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Releyendo el pasado: Largo viaje hacia la noche

LA HABITACIÓN DEL SUICIDA

parliament

Londres, el Parlamento. Claro de sol entre la neblina del pintor impresionista Claude Monet.

La felicidad de la mañana puede transformarse rápidamente en tristeza. Una noticia puede cambiar el curso del día y llevarlo a la niebla, a su desdibujamiento y reducirlo a la nada tal y como pasa en Largo viaje hacia la noche, una obra de teatro escrita por Eugene O’Neill.

La obra inicia con una maña cualquiera, una familia que se saluda, se ríe y se alista para tener un desayuno tranquilo. El tiempo pasa y poco a poco esa felicidad va dando paso al caos, a la ruptura familiar y los reclamos de la familia por la vida que lleva cada uno de sus miembros: una madre adicta a la morfina, un padre tacaño que recuerda sus tiempos como actor, el hijo mayor que es mediocre y alcohólico, mientras que el menor está enfermo de tuberculosis.

Las noticias y el pleito emergen con cada hora de día hasta que la noche y la niebla lo devoran todo en un aire de resignación para comenzar un nuevo día. Los personajes están atrapados en un círculo del que no hay escapatoria.

—Nosotros los hijos de la niebla sólo sabemos balbucear, dice Edmund, el hijo menor mientras habla con su padre sobre su enfermedad y la adicción de la madre.

Esa frase se quedó grabada en mi mente. Lo hijos de la niebla sólo balbucean, viven ocultos, se niegan a sí mismos; de alguna forma todos somos sus hijos.

Eugene O’Neill final

Retrato de Eugene O´Neill por Michael J. Peery. La pintura representa la dualidad entre la comedia y la tragedia, una especie de máscara. 

La niebla es uno de los principales símbolos de la obra que envuelve a los personajes en un mundo privado, en un mundo interno que no pueden ver los demás, que da tranquilidad y sirve de escapatoria para los pensamientos. Un mundo donde el tiempo se detiene y se retrasa el viaje hacia otro día.

Las resoluciones para continuar la vida se hacen en ese espacio a temporal. Se promete un esfuerzo extra, un tratamiento, un apoyo incondicional que comenzará con las luces de la mañana; sin embargo en ese instante el tiempo no vale nada.

Eugene O’Neill ganó el premio Nobel de Literatura en 1936 por “el poder, la honestidad y las profundas emociones de su trabajo dramático, que representa un concepto original de tragedia”. Largo viaje hacia la noche no es ajena a esta descripción, pues es una tragedia real, su cotidianidad la hace así.

La obra de O’Neill pasó  a ser uno de esos libros que cambian tu vida, al menos lo fue para mí. La niebla ya se ha disipado… Aunque siempre regresa.

Alex Sánchez

Apasionado de los libros, negador de la realidad, viajero sin rumbo, periodista en formación.

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