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¿Por qué nos gusta tanto Facebook?

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“Happy birthday to you, Happy birthday to you…”

"thefacebook" fue la semilla que dio origen a lo que conocemos hoy como Facebook. Un día como hoy –para sonar a efeméride de la escuela–, 4 de febrero de 2004, Mark Zuckenberg lanzaba un directorio web en línea.

No hablaremos de la historia de Facebook por medio de las demandas que los hermanos Winklevoss y Divya Narenda propinaron a Mark Zukenberg por un supuesto robo de idea; cómo para qué hacerlo. Mejor, nos metemos de lleno a Facebook, o como dirían en la Rosa de Guadalupe, a esta “red social (tan peligrosa y pervertida para los chavos de hoy)”.

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La idea que tenemos en mente para este artículo es algo presuntuosa pero no deja de ser cierta, pues trataremos de averiguar por qué nos gusta tanto facebook: postear, comentar fotos, subir imágenes, mentarle la madre al presidente, etcétera. Este artículo tiene como punto de partida al poeta norteamericano Kenneth Goldsmith –famoso por defender el plagio como una herramienta creativa–, su obra más conocido y/o polémica lleva por título “El cuerpo de Michael Brown”, la obra consistía en la autopsia del cadáver de Michael, un chico afroamericano baleado por la policía en Ferguson, Missouri, 2015.

Jan 9, 2009 - Photos of  New York poet and artist Kenneth Goldsmith by his exhibition at Mercer Union. Kenneth is the creator of a web project called UbuWeb, that serves as an archive of avant-garde performance and a public art project. He is in town for the opening of a show of street ephemera (posters, notices, etc.). It was originally collected to be digitized for his website, but the originals are being displayed at Mercer Union.
Photo: Charla Jones/Globe and Mail

Kennet Goldsmith trabaja en la Universidad de Pensilvania, su clase se llama “Cómo perder el tiempo en Internet”. #EsReal.

Goldsmith dice que facebook es una extensión de nosotros.

Los diseñadores de interfaces saben muy bien esto. Cada vez que yo abro mi twitter, veo una una imagen de mí… Y en Facebook, mi pequeño avatar se despliega en cada cuadro de texto y en cada acción que realizo. Scroleando mis notificaciones de Facebook, me observo –representado como un icono– repetidas y infinitas veces.

Hasta este punto creemos que la idea está clara, no hay nadie que no tenga una fotito de perfil, ya sea de su perrito Toto, el escudo del Américo o de lo que sea, hasta la foto de perfil anónima gris cuenta, el punto es que esta imagen los/nos represente en Facebook, dicha fotografía es una prooooolooooongaaaaciiióóóóóóón de nuestro Ser.

CONTINÚA ABAJO…

Y bueno, a todo esto; por qué nos gusta tanto estar y perder el tiempo en Facebook dándole like a la foto de la peda, comentando o iniciando una demanda por los derechos humanos desde nuestra casa o trabajo, porque

cada vez que nos vemos reflejados en éste, nos sumergimos más. No es sorpresa que no podamos parar en búsquedas, no podemos irnos de Facebook. Hay demasiadas cosas que reflejan lo que somos como para irnos de allí.

Desde la selfie, el viaje a Nueva York, postear que estás en el aeropuerto o en la oficina echando el #chambing, etiquetar a tu abuelito muerto, ponerle que sí irás al bazar de diseñadores que está en tu calendario de eventos, sherear algún contacto secuestrado, postear las fotos de la infancia, decirle a tu novi@ que l@ amas más que a nada … Todos estos actos y acciones las ejecutamos porque dicen algo de nosotros o por lo menos revelan información personal, las cuales traerán una reacción de nuestros contactos, así como de nosotros hacia ellos –el círculo de la vida en palabras de El Rey León–; o al menos esto es lo que se espera, ya sea un like o algún comentario. Esta revelación personal es clave para entender el porqué amamos Facebook/twitter/instagram… ya que

 Cada vez que yo abro una red social, la primera cosa que me aparece es cómo estoy reflejado en ella: cuántas veces he sido mencionado en comentarios, cuántos likes tengo, cuántos retweets y favoritos he acumulado. Esta acumulación es el capital de las redes sociales, una moneda la cual “Yo” soy la medida de valor.

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A ver si entendimos bien, ¿Goldsmith nos está diciendo que facebook/Twitter/instagram etc. no se tratan de estar en contacto y relacionado con los demás sino del reflejo del “Yo” sobre ésta y los Otros?

En otras palabras: Facebook, twitter, Instagram… nos gustan porque lo más “importante” en ellas no son los Otros –nuestros contactos o nuestros amigos– sino cómo nosotros nos reflejamos en/sobre ellos en cada comentario, like, no me gusta, share, etc. De ahí que “Yo” sea la medida del valor, ya que mientras “Yo” esté reflejado en los otros, Facebook será un gran lugar para nosotros, un lugar que se trata de “mí”.

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Lo anterior nos puede recordar el mito de Narciso –piensen en las fabulosas selfies–: un wey bien guapito que acabó enamorándose de su reflejo sobre una fuente y que al final de sus ideas terminó ahogado. Hasta aquí está claro el mito del Narciso, pero cómo es que Narciso y facebook se complementan, el famosísimo Marshal McLuhan, el que alguna vez dijo “el medio es el mensaje”, escribió que

el punto de este mito es el hecho de que el hombre, una vez fascinado por cualquier extensión de su ser en cualquier objeto, se abandona a sí mismo.

Es decir, dejamos nuestro cuerpo y nuestra propia mente para amar el reflejo de éstos sobre la fuente, el espejo, la selfie, Twitter, Instagram o Facebook. Nos enamoramos de lo que reflejamos en alguna foto, de lo que pasó en nuestras vacaciones, del lugar donde estamos para que todo el mundo vea que estamos en tal o cual lugar, del coche nuevo, de la fiesta que está bien buena, de que ganó el América, etc.

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Quizá algunos piensen que la lectura de Goldsmith acerca de Facebook es algo alarmista, puede que así lo sea; sin embargo, no se puede negar que nuestro Twitter, Facebook, Instagram, etc. tiene mucho de nuestro ego en ellos. Solo pensémoslo por un momento y si quieren escriban un post sobre el tema, puede que nos entendamos mejor si los otros comentan sobre nosotros mismos y viviremos felices en el círculo de la vida.

PARA LEER MÁS

  • (En inglés). Wasting time on the Internet, de Kenneth Goldmisth, 2016.
  • El medio es el mensaje, de Marshall McLuhan.

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