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Entre dragones y caminantes blancos te veas: la revolución de la fantasía en “Game of Thrones”

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Game of Thrones fue inspirada por hechos reales como la Guerra de las Rosas datada entre 1455 y 1487, Inglaterra, así como la cena negra: una matanza de aristócratas escoceses en 1440, entre muchos otros.

"Game Of Thrones" es el programa/serie por televisión de paga con más audiencia de la historia: casi 9 millones de personas.

Hay de fantasía a fantasía. Por eso tenemos cosas como El señor de los anillos y por otra parte tenemos a Winnie-the-Pooh. Y luego tenemos a todas las demás fantasías que quedan en medio, como Game of Thrones… Supongo. 

Después de siete años de ver la serie basada en la saga de George R.R. Martin, decir que Game of Thrones es un fenómeno ya es insuficiente, seamos honestos. El fenómeno probablemente se detectó a mediados de 2011 cuando la serie decidió –¡SPOILER!– matar a su protagonista. Por supuesto, para los lectores de la serie original de George R.R. Martin la muerte de Ned Stark ya era más que conocida, pero para los espectadores de la serie fue una absoluta sorpresa: “¡Game of Thrones mató a nuestro protagonista! ¿Qué sigue? ¿Quién sigue?”. Y el fenómeno probablemente llegó a su punto de ebullición en 2013 con el capítulo “The Rains of Castamere”, que entre los cuates más bien se conoce sencillamente como “La Boda Roja”.

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Daenerys Targaryen en la octava temporada de Game of Thrones.

Algunos sin duda se preguntan qué tiene de especial Game of Thrones. ¿Cómo es que el capítulo final de la temporada seis rompió récord con casi 9,000,000 de espectadores? Y realmente es una pregunta interesante, porque Game of Thrones tiene algo que ninguna otra serie así de premiada y así de vista mundialmente comparte en común: Game of Thrones es fantasía

La fantasía tiene mala reputación. Pregúntenle a cualquier treintañero respetable que haya tenido que llevar a sus hermanitos a las premieres de Harry Potter. La fantasía bien podría ser un mal para nuestra sociedad, en la medida que se considera a la literatura un arte por encima de casi todos (“¡Los niños no la entienden!” “¡Hay que leer treinta minutos en la noche!” “¡Mi libro favorito es la Biblia!”), la fantasía se toma en cuenta como un subgénero literario; es decir, lo peor de lo peor: peor que la literatura para niños, ¡peor que las sagas juveniles! La fantasía es para los inadaptados bien representados en Stranger Things que se sientan en su sótano por días jugando Dungeons & Dragons. Pero entonces, ¿cómo es que Game of Thrones, siendo fantasía, tiene tan buena reputación?

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Dungeons & Dragons (1974) es el papá de los juegos de rol en línea, masivos.

Bueno, en mi muy humilde opinión la cuestión está en que Game of Thrones no parece fantasía. De hecho, la mayoría del tiempo parece una historia medieval que incidentalmente tiene unos dragones por ahí y un ejercito de muertos vivientes. En su centro, Game of Thrones ha sido ,hasta la fecha, más una historia de reyes compitiendo por un trono que una historia de fantasía, y los momentos más impactantes de la serie –la muerte de Ned, la Boda Roja, la muerte de Oberyn Martell y la destrucción del Septo de Baelor– han sido historias humanas, y no necesariamente fantásticas. Sin embargo, la supervivencia de todos los personajes restantes –que después de seis años ya son más bien pocos– sigue recayendo tanto en los elementos fantásticos como en sus habilidades como guerreros o posibles gobernantes. 

Y sin embargo, de aquello que más ha cautivado a la audiencia es precisamente la presencia de los dragones (¿quién no ha pensado en algún momento que querría tener a Drogon como transporte/mascota?), y el peligro constante de los caminantes blancos. Si echamos un vistazo exclusivamente a la primera temporada podemos ver que, efectivamente, estos dos elementos fantásticos son el alfa y el omega de toda la serie sin que los demás personajes, o solo algunos, lo sepan. Es por esto que la primera escena de la primera temporada gira en torno a un ataque de caminantes blancos más allá del Muro, y la toma final de la misma temporada es Daenerys Targaryen sentada en las cenizas de la pira funeraria de su esposo sosteniendo a sus dragones.

Primera escena, T 1, Game of Thrones

CONTINÚA ABAJO…

Ambas series, tanto la adaptación a televisión como los libros de George R.R. Martin, toman también de otros tipos de narrativa, no exclusivamente de la fantasía. En muchas ocasiones ya se ha discutido que la posible fuente de inspiración para Martin es la Guerra de las Rosas (1455-1487), donde dos familias, los Lancaster y los York pelearon durante 32 años hasta que un noble exiliado, Enrique Tudor, regresó a las costas británicas a arrebatarle el trono al (supuesto) rey loco Ricardo III. ¿Les suena? 

Más allá de eso, se puede observar en la serie elementos de Shakespeare, como la desafortunada muerte de los hijos de Walder Frey al final de la sexta temporada (tomada de Titus Andronicus); así como de los cantares nórdicos medievales en la traición a un huésped, que puede verse en la Boda Roja y en la muerte de Sigfrido en El cantar de los Nibelungos. Para los aspectos visuales, la serie ha tomado prestado de Braveheart (1995) de Mel Gibson, y Ran (1985) de Kurosawa. Es decir, parte del triunfo de Game of Thrones radica en tomar prestados aquellos elementos clave de la narrativa y el cine de y sobre la época medieval y llevarlos a una historia que habla, al igual que estas otras, de las relaciones de poder y las relaciones humanas. Sin embargo, la fantasía sigue siendo su marco.

Tráiler - "Ran"

La regla principal de la fantasía es que nunca hablamos de fantasía. Mentira, la regla principal de la fantasía es que como autor debes atenerte a tus propias reglas desde el principio de tu historia hasta el final; es decir, Daenerys no puede tener dragones que no vuelvan porque no le servirán para nada, y los caminantes blancos no pueden ser el centro de la escena inicial de la serie sin que resulten ser lo más importante que pueda pasarle a los personajes independientemente de sus batallas personales. Game of Thrones hace esto a la perfección.

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Efectivamente los dragones pueden desaparecer durante un año cuando son encerrados en la pirámide de Meereen, y los caminantes blancos pueden estar haciendo su propia cosa más allá del Muro mientras en King’s Landing se está librando la batalla de Blackwater Bay, pero esto no quiere decir que se olviden, desaparezcan, o no tengamos que regresar eventualmente a ellos. 

La intención de mantener las reglas que establece el autor desde el principio hasta el final sirve para mantener la suspensión de la incredulidad. Lo que la presencia de los caminantes blancos nos dice en la primera escena es “Aguántennos. Juguemos con estas reglas: vamos a hablar de los conflictos de las familias Stark y Lannister, pero tengamos presente que en este mundo también existen muertos vivientes”. Así nos establecemos en una historia pseudo-medieval en donde aunque no lo veamos constantemente también debemos permitir la posibilidad de lo fantástico.

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En la escala cromática de la fantasía como la establecí al principio de este artículo, Game of Thrones se encuentra más en el lado de El señor de los anillos que en el de Winnie-the-Pooh, aunque parezca innecesario e incluso medio ridículo decirlo. Esto es porque la obra de Martin, y su adaptación a la televisión, igual que la obra de Tolkien y su adaptación al cine, llevan el seguimiento de la regla básica de la fantasía a su extremo, y junto con sus reglas también crean un mundo completo, no uno parcial. Tolkien, por supuesto, tiene su Tierra Media poblada de elfos, hobbits, humanos (aunque pocos), orcos, señores oscuros, enanos, etcétera etcétera etcétera. Y Martin tiene su propia versión mucho más humana. Lo que distingue a sus personajes no es pertenecer a diferentes especies que interactúan entre ellas con relativa facilidad, sino pertenecer a la misma y aún así no poder entenderse: así tenemos Dothrakis salvajes, Martells liberales, Lannisters con tendencia a la locura, Starks que toman decisiones malas constantemente, y todas las casas entre ellos que tienen, cada una, sus propias características y ambiciones. Y tenemos, por supuesto, los lugares: la Comarca, Rivendell y Mordor en Tolkien, King’s Landing, Winterfell y El Muro en Martin. 

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Ambas obras comparten muchas características en común de las que ya se ha hablado en otros lugares, pero lo que considero más importante en ambas es su capacidad de crear un mundo completo que se atiene a las reglas de la fantasía y que, a diferencia de cientos de otros libros y sagas, efectivamente logran cautivar a la audiencia y permitir que su incredulidad permanezca en una suspensión constante. Es decir, a pesar de sus momentos lentos o demasiado políticos, o desesperantemente frustrantes (I’m looking at you, Bran Stark), Game of Thrones logra lo imposible: involucra a casi nueve millones de personas en una historia fantástica, y los hace regresar a la historia semana tras semana. 

Volvamos al tema – ¿Qué es lo que hace popular a Game of Thrones?

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Bueno, probablemente sea que la serie no es sólo fantasía, sino que entreteje todas las características de lo fantástico, lo épico, lo medieval, y lo terriblemente violento, y se lo presentan al espectador como una historia puramente humana. Podemos pasar por alto a ratos los elementos fantásticos de la serie, pero inevitablemente regresamos a ellos, y lo que es más, los disfrutamos más que a los elementos humanos. No es por nada que los capítulos ocho y nueve de la quinta temporada nos regresen a la fantasía de forma espectacular: a los caminantes blancos con la batalla de Jon Snow en Hardhome, y a nuestro homie Drogon con el rescate de Daenerys en la arena de batallas en Meereen. Disfrutamos de este constante retorno a la fantasía porque nos saca del mundo de los humanos al mismo tiempo que nos muestra con más fuerza el mismo mundo del que tratamos de escapar. 

Y la serie vuelve universal algo que en ocasiones parece que solo los fanáticos eternos de la fantasía pueden apreciar. Game of Thrones, digámoslo con sencillez, es cool, y por lo tanto ha vuelto cool a la fantasía. Los libros, admitámoslo, no lo eran tanto, quizás por ser relativamente desconocidos y eternamente eclipsados por la sombra avasalladora de Tolkien. Pero la serie es cool. Y lo es porque nos combina aspectos visuales fabulosos que parecen directamente sacados de las batallas medievales, y porque nos mete escenas sexuales que te da mucha pena ver con tu familia, y porque inevitablemente le das tu amor y fidelidad eterna a alguna de las casas, de manera que sufres cuando sufren ellos. Pero lo impresionante, lo fenomenal de Game of Thrones es que ahora, sin falta, todos sus espectadores, incluso aquellos que reniegan de la fantasía, todos queremos tener un dragón, o por lo menos más de 9,000, 000 de personas. 

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Gabriela Villanueva

Gabriela Villanueva es maestra de literatura. En su vida imaginó que iba a terminar dando clases sobre Samuel Pepys.

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