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Oliver Twist, el hombre más grande de nuestro tiempo

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Oliver Twist de Charles Dickens, la primera novela inglesa con un niño como protagonista.

Un día como hoy, 7 de febrero de 2017, Charles Dickens cumpliría 105 años, y como no podemos hacerle un pastelito, aquí les dejamos algo mejor.

En el Capítulo IX, cuando Oliver Twist comienza a familiarizarse sin saberlo con el oficio de los niños ladrones, el judío Fagin lo invita al supuesto juego que es en realidad un entrenamiento eficaz para carteristas y le pide que intente sacar de su bolsa un pañuelo sin que él se dé cuenta; cuando lo logra, Fagin lo elogia, le da una monedita y lo alienta diciendo: “si continúas de este modo, serás el hombre más grande de nuestro tiempo”.

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Oliver Twist (1838), una de las primeras novelas sociales de la historia: niños trabajando, hambruna, delitos, etc.

Oliver Twist se convirtió en verdad en el hombre más grande de nuestro tiempo, pero no por especializarse como un gran ladrón; tampoco, como se lee en el Capítulo  XIV, por acertar a decir que preferiría leer libros en vez de escribirlos, y que en vez de ser autor preferiría ser librero. Oliver, me atrevo a decir, es el hombre más grande de nuestro tiempo por ser no un hombre, sino un niño: es el primer héroe y protagonista de los infantes, el pequeño gran rebelde que con su incontenible llanto y aparente sumisión da voz a aquellos sometidos por una sociedad insensible y todavía ajena al concepto que tan bien ha logrado abrirse paso en nuestra cultura moderna: la infancia. Charles Dickens fue de los primeros que sensibilizó a su sociedad con el sufrimiento infligido por el sistema a los más indefensos, a los más débiles. Lo que ahora leemos como una historia romántica y, para muchos, exagerada en desdichas, era para la época que la vio surgir un realismo audaz y escueto, provisto a la vez del agudo bisturí de la ironía como de la llana descripción que revela la farsa de la humanidad.

Children play with Early Childhood Development (ECD) kits inside a UNICEF tent at St Benedict school, in a IDP camp located in a former golf course. Since March 2010, over 1.495 kits have been distributed by UNICEF throughout  the country to support Haitian Ministry of Education and NGO partners in maintaining childhood development programs.

Se estima que la infancia inicia a los 2 años de edad y que finaliza a los 10.

 Un amigo sugirió que llamara a este texto Twist and Shout, título que sería bastante preciso, excepto porque Oliver más que gritar, llora. Ningún héroe de la literatura había llorado tanto, casi sin interrupción durante los primeros siete capítulos de su novela; los gritos llegan, finalmente, cuando Noah Claypole insulta la memoria de su difunta madre y Oliver descubre que puede rebelarse contra sus opresores y olvidarse de la tristeza gracias a la ira. Ninguna escena puede ser tan efectiva para mostrar la realidad del hambre que aquella en que uno de los niños, otro pequeño rebelde, advierte a los otros que tiene miedo de querer comerse al niño que duerme a lado de él y que sucumbirá a este instinto caníbal a menos que alguien pida más del espantoso engrudo que les sirven a diario en porciones mínimas; es éste el suceso que orilla a Oliver a ser el atrevido que extiende su plato por segunda vez. Pocos autores han sido tan agudos al señalar los puntos ciegos de la razón como Dickens, quien con su riguroso oficio de escritor nos recuerda siempre que la sensibilidad y la compasión van más allá del pensamiento y son capaces de destruir su lógica para dar la primacía al amor.  

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Oliver Twist hoy y siempre

 Es inevitable preguntarnos por qué sigue fascinándonos la historia del niño huérfano, explotado, despojado de su origen, que busca su lugar en el mundo. Cientos de historias se han inspirado en ésta y parecen íntimamente similares, desde la caricatura japonesa de Remi, que dejó afectada a toda una generación, hasta el best seller de Harry Potter, al final casi tan prolífico en muertes como cualquier otra historia de niños abandonados. Vienen y van, en nuestra cultura, las historias de infantes que buscan su camino a la madurez, librando los peligros de una sociedad que sigue explotándolos casi tan abiertamente como antes, ahora sólo con el novedoso peso de la culpa.

"Remi" -Intro–

La novela en entregas de Dickens pareciera haber estado destinada desde el principio a ser representada en escena y, en un futuro impredecible, a ser motivo de incontables versiones de cine y televisión. Los personajes son irresistiblemente tentadores para ser actuados, lo cual puede comprobarse por la gran competencia que hay para representar al mejor Fagin, al mejor Dodger, a la mejor Nancy, y, por supuesto, al mejor Oliver Twist. Incluso el perro del asesino Sikes, Bull´s Eye, quien debe dejar a su amo para sobrevivir y se vuelve el gran delator de la novela, es un gran personaje que distintos perros han representado en la pantalla. 

