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¿Qué le pasó a Melinda Sordino?

viol

Ilustración de Jeffrey Decoster.

Según la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas, cada 9 minutos una persona es víctima de abuso sexual.

Para ser un tema tan frecuente en el mundo real, pocos libros para jóvenes realmente hablan sobre acoso y abuso sexual. Por supuesto, desde hace mucho el abuso sexual ha servido como una motivación para el desarrollo del personaje, sobre todo las heroínas. Nos plantean, en casos mínimos, que al ser atacada sexualmente por un hombre la heroína tiene que recuperar su honor, matar al hombre en cuestión, y luego dedicar su vida, ¿a qué? ¿A ser pura y casta para siempre? ¿A decapitar violadores y a los que le gritan a las mujeres en la calle? Por supuesto esto no tiene fundamentalmente nada de malo desde ciertos puntos de vista. ¿Quién no ha sufrido acoso sexual y ha fantaseado con destruir a la persona que llevó a cabo dicho acoso? Sin embargo ya parece ser una fórmula de hecho bastante barata que las protagonistas solo se vuelvan heroicas si su “cualidad más importante” es ultrajada.

Un punto de vista más incómodo, pero ciertamente más recomendable, sería hablar precisamente de qué es lo que pasa con la gente inmediatamente después de que sufren un acoso o abuso sexual. O ni siquiera inmediatamente después, sino en general: ¿Cómo recompone su vida un protagonista después de sufrir un momento así de traumático, sin tener, necesariamente, que perseguir a su atacante y cortarlo en pedacitos? Es más incómodo precisamente porque alguien que no ha lidiado con acoso o abuso sexual no quiere escuchar acerca de las consecuencias de ser abusado. Es interesante escuchar sobre el abuso, nos provoca morbo y queremos saber cada vez más: ¿Qué pasó? ¿Cómo pasó? ¿Cómo ibas vestida? Pero saber sobre lo que pasa por la mente de la persona atacada después de su ataque, uy no. Demasiada información. No queremos eso. 

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Persépolis, novela gráfica (2000) y película (2007), narra la vida de una chica iraní.

Piensen, por ejemplo, en todas las formas en las que se representa el abuso sexual en Hollywood. Una muchacha muy hermosa y joven siempre está caminando por un barrio peligroso en la noche, y siempre va hablando con su esposo por teléfono o va camino a ver a su novio, siempre está vestida con una minifalda para beneficio del público, y siempre se acerca a un callejón oscuro en donde siempre se encuentra su atacante, convenientemente armado con un cuchillo o similares. Y luego, claro, porque casi nunca nos enseñan la violación (a menos que sean tan atrevidos como Gaspar Noé en Irreversible), lo que sigue es una escena en el hospital en donde el novio/esposo ve a su novia/esposa medio muerta sobre la cama, jura venganza, y luego va y mata al violador en cuestión. Luego la esposa sale del hospital y el violador ya está muerto, y todos podemos regresar a nuestras vidas, y nos vale madres qué pasó con la señora después: si tuvo que ir a terapia, si no pudo salir de su casa durante mucho tiempo, si tuvo que tomar medidas preventivas en caso de un embarazo. Nada. 

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Irreversible (2002), 97 minutos de terror psicológico.

La otra cosa es, por supuesto, ¿dónde está la otra cara de la moneda? Nos resulta cómodo hasta cierto punto ver situaciones en las que atacan a una mujer en la calle. Finalmente es parte de nuestra cotidianeidad y siempre podemos decir, “bueno, pero ¿qué hacía sola y de noche en la calle? ¿Por qué iba vestida así? ¿Por qué no iba con un Hombre Fornido y Responsable Que La Proteja™?” Lo que no nos resulta cómodo es ver el sinnúmero de casos de abuso sexual que suceden en los lugares “seguros” para una protagonista: las casas de sus amigos, su escuela, su trabajo, su cuarto. 

Así pues, lo que aprendemos de Hollywood son varias cosas que si bien son ciertas, no abarcan la verdad absoluta sobre el acoso y el abuso sexual. No aprendemos, por ejemplo, lo incómodo que resulta que te griten en la calle, porque se utiliza como una broma pícara a la que nuestra protagonista contesta con humor y sarcasmo, y que nunca le afecta. No aprendemos tampoco que muchos de los abusos sexuales ocurren en el mismo ámbito familiar de la persona, cuyos padres y hermanos nunca se enteran sino hasta que ya pasó mucho tiempo, incluso a veces hasta después de la muerte del atacante. No aprendemos que casi un 10% de las violaciones cometidas anualmente son en contra de varones, y no mujeres. De manera que nos protegemos de los callejones oscuros, de ir vestidos de cierta forma en la noche y de todos los lugares comunes referentes al acoso que nos plantean en las películas. Nos decimos que exageramos cuando nos hace sentir inferiores el que nos griten en la calle. Bajamos la guardia cuando se trata de un lugar en el que nos sentimos seguros. 

THE HUNTING GROUND Y SPEAK

Puede decirse, entonces, que cuando una obra de arte nos habla precisamente de estos tipos incómodos de abuso, y de la recuperación incómoda que ocurre después de ellos, tienden a ser no solo raras, sino formidables. 

Ya tiene algunos años que CNN brilla por crear documentales polémicos pero comerciales, que por lo general llegan a una audiencia mayor que otros documentales que rara vez podemos encontrar en las salas de cine. Hace tres años fue Blackfish, de Gabriela Cowperthwaite sobre el cautiverio de ballenas asesinas en los parques de SeaWorld y similares, que ha llevado a la muerte de varios entrenadores así como la muerte de varias ballenas. Dos años más tarde, en 2015, fue The Hunting Ground, nominada al Óscar por mejor canción con “Til it Happens to You” de Lady Gaga, sobre el abuso y acoso sexual en los campus universitarios en los Estados Unidos. El documental se enfoca en algunos casos particulares en los que estudiantes universitarias sufrieron abuso sexual en sus primeros meses en la universidad. Sin embargo, de forma muy refrescante, cada experiencia referente a la violación es mínima, y el documental se enfoca, sobre todo, en cómo las adolescentes salieron adelante después de su abuso, cómo formaron una red de sobrevivientes de acoso, llamada Title IX Movement, y cómo ahora varias de ellas viajan por su país dando conferencias y ofreciendo apoyo a otras víctimas que, como ellas, sufrieron de acoso en un espacio “seguro” y cuyas universidades se negaron a apoyarlas como víctimas.

"The hunting ground"

The Hunting Ground trata con un tema bien serio y desafortunadamente, como han revelado los meses pasados, muy cercano a nosotros. Y es que de acuerdo con RAINN, la Red Nacional (de los Estados Unidos) para Violación, Abuso e Incesto, cuando una mujer en el rango de edad de 18 a 24 se enrola en una universidad, tiene tres veces más probabilidad de ser atacada sexualmente que una mujer en general. Solo el 20% de las mujeres atacadas reporta su ataque; y horriblemente, los alumnos, hombres, enrolados en la universidad, tienen un 78% más de probabilidad de sufrir ataques sexuales que un hombre cualquiera. Esto sin mencionar que muchas veces los ataques ocurren entre novios, amigos, compañeros, e incluso profesores. De acuerdo con el documental, las fraternidades y los equipos de futbol americano son los principales encubridores y facilitadores de ataques sexuales en los campus estadounidenses, y de acuerdo con RAINN, un 28% de las universidades NO cuenta con agencias de seguridad que sean responsables de la denuncia y el seguimiento del ataque. En general, o bien los campus no fomentan que se reporten estos ataques, o las mujeres atacadas tienen miedo de reportarlo, o el reporte se levanta, pero no se sigue, y el violador o atacante en cuestión tiene permitido regresar al campus sin problema alguno. 

Sin embargo, las universidades no son los únicos campus que tienen problemas de ataques sexuales que pasan desapercibidos o no son reportados, o incluso que permanecen ocultos para proteger al estudiante o al profesor responsables. Nuevamente de acuerdo con RAINN, 44% de las víctimas de abuso sexual tienen menos de 18 años de edad, por lo que casi la mitad de los abusos sexuales en general ocurren antes de haber dejado la preparatoria (una de tres o cuatro niñas, y uno de cinco a siete niños). Pero si las universidades no están preparadas, o no están dispuestas a tratar con temas de abuso sexual, las preparatorias están todavía menos preparadas. Sobre todo porque consideran que actuar sobre la denuncia, cuando hay denuncia, implica “arruinar” el futuro o la carrera de la persona implicada, además, por supuesto, de manchar el nombre de la institución. 

He aquí, por fin, donde entra la literatura. 

mujer

Por sus siglas en inglés RAINN: “Violación, Abuso e Incesto”.

Speak, de Laurie Halse Anderson, publicada en español como Silencio por la editorial Castillo, es la historia de Melinda Sordino, una joven sobreviviente de violación que no puede hablar durante un año después de su ataque en una fiesta al final del verano. Debido a que está escrita desde la perspectiva de una chica con estrés postraumático, es solo a través de referencias esparcidas a lo largo de la obra que podemos enterarnos sobre los detalles del ataque de Melinda, por lo que la novela se enfoca, más bien, en las consecuencias después de ser violada: cómo es percibida por su familia y amigos, quienes no saben de la violación; cómo sus calificaciones empiezan a bajar debido al trauma; y finalmente, cómo gracias al arte la protagonista puede enfrentarse a su atacante y volver a hablar. 

Son mínimas las novelas que hablan sobre violación, y en ese caso son todavía menos las novelas orientadas para jóvenes que tocan el tema. Como ya se ha dicho antes, la violación se convierte en un asunto comercial, tratable, solo cuando funciona como motivación para el protagonista, sea él quien sufrió la violación o no, pero fuera de ello no existen obras de arte que busquen hablar de las consecuencias del ataque sexual dando una voz al proceso de recuperación por el que debe pasar la persona atacada. De esta forma resulta evidente que solo aprendemos de la violencia sexual cuando podemos hablar de ella como algo que se supera inmediatamente a través de una venganza, y que no deja secuelas en la víctima. Y al no existir libros o películas que contradigan esta idea tan básica y errónea, no hay forma de aprender y de enseñar que, de hecho, el proceso de recuperación después de un ataque o acoso sexual es largo, incómodo y doloroso para la víctima y las personas que la rodean. 

speak

Speak ganó el ALA Best Books For Young Adults de 2000.

Parece irresponsable que existan tan pocas aproximaciones al tema de la violencia sexual orientadas no a aquél que quiere satisfacer sus deseos de justicia, sino a quien verdaderamente sufrió un acto injusto, deshumanizante, y cuyo deseo no es necesariamente, o únicamente, de venganza, sino de recuperación. Tratar la violación o el acoso como motivaciones para los personajes deja de lado la verdadera experiencia y las verdaderas necesidades de la víctima, y de cierta forma convierten su trauma en una posibilidad voyerista de satisfacer nuestro morbo ligado a la violencia sexual sin tener que experimentarla en carne propia. ¿No sería momento, entonces, de dejar de normalizar la violación o el acoso como un momento más del proceso de personaje y empezar a abordarlos verdaderamente como los actos violentos que son? ¿Y no debería empezar a preocuparnos más como creadores y consumidores el posible efecto negativo que esta normalización de la violencia tiene no sólo sobre las víctimas sino también sobre cada uno de los posibles victimarios? Abordar la violencia sexual no como una motivación limpia que el personaje supera a través de la venganza, sino como el proceso traumático de recuperación, no disminuiría, por supuesto, las violaciones y los acosos cotidianos experimentados por hombres y mujeres en ambientes seguros o en ambientes públicos. Lo que ciertamente haría es mostrar que hay un aspecto más incómodo del ataque que culturalmente nos negamos a ver, y es precisamente que aquellos que sufren de violencia sexual no son solo personajes secundarios en la vida de un justiciero, o detonadores para un capítulo de una serie policial. Son sobrevivientes de un trauma cuya recuperación puede ser en ocasiones incluso más dolorosa que el ataque mismo.

Gabriela Villanueva

Gabriela Villanueva es maestra de literatura. En su vida imaginó que iba a terminar dando clases sobre Samuel Pepys.

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