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Persisten signos de la sabiduría antigua en las imágenes de las brujas

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El viaje de Chihiro (2001) de Hayao Miyazaki.

En esta época de alta tecnología y posmodernidad, las brujas siguen poblando nuestro imaginario. Aunque el discurso científico se ha adueñado de todos los resquicios del pensamiento humano, seguimos albergando deseos y esperanzas. El pensamiento mágico está vivo y por medio de éste siempre nos quedará la duda de si alguna vecina vieja y encorvada no será en realidad una temible bruja.

En películas y series de televisión hemos visto a las brujas representadas como ancianas espantosas y malvadas que se transforman en bellas mujeres (o al revés, como la madrastra de Blanca Nieves) o que quizá adoptan formas de animales (como la hechicera de El viaje de Chihiro que se convertía en una gran lechuza). También las vemos ataviadas con largos trajes negros y sombreros puntiagudos, volando en escobas o cocinando sapos y culebras en humeantes calderos.

Muchas de estas imágenes proceden de la más remota antigüedad. En los inicios de la civilización, magos y hechiceros fueron personajes claves de la tribu, ya que gracias a su sabiduría –a veces considerada sobrenatural– podían manipular los elementos naturales a favor de la gente; o bien, curar enfermedades del cuerpo y del espíritu. Las mujeres no estaban exentas de las tareas mágicas porque, de hecho, las primeras religiones erigieron a la Diosa Madre como deidad universal y sus servidoras eran sacerdotisas: mujeres nobles y sabias. 

Deidades como Hécate, llamada “reina de los fantasmas”, eran veneradas principalmente por mujeres quienes llegaron a ser poderosas hechiceras como fue el caso de Medea, la célebre filicida griega cuya tragedia plasmó el dramaturgo Eurípides. Recordemos que Medea, sacerdotisa de Hécate, ayudó a Jasón a robar el vellocino de oro con ayuda de las artes mágicas. Medea preparó, con hierbas y conjuros, un filtro para hipnotizar a las bestias que custodiaban el tesoro; luego otorgó inmunidad a Jasón por medio de una poción que él se embadurnó en cuerpo, escudo y espada, haciéndolo invencible en la batalla; finalmente, Medea cantó con melodiosa voz para adormecer a sus enemigos.

"Medea" (1969) del legendario director italiano Pier Paolo Pasolini

Pier Paolo Pasolini (1922-1975) fue poeta, novelista, ensayista y cineasta. 

Más tarde, para engañar al rey Pelias, Medea se transformó en una anciana vieja y deforme quien, por medio de una fórmula secreta, recuperó la juventud. Luego de que Pelias bebiera una poción distinta que sólo lo aletargó, fue descuartizado por sus propias hijas. Medea no se detuvo en su carrera criminal: asesinó a varios de sus enemigos usando diversos artilugios mágicos como el vestido de novia que envió a su rival, la princesa Glauca, que tan pronto se lo puso prendió en llamas y la achicharró. Finalmente, tras la acusación de haber dado muerte a sus propios hijos, Medea se libró de cualquier castigo huyendo airosa en un portentoso carro solar, tirado por serpientes aladas.

En la fascinante historia de Medea podemos reconocer algunos de los signos que quedarán fijados para siempre en la iconografía brujeril: primero, la sabiduría oculta que distingue al hechicero del resto de los mortales. Se trata de un conocimiento profundo de los elementos (agua, aire, tierra y fuego) que permite revertir el orden natural y que proviene tanto de la observación e investigación científica como del poder sobrenatural. Segundo: la vocación mística del hechicero que consagra su vida a una deidad, ya sea infernal o celestial, y obtiene de ella el mencionado poder fuera de toda norma. Tercero: el repertorio de faenas mágicas como conjuros, pociones, ensoñaciones, transformaciones y rituales que sirven a determinados objetivos motivados por el ansia de poder y las pasiones humanas. 

Finalmente, hay que observar la actitud maliciosa que distingue a la bruja y la vuelve implacable al mentir, engañar o matar. Es por eso que se le atribuye un pacto demoniaco que, en la antigüedad, se establecía con Hades (Plutón) y, a partir de la Edad Media, con Satanás. Algunas deidades antiguas como Baal –dios asiático de la fertilidad–, Cerunnos –dios céltico de los bosques– o Dionisio –dios griego de los viñedos– también fueron identificados por el cristianismo con el Mal.

NO TODA LA MAGIA ES NEGRA

El control de la naturaleza por medio de actos de voluntad es el propósito de la magia natural para Enrique Cornelio Agrippa, alquimista del siglo XV. Desde su punto de vista, la magia es el conocimiento secreto y sagrado que permite someter los fenómenos naturales en beneficio del hombre –convocar a la lluvia, propiciar la fertilidad del campo, evitar los cataclismos– así como sanar cuerpo y espíritu humanos aprovechando las propiedades de minerales, plantas y animales.

Entre las prácticas secretas de la magia se incluyen: la nigromancía (invocar a los muertos), la astrología (relacionar el movimiento y posición de los astros con el destino de los hombres), la adivinación (predecir el futuro) o la ensoñación (causar alucinaciones o imágenes falsas). Los magos también confeccionan talismanes, objetos que concentran energías de elementos y fenómenos naturales o consagran utensilios de la vida cotidiana (collares, anillos, pulseras) por medio de ensalmos y conjuros.