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La historia está situada en la Inglaterra Victoriana (1837 -1901), tiempos de migración, zonas industrializadas, etc. 

En la versión de 1922, de Frank Lloyd, Oliver Twist es protagonizado por la primera gran estrella infantil del cine, Jackie Coogan, quien un año antes había ganado fama mundial por actuar junto a Chaplin en El Chico y muchos años después sería conocido como el Tío Lucas, en La Familia Adams.  Fagin fue interpretado por Lon Chaney, la estrella del cine de terror de la época, el futuro Fantasma de la Ópera. La película fue un éxito en su tiempo, si hay algo que puede reprochársele es el ínfimo papel del perro, quien aquí queda más bien de tonto que cae junto a su dueño, sin pena ni gloria.

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Charles Chaplin y Frank Lloyd.

En 1948, David Lean le da un giro más oscuro a la novela. La apertura de la película es única, con la madre de Oliver caminando completamente sola en una colina oscura, mientras la tormenta se avecina y la obliga a buscar asilo. El Dodger de Lean es uno de los más convincentes y, me atrevo a pensar, más cercano a la imaginería de Dickens, quien lo describe como un niño bastante feo y con una expresión que parecía de alguien mucho mayor. El asesino Sikes es también de los más aterradores y como en pocas versiones es capaz de cimbrar al público, no queda relegado a un segundo plano por el papel de Fagin, que casi siempre le roba cámara. 

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La adaptación musical de 1968, Oliver!, está entre las más populares y, como suelen hacer los musicales, redunda en las emociones de la obra original como una excusa para dar lugar a la música. Los niños cantando Food, Glorious Food, imaginando los manjares frente a ellos mientras les sirven engrudo hacen homenaje a la ironía dickensiana. No hay un Fagin más avaro y codicioso que Ron Moody cantando Reviewing the Situation, regodeándose en su fortuna secreta, ni uno más hipnotizante que cuando como flautista de Hamelin toca su paraguas igual que una flauta mientras los niños lo siguen hacia la calle, después de saludar a la bandera de Inglaterra, y van listos a robar más para su insaciable maestro.

"Food, Glorious Food" (1968)

Sin duda la peor versión que puede encontrarse todavía en la red es la de 1933, con el peor casting de la historia: un Oliver Twist que más que desamparado, parece haber olvidado el guion, y un Dodger que le triplica la edad, igual que los otros chicos de Fagin, lo cual hace parecer que Oliver ha caído, más que en una pandilla de niños ladrones, en un club de vagos pederastas el cual sería, para el caso, imposible de dirigir por un anciano como Fagin: los actores incluso tienen que doblar las rodillas cuando este Judío finge golpearlos, para aparentar menor estatura. Hasta el perro de Sikes parece tan limpio y bien portado que fracasa con su breve incursión en el cine.

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Oliver Twist (1933).

 La más reciente versión, de 2005, dirigida por Polanski, es todo lo que podía esperarse: impecable en el guion y en el casting, sobresaliente en la recreación del ambiente londinense de 1833. El cartel, acertadamente, muestra ya no la demasiado usada escena del comedor, sino al Oliver que corre perseguido por la turba enardecida que grita “¡al ladrón! ¡al ladrón!”. Polanski demuestra una vez más que el libro de Dickens puede ser adaptado cuantas veces sea, actuado, cantado o animado, y seguirá provocando a su público. Las lágrimas de Oliver siguen conmoviéndonos, pero nos conmueven también los personajes más sórdidos y sus pasiones: el resentimiento de Dodger, la avaricia de Fagin, el arrepentimiento de Nancy y hasta el conflicto de Bull´s Eye entre la lealtad y la supervivencia.

Todas las versiones nos dicen algo, también, sobre la sensibilidad de la época en que fueron creadas. Pero nada como volver al original y recordar, como Oliver, que es un gran placer ser lector antes que ser escritor; que no somos todavía lo suficientemente “filosóficos” para entender el sentimiento casi imposible del amor en una sociedad corrompida y codiciosa; y que el hombre más grande de nuestro tiempo puede ser precisamente el más pequeño, por su gran sensibilidad, por su bondad incorruptible y por estar dispuesto a dar voz a los oprimidos y pedir algo más.

Elisa Corona Aguilar

Elisa Corona Aguilar (Ciudad de México, 1981), es escritora, traductora y guitarrista. Obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos en 2008 y el Premio Internacional de Ensayo Sor Juana Inés de la Cruz 2013. Ha publicado los libros Amigo o enemigo: el debate literario en Foe de J. M. Coetzee (Tierra Adentro, México, 2008), Fábulas del edificio de enfrente (Textofilia, México, 2011), Niños, niggers, muggles: sobre literatura infantil y censura (Deleátur, México, 2012) y El desfile circular: ensayo sobre el carrusel, la rueda de la fortuna y la montaña rusa (Editorial del Estado de México, México, 2013).
Fotografía de Joyce Soto

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