Elbe quiere desesperadamente vivir como una mujer al tiempo que Gerda insiste con chantajes emocionales que no quiere a Lili, sino a Einar. Al final, y lamento darles spoilers, Lili muere alrededor de los treinta años, después de su segunda operación, con Gerda encima de ella hasta el final, esta vez llorando porque por fin entiende que ahora Lili es libre, habiendo encontrado por fin su identidad como mujer. 

Para lo que le sirve, ¿no?, si luego luego se nos muere. 

Por cómo se nos plantea la película, es perfectamente posible decir, además, que Lili Elbe no es la protagonista, sino que Gerda es la protagonista. A pesar de que el enfoque debería ser, obviamente, la transición de Einar hacia Lili y su vida como mujer (en su vida real Elbe vivió como mujer más o menos desde los años 20 hasta su muerte en 1931), la película pretende que nos enfoquemos, por sobre todas las cosas, en el sufrimiento de Gerda al notar que está perdiendo a su esposo, y al no saber cómo reaccionar ante tal situación. Si bien el personaje al principio no se opone a que su esposo se disfrace de mujer, sino que lo promueve, de manera cada vez más constante exige la desaparición de Lili y el regreso de Einar, sin tomar en cuenta, como bien se lo dice Elbe en algún momento de la película, que Einar ya no existe. 

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Eddie Redmayne en Fantastic Beasts and Where to Find Them (2016). Ganó en la categoría de Mejor Actor en los premios Óscar 2015 por la película The Theory of Everything.

Pero, efectivamente, incluso en ese momento, con quien tenemos que simpatizar es con Gerda. A quien tenemos que apreciar, y por quien tenemos que sufrir, es por Gerda, y por cómo su vida empieza a desmoronarse al perder la identidad masculina de su esposo. Ni el guión ni la dirección consideran en ningún momento que en quien la audiencia deba fijarse es en Lili, y en lo complicada que podría llegar a ser la situación (por demás ficticia), de tratar de vivir con una identidad cuando tus seres cercanos te jalan hacia otra. 

Es en este intento desesperado de acercarnos a Gerda la película logra dos cosas: la primera, que nos distanciemos de Lili – que la veamos, y por lo tanto a la representación completa de los trans en la película, como algo lejano a nosotros, ajeno, raro; y segundo, que Gerda se presente como un personaje sumamente egoísta, quien necesita nuestra afirmación aun cuando es Lili quien sufre los mayores problemas y cambios durante la película, pero cuyos sufrimientos son tratados, casi, como berrinches. 

Así que consideremos lo siguiente: nos estamos enfrentando a la que es probablemente la película más comercial, más popular, acerca de los asuntos trans. Nunca antes, ni en televisión abierta, ni en literatura, ni en ninguna otra película nos hemos encontrado con una obra que nos presente los asuntos trans como una normalidad. Por supuesto, hoy tenemos series como Orange is the New Black, que como ninguna otra producción cultural ha logrado exponer el problema de la diversidad y resolverlo; o tenemos la serie de distribución limitada Transparent, que carece, al igual que The Danish Girl, de un actor protagónico que de hecho sea trans. Entonces, como audiencia relativamente ignorante sobre el tema vamos al cine y salimos con la opinión de que, esencialmente, el proceso por el que pasa Lili Elbe para descubrir su verdadera identidad, es egoísta, lejano, traumático para todos los involucrados excepto para la misma Lili Elbe.

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Eddie Redmayne como Lili en The Danish Girl. Como ya notaron no es un actor trans.

¿Qué nos queda, entonces, de la película? Principalmente, creo, un vacío. Una audiencia cualquiera que busque solo ver una de las películas nominadas a los premios de la Academia de este año se va a encontrar justo con eso: solo una de las películas nominadas a los premios de la Academia de este año, con todo lo que esto implica: impecable vestuario, un diseño de producción bellísimo, muy inspirado (y con mucha razón) en el Art Deco, actuaciones buenas (que no excelentes), y una dirección y un guión que dejan mucho que desear. Pero eso es todo. No se va a encontrar con la historia verdadera de Lili Elbe y Gerda Wegener; no se va a encontrar con una historia que te inspira a “tener el valor de ser tú mismo”. En todo caso, como pilón, se va a encontrar con mucha, mucha confusión acerca de lo que es una persona trans: ¿Es un hombre que se cree mujer? ¿Es una mujer? ¿Es un hombre? ¿Se trata de un caso de travestismo llevado a un extremo? ¿Es homosexualidad? ¿Heterosexualidad?  La película nos deja, en todo caso, más preguntas que respuestas; más confusión que entendimiento; más intolerancia que aceptación.

Gabriela Villanueva

Gabriela Villanueva es maestra de literatura. En su vida imaginó que iba a terminar dando clases sobre Samuel Pepys.

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