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Patroclo y Aquiles descubren los secretos del universo mitológico

aquiles

Aquí–les traemos, Aquí-les ofrecemos, Aquí-les mostramos el Aquiles del siglo XXI.

En algún momento de la historia de la humanidad, un ser humano decidió que Aquiles, el héroe griego, era demasiado macho alfa como para ser gay, y he aquí que la civilización está como está.

Bueno, quizás eso sea una exageración. 

Aunque quizás no. 

Basta leer La Ilíada de Homero para percatarse de que la relación entre Aquiles y Patroclo no es precisamente la relación que todos, espero, tenemos con nuestros primos. Al inicio de La Ilíada se hace una petición a la musa:

“Canta, oh musa, la cólera del pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves […]”

¿Cuál es esta cólera? Bueno, hay una amplia selección. Aquiles no es precisamente un hombre tranquilo. Primero –y esta es la versión que Wolfgang Petersen eligió en 2004 para su película, Troya– está el rapto de Briseida, una joven a la que Aquiles tenía cautiva y que es raptada por Agamenón después de que Aquiles negocie el regreso de su cautiva, Criseida, a su padre, el sacerdote Crises. La segunda opción es el desprecio constante por Agamenón, que de acuerdo con algunas versiones de la historia de Troya, empieza mucho antes de la guerra y que en el libro es, ciertamente, una constante. Y finalmente está la muerte de Patroclo, supuesto primo de Aquiles, quien muere a manos de Héctor, lo que lleva a que Aquiles pelee, en esta sucesión, con un río, el dios del mismo río, Escamandro; varios troyanos que mueren en ese mismo río, Apolo mismo, y finalmente Héctor, domador de caballos. No es precisamente la reacción que uno tiene ante la muerte de su primo.

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¿Entonces qué pasa? ¿En qué momento, a pesar de la evidencia clara de un amor no fraternal entre Aquiles y Patroclo se decidió que de ninguna manera hay rastros de homosexualidad en La Ilíada? Lo que aparentemente pasó es que con la llegada del Cristianismo dejó de ser precisamente aceptable que uno de los más grandes héroes de la mitología griega armara tanto alboroto por su amante del mismo sexo. Así, Aquiles y Patroclo se convierten en primos, Briseida tiene un papel más importante como amante oficial del héroe, y todos los hombres valientes que pelearon en Troya pueden ser considerados bien machos. ¡Nada de gays aquí, no señor!

Pero basta de historia.

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AQUÍ-LES TRAIGO LA VERDAD

Muchos años en el futuro, cuando ya sOlo los alumnos de preparatoria y secundaria leen La Ilíada por obligación, Madeline Miller, profesora de latín, griego, y Shakespeare a nivel preparatoria publica su primer libro, La canción de Aquiles, una “nueva” perspectiva de la guerra de Troya, en donde lejos de pretender que Aquiles y Patroclo son primos, ambos son representados todo el tiempo como lo que eran: amantes. Su novela es narrada desde el punto de vista de Patroclo, desde que es muy pequeño y ve a Aquiles por primera vez, y llega hasta días después de la muerte de ambos, cuando son enterrados juntos.

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La novela tiene como punto de partida la historia ya bien conocida de la guerra de Troya, aunque empieza desde mucho antes de los eventos del rapto de Helena y se enfoca más en la relación de los dos protagonistas, y sobre todo en la adoración que Patroclo siente por Aquiles, que en la guerra misma. Patroclo, lejos de ser aquello a lo que la historia post-Cristianismo lo ha reducido, que es ser el pariente enclenque de Aquiles, está presente, muchas veces por casualidad, en los momentos decisivos de la vida de los reyes, convive con dioses y criaturas fantásticas, y, por supuesto, ama con locura al más grande héroe griego. Quedan olvidados los días en que Patroclo toma la armadura de Aquiles para “desafiar” a su “primo”. Cada acción de los personajes queda embebida de pasión sin rastro de vergüenza, y se caracteriza por el deseo mutuo de estar juntos el mayor tiempo posible, a pesar de la inevitabilidad de la muerte profetizada de Aquiles.

"La canción de Aquiles" por AbriendoLibros

De la novela de Miller se ha escrito poco, pero por lo general las críticas giran en torno a cómo su narración es un punto de vista “nuevo” a la historia clásica de Patroclo y Aquiles. En realidad lo que Miller hace es incorporar la historia de la Ilíada a otros mitos acerca de Aquiles, Menelao, Helena, Agamenón, etcétera, y al mismo tiempo “inventa” la historia de Patroclo. Desde cierto punto de vista, la novela realmente podría llamarse La canción de Patroclo y no La canción de Aquiles. Así lo que Miller hace es, digamos, construir una versión más completa de los eventos en Troya, que inicia antes del momento en que Homero inicia su canto, con la discusión entre Aquiles y Agamenón por el rapto de Briseida.

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Aquiles y Patroclo en la Plaza de la Señoría, Florencia.

