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Querido lector: Lemony Snicket y el juego de la inmersión

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Una serie de eventos desafortunados (2004) con Jim Carrey como el Conde Olaf.

Querido Lector,

Me entristece decirte que el artículo que sostienes en tus manos es terriblemente desagradable. O así es como comenzaría Lemony Snicket un artículo sobre su obra.

Desde su publicación en 1999, Una serie de eventos desafortunados de Lemony Snicket se ha establecido como una de las series para niños más inteligentes y profundamente irónicas en el mercado, también llegando a la pantalla grande en 2004 y ahora alcanzando la cumbre de su popularidad con una nueva serie en Netflix por estrenarse en enero de 2017. 

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La serie constará de 8 capítulos que abarcarán los primeros 4 libros de Una serie de eventos desafortunados: Un mal principio (2004), La habitación de los reptiles (2004), El ventanal (2004) y El aserradero lúgubre (2004).

La historia, como muchos sabrán, gira en torno a los eventos desafortunados en la vida de los huérfanos Baudelaire, quienes tras perder a sus padres en un misterioso incendio se encuentran una y otra vez a la merced del Conde Olaf, aparentemente un pariente lejano –aunque cercano geográficamente– y actor de teatro.

Aunque la trama suene sencilla, se trata de una premisa extremadamente complicada, ya que a lo largo de trece libros los huérfanos Baudelaire pasan por una serie de hogares cada vez más deprimentes, al mismo tiempo que tratan de protegerse del Conde, ganan y pierden amistades, sus vidas se cruzan en numerosas ocasiones con las de aquéllos que podrían aclarar los secretos de las vidas de sus padres, son separados, se reencuentran, y tratan de descubrir el secreto detrás de una organización conocida como VFD, tres siglas que adquieren múltiples significaciones a lo largo de la obra de Snicket.

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Los huérfanos Baudelaire: Violet, Klaus y Sunny.

Más complicado aún, es que al mismo tiempo que los Baudelaire se encuentran en este intrincado mundo, Snicket consigue incluir a su querido lector en el mundo de los Baudelaire, bajo la premisa de compartir con él la profunda investigación y rastreo en torno a los huérfanos, de la cual su lector es tanto testigo como confidente. La experiencia de leer una novela de Una serie de eventos desafortunados inicia incluso antes de empezar la lectura. Desde el aspecto de las ediciones hasta la contraportada y las dedicatorias, todo acerca de la serie está diseñado para sumergir al lector en un proceso diferente de apreciación de la obra, en donde no se le reconoce sencillamente como un libro, sino como una historia verdadera ocurriendo dentro del mundo del lector, de la cual se le está haciendo partícipe. 

Para Beatrice –  amada, querida, muerta. (Dedicatoria que se encuentra en Un mal comienzo).

Las dedicatorias de los libros siempre han sido uno de los aspectos más enigmáticos de Una serie de eventos desafortunados, ya que invariablemente llevan a la pregunta, ¿quién es Beatrice?, lo que no se descubre sino hasta el final de la serie– el treceavo–, en el libro apropiadamente intitulado El fin. En su anonimato y ausencia, Beatrice es uno de los personajes más importantes de la serie, al ser tanto la amada perdida de Snicket como uno de los ejes en torno al cual se mueven todos los personajes, desde el mismo Conde Olaf hasta, invariablemente, los huérfanos Baudelaire y todos aquéllos quienes los acogen por un corto tiempo.

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Para Beatrice – Mi amor por ti vivirá por siempre. Pero tú no“. (Dedicatoria encontrada en La habitación de los reptiles (2004)).

La investigación de Snicket para encontrar a los huérfanos Baudelaire parece siempre estar guiada por una especie de compromiso hacia Beatrice. Al igual que Dante en La Divina Comedia, Snicket persigue la memoria de Beatrice a lo largo de Una serie de eventos desafortunados, desentrañando aspectos de su vida, protegiendo a los huérfanos que en realidad son los hijos de su amada, y dedicando cada momento de ese esfuerzo a ella. Para cuando se descubre, primero en The Beatrice Letters, un libro de enigmas publicado en 2006 –y finalmente en El fin (2006)– que Beatrice es en efecto la madre de los Baudelaire, Snicket ya ha confirmado y luego negado varios aspectos sobre la vida de su amada, por lo que, a pesar de ser revelada su identidad, sigue siendo un misterio.

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Y todos quedamos bien confundidos como Lemony Snicket en esta foto.

Por ejemplo, la causa de su rompimiento con Snicket, con quien estaba comprometida, nunca se confirma por completo, sino que solo se sabe que después de una aparente confusión que involucra un obituario de Snicket publicado en el Daily Punctilio, Beatrice rompe el compromiso y se casa con el padre de los Baudelaire, llamado Bertrand. Sin embargo, existen contradicciones acerca del rompimiento, igual que en la mayoría de los datos relacionados a Beatrice: en diferentes libros Snicket asegura que el rompimiento del compromiso se debió a que Beatrice lo creía muerto, pero más tarde asegura que Beatrice le envió un libro de doscientas páginas además del anillo, lo cual probablemente no haría si no lo creyera, en efecto, muerto. 