La magia se ha practicado desde el origen de la civilización humana debido a que nuestro cerebro no sólo opera con la lógica científica y la racionalidad sino que también da cabida a ilusiones, esperanzas y deseos. Este es el “pensamiento mágico”, aquel donde los efectos son distintos de las causas, donde ocurren los milagros y donde se incuba el germen de la religión y de la fe.

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Rebecca Mader interpretó a Zelena, la Bruja mala del Oeste en la serie Once Upon a Time.

El hombre de la prehistoria imitaba movimientos y sonidos de los animales que quería cazar porque “lo semejante atrae a lo semejante”. También se cubría con pieles de jaguar o se colocaba plumas de águila en la cabeza para trasladar las cualidades de esos animales al individuo que las portaba y lo convertía en una criatura híbrida, mezcla de hombre y animal. El antropólogo inglés James Frazer denominó “magia simpatética” a la imitación de las cualidades de otra criatura y “magia contaminante” al uso de las partes o residuos de animales con propósitos mágicos.

CALDERO, ESCOBA Y FILTROS

En el ritual mágico se utiliza también el célebre “caldero”, recipiente cuyo origen proviene de la cultura céltica y en el cual los magos combinaban ingredientes naturales que permitieran la regeneración o restauración del cuerpo humano. Pero en la Edad Media, las brujas se apropiaron del caldero para mezclar diversos elementos cuyas propiedades y sentido simbólico estaban asociados al inframundo o la oscuridad. En el caldero se cocinaban, por ejemplo, los huesos de la mano de un ahorcado, ciertos animales venenosos como sapos, culebras o insectos, y plantas narcóticas o tóxicas para elaborar pócimas que resolvían conflictos del cuerpo o del alma. 

Entre ellos, están los problemas de amor. Muchas brujas realizan “amarres” amorosos, en que por medio de velaciones, conjuros o bebedizos se pretende obligar a una persona a enamorarse de otra… En un típico filtro de amor se combinan las propiedades naturales de algunas plantas, ciertos elementos simbólicos del amor e invocación fervorosa a las deidades protectoras del matrimonio (antes fue Hera, guardiana del hogar, hoy puede ser Santa Marta, protectora de los amarres). Así, el potente narcótico Datura, planta venenosa que popularmente se denomina Toloache en México, se ha utilizado durante siglos para “enamorar”, combinado con residuos del cuerpo de una persona como uñas, cabello o sangre de la menstruación. Aunque muchas veces el enamorado termina en el manicomio o la tumba por la enorme toxicidad de la Datura, los filtros siguen siendo utilizados en la magia negra. 

Por el contrario, para acabar con la infidelidad, las brujas han confeccionado remedios mágicos como un célebre compuesto novohispano que incluía polvo de huesos humanos, lombrices de tierra y flores rojas. Éste servía para trasladar al infiel el frío de la muerte y la oscuridad de la tierra sobre la pasión prohibida.

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El mercado de Sonora en el Distrito Federal es un lugar ideal para comprar el Toloache.

Finalmente, se sabe también que los utensilios de cocina con los que trabajaban en secreto algunas brujas devinieron en objetos mágicos. Los cucharones de madera o palos que servían para revolver los mejunjes del caldero, dieron lugar a la experiencia de volar por los aires al introducirse perversamente y/o complacientemente en los órganos genitales femeninos. Cubiertos de sustancias narcóticas o tóxicas, los instrumentos de madera se equiparaban con el órgano reproductor masculino de alguna deidad infernal que producía efectos sexuales inenarrables en la hechicera y acababa por convencerla de que había transitado a otra dimensión.

Las vestimentas oscuras y largas así como los tocados (sombreros y velos) eran propios de ceremonias de gala como los aquelarres en que grupos de mujeres se reunían para invocar a su deidad favorita, de preferencia en la noche o en lugares alejados. Se trata de reminiscencias de los misterios antiguos –eleusinos o dionisiacos– en que efectivamente, las seguidoras de un culto secreto se reunían para ofrendar libaciones rituales y ofrenda de alimentos al dios. Los sacrificios rituales de animales o seres humanos no estaban excluidos del ritual; es por eso que a las brujas se les acusa de robar niños para comerlos…

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The Witches (1991) fue una película que se basó en la novela Las brujas de Roald Dahl

En esta época de alta tecnología y posmodernidad, las brujas siguen poblando nuestro imaginario. Aunque el discurso científico se ha adueñado de todos los resquicios del pensamiento humano, seguimos albergando deseos y esperanzas. Por lo tanto, el pensamiento mágico está vivo y por medio de éste siempre nos quedará la duda de si alguna vecina vieja y encorvada no será en realidad una temible bruja.

PARA LEER MÁS

  •  Las diecinueve tragedias (2006), de Eurípides. México: Porrúa
  •  Los mitos griegos II (2007), de Robert Graves. Madrid: Ariel
  • Ancestrales hechizos de amor (2011), de Armín Gómez. México: Ermitaño.
  • Brujas, magos y hechiceras (2006), de Daniel Jazar. Barcelona: Círculo Latino.
  •  La rama dorada, magia y religión (1982), de James FrazerMéxico: Fondo de Cultura Económica.

Armín Gomez

Catedrático del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Ciudad de México. Autor de “Ancestrales hechizos de amor” (Ediciones del Ermitaño) y “El hipogrifo teatral, historiografía y teoría teatral”.

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