Lo realmente notable de la novela es, pues, que además de hacer un compendio de todas las historias de Troya para de cierta forma reformular el mito, Miller hace el mayor énfasis en la relación entre Aquiles y Patroclo, de forma que una historia que tradicionalmente es, aceptémoslo, bastante violenta aunque maravillosa, adquiere una nueva tonalidad un poco más sensible, ya que como lectores observamos el amor de dos hombres que realmente cuidan el uno del otro y ven el uno por el otro en un momento de brutalidad en la historia de la humanidad, o por lo menos en la mitología. 

La novela se caracteriza entre otras cosas por su lenguaje poético. Al tratarse de las memorias de Patroclo relatadas desde el inframundo, y siendo Patroclo el más sensible de los protagonistas –lo que no es difícil cuando el otro es una máquina para matar–, las memorias tienden a ser muy dulces, y la forma en la que Patroclo habla de su amante es tierna y comprensiva. Retrata a Aquiles como lo que es para la antigüedad clásica, un héroe valiente y brutal, pero también como lo es para él, un amante en ocasiones delicado cuyo principal interés, más allá de la gloria, es asegurar que Patroclo siga con vida.

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¿QUÉ ME HA HECHO HÉCTOR A MÍ?

Lo trágico de la situación es, obviamente, que los lectores sabemos en qué termina. A lo largo de la segunda parte de la novela, cuando se entera de la profecía que dice que morirá tras la muerte de Héctor, a Aquiles le divierte la pregunta, “¿Qué me ha hecho alguna vez Héctor a mí?” Y la respuesta, en el momento, es “nada”, pero todos sabemos la verdad.

PRINCESA

Sin embargo hay una diferencia considerable entre La canción de Aquiles y las otras aproximaciones culturales a la homosexualidad en la que una mitad, o ambas, de la pareja, mueren. Lo que decepciona de aquellas otras novelas o películas en las que el personaje tiene un conflicto que solo logra resolver antes de morir es precisamente que no se le da al personaje un momento para celebrar o disfrutar su recorrido, sino que prácticamente se castiga su autoconocimiento con la muerte. Por otra parte, lo que hace La canción de Aquiles es celebrar desde un principio la homosexualidad de sus personajes aún cuando se sabe que ambos inevitablemente van a morir en un suceso que es mucho más grande que ellos.

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Otro caso de muerte por ser gay: The imitación game (2014).

La historia, por lo tanto, no se demora en rodeos, sino que desde un principio, a través de la narración de Patroclo, sabemos de su amor por Aquiles y de cómo va a trascender la muerte de ambos eventualmente. La novela inicia de hecho con un concurso en la ciudad de Patroclo, organizado por su padre. En este concurso Patroclo ve por primera vez a Aquiles, que siendo mayor es ya uno de los concursantes en una carrera para niños, e inmediatamente siente algo de atracción combinada con envidia hacia él. Aquiles, después de todo, es el prototipo del héroe, y por lo tanto es absolutamente perfecto, mientras que Patroclo es únicamente un ser humano normal e incluso, sobre todo para su padre, en ocasiones decepcionante. Patroclo es un mortal. 

En cierta forma es un modelo parecido al de Romeo y Julieta, en donde dos “star-crossed lovers” hacen todo lo posible para estar juntos pero el destino sigue separándolos. Más allá de su inevitable muerte, la tragedia de La canción de Aquiles está en que mientras que un personaje está destinado a la grandeza, el otro está destinado a permanecer a un lado y verlo triunfar, lo que ocasiona sus propios problemas: constantemente, alguien está tratando de separar a los amantes, ya sea la madre de Aquiles, Tetis, Menelao, e incluso Ulíses. Por otro lado está que realmente nadie reconoce como del todo “normal” que Aquiles esté en una relación con Patroclo y por lo tanto no le interese tomar mujeres como cautivas. Además está que antes de partir a Troya Tetis arregla el matrimonio de Aquiles con una princesa llamada Deidamía, con quien tiene un hijo, y quien entendiblemente no está muy feliz con que su esposo prefiera pasar tiempo con su amante del mismo sexo. Así que de cierta forma hay varios personajes que quieren apartar a Aquiles de su homosexualidad, pero no precisamente porque su homosexualidad sea inaceptable, sino porque esa relación en particular con Patroclo lo aleja de la grandeza.

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A pesar de todos los obstáculos, y a pesar del amor que existe entre ellos, como lectores sabemos que Patroclo va a morir. No solo eso, Patroclo tiene que morir si es que Aquiles va a poder convertirse verdaderamente en un héroe, lo cual consigue de forma terrible con la muerte de Héctor en las afueras de Troya. Cada profecía se cumple, y todos los personajes mueren. Sin embargo, la diferencia entre la muerte de unos y otros en la novela de Miller y en la Ilíada es que Miller, a través de nuestra exposición constante a los personajes, hace que la dependencia emocional entre Aquiles y Patroclo, y por lo tanto después la muerte del segundo, se vuelva más desgarradora, más terrible de lo que parece ser incluso en el canto de Homero.

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CONSIDER THE GREEKS

La novela de Miller, al igual que el mito original, no se esconde de la homosexualidad, sino que la celebra y la exalta. 

El asunto de la homosexualidad en la antigua Grecia se ha ido diluyendo hasta el punto en que la mayoría lo resume en que los griegos pensaban que el conocimiento se transmitía a través del semen, lo cual es al mismo tiempo cierto y no. Sin embargo, cuando usamos este argumento para referirnos al hecho de que los griegos tenían sexo homosexual lo que estamos haciendo es justificar una conducta para, de cierta forma, volverla más o menos políticamente correcta. Si asumimos que los griegos pensaban esto simplemente por ignorancia, entonces estamos diciendo “pobres griegos, no sabían nada más”, y así mucha gente justifica cosas que realmente no aprueban.

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De lo que casi no se habla es que el asunto de la sexualidad en Grecia era al mismo tiempo más sencilla y más complicada: sencilla para ellos, complicada para nosotros, gente del futuro. Para los griegos antiguos realmente no existía una división de la sexualidad como la comprendemos ahora, en donde uno es homosexual o heterosexual, bisexual, queer, pansexual, etcétera. Lo que ocurría más bien es que dentro de sus relaciones – concebidas todas como normales – una mitad de la pareja tomaba el rol activo (erastês), y el otro el rol pasivo (erômenos). Entonces de cierta forma los griegos sí transmitían conocimiento acerca de las relaciones homosexuales, pero no porque el semen contenga cualidades mágicas capaces de educar al erômenos, sino porque el erastês tomaba el rol del protector de su pareja, entonces un joven o un niño, y lo educaba siendo su modelo a seguir. A cambio podían disfrutar de la belleza y juventud de su pareja hasta que se convirtiera en un hombre.

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No solo la homosexualidad era una práctica común, en ocasiones incluso era fomentada, como es el ejemplo, también ya bastante trillado, del Batallón Sagrado de Tebas, compuesto en su totalidad por 150 parejas tebanas del mismo sexo. De acuerdo con algunos historiadores antiguos, el propósito de formar una batallón únicamente con hombres involucrados románticamente era que su deseo de protegerse el uno al otro –nuevamente las parejas estaban conformadas por un erômenos y un erastês–, los hacía pelear mejor, lo que fue cierto hasta su aniquilación en la batalla de Queronea. 

Volviendo al caso específico de Aquiles y Patroclo, su amor, posiciones como activo y pasivo, y su influencia en otras parejas han sido motivo de discusión desde la época de Platón, quien asegura en el Simposio que Aquiles, y no Patroclo era el erômenos de la relación, debido a su belleza, a pesar de ser, de acuerdo con la Ilíada el mejor guerrero de los dos. Más tarde, se especula, Alejandro Magno basaría su imagen y su relación con su guardaespaldas, Hefestión, en la relación entre Aquiles y Patroclo, al punto de que en algún momento Diógenes aseguró que a Alejandro lo “gobernaban” los muslos de su amante.

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Y así volvemos al cristianismo y a la decisión de que Aquiles no puede ser homosexual, y por lo tanto de que Patroclo es su primo. Si bien se trata de una decisión un tanto homofóbica, aunque por supuesto en línea con el pensamiento cristiano, no parece ser una decisión dañina. Y sin embargo lo es. 

Negar la homosexualidad de Aquiles, igual que negar la de otros personajes históricamente homosexuales –léase: Ricardo Corazón de León, Da Vinci, Shakespeare, dicen…– es borrar una parte importante de la historia mundial, y sobre todo también significa borrar la representación de la homosexualidad en la cultura. No es, por supuesto, que la sexualidad de Aquiles determine por completo los eventos mundiales relacionados a la aceptación de la homosexualidad, como en un efecto mariposa mitológico que trasciende a la realidad. Sin embargo, para muchos resulta complicado aceptar que un héroe como Aquiles puede ser al mismo tiempo un guerrero, una persona terrible y un asesino brutal, y un amante. Lo que la película de Wolfgang Petersen hace es, de hecho, combinar todas las características brutales del personaje en su figura como amante, al punto de que llega a ahorcar a su supuesta enamorada durante un arranque de furia.

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Miller, por el contrario, trata de reconciliar todas las características en un ser que no es nada congruente, de forma que la masculinidad de Aquiles no se pierde a pesar de confrontarse a su sensibilidad, sino que incluso llega a convertirse en aquello que hace que su historia sea tan trágica. A final de cuentas en la historia de Aquiles y Patroclo sí se resumen las historias de amor clásicas de la humanidad: es hermosa y terrible, y La canción de Aquiles la hace excepcional. 

Gabriela Villanueva

Gabriela Villanueva es maestra de literatura. En su vida imaginó que iba a terminar dando clases sobre Samuel Pepys.

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