Las dedicatorias a lo largo de las 13 entregas de Una serie de eventos desafortunados tampoco ayudan a esclarecer la figura de Beatrice para el lector: algunas de ellas apuntan a su identidad como madre de los Baudelaire (“Para Beatrice – Nadie podía apagar mi amor. Ni tu casa”); otras parecen indicar que la muerte de Beatrice se dio poco después de conocer a Snicket, cuando eran niños (“Para Beatrice – Cuando nos conocimos comenzó mi vida. Poco después terminó la tuya”); y otras más parecen indicar que su amor por Snicket es el directo causante de su muerte (“Para Beatrice – Nuestro amor rompió mi corazón, y detuvo el tuyo”).

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Otra de las teorías sobre el origen de Beatrice es el poema de Charles Baudelaire –uno de “los poetas malditos” del S. XIX– “La Beatrice”.

Sea como fuere, Una serie de eventos desafortunados gira en torno a Beatrice y a la necesidad de Snicket de rastrear a los hijos de la señora y contar su historia, lo que de cierta forma convierte a la serie en una historia de amor no sólo dedicada a la memoria del personaje ficticio Beatrice Baudelaire por parte del autor ficticio Lemony Snicket, sino que se trata de una obra que surge de Beatrice Baudelaire. Como dice una última dedicatoria, publicada en The Beatrice Letters, “Para Beatrice, y de ella”

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EL JUEGO Y LAS PALABRAS

Uno de los aspectos que más caracteriza a la obra de Snicket es el juego constante de lenguaje que efectúa tanto con y como para el lector, y que inicia, nuevamente, incluso antes de empezada la lectura con los anagramas, la aliteración y los apóstrofes que son claros en su obra. 

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La aliteración, la repetición de letras o palabras dentro de una frase, es notoria desde los títulos de los libros de Snicket, o por lo menos del primero al penúltimo.

Curiosamente las ediciones en español de los libros parecen haberse detenido en el libro número nueve, llamado El carnaval carnívoro, el único libro publicado en español junto con El ascensor artificioso y La villa vil que sigue con la tradición en inglés de publicar los volúmenes con títulos aliterados. En inglés, entonces, se tiene The Bad Beginning, The Wide Window, The Miserable Mill, The Austere Academy, etcétera, hasta llegar al último libro de la serie, que en el típico estilo de Snicket no sigue las reglas del juego, y por lo tanto se titula The End, “El fin”

El siguiente juego al que recurre Snicket es al de los acrónimos: siglas que se pronuncien como una sola palabra, como es el caso de VFD, el acrónimo más utilizado a lo largo de la serie por su relación con la organización secreta VFD, a la que pertenecen en diversos momentos los huérfanos Baudelaire, sus padres, el Conde Olaf, muchos de los guardianes de los niños, como Josephine Anwhistle, Esmé y Jerome Squalor, y el mismo Lemony Snicket. El acrónimo en la obra de Snicket aparece en lugares, cosas, animales, organizaciones diferentes a VFD, etcétera. Por ejemplo, su primera aparición en El ascensor artificioso que se refiere a un lugar, el “Veritable French Diner”, el restaurante favorito de Jerome Squalor; así como a la villa en la que se encuentran los huérfanos en el séptimo libro, La villa vil, es la “Village of Fowl Devotees” –”La Villa de Devotos a las Aves”–; y, finalmente, una azucarera, aparentemente una pieza clave no solo en la vida de Beatrice Baudelaire y Snicket, sino también un factor repetitivo en la vida de los huérfanos que es llamado: “Vessel For Disaccharides”, una “Vasija para Disacáridos”.

Como seguro saben –diría Lemony Snicket–, los disacáridos son azúcares como la maltosa, lactosa, sacarosa, etc.

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La señal VFD: el ojo.

Al igual que los acrónimos, los anagramas juegan un papel importante en los libros, ya que son usados en repetidas ocasiones como parte de los disfraces para el Conde Olaf, y en otras solo como referencias a los mismos personajes o personas reales que no participan en el mundo de Snicket y los Baudelaire. Lemony Snicket es entonces Loney M. Setnick y Monty Kensicle; el Conde Olaf es Al Funcoot, Flacutono, y O. Lucafont.

Hay anagramas para el ilustrador de la serie, Brett Helquist: Eriq Bluthetts, Beth Quiltrest, para Beatrice Baudelaire: Carrie E. Abelabudite, para sus hijos, e incluso para el empresario norteamericano y presidente de 21st Century Fox, Rupert Murdoch: Ruth Dercroump.

Por si fuera poco, la mayoría de los acrónimos no llevan a ningún lado, sino que solo sirven para despistar al lector, o, lo que es mejor, para ponerlo a pensar. Es sencillo identificar cuando un nombre utilizado en la obra de Snicket es un anagrama por la extrañeza en las palabras, y a partir de ahí es sencillo encontrar a la persona escondida en éste. 

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Algunas ilustraciones de Brett Helquist en Una serie de eventos desafortunados.

