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¿Por qué rayos Hollywood dice ser la voz de la oposición en Estados Unidos? WTF

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Imagen de Steve Granitz/WireImage

Henos aquí con una Meryl Streep y una Scarlett Johansson dando discursos que mueven masas y un Saturday Night Live como líder de opinión.

En este mundo de la incoherencia donde ya nada debería sorprendernos pero que por razones meramente masoquistas nuestras frases semanales sobre las noticias internacionales siguen siendo: “¿En verdad dijo eso?” y “Hahahahaha todos vamos a morir”… En este mundo donde sea como sea nos tocó vivir, de alguna forma uno de los grupos más elitistas y poderosos en el ojo internacional se convirtió en la voz del liberalismo. Hollywood, baby.

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Meryl Streep como Florence Foster Jenkin (2016)

Sí, ese Hollywood; ese que está formado en sus esferas más poderosas principalmente por hombres blancos y con 94% de miembros caucásicos (2012) en su institución más representativa –La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas–; ese acusado de limitar el éxito de artistas de todos los orígenes y conocido por la corrupción que se esconde detrás de la pantalla. Hoy en día… ¿es la voz del pueblo? Sí, lo es. O por lo menos de una buena parte de él.

Mary McNamara escribe en Los Angeles Times un artículo sobre la “absurdez” de pensar que Hollywood mantiene una agenda liberal. En su defensa, McNamara expone argumentos y números que comprueban que las producciones divulgadas por la industria del entretenimiento más grande del mundo, por muy progresista e incluyente que se presuma, no es en realidad lo suficientemente diversa.

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Anna y Gwen, tal cual se pinta la servidumbre en 1912 según Downton Abbey.

El artículo argumenta que las temáticas de los últimos éxitos televisivos como “Downton Abbey” o “Mad Men” apelan a recordar el pasado. Un pasado donde ciertos grupos sociales son ignorados, reprimidos o discriminados. De igual forma, desmenuza las temáticas de “Breaking Bad” y “Shameless”, y las acusa de ser demasiado frívolas como para exponer posturas políticas o sociales. En otras palabras, McNamara piensa que Hollywood siempre pone excusas para seguir produciendo contenido que gire en torno a historias “blancas” de personas “blancas” y conservadoras.

Si bien las narrativas, personajes y contextos del contenido generado en Los Ángeles sí ha evolucionado para ser cada vez más representativo, Mary McNamara tiene algo de razón. El cambio aún no es estrepitoso y resulta ciertamente hipócrita.

Sin embargo, henos aquí con una Meryl Streep y una Scarlett Johansson dando discursos que mueven masas y un Saturday Night Live como líder de opinión. Lo cual no está mal, sólo es curioso y probablemente no es tan inexplicable.

La entrega número 89 de los Oscar probablemente se convertirá en el podio de las voces de Hollywood en contra del sistema y su nueva administración.

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Scarlett Johansson se aventó un speech en la marcha por los derechos de la mujer el 21 de enero de 2017

A finales de 2014 y finales de 2015 respectivamente, los programas de comedia política The Colbert Report y The Daily Show tuvieron que cambiar de forma definitiva. Por un lado, The Colbert Report cerró sus transmisiones y fue remplazado por The Nightly Show con Larry Wilmore; por su parte Jon Stewart, anfitrión de The Daily Show desde 1999, se retiró del programa, dando paso al comediante sudafricano Trevor Noah. De acuerdo con el portal Vox, estos cambios surgieron de la necesidad de tener personalidades que fuesen la voz de la oposición política.

Ambos programas tuvieron un auge durante el gobierno de George W. Bush, criticando a aquellos en el gobierno y a los medios que los respaldaban. Sin embargo, tras la toma de protesta de Barack Obama en 2008 y tras criticar los retos del inicio de la administración, tanto Stewart como Colbert comenzaron a convertirse en una voz seguidora y representante de la Casa Blanca, generando la necesidad de una oposición. Por eso, Wilmore y Noah buscaron centrar sus programas en las problemáticas raciales y de discriminación que se viven en Estados Unidos principalmente.

Aunque este proceso de transformación fue estratégicamente planeado, la proyección de Hollywood como voz del liberalismo y la globalización es probablemente fruto de una situación similar, aunque posiblemente más improvisada y con una agenda que se fue construyendo casi sobre la marcha en sus primeros años. Esto, aunado a la motivación principal de Hollywood, por supuesto: el dinero. Venderle a la gente lo que pide y, en este círculo vicioso, ofrecerle a la gente lo que el sistema hollywoodense necesita que consuma.

En el camino, aclaremos un punto importante: tampoco se trata de que nada nos guste, no se trata de alegar ante todas las preguntas y todas las respuestas. Si el año pasado y el antepasado nos quejamos porque los Premios de la Academia eran so white, demandemos que este año no es suficiente el 35% de los nominados a mejor actuación y mejor actuación de reparto que es de alguna raza no caucásica. Se trata de razones, de fondos y de formas.

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Ilustración de Kako, en Hollywood Reporter

Así llegamos al escenario actual, que más que escenario se trata de un campo de batalla traído a ustedes bajo el patrocinio de La academia de las ciencias y artes cinematográficas y la conducción de Jimmy Kimmel. La entrega número 89 de los Oscar probablemente se convertirá en el podio de las voces de Hollywood en contra del sistema y su nueva administración. El micrófono abierto de la ceremonia dará entrada a manifestaciones sobre el bloqueo a la entrada de inmigrantes de siete países con mayoría musulmana que recientemente fue aplicado por Trump, el muro entre México y los Estados Unidos, la penalización del aborto, la igualdad de paga entre géneros, la posesión de armas de fuego y la discriminación, entre otros temas de talla similar.

Con declaraciones recientes y no tan recientes de figuras como Ben Affleck, Olivia Wilde, Zoe Zaldana, Ava DuVernay y Madonna acerca del gobierno, las decisiones e incluso la candidatura del actual Presidente del país más poderoso del mundo, Donald Trump -quien también debe parte de su fama a Hollywood. *Mic drop*-, se ve en el horizonte un futuro de forcejeos entre los medios, el gobierno y el mundo del entretenimiento.

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Fernanda Estrada Argumedo

Lunática. Cinéfila. Workaholic, dicen. Adicta a la poesía, las series y la música ochentera, entusiasta navideña. Estudio Comunicación y Medios Digitales.

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