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Primeros aullidos: licántropos y la anatomía del dolor

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Las historias sobre hombres-lobo se han narrado desde la antigua Grecia: el mito del rey Licaón quien sacrificó a cientos de seres humanos.

Ser hombre-lobo nunca ha sido fácil, hay que escapar de las balas de plata, de la luna llena y de los cazadores furtivos. La licontropía es hereditaria, contagiosa y maldita. Si alguna vez quisiste (o quieres) ser un hombre-lobo este artículo es para ti. Sigue la historia bajo tu propio riesgo.

El dolor físico es una de las principales características del hombre-lobo, su víctima muere lentamente mientras percibe su cuerpo siendo devorado, por el contrario, si por alguna razón logra sobrevivir se transformará en uno de ellos, lo cual resulta tanto o más doloroso si se considera la fractura que debe tener su cuerpo al tomar la forma del cánido o por lo menos eso es lo que comenzó a deducirse y popularizarse desde el siglo anterior. 

Pensemos, por ejemplo, en An American Werewolf in London (1981) y hasta Michael Jackson en Thriller, donde los licántropos dan miedo gracias a que su propia transformación es monstruosa y llena de sufrimiento. Pero contrario a la visión de John Landis, los licántropos originales no conocían el dolor, de hecho eran producto de una evasión del mismo.

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Thriller tiene el récord Guinness (2006) del videoclip más exitoso de todos los tiempos.

En Dinamarca se aseguraba que un recién nacido sería licántropo si la madre intentaba huir del dolor de parto gateando por la placenta de un caballo y ocasionalmente se hace referencia a la de una vaca u oveja. Aquí entonces vemos que se asocia este sufrimiento con un sentido de humanidad y, en este caso, la forma en que también se ilustra la pérdida de la misma con el acto de gatear, huir del dolor sobre las cuatro extremidades es tomar por completo el camino a la bestialidad.  

También está el elemento del deseo sexual mediante la línea que existe entre la licantropía y las historias de amantes. Este tipo de narrativa folfklórica se divide en dos grupos de leyendas, una germana y la otra holandesa. En la versión germana el hombre abandona a su esposa, regresa como hombre-lobo y muerde su falda, enaguas o mandil, y vuelve en forma humana para ser descubierto por los fragmentos de tela atorados en sus dientes. En la holandesa, generalmente se trata de una pareja (no un matrimonio) que camina por el bosque y cuando él es descubierto de la misma forma que en la versión germana, la mujer termina con la relación, aunque también hay variantes en las que ella muere.

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El romance de los clásicos hombres-lobo no es nada parecido al meloso y azucarado amorío de Twilight. New Moon (2009).

Todo esto tiene que ver con un método olvidado para combatir a un licántropo, probablemente porque es menos impresionante que dispararle balas de plata: lanzarle ropa. Por un lado alude a la forma en que nos diferenciamos de las bestias, vestirnos nos vuelve supuestamente civilizados y lograr la retirada del animal, trayendo de vuelta al hombre es sumamente simbólico. Por el otro, las prendas que se especificaron no sólo enfatizan la “femineidad”, sino que si se considera la forma en que mediante el parto se da origen al hombre-lobo, las prendas están señalando el útero. Pero no se adelanten, ni todos los licántropos son hombres, como tampoco todas las víctimas son mujeres.

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LOS HOMBRES-LOBO EN LOS CUENTOS CLÁSICOS

Si seguimos con el punto de la ropa, cabe mencionar que en un número considerable de las narraciones se especifica que la prenda de la víctima era roja, ¿les suena a Caperucita? Bueno, sí, y es porque entre la versión moralina de Charles Perrault y la popular interpretación de Bruno Bettelheim de los cuentos de hadas, quedó casi grabado en piedra que la prenda representaba la menstruación y la transición a la madurez sexual de la mujer, pero resulta que en el folklore también hay hombres entre las víctimas que portaban alguna prenda del famoso color. 

Tampoco es para que caiga el mundo a pedazos, el licántropo representa la depredación de tipo sexual o caníbal (a veces ambas), por eso sería más adecuado dejar que las prendas rojas representaran la sangre, anteceden al ataque de la víctima y de ahí en adelante van variando y podrá, según el contexto de la narración, especificar el tipo de sangre si es que el caso lo amerita. No por nada los folkloristas recopilaron durante los 30 cientos de variantes, tan sólo en Alemania. 

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Según la lectura psicoanalista de Bettlerheim, la loquilla de Caperucita perdió su inocencia en los peligros del bosque.

Antes de eso, los Grimm supieron que era importante contar tanto la versión de la víctima femenina con la prenda roja popularizada y englobada a través de la historia de Caperucita (en su colección de cuentos de hadas Kinder- und Hausmärchen); como con la de los licántropos que devoran a los que se encuentran fuera de los límites de la urbanidad (en su colección de leyendas Deutsche Sagen) atacando en los bosques y manteniéndose al margen de puentes, ríos y caminos que delineaban los límites de los pueblos y ciudades. En esta última, los lobos se hacen quitando o poniendo un cinturón, también hay mujeres licántropo (reevaluemos los límites de la traducción de wärwolf y werewolf a hombre-lobo, donde el término se refiere más a lo humano, pero sería contradictorio para referirse a un monstruo) y hasta quienes no se hacen, sino nacen licántropos. 

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A.M. Salemcort

Historiadora del arte, entusiasta de las antigüedades, los monstruos, el té y los puntos suspensivos…

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