Tanto el juego con las letras en los anagramas como la explicación constante de palabras por parte de Snicket, posibilitan que el lector no sólo lea, sino que razone lo que está leyendo. Algo interesante acerca de la obra de Snicket, es que asume que su lector es su igual, y asume que su lector puede entender exactamente lo mismo que él entiende. Incluso cuando incluye estos apóstrofes en su obra para dar una explicación o aclaración, Snicket no le habla a sus lectores como si supieran menos que él, sino que siempre dice, “como seguro saben”, antes de explicar quizá una palabra muy desconocida, o un concepto, o incluso una historia completa. Esto no solo permite que su lector aprenda cosas nuevas, sino que lo hace considerándose igual en intelecto a Snicket, quien es, por mucho, un narrador prácticamente omnisciente. Sin embargo, las aclaraciones, si bien son ciertas, no siempre son congruentes o las que espera encontrar el lector. En El carnaval carnívoro Snicket asevera: “Los milagros son como las albóndigas, porque nadie puede ponerse de acuerdo en de qué están hechas, de dónde vinieron, o qué tan seguido deberían aparecer”. 

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El carnaval carnívoro (2002) –The carnivorous carnival–.

Esta es una tradición de Snicket: cambiar el juego cuando su lector menos lo espera, o simplemente jugar con reglas diferentes. Se trata, en parte, de mantener atento al lector, y estar siempre un paso delante de él; y ,por otra parte, da esa ilusión de peligro y realidad que permea a su obra. El lector, por ejemplo, siguiendo el canon de la literatura infantil y juvenil más tradicional, no espera que sus protagonistas, quienes son extremadamente unidos y que prácticamente nunca se separan en los primeros nueve libros, se encuentren dispersos en el noveno, en The Slippery Slope, en el que Sunny, la más joven de los Baudelaire, es separada de sus hermanos y descubre sus talentos culinarios en la cima de una montaña.

El lector tampoco espera que personajes principales, o que los ayudantes de los Baudelaire, mueran de forma inesperada, algo que Snicket empezó a hacer en la segunda novela, The Reptile Room con la muerte de Montgomery Montgomery, un año antes de que J.K. Rowling matara a su primer personaje en Harry Potter y el Cáliz de Fuego (2000): Cedric.

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La bebé Sunny Baudelaire, quien tiene el talento de morder cosas.

En la obra de Snicket el lector espera una conclusión, y no la obtiene, un final feliz, y no lo obtiene, e innumerables explicaciones a los eventos desafortunados de la vida de los Baudelaire, y no las obtiene. Y sin embargo, es en las montañas de información, en los juegos de palabras, en las explicaciones mínimas y en las comunicaciones veladas entre los personajes que el lector tiene la impresión de haber aprendido algo monumental durante su lectura, un gran secreto que solo él y Snicket conocen.

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LEMONY SNICKET, AUTOR Y FUGITIVO

Increíblemente, Lemony Snicket no es una persona real, sino que es el nombre de pluma de Daniel Handler, autor, también, de novelas para jóvenes, entre las que destaco su maravilla de 2011, Y por eso rompimos, ganadora del premio de honor Michael L. Printz en 2012. 

Digo increíblemente porque la lectura de Una serie de eventos desafortunados invariablemente lleva a creer que Lemony Snicket es una persona real. Quizás no que escribe sobre la vida de los hermanos Baudelaire y sus encuentros y desencuentros con el Conde Olaf verdaderamente, pero sí una persona real. Y es que el mundo construido por Snicket es tan intrincado, que se extiende en el momento de la lectura desde la portada hasta la biografía del autor al final del libro, que parece incluso un poco ilógico que sea alguien más que él quien escriba.

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El personaje de Lemony Snicket y su existencia/no existencia es una parte central de la experiencia lectora de Una serie de eventos desafortunados, porque el proceso de inmersión del lector comienza desde que asume que el nombre que se encuentra en la portada es efectivamente aquel de la persona que está escribiendo y quien resulta ser también un personaje activo en la obra.

La diferencia entre el nombre de pluma de Handler y el de otros como J.K. Rowling (Robert Galbraith) o Anne Rice (Anne Rampling y A.N. Roquelaire), es que ellas no existen dentro de su obra, sino que por motivos editoriales o personales deciden escribir desde otro punto de vista, como si se tratase de otra persona. Rowling probablemente lo hizo para apartarse de la imagen de la autora de Harry Potter, y Anne Rice publica novela erótica bajo el pseudónimo A. N. Roquelaire. Pero Snicket es diferente en que participa de forma activa en el desarrollo de su obra: él mismo como autor y personaje persigue a los hermanos Baudelaire para rescatar su historia y para rescatar a los hijos de su amada, y es en esta existencia ficticia que pasa al mundo real que la narrativa se vuelve más verosímil, más real, más cercana al lector y confidente de Lemony Snicket. 

Gabriela Villanueva

Gabriela Villanueva es maestra de literatura. En su vida imaginó que iba a terminar dando clases sobre Samuel Pepys